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Voto de Reaccionario:
4
Comedia Un grupo de marginados celebran la Nochebuena cantando y bailando por la calle. Al mismo tiempo, un millonario celebra la fiesta ofreciendo una gran cena a sus amigos. Este hombre recibe un telegrama de su hermana de América que le anuncia su visita después de más de veinte años sin verse. Como, a través de sus cartas, siempre le hizo creer a su hermana que lleva una vida familiar ordenada, necesita a dos personas que representen este ... [+]
23 de febrero de 2024
1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aquí, en nuestro país, continuaba la Guerra Civil, mientras en Italia, en la Italia fascista, se rodaba la presente "Los hijos de la noche". Estrenada en octubre de 1939 y de manera general a principios de 1940, la película, según algunos críticos, sorprende por el crudo tratamiento de la pobreza de la inmediata posguerra franquista. Sin embargo, si afinamos los sentidos, en un momento dado un calendario nos indica por las fechas que no nos encontramos en las navidades de 1938 a 1939, sino de 1935 a 1936. Así que, técnicamente, el retrato social de una España mísera y de otra opulenta que vive de espaldas a la realidad no sería el de la dictadura sino el de la República. Y la cosa, aunque no deja de ser una pelea infantil, como si realmente no hubiera pobreza entonces, tiene lógica en tanto que "Los hijos de la noche" adapta una obra de teatro publicada en el 1933.

Aclarado el contexto, la película es floja a pesar de toda la condescendencia con la que se la quiera juzgar. El crítico cinematográfico Javier Ocaña explicó en la 2 de Televisión Española que uno de sus grandes aciertos es la mezcla de géneros y la fluidez con la que transito de uno a otro. Sin embargo, a mí me parece que ese es su principal error. No es posible pasar del duro neorrealismo italiano a la cursi comedia de teléfonos blancos, del musical alegre a la comedia screwball absurda, de la pluma de Miguel Mihura. La sensación es que nunca encuentra el tono, el sentido y las convenciones que requiere el género. A eso hay que sumarle demasiados diálogos chorras, una situación muy poco creíble y una resolución de lo más necia, arbitraria y buenista. El argumento es muy aprovechable pero no se explota para nada y, salvo un par de chistes, no hace gracia.
Reaccionario
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