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Voto de manolo:
8
Voto de manolo:
8
5,6
82
1 de febrero de 2019
1 de febrero de 2019
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Otras películas subtituladas apenas si tienes tiempo de leer los letreros; aquí puedes ir a la cocina a prepararte tranquilamente un café. Hay un poco de humor en esta afirmación pero no tanto.
Se guardan los tres cánones clásicos: unidad de acción, unidad de tiempo y unidad de lugar.
Es muy lenta, lentísima. Parece como si la acción se detuviera en el tiempo en un pueblo mísero perdido en algún lugar remoto.
Los personajes, contados con los dedos de dos manos, en ciertos aspectos, me recordaban cosas de Ingmar Bergman, con esos diálogos de gran profundidad, girando en torno a las sempiternas pasiones humanas: el dinero robado por unos miserables que no tienen ni para vivir, a otros igualmente de miserables a través del engaño.
Unas veces es un falso vendedor de jabones que ofrece a su comprador el aroma de su producto, narcotizándolo para así robarle impunemente. El monje que miente para obtener producto para su iglesia destruida. El marido engañado por su bella y joven mujer que finge que le han robado sus árboles. El policía asesinado y su compañero que hacen como si llevaran una investigación en un pueblo casi derruido que apenas si vive alguien. La falsa mujer que vende sus más falsas joyas familiares para pagar el hospital imaginario de su marido.
Todo lo anterior envuelto en una puesta en escena impecable, con interpretaciones sobrias, ajustadas y bien dirigidas dan al film un toque de obra superior. Acompaña como no podía ser de otra manera, una fotografía de interiores de unos claros oscuros muy logrados, aunque donde se explaya verdaderamente es en la toma de unos maravillosos exteriores en que se plasma la belleza de un paisaje luminoso y yermo de un lugar olvidado del mundo.
Se guardan los tres cánones clásicos: unidad de acción, unidad de tiempo y unidad de lugar.
Es muy lenta, lentísima. Parece como si la acción se detuviera en el tiempo en un pueblo mísero perdido en algún lugar remoto.
Los personajes, contados con los dedos de dos manos, en ciertos aspectos, me recordaban cosas de Ingmar Bergman, con esos diálogos de gran profundidad, girando en torno a las sempiternas pasiones humanas: el dinero robado por unos miserables que no tienen ni para vivir, a otros igualmente de miserables a través del engaño.
Unas veces es un falso vendedor de jabones que ofrece a su comprador el aroma de su producto, narcotizándolo para así robarle impunemente. El monje que miente para obtener producto para su iglesia destruida. El marido engañado por su bella y joven mujer que finge que le han robado sus árboles. El policía asesinado y su compañero que hacen como si llevaran una investigación en un pueblo casi derruido que apenas si vive alguien. La falsa mujer que vende sus más falsas joyas familiares para pagar el hospital imaginario de su marido.
Todo lo anterior envuelto en una puesta en escena impecable, con interpretaciones sobrias, ajustadas y bien dirigidas dan al film un toque de obra superior. Acompaña como no podía ser de otra manera, una fotografía de interiores de unos claros oscuros muy logrados, aunque donde se explaya verdaderamente es en la toma de unos maravillosos exteriores en que se plasma la belleza de un paisaje luminoso y yermo de un lugar olvidado del mundo.
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