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Voto de El Libanés:
6
Voto de El Libanés:
6
Fantástico. Terror. Acción En un mundo en guerra, en el que cohabitan hombres y vampiros, el caso de Blade es extraordinario: es un vampiro que no se alimenta de sangre humana y que, además, pretende acabar con la raza de "seres superiores" que mordieron a su madre cuando estaba embarazada. (FILMAFFINITY)
15 de julio de 2018 Sé el primero en valorar esta crítica
Cuando Marv Wolfman y Gene Colan recibieron el encargo de Marvel acerca de tomar las riendas de coger la colección "La tumba de Drácula", se dieron cuenta de que necesitaban un equivalente a lo que era el Doctor Muerte a los Cuatro Fantásticos. Es decir, un antagonista de atura, ese Moriarty que sabría poner contra las cuerdas al protagonista.

Lo único que ellos lo harían a la inversa. A fin de cuentas, aquella adaptación de Bram Stoker a las viñetas era tener como estrella de la función a un malvado y carismático vampiro con poderes muy superiores a los de sus cazadores humanos. La solución magistral que lograron fue Blade, un exponente de la blaxploiotation que sobrevivió a su propia moda por saber romper los moldes.

Goyer y Norrington evocan ese espíritu para llevarnos a un universo pesadillesco donde los vampiros son criaturas de la noche (y también de discoteca), dispuestos a pactar con las élites económicas para garantizarse su lugar a costa de la sangre de sus víctimas de la turba (al final tiene hasta su crítica social el asunto).
N'Bushe Wright & Wesley Snipes
Wesley Snipes, en aquellos momentos uno de los grandes nombres dentro del género de acción, sería el encargado de dar vida a este afortunado mestizo (quien no tiene la maldición del no-muerto pero sí algunas de sus habilidades) que se convierte en la Némesis de las aterradoras criaturas.

Con buen ritmo y dosis de violencia adolescente de rigor, la trama se va acelerando a través de la figura de Deacon Frost, un vampiro que no pertenece a la aristocracia entre los suyos pero tiene ambiciosos planes para el futuro. Deben destacarse algunos aciertos de casting como Kris Kristofferson o Donal Logue, quienes sacan petróleo de unos personajes que debían ser bastante planos en el guión original.

El proyecto fue un verdadero éxito que garantizó la secuela, además de poner, nuevamente, a Blade dentro del circuito de grandes personajes Marvel tras años de ostracismo. Solamente por eso, pese a las carencias de una obra palomitera, siempre le estaremos muy agradecidos a Norrington y su equipo.
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