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Voto de Charles:
6
Voto de Charles:
6
5,5
1.579
12 de septiembre de 2017
12 de septiembre de 2017
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lo primero es la mirada de Jacob King: dura, desafiante, misteriosa.
Ningún piso reservado, solo 600 dólares para pasar la semana, "es poco" le dicen.
"Los voy a aprovechar, y no tengo pensado quedarme" responde.
No ha habido ni una presentación, y ya sabes que vas a seguir a este hombre, sea cual sea su objetivo.
'Message from the King' deconstruye la típica venganza rabiosa de siempre, y se permite jugar con sus límites y lugares comunes, tal vez sin llegar a algo completamente nuevo, pero desde luego dejando un sabor distintivo.
Porque Jacob King no es un justiciero ni un vengador en el sentido más estricto de la palabra, tan solo un hermano mayor que no puede evitar preocuparse por su hermana, y cuyos métodos prefieren ser precisos o agudos antes que violentos.
No hay huesos rotos a mansalva, tampoco tiroteos agresivos, y a medida que pasamos tiempo con él entendemos que es por contención, no por inexperiencia: Jacob podría matar a un hombre, pero decide evitarlo porque Los Ángeles no es el terreno en el que aprendió a hacerlo.
Así, los estallidos de violencia se vuelven peligrosos, casi temibles, limitados sólo a los momentos en que se necesitan: una cadena que azota a un camello sin compasión o una barra que parte narices a bandas arrogantes no suenan a liberación, sino a fin de las negociaciones y violencia contenida que tendrá que encontrar lo que busca para no volver a desatarse.
Jacob va en busca de su hermana Bianca a través de la jungla urbana, recogiendo migas de pan en forma de vidas miserables y aprovechadas, matrimonios rotos, esperanzas perdidas y estancias que se alargan porque no hay lugar al que irse.
Se lo dice su vecina Kelly al sincerarse "te quedas un poco más... porque vuelves a ver el sol brillar y piensas, quizá, que no es tan malo lo que tienes". Una esperanza que permite ir tirando a los que la atesoran, y atrae a todas las demás alimañas que les rodean.
La hermana de Jacob tenía problemas, él se da cuenta pronto de eso, mientras recuerda los tiempos inocentes en los que sólo corrían jugando al atardecer, y no deja de preguntarse qué pudo pasar para que todo cambiara.
La respuesta no queda lejos del rico productor Preston y el elegante dentista Wentworth, ambos retrato de esa Norteamérica que dicen plagada de oportunidades (pero sólo para gente como ellos), los cuales contestan con calculada ironía las preguntas de Jacob y a la vez se cuidan de esconder sus actividades más oscuras, secretos a voces de gente desesperada de los que ellos se aprovechan, a cambio de una dignidad que no van a necesitar.
Jacob pronto se da cuenta de que su hermana quedó muy lejos de su recuerdo, y quizás él también sin saberlo: tal vez esa contención tenía que ver con las ganas de reconectar con un fleco de su pasado, que quedó tristemente cortado.
Sin embargo, a los justos se les reserva el sufrimiento de los pecadores: Jacob acaba tan hundido en las mezquindades de otros que esa violencia contenida pide liberarse, aunque solo sea como propia satisfacción que no llegaría de otra forma.
Y la típica historia de venganza que era se transforma en otra cosa, algo más frío y triste, que contempla de lo que somos capaces, y elige apartarlo para no contaminarse.
Preston tenía razón: Jacob King ha sido el único jugador justo de una mortífera partida.
Aunque eso le haya costado su idea de pureza fraternal, acosado por recuerdos que, por mucho que haga para recuperarlos, nunca volverán.
Ningún piso reservado, solo 600 dólares para pasar la semana, "es poco" le dicen.
"Los voy a aprovechar, y no tengo pensado quedarme" responde.
No ha habido ni una presentación, y ya sabes que vas a seguir a este hombre, sea cual sea su objetivo.
'Message from the King' deconstruye la típica venganza rabiosa de siempre, y se permite jugar con sus límites y lugares comunes, tal vez sin llegar a algo completamente nuevo, pero desde luego dejando un sabor distintivo.
Porque Jacob King no es un justiciero ni un vengador en el sentido más estricto de la palabra, tan solo un hermano mayor que no puede evitar preocuparse por su hermana, y cuyos métodos prefieren ser precisos o agudos antes que violentos.
No hay huesos rotos a mansalva, tampoco tiroteos agresivos, y a medida que pasamos tiempo con él entendemos que es por contención, no por inexperiencia: Jacob podría matar a un hombre, pero decide evitarlo porque Los Ángeles no es el terreno en el que aprendió a hacerlo.
Así, los estallidos de violencia se vuelven peligrosos, casi temibles, limitados sólo a los momentos en que se necesitan: una cadena que azota a un camello sin compasión o una barra que parte narices a bandas arrogantes no suenan a liberación, sino a fin de las negociaciones y violencia contenida que tendrá que encontrar lo que busca para no volver a desatarse.
Jacob va en busca de su hermana Bianca a través de la jungla urbana, recogiendo migas de pan en forma de vidas miserables y aprovechadas, matrimonios rotos, esperanzas perdidas y estancias que se alargan porque no hay lugar al que irse.
Se lo dice su vecina Kelly al sincerarse "te quedas un poco más... porque vuelves a ver el sol brillar y piensas, quizá, que no es tan malo lo que tienes". Una esperanza que permite ir tirando a los que la atesoran, y atrae a todas las demás alimañas que les rodean.
La hermana de Jacob tenía problemas, él se da cuenta pronto de eso, mientras recuerda los tiempos inocentes en los que sólo corrían jugando al atardecer, y no deja de preguntarse qué pudo pasar para que todo cambiara.
La respuesta no queda lejos del rico productor Preston y el elegante dentista Wentworth, ambos retrato de esa Norteamérica que dicen plagada de oportunidades (pero sólo para gente como ellos), los cuales contestan con calculada ironía las preguntas de Jacob y a la vez se cuidan de esconder sus actividades más oscuras, secretos a voces de gente desesperada de los que ellos se aprovechan, a cambio de una dignidad que no van a necesitar.
Jacob pronto se da cuenta de que su hermana quedó muy lejos de su recuerdo, y quizás él también sin saberlo: tal vez esa contención tenía que ver con las ganas de reconectar con un fleco de su pasado, que quedó tristemente cortado.
Sin embargo, a los justos se les reserva el sufrimiento de los pecadores: Jacob acaba tan hundido en las mezquindades de otros que esa violencia contenida pide liberarse, aunque solo sea como propia satisfacción que no llegaría de otra forma.
Y la típica historia de venganza que era se transforma en otra cosa, algo más frío y triste, que contempla de lo que somos capaces, y elige apartarlo para no contaminarse.
Preston tenía razón: Jacob King ha sido el único jugador justo de una mortífera partida.
Aunque eso le haya costado su idea de pureza fraternal, acosado por recuerdos que, por mucho que haga para recuperarlos, nunca volverán.
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