Hamnet
7,3
17.857
23 de enero de 2026
23 de enero de 2026
34 de 48 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pudiéramos estar ante un drama bien ambientado e interpretado, una película correcta e interesante, pero sin mucho más, si no fuese por dos aspectos esenciales a los que nos va llevando poco a poco el desarrollo del argumento. La excelente encarnación del personaje de Agnes por parte de Jessie Buckley, quien alcanza su momento culmen en esa larga escena que crea una simbiosis entre la obra de Shakespeare y el profundo dolor por el que entonces se nos muestra inspirada.
Hamnet sin Hamlet y Buckley sería una anécdota melodramática bien hecha, pero todo junto alcanza una cota de sentimientos casi épicos. Todos ellos ensalzados en cada instante con una banda sonora de bastante mérito, una bella fotografía con primeros planos poderosos y una dirección de actores que se nota trabajada.
No se puede criticar a nadie del reparto, ya que hasta las interpretaciones de los niños actores muestran una mezcla entre entereza y desparpajo que resultan encomiables y embellecen lo que la pantalla nos muestra tanto o más como un diseño de producción amoldado a localizaciones y decorados que conforman el contexto apropiado de la época que se nos describe.
Hamnet sin Hamlet y Buckley sería una anécdota melodramática bien hecha, pero todo junto alcanza una cota de sentimientos casi épicos. Todos ellos ensalzados en cada instante con una banda sonora de bastante mérito, una bella fotografía con primeros planos poderosos y una dirección de actores que se nota trabajada.
No se puede criticar a nadie del reparto, ya que hasta las interpretaciones de los niños actores muestran una mezcla entre entereza y desparpajo que resultan encomiables y embellecen lo que la pantalla nos muestra tanto o más como un diseño de producción amoldado a localizaciones y decorados que conforman el contexto apropiado de la época que se nos describe.

Un largometraje basado, como la novela que adapta, en hechos de la vida del dramaturgo universal, y los desarrolla como ficción histórica, incluyendo una teoría no probada sobre la inspiración de su obra más famosa en el duelo por su hijo Hamnet. Y Chloé Zhao lo elabora con calma, paso a paso, de menos a más, llegando con el intenso y bello final a hacernos creer a los espectadores que aunque no hubiera sido así, debió serlo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Para terminar, quiero poner el énfasis en dos escenas de todo el metraje. La primera en la que las dos niñas y el niño representan disfrazados ante sus padres la escena de las tres brujas de Macbeth. Preciosa puesta en escena, con una magnífica interpretación de los jovencísimos actores, que es ejemplo de la conexión feliz en que todo pudo desarrollarse en sus vidas.
Y por supuesto la escena final, en contraste dramático con lo anterior, en que se unen la representación de Hamlet con la caída de la cuarta pared que fusiona a actores de la obra y a actores que hacen de público, especialmente al personaje de Agnes, y donde es sin duda para aplaudir el hermoso último momento en que Agnes ve al niño como fantasma, y antes ha tomado la mano del actor que hace de Hamlet dando pie a que los demás espectadores hagan lo mismo, en un plano que resulta muy emotivo, y donde ella mirando a los demás a su alrededor, todos con lágrimas en los ojos, se percata del poder de las emociones auténticas escritas sobre un texto teatral.
Y por supuesto la escena final, en contraste dramático con lo anterior, en que se unen la representación de Hamlet con la caída de la cuarta pared que fusiona a actores de la obra y a actores que hacen de público, especialmente al personaje de Agnes, y donde es sin duda para aplaudir el hermoso último momento en que Agnes ve al niño como fantasma, y antes ha tomado la mano del actor que hace de Hamlet dando pie a que los demás espectadores hagan lo mismo, en un plano que resulta muy emotivo, y donde ella mirando a los demás a su alrededor, todos con lágrimas en los ojos, se percata del poder de las emociones auténticas escritas sobre un texto teatral.
Tal vez algún espectador, como yo mismo, se sorprenda en ese momento alargando su propia mano hacia los de la pantalla.
24 de enero de 2026
24 de enero de 2026
29 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nota: 2,5
Como bien dice un usuario, forma sin fondo. Y lo peor, que no emociona, es una tragedia con la que me he quedado frío. Quizá porque es un tema tan duro que es innecesario dar vueltas a lo mismo sin tener mucho más que contar.
Quizá los entendidos en la obra de Shakespeare y en Hamlet puedan sacar algunos matices filosóficos interesantes, o hayan conectado más con la historia. No sé cómo será la novela. No he conectado nada con la película.
La película es una sucesión de planos bonitos, pero alargados, y lentos. Sin nada que decir. Y el personaje de Shakespeare sólo pasaba por ahí...
No tienen que pasar muchas cosas para que el director de una película la haga interesante. Pero aquí Chloé Zhao no la hace atractiva y es aburrimiento hasta el final.
Se salva la banda sonora, sobre todo la canción final, (aunque por lo que leído ya ha sido usada anteriormente en otras películas), y la fotografía.
Como bien dice un usuario, forma sin fondo. Y lo peor, que no emociona, es una tragedia con la que me he quedado frío. Quizá porque es un tema tan duro que es innecesario dar vueltas a lo mismo sin tener mucho más que contar.
Quizá los entendidos en la obra de Shakespeare y en Hamlet puedan sacar algunos matices filosóficos interesantes, o hayan conectado más con la historia. No sé cómo será la novela. No he conectado nada con la película.
La película es una sucesión de planos bonitos, pero alargados, y lentos. Sin nada que decir. Y el personaje de Shakespeare sólo pasaba por ahí...
No tienen que pasar muchas cosas para que el director de una película la haga interesante. Pero aquí Chloé Zhao no la hace atractiva y es aburrimiento hasta el final.
Se salva la banda sonora, sobre todo la canción final, (aunque por lo que leído ya ha sido usada anteriormente en otras películas), y la fotografía.

Paul Mescal
Muy pobre película. Distante, trágica, aburrida y poco interesante.
Al lado de Hamnet, Valor sentimental, (que no me pareció gran cosa, y que también habla sanar heridas y canalizar lo negativo y el sufrimiento a través del arte), es El Padrino.
Al lado de Hamnet, Valor sentimental, (que no me pareció gran cosa, y que también habla sanar heridas y canalizar lo negativo y el sufrimiento a través del arte), es El Padrino.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La película busca sólo incomodar mostrando la visceralidad de la madre y el sufrimiento por el parto, por la enfermedad de su hija, y por último, perder a su hijo. Un torrente de visceralidad que sólo busca hacer incomodar al espectador, pero que la frialdad de la historia y de los personajes no consigue hacerlos cercanos al espectador y que te importen. Precísamente una película debe mostrar una cercanía con el espectador. La directora Chloe Zhao suspende. Se muestra fría, pretenciosa, plana.
¿Hacer llorar? No lo consiguió. Rental Family con Brendan Fraser o Rondallas la película española lo consiguen mucho más , tienen mucho más corazón y mejor guión. Estas 2 son mucho mejores películas en mi opinión.
¿Hacer llorar? No lo consiguió. Rental Family con Brendan Fraser o Rondallas la película española lo consiguen mucho más , tienen mucho más corazón y mejor guión. Estas 2 son mucho mejores películas en mi opinión.
24 de enero de 2026
24 de enero de 2026
17 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Por lo poco que coincide mi opinión con las críticas que he leído, con las nominaciones que tiene y con los premios que ya ha recibido.
Mi experiencia en salas últimamente, no es muy acertada y suele coincidir la experiencia… toda proyección con puntuación de 7 o más, acaba en decepción…
Como mucho tiene unas localizaciones y ambientación muy creibles, no así la historia, el guión o el ritmo de la película… en casa, la hubiera dejado, en cine me quedo por respeto al resto de asistentes, que pueden tener una opinión diferente.
Ella, muy bien… pero no me llega el conjunto… por eso me resulta tan sorprendente esas consideraciones de mejor película del año…
Mi experiencia en salas últimamente, no es muy acertada y suele coincidir la experiencia… toda proyección con puntuación de 7 o más, acaba en decepción…
Como mucho tiene unas localizaciones y ambientación muy creibles, no así la historia, el guión o el ritmo de la película… en casa, la hubiera dejado, en cine me quedo por respeto al resto de asistentes, que pueden tener una opinión diferente.
Ella, muy bien… pero no me llega el conjunto… por eso me resulta tan sorprendente esas consideraciones de mejor película del año…
6 de febrero de 2026
6 de febrero de 2026
14 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
81/13(06/02/26) Esta es una película impecablemente filmada, pulcramente interpretada y profundamente fallida. Un ejercicio de solemnidad hueca que confunde el silencio con la profundidad, el dolor con la emoción y la belleza con el sentido; un film que promete una inmersión humana en el origen de “Hamlet” y acaba siendo un catálogo de estampas fúnebres donde Shakespeare, paradójicamente, apenas existe.
No es una mala película. Ese es quizá su pecado mayor. “Hamnet” funciona, escena a escena, plano a plano, como un objeto respetable, prestigioso, diseñado para el aplauso crítico y el circuito de premios, pero carece de nervio, de riesgo emocional y de verdadera necesidad dramática. Chloé Zhao entrega aquí una obra impostadamente grave, donde la tragedia se diluye en contemplación y el duelo se convierte en un concepto estético antes que en una experiencia viva. El resultado es un film frío, pretencioso, alargado y, sobre todo, decepcionante en su ambición: menos habría sido más.
No es una mala película. Ese es quizá su pecado mayor. “Hamnet” funciona, escena a escena, plano a plano, como un objeto respetable, prestigioso, diseñado para el aplauso crítico y el circuito de premios, pero carece de nervio, de riesgo emocional y de verdadera necesidad dramática. Chloé Zhao entrega aquí una obra impostadamente grave, donde la tragedia se diluye en contemplación y el duelo se convierte en un concepto estético antes que en una experiencia viva. El resultado es un film frío, pretencioso, alargado y, sobre todo, decepcionante en su ambición: menos habría sido más.

“Hamnet” nace con todos los mimbres del “gran film importante”: adaptación de una novela celebrada, “Hamnet” de Maggie O’Farrell, guion coescrito por la propia autora junto a Zhao, producción de Amblin Entertainment (Steven Spielberg), distribución de Focus Features y una clara vocación de temporada de premios. Todo está calculado. Todo está medido. Todo, menos el pulso.
La novela de O’Farrell proponía una relectura íntima y femenina del mito shakespeariano, desplazando el foco del genio al duelo silencioso de Agnes Hathaway. Zhao recoge esa premisa, pero la traduce al lenguaje más cómodo de su cine reciente: planos largos, personajes suspendidos en el tiempo, naturaleza como refugio espiritual y una espiritualidad difusa que pretende sustituir al conflicto dramático. El problema es que aquí no estamos ante vagabundos contemporáneos ni paisajes fronterizos, sino ante una tragedia familiar concreta, histórica, devastadora. Y Zhao la filma como si el dolor fuera una abstracción.
La novela de O’Farrell proponía una relectura íntima y femenina del mito shakespeariano, desplazando el foco del genio al duelo silencioso de Agnes Hathaway. Zhao recoge esa premisa, pero la traduce al lenguaje más cómodo de su cine reciente: planos largos, personajes suspendidos en el tiempo, naturaleza como refugio espiritual y una espiritualidad difusa que pretende sustituir al conflicto dramático. El problema es que aquí no estamos ante vagabundos contemporáneos ni paisajes fronterizos, sino ante una tragedia familiar concreta, histórica, devastadora. Y Zhao la filma como si el dolor fuera una abstracción.

Jessie Buckley & Joe Alwyn
La producción es lujosa sin parecerlo, austera sin serlo realmente. Todo respira “cine serio”, “cine importante”, “cine que no se discute”. Y ahí empieza la trampa.
La reconstrucción del siglo XVI es irreprochable. El trabajo de diseño de producción de Fiona Crombie (“La favorita”) construye un mundo rural estilizado, casi despoblado, donde Stratford-upon-Avon parece más una instalación artística que una comunidad viva. La réplica del Globe Theatre, levantada en Elstree Studios, es eficaz, funcional y deliberadamente menos ornamentada que el original, en línea con la sobriedad que Zhao persigue… y fuerza.
La fotografía de Łukasz Żal (“Ida”) es, sin discusión, uno de los grandes valores del film. Cada plano parece concebido para ser enmarcado: interiores bañados por una luz vermeeriana, exteriores donde el bosque funciona como útero, templo y metáfora universal. El problema no es la belleza, sino su acumulación. Plano bello tras plano bello, sin progresión emocional, sin variación rítmica, sin contraste. La imagen acaba anestesiando.
La música de Max Richter (“Arrival”) opera como muleta emocional. Su omnipresente “On the Nature of Daylight” —ya gastada hasta el tuétano por el cine contemporáneo— subraya lo que la puesta en escena no logra transmitir. No acompaña: ordena sentir. Y cuando una película necesita ordenar la emoción, es que ha fracasado en generarla.
Jessie Buckley compone una Agnes Hathaway intensa, física, feral. Es una interpretación generosa, entregada, incluso excesiva por momentos. Buckley grita, llora, se retuerce, mira al vacío. Hace todo lo que se espera de ella. El problema es que el personaje está escrito como un arquetipo: la mujer conectada con la naturaleza, la sanadora, la bruja incomprendida, la madre doliente elevada a símbolo. Agnes no evoluciona: permanece.
Paul Mescal convierte a William Shakespeare en una presencia fantasmal. Un hombre que entra y sale de la historia, ausente incluso cuando está en pantalla. Zhao parece más interesada en lo que Shakespeare representa que en lo que siente. El genio es aquí un hombre taciturno, frustrado, opaco, reducido a tópico de escritor bloqueado. Shakespeare no crea: reacciona. Y a menudo, ni eso.
Emily Watson aporta gravedad como Mary Shakespeare, aunque su personaje está limitado a funciones dramáticas evidentes; Joe Alwyn cumple sin dejar huella; Los niños, especialmente Jacobi Jupe como Hamnet, sostienen con dignidad un peso emocional que el guion les impone sin verdadera preparación.
No hay química real entre Buckley y Mescal. El romance inicial se establece con prisas, se consolida con elipsis y se quiebra sin haber sido construido. El amor se presupone. El duelo también.
Desde el prólogo —“Hamnet” y “Hamlet” eran el mismo nombre— la película anuncia su tesis con subrayador fluorescente. No confía en el espectador. Necesita explicarse constantemente. Los diálogos están salpicados de citas de Shakespeare, de frases que suenan más a declaración de intenciones que a palabras dichas por seres humanos del siglo XVI.
El relato de Orfeo y Eurídice, la profecía de los hijos, el halcón como tótem espiritual, la cueva como pasaje simbólico: todo está cargado de significado, pero nada respira. El simbolismo no emerge; se impone.
La escena de la peste —cuando Judith enferma y Hamnet “ofrece” su lugar— debería ser devastadora. Y lo es, en teoría. Pero Zhao la filma con la misma distancia estética que el resto del metraje. El dolor se contempla, no se comparte. Cuando Hamnet muere, uno ya está emocionalmente exhausto… pero no conmovido.
La reconstrucción del siglo XVI es irreprochable. El trabajo de diseño de producción de Fiona Crombie (“La favorita”) construye un mundo rural estilizado, casi despoblado, donde Stratford-upon-Avon parece más una instalación artística que una comunidad viva. La réplica del Globe Theatre, levantada en Elstree Studios, es eficaz, funcional y deliberadamente menos ornamentada que el original, en línea con la sobriedad que Zhao persigue… y fuerza.
La fotografía de Łukasz Żal (“Ida”) es, sin discusión, uno de los grandes valores del film. Cada plano parece concebido para ser enmarcado: interiores bañados por una luz vermeeriana, exteriores donde el bosque funciona como útero, templo y metáfora universal. El problema no es la belleza, sino su acumulación. Plano bello tras plano bello, sin progresión emocional, sin variación rítmica, sin contraste. La imagen acaba anestesiando.
La música de Max Richter (“Arrival”) opera como muleta emocional. Su omnipresente “On the Nature of Daylight” —ya gastada hasta el tuétano por el cine contemporáneo— subraya lo que la puesta en escena no logra transmitir. No acompaña: ordena sentir. Y cuando una película necesita ordenar la emoción, es que ha fracasado en generarla.
Jessie Buckley compone una Agnes Hathaway intensa, física, feral. Es una interpretación generosa, entregada, incluso excesiva por momentos. Buckley grita, llora, se retuerce, mira al vacío. Hace todo lo que se espera de ella. El problema es que el personaje está escrito como un arquetipo: la mujer conectada con la naturaleza, la sanadora, la bruja incomprendida, la madre doliente elevada a símbolo. Agnes no evoluciona: permanece.
Paul Mescal convierte a William Shakespeare en una presencia fantasmal. Un hombre que entra y sale de la historia, ausente incluso cuando está en pantalla. Zhao parece más interesada en lo que Shakespeare representa que en lo que siente. El genio es aquí un hombre taciturno, frustrado, opaco, reducido a tópico de escritor bloqueado. Shakespeare no crea: reacciona. Y a menudo, ni eso.
Emily Watson aporta gravedad como Mary Shakespeare, aunque su personaje está limitado a funciones dramáticas evidentes; Joe Alwyn cumple sin dejar huella; Los niños, especialmente Jacobi Jupe como Hamnet, sostienen con dignidad un peso emocional que el guion les impone sin verdadera preparación.
No hay química real entre Buckley y Mescal. El romance inicial se establece con prisas, se consolida con elipsis y se quiebra sin haber sido construido. El amor se presupone. El duelo también.
Desde el prólogo —“Hamnet” y “Hamlet” eran el mismo nombre— la película anuncia su tesis con subrayador fluorescente. No confía en el espectador. Necesita explicarse constantemente. Los diálogos están salpicados de citas de Shakespeare, de frases que suenan más a declaración de intenciones que a palabras dichas por seres humanos del siglo XVI.
El relato de Orfeo y Eurídice, la profecía de los hijos, el halcón como tótem espiritual, la cueva como pasaje simbólico: todo está cargado de significado, pero nada respira. El simbolismo no emerge; se impone.
La escena de la peste —cuando Judith enferma y Hamnet “ofrece” su lugar— debería ser devastadora. Y lo es, en teoría. Pero Zhao la filma con la misma distancia estética que el resto del metraje. El dolor se contempla, no se comparte. Cuando Hamnet muere, uno ya está emocionalmente exhausto… pero no conmovido.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Es imposible no pensar en “Shakespeare in Love” (John Madden) al ver “Hamnet”. Aquella, una ficción histórica juguetona, vitalista, emocionalmente honesta, exploraba el nacimiento de “Romeo y Julieta” desde el amor. Esta pretende explorar el origen de “Hamlet” desde el duelo. Pero donde Madden encontraba ligereza y emoción, Zhao encuentra solemnidad y vacío. “Hamnet” es su reverso letárgico: más lenta, más grave, más pretenciosa… y mucho menos humana. Donde “Shakespeare in Love” entendía que el artificio es parte del cine, Zhao parece avergonzarse de él, refugiándose en una gravedad impostada que acaba siendo contraproducente.
Lo peor no es su lentitud ni su preciosismo, sino su incapacidad para emocionar. Y eso, en una tragedia sobre la muerte de un hijo, es casi imperdonable. La película insiste, repite, subraya, alarga. Pero no profundiza.
La sucesión de planos bellos se convierte en rutina. El ritmo, en letargo. El dolor, en concepto. Shakespeare “pasaba por allí”. Y cuando llegamos al clímax en el Globe Theatre, diseñado como una catarsis colectiva, el efecto es más manipulador que revelador. La emoción llega… si llega… por acumulación musical y simbólica, no por verdad dramática.
Lo peor no es su lentitud ni su preciosismo, sino su incapacidad para emocionar. Y eso, en una tragedia sobre la muerte de un hijo, es casi imperdonable. La película insiste, repite, subraya, alarga. Pero no profundiza.
La sucesión de planos bellos se convierte en rutina. El ritmo, en letargo. El dolor, en concepto. Shakespeare “pasaba por allí”. Y cuando llegamos al clímax en el Globe Theatre, diseñado como una catarsis colectiva, el efecto es más manipulador que revelador. La emoción llega… si llega… por acumulación musical y simbólica, no por verdad dramática.

“Hamnet” es un film respetable, premiable, impecable en lo formal y fallido en lo esencial. Una película que quiere decirlo todo y acaba no diciendo casi nada. Un duelo estetizado, pulido, diseñado para no incomodar demasiado. Chloé Zhao demuestra, una vez más, que sabe mirar… pero aquí no sabe contar.
No es un desastre. Porque hay talento. Porque hay oficio. Pero también porque es un ejemplo perfecto de cine contemporáneo de prestigio que confunde la importancia del tema con la importancia de la película. Y porque, a veces, menos —mucho menos— habría sido infinitamente más.
ZONA SPOILER
La última imagen de Agnes viendo a Hamnet desaparecer entre bastidores, sonriendo por primera vez tras su muerte, resume el problema del film: una resolución simbólica, hermosa, cerrada… y emocionalmente vacía. El duelo no se resuelve con imágenes bellas. Se atraviesa. Y “Hamnet”, en su obsesión por no mancharse, nunca se atreve a cruzarlo.
Gloria Ucrania!!!
No es un desastre. Porque hay talento. Porque hay oficio. Pero también porque es un ejemplo perfecto de cine contemporáneo de prestigio que confunde la importancia del tema con la importancia de la película. Y porque, a veces, menos —mucho menos— habría sido infinitamente más.
ZONA SPOILER
La última imagen de Agnes viendo a Hamnet desaparecer entre bastidores, sonriendo por primera vez tras su muerte, resume el problema del film: una resolución simbólica, hermosa, cerrada… y emocionalmente vacía. El duelo no se resuelve con imágenes bellas. Se atraviesa. Y “Hamnet”, en su obsesión por no mancharse, nunca se atreve a cruzarlo.
Gloria Ucrania!!!
30 de enero de 2026
30 de enero de 2026
19 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
Efectivamente, es mi primera vez. Después de muchos años de visionar películas, algunas aborrecibles, algunas complicadas, algunas decepcionantes, algunas maravillosas... Es la primera vez en mi vida que salgo de una sala sin finalizar el metraje.
No entiendo como alguien puede llegar a pasar un buen rato, a emocionarse, a disfrutar con semejante esperpento que tuve la desgracia de sufrir ayer en una sala de cine de la capital del Bages.
Seguramente al nacer, me despojaron de la parte emocional y sensible necesaria para poder conectar con la secuencia cruel y constante de sinsentidos argumentales, despojos de interpretaciones, y un guión carente de lucidez, orden e interés.
Los trabajos anteriores de la directora me parecieron interesantes, emotivos sin caer en la indulgencia que caracteriza cada minuto de soez metraje con que la directora nos ha asaltado esta vez.
No puedo hacer mas spoiler que advertir a los compañeros de fatigas de cine, que no pierdan tiempo ni dinero para encontrar una historia sin historia, una película que languidece desde el primer momento hasta el último que aguanté (aproximadamente 90 antes de sucumbir a la evidencia de que había escogido mal la sala), si quieren tener una sensación similar, acudan a cualquier acto político oficial, será igual de tedioso, insignificante, aburrido, y inservible que esta película, pero gratis. Algo es algo.
No entiendo como alguien puede llegar a pasar un buen rato, a emocionarse, a disfrutar con semejante esperpento que tuve la desgracia de sufrir ayer en una sala de cine de la capital del Bages.
Seguramente al nacer, me despojaron de la parte emocional y sensible necesaria para poder conectar con la secuencia cruel y constante de sinsentidos argumentales, despojos de interpretaciones, y un guión carente de lucidez, orden e interés.
Los trabajos anteriores de la directora me parecieron interesantes, emotivos sin caer en la indulgencia que caracteriza cada minuto de soez metraje con que la directora nos ha asaltado esta vez.
No puedo hacer mas spoiler que advertir a los compañeros de fatigas de cine, que no pierdan tiempo ni dinero para encontrar una historia sin historia, una película que languidece desde el primer momento hasta el último que aguanté (aproximadamente 90 antes de sucumbir a la evidencia de que había escogido mal la sala), si quieren tener una sensación similar, acudan a cualquier acto político oficial, será igual de tedioso, insignificante, aburrido, y inservible que esta película, pero gratis. Algo es algo.
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