El guerrero de la venganza
5,2
638
Fantástico. Terror. Aventuras
Un guerrero recorre parajes salvajes montado a caballo, persiguiendo al monstruo que asesinó a su hija. Su sed de venganza es la fuerza motriz de una película construida con muy pocos elementos, minimalista y épica al mismo tiempo, donde la fantasía y el horror encuentran sus encarnaciones más físicas y cruentas.
24 de enero de 2021
24 de enero de 2021
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Producción sobria y reduccionista sobre un cazador de monstruos que espera acabar con la criatura que mató a su hija. Solo cuanta con un actor (la niña casi no cuenta) y apenas hay diálogos.
Su ajustadísima duración de una hora y diez la aproxima al cortometraje o incluso a lo que sería el capítulo de una serie. Cuenta con un cuidado diseño de producción de su minimalista escenario, y la historia consiste en el esforzado protagonista volviendo a casa después de terminada la cacería, una y otra vez. Su mundo está poblado de bestias fantásticas y clava sus cabezas en estacas para decorar su choza.
Por desgracia, tan bajo presupuesto redunda en el espectáculo, ya que no hay escenas de batalla reseñables, y la pelea final la verdad es que resulta bastante inane, con una criatura que roza lo risible. Como dura poco y las panorámicas en dron son vistosas no da tiempo para aburrirse. Una curiosidad bien trabajada pero sin mayor entidad.
Su ajustadísima duración de una hora y diez la aproxima al cortometraje o incluso a lo que sería el capítulo de una serie. Cuenta con un cuidado diseño de producción de su minimalista escenario, y la historia consiste en el esforzado protagonista volviendo a casa después de terminada la cacería, una y otra vez. Su mundo está poblado de bestias fantásticas y clava sus cabezas en estacas para decorar su choza.
Por desgracia, tan bajo presupuesto redunda en el espectáculo, ya que no hay escenas de batalla reseñables, y la pelea final la verdad es que resulta bastante inane, con una criatura que roza lo risible. Como dura poco y las panorámicas en dron son vistosas no da tiempo para aburrirse. Una curiosidad bien trabajada pero sin mayor entidad.
8 de enero de 2020
8 de enero de 2020
6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una fantasía medieval de bajo presupuesto entre Skyrim y Army of Darkness que impresiona por su apartado visual y la astucia de algunas decisiones.
Hay gente con talento detrás de su producción y en parte demuestra que la falta de grandes presupuestos estimula la imaginación, el coraje y la artesanía de cara a hacer un tipo de cine puro y escabroso -con grumos- que ya está extinto.
Sin embargo su excesiva duración empaña el resultado final, y la propuesta hubiera brillado mucho más en formato cortometraje.
Hay gente con talento detrás de su producción y en parte demuestra que la falta de grandes presupuestos estimula la imaginación, el coraje y la artesanía de cara a hacer un tipo de cine puro y escabroso -con grumos- que ya está extinto.
Sin embargo su excesiva duración empaña el resultado final, y la propuesta hubiera brillado mucho más en formato cortometraje.
24 de septiembre de 2021
24 de septiembre de 2021
5 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hecha con dos pesos, tiene un argumento (si se le puede llamar argumento) para el olvido. Súper económica, modestamente actuada, con trucos de montaje de los más sencillos, sugiere más de lo que muestra. Completamente olvidable e innecesaria, parece obra de unos estudiantes de primer año de la carrera de cine. Ni siquiera se puede decir que es mala; directamente no existe.
17 de septiembre de 2020
17 de septiembre de 2020
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una película casi desconocida, con un presupuesto parco (30.000 $), pero que entraña una verdadera historia del hombre abandonado en lucha contra la naturaleza, casi como un Jeremiah Johnson fantástico que, en lugar de enfrentarse a indios se enfrenta a lo oculto, a monstruos, con tal de proteger a su familia, en este caso, la tumba de su hija, muerta a manos de una criatura que espera con ansia para culminar su venganza. Adelanto que no verás encarnizadas y sangrientas batallas de un guerrero contra engendros infernales, ni estirpes reales en guerra con el reino vecino, ni si quiera sabremos quién es nuestro protagonista, ni por qué tiene poderes sobrenaturales ni cómo ha llegado a esa situación, reduciéndose exclusivamente a lo que vemos en pantalla. Por desconocer, desconocemos hasta su nombre. Esta es la lucha personal del espectador con lo oculto de la historia, de cómo interpretar y lidiar con los elementos que nos presenta un habilidoso Jordan Downey en un ejercicio que recuerda a Infierno de cobardes (Clint Eastwood, 1973) en la concepción que ejercemos sobre el misterio, sobre el hombre sin nombre.

Christopher Rygh
Jordan Downey acepta ese donativo siniestro de la fantasía clásica y oscura, de esas fábulas macabras que exhalan misticismo, procedente de los hermanos Grimm y pasado por el filtro cinematográfico de Browning o Wiene, adaptado a un universo de fantasía parecido al de Tolkien y con un protagonista que recuerda a antihéroes del spaghetti wéstern de Leone o los chanbaras de Kurosawa: carentes de moral, duros y rudos, sin pasado y con sed de venganza. El ohionés nos da una verdadera historia individual, de surgimiento, desarrollo y culminación de la venganza en la soledad de un hombre, dejando de lado el rico mundo que crea para aislarlo en su camino, en su aventura para derrotar al quimérico monstruo psicológico que lo carcome lentamente por la culpabilidad y que lo aleja de todo aquello que no sea su realidad.
Por eso, Downey y Kevin Stewart, guionistas, construyen el argumento de, según Booker, ‘vencer al monstruo’, cuidado con esmero por unos diálogos prácticamente nulos y un ritmo lento para que la construcción del personaje se haga en torno a los hechos, a su realidad, planteando un recorrido creciente en dificultad y peligro, en sentido figurado y literal. No es casualidad la utilización de una figura paterna y heroica para su protagonista que, tras la pérdida, pierde la noción de la realidad en su delirio de venganza, siendo este el eje transversal que atraviesa el filme y lo estructura en los tres actos clásicos de cualquier cuento fantástico. El reducido espacio fílmico (filmado en dos localizaciones: California y Portugal) dota a la historia un carácter íntimo, atrapándonos en la realidad del Padre, en el retorcido bosque que asila su alma en pena y que aguarda horrores.
Por eso, Downey y Kevin Stewart, guionistas, construyen el argumento de, según Booker, ‘vencer al monstruo’, cuidado con esmero por unos diálogos prácticamente nulos y un ritmo lento para que la construcción del personaje se haga en torno a los hechos, a su realidad, planteando un recorrido creciente en dificultad y peligro, en sentido figurado y literal. No es casualidad la utilización de una figura paterna y heroica para su protagonista que, tras la pérdida, pierde la noción de la realidad en su delirio de venganza, siendo este el eje transversal que atraviesa el filme y lo estructura en los tres actos clásicos de cualquier cuento fantástico. El reducido espacio fílmico (filmado en dos localizaciones: California y Portugal) dota a la historia un carácter íntimo, atrapándonos en la realidad del Padre, en el retorcido bosque que asila su alma en pena y que aguarda horrores.

Christopher Rygh
La concepción del espacio es descrita a la perfección por un hombre apartado de la sociedad y condenado al ascetismo, en un lugar amenazador y reducido, dando ese carácter íntimo que bien recuerda a la inquietante La bruja (Robert Eggers, 2015) en ese amenazante juego del terror que recrea a través de la escenografía. Los horripilantes diseños de criatura, que recuerdan a los del aclamado Clive Barker, dan esa ambientación cargante basada en la amenaza permanente que recibe el protagonista. La carencia de presupuesto es solventada, quizás de una forma engañosa, por la exclusión de secuencias que involucran más medios como los enfrentamientos entre héroe y amenaza y, por tanto, las que más SFX, algo que como espectador esperas ver en este tipo de películas. Rygh lleva toda la película sin problemas, dando una interpretación excepcional del atormentado personaje de Downey, fraguando a la perfección una oscura gelidez en armonía con los azules pálidos y marrones y el manto blanco que cose la nieve.
La producción hace un trabajo formidable valiéndose del vestuario de André Bavin y del maquillaje que consiguen en Ryhg la construcción de su personaje prácticamente a golpe de vista desde el primer plano que inicia la cinta utilizado para empatizar con él a través de su expresión, totalmente perdida (o, mejor dicho, abandonada), dolorida y vacía, generando curiosidad al espectador sobre el por qué es así. El ritmo lento se apoya en el uso de largos y pausados trávelins descriptivos que expresan la pesada rutina del Padre en su día a día; la preparación, la batalla y el descanso. Obviamente, acompañando la preciosa fotografía nívea del propio Downey. A la hora del gran desenlace el director se pierde un poco en el absurdo, haciendo una catarsis más parecida a Posesión infernal (Sam Raimi, 1979) que al macabro cuento que quería contar.
En resumen, una producción innovadora y con personalidad que consigue abrazarnos gracias a una atmósfera minimalista que camufla sus carencias y susurrarnos desde el fragante bosque sombrío el triste relato de un hombre que no se diferencia de los monstruos.
La producción hace un trabajo formidable valiéndose del vestuario de André Bavin y del maquillaje que consiguen en Ryhg la construcción de su personaje prácticamente a golpe de vista desde el primer plano que inicia la cinta utilizado para empatizar con él a través de su expresión, totalmente perdida (o, mejor dicho, abandonada), dolorida y vacía, generando curiosidad al espectador sobre el por qué es así. El ritmo lento se apoya en el uso de largos y pausados trávelins descriptivos que expresan la pesada rutina del Padre en su día a día; la preparación, la batalla y el descanso. Obviamente, acompañando la preciosa fotografía nívea del propio Downey. A la hora del gran desenlace el director se pierde un poco en el absurdo, haciendo una catarsis más parecida a Posesión infernal (Sam Raimi, 1979) que al macabro cuento que quería contar.
En resumen, una producción innovadora y con personalidad que consigue abrazarnos gracias a una atmósfera minimalista que camufla sus carencias y susurrarnos desde el fragante bosque sombrío el triste relato de un hombre que no se diferencia de los monstruos.
12 de diciembre de 2025
12 de diciembre de 2025
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
No hay por donde cogerla, no sé todavía como he podido verla entera, porque todo lo que iba viendo presagiaba que estaba delante de un auténtico bodrio. Lenta , sin diálogo, sin argumento, solo un personaje ( también hace una aparición anecdótica una niña ) que deambula matando quién sabe qué monstruos, tiene momentos malos y otros de peores. Pretende ser una película de terror pero está más cerca del género escatológico. Como ya he dicho con mi título absolutamente prescindible e infumable.
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