Torrente, el brazo tonto de la ley
1998 

5,8
66.286
Comedia
Torrente es un policía español, fascista, machista, racista, alcohólico y del Atleti. Tiene un vecino llamado Rafi, al que le gustan las películas de acción y las pistolas, y que vive con su madre y su prima Amparito, una ninfómana. Juntos, Torrente y Rafi, patrullarán por la noche las calles de la ciudad. (FILMAFFINITY)
30 de noviembre de 2019
30 de noviembre de 2019
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
De acuerdo no es la mejor película del mundo, de acuerdo es todo muy vulgar, de acuerdo se aleja mucho de la realidad.
Pero es una película original. La versión española de Cobra a lo bruto. Pese a todo una película que si quieres reirte puedes hacerlo.
Por algo es una de las películas españolas más taquilleras de siempre.
Pero es una película original. La versión española de Cobra a lo bruto. Pese a todo una película que si quieres reirte puedes hacerlo.
Por algo es una de las películas españolas más taquilleras de siempre.
3 de marzo de 2023
3 de marzo de 2023
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Don José Luis Torrente. Historia viva del país. Un grande hecho y derecho, metiéndose la ley por el trecho jajajaja. Pues que decir de esta película y del inicio de la saga. Una maravilla divina. Espectacular su casa donde tiene a su padre moribundo y donde lo llega a alimentar con sobras del bar, la pescadera buenorra que bien que luego ella aprovechó sus dotes sexuales, el primo de la chica esta que es muy inocente y se hace amigo del personaje principal, momentos graciosos como el del restaurante chino y los grandes momentos musicales del Fary en el coche y en la discoteca jajajaja. Espero y deseo que vuelvan a retomar la saga porque es lo que necesita el país y mucho. Grande Torrente, grande Santiago Segura.
-Es recomendable para los que sepan entender su humor porque hay partes con algo de toque verde pero hay que saber de todo y no ofenderse. Igualmente es cultura del país y todo español la debería de ver. Me gusta mucho su banda sonora y de que la historia transcurra en Madrid. El papel de Javier Cámara como chico que no sabe nada me mola y el de Neus Asensi como la prima sexual, también está muy bien-
-Es recomendable para los que sepan entender su humor porque hay partes con algo de toque verde pero hay que saber de todo y no ofenderse. Igualmente es cultura del país y todo español la debería de ver. Me gusta mucho su banda sonora y de que la historia transcurra en Madrid. El papel de Javier Cámara como chico que no sabe nada me mola y el de Neus Asensi como la prima sexual, también está muy bien-
22 de enero de 2025
22 de enero de 2025
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Torrente el brazo tonto de la ley es una sátira brillante con humor ácido, enseña los peores estereotipos de una España antigua. Santiago Segura crea en Torrente un personaje grotesco y caricaturesco, que actúa como un espejo deformado de una sociedad llena de contradicciones.
La película destaca por su humor sin filtros y su habilidad para combinar crítica social y comedia absurda y que se convierte en un referente del cine español. Un 9 sobre 10 para una obra icónica.
La película destaca por su humor sin filtros y su habilidad para combinar crítica social y comedia absurda y que se convierte en un referente del cine español. Un 9 sobre 10 para una obra icónica.
17 de febrero de 2026
17 de febrero de 2026
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Quién no ha oído hablar alguna vez de Jose Luis Torrente? Si eres español, es imposible que vivas ajeno a la existencia de esta figura. Sus frases más célebres, su atuendo y sus 'cuñadeces' son ya patrimonio de nuestro país...nos guste o no.
Torrente es un hombre mezquino, racista, machista y muy español que vive con su padre en un pisucho madrileño. Le echaron del cuerpo de policías por no estar en sus cabales, por la cual cosa anda en solitario "apatrullando la ciudad". En una de sus aventuras descubre que algo está pasando en un restaurante chino cercano a su casa, por lo que decide investigar. Ahí entra en escena su compañero y lacayo, el gran Rafi. Ambos, y junto a la pandilla de Rafi, intentarán dar un golpe encima de la mesa para dar con el misterio del restaurante chino, más conocido en la película por el "chinita, chinita" de Torrente.
Es la primera vez que veo cualquier filme de la saga de Santiago Segura. La conocía por osmosis cultural, nada más. Francamente, esperaba reírme mucho más. Podría ver cierta gracia entre todos los comentarios machistas, soeces, repugnantes y zafios que salen de la boca de nuestro protagonista. Sin embargo, y tras esforzarme durante hora y pico, no la veo. En el Recio en La que se avecina, en Santi en Los Serrano o en Mauricio Colmenero en Aída, sí. Aquí, no. Creo que Torrente es demasiado bruto. Me resultan más graciosas sus aventuras y sus escenas, por ser ridículas a más no poder, que sus comentarios.
Torrente es un hombre mezquino, racista, machista y muy español que vive con su padre en un pisucho madrileño. Le echaron del cuerpo de policías por no estar en sus cabales, por la cual cosa anda en solitario "apatrullando la ciudad". En una de sus aventuras descubre que algo está pasando en un restaurante chino cercano a su casa, por lo que decide investigar. Ahí entra en escena su compañero y lacayo, el gran Rafi. Ambos, y junto a la pandilla de Rafi, intentarán dar un golpe encima de la mesa para dar con el misterio del restaurante chino, más conocido en la película por el "chinita, chinita" de Torrente.
Es la primera vez que veo cualquier filme de la saga de Santiago Segura. La conocía por osmosis cultural, nada más. Francamente, esperaba reírme mucho más. Podría ver cierta gracia entre todos los comentarios machistas, soeces, repugnantes y zafios que salen de la boca de nuestro protagonista. Sin embargo, y tras esforzarme durante hora y pico, no la veo. En el Recio en La que se avecina, en Santi en Los Serrano o en Mauricio Colmenero en Aída, sí. Aquí, no. Creo que Torrente es demasiado bruto. Me resultan más graciosas sus aventuras y sus escenas, por ser ridículas a más no poder, que sus comentarios.

Tony Leblanc
Con esto no quiero decir que haya que prohibir Torrente o que no la recomiende. No. Voy a verme las siguientes películas de la saga, de hecho. Simplemente quiero recalcar que verse Torrente no es sinónimo de soltar carcajadas por doquier. Dicho lo cual, lo mejor me parecen las interpretaciones. La leyenda Toni Leblanc, a quien ya conocía de Cuéntame cómo pasó, Javier Cámara (Siete vidas) haciendo de un amigo de Rafi, o Jimmy Barnatán, conocido por su papel como Chucky en Los Serrano. Interesantes también todos los clichés que aparecen en la película, los cuales existen en nuestro país. Digamos que escondido en algún bar de la España profunda se hallará un tipejo como Jose Luis Torrente, aunque esperemos que no tenga tanto éxito como este.
2 de abril de 2026
2 de abril de 2026
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
173/51(28/03/26) He vuelto a ver “Torrente: El brazo tonto de la ley” con motivo del estreno de su sexta entrega, y la sensación sigue siendo la misma: una mezcla incómoda de carcajada culpable y náusea moral. Es una película tan deliberadamente repulsiva como sorprendentemente lúcida, un artefacto cómico que convierte lo peor de nosotros en espectáculo y lo empaqueta con una eficacia casi obscena. Pese a su impacto cultural y su indiscutible capacidad para hacer reír, su fórmula vive peligrosamente cerca del agotamiento incluso en su primera entrega.
Mi revisión me confirma algo que a veces se olvida: esto no es solo una comedia chabacana, sino un proyecto con una intención muy clara detrás. Santiago Segura, que escribe, dirige y protagoniza la película, levanta aquí una ópera prima que nace casi por rebeldía creativa tras su paso por “El día de la Bestia”. Su conclusión fue sencilla: si quieres controlar el monstruo, tienes que crearlo tú mismo. Y vaya si lo creó.
Mi revisión me confirma algo que a veces se olvida: esto no es solo una comedia chabacana, sino un proyecto con una intención muy clara detrás. Santiago Segura, que escribe, dirige y protagoniza la película, levanta aquí una ópera prima que nace casi por rebeldía creativa tras su paso por “El día de la Bestia”. Su conclusión fue sencilla: si quieres controlar el monstruo, tienes que crearlo tú mismo. Y vaya si lo creó.

Santiago Segura
El resultado fue un fenómeno. Producida por LolaFilms, la película arrasó en taquilla, ganó dos premios Goya (incluido el de actor de reparto para Tony Leblanc) y redefinió la comedia comercial española. No solo eso: instauró un modelo replicable hasta el infinito, como demostrarían sus secuelas, desde Torrente 2: misión en Marbella hasta la reciente sexta entrega.
Lo que más me interesa ahora, revisándola con perspectiva, es su ADN. Hay ecos claros de la tradición berlanguiana, cierta mala leche buñueliana y una reivindicación del cine popular de Alfredo Landa o Fernando Esteso. Pero Segura no homenajea: deforma, exagera, lleva al límite. Y en ese exceso está tanto su genialidad como su problema.
La ambientación es clave. Ese Madrid de barrios descuidados, bares de azulejo grasiento y pisos que parecen oler a humedad a través de la pantalla no es casual: es una estética buscada. La fotografía de Carles Gusi (“Celda 211”), sucia, apagada, casi mugrienta, acompaña perfectamente al personaje. No hay glamour, ni intención de embellecer nada. Todo es feo, como Torrente.
Lo que más me interesa ahora, revisándola con perspectiva, es su ADN. Hay ecos claros de la tradición berlanguiana, cierta mala leche buñueliana y una reivindicación del cine popular de Alfredo Landa o Fernando Esteso. Pero Segura no homenajea: deforma, exagera, lleva al límite. Y en ese exceso está tanto su genialidad como su problema.
La ambientación es clave. Ese Madrid de barrios descuidados, bares de azulejo grasiento y pisos que parecen oler a humedad a través de la pantalla no es casual: es una estética buscada. La fotografía de Carles Gusi (“Celda 211”), sucia, apagada, casi mugrienta, acompaña perfectamente al personaje. No hay glamour, ni intención de embellecer nada. Todo es feo, como Torrente.

Santiago Segura & Tony Leblanc
Y sin embargo, ahí hay una decisión técnica consciente. Bajo la apariencia de cutrez hay una planificación eficaz, una narrativa clara y un ritmo que no decae. La música de Roque Baños (su obra más icónica, “Celda 211”) aporta un contraste brillante: arranca con solemnidad para luego estrellarse contra el esperpento de “Apatrullando la ciudad”, convertida ya en himno involuntario.
Si algo sostiene la película, más allá del impacto inicial, es su reparto. Empezando por el propio Segura, que construye un personaje que es puro exceso: Torrente no es un ser humano, es un compendio de defectos. Machista, racista, franquista, sucio, miserable… y, sin embargo, extrañamente magnético.
Pero donde la película alcanza una dimensión inesperada es en la recuperación de Tony Leblanc. Su presencia no es solo un guiño nostálgico: aporta una humanidad que equilibra, aunque sea mínimamente, el desfile de atrocidades.
Javier Cámara como Rafi funciona como contrapunto perfecto. Ingenuo, torpe, pero con una ternura que convierte la dinámica en una especie de buddy movie deformada.
Y luego está el festival de secundarios y cameos: Javier Bardem, Jorge Sanz, Gabino Diego… una colección de apariciones que convierten la película en un juego cómplice con el espectador. Mención especial a Cañita Brava, cuyo “me debes 6000 pesetas de whisky” ya forma parte del ADN cultural del país.
Hay momentos que siguen funcionando con una eficacia inquietante. La escena de Torrente robando en el supermercado mientras ocurre un atraco, el monólogo de “la manguerita de la alegría”, el mafioso cortando un cuento infantil con un “porque me sale de las pelotas” …, son ejemplos de un humor que no busca el ingenio clásico, sino el choque frontal.
Y aquí está el quid: o entras en ese juego o la película te expulsa. No hay término medio. Me sigue resultando especialmente incómoda la frase final sobre “ser español”. No porque exista, sino por cómo ha sido interpretada por parte del público. Segura juega con la confusión entre sátira y afirmación, y ahí pisa terreno resbaladizo.
Torrente es, probablemente, el personaje más políticamente incorrecto del cine español. Pero reducirlo a eso sería simplificarlo demasiado. Es una caricatura hiperrealista: no existe como individuo, pero sí como suma de actitudes reconocibles.
Y ahí está su fuerza. Es un espejo deformado. Un retrato grotesco de lo que no queremos admitir que existe. Segura no lo defiende, lo exhibe. Lo pone bajo una luz grotesca y nos invita a reírnos… o a incomodarnos. En mi caso, ambas cosas.
Revisitar Torrente: El brazo tonto de la ley hoy es un ejercicio curioso. Por un lado, sigue funcionando como comedia en muchos momentos. Por otro, evidencia sus límites: la reiteración, el chiste fácil, la acumulación excesiva de provocaciones.
Pero no puedo negar su importancia. Cambió el cine español comercial, creó un icono y demostró que el público estaba dispuesto a abrazar lo incómodo si venía envuelto en carcajadas.
Mi valoración va del respeto a su impacto y de la distancia crítica hacia su propuesta.
Si algo sostiene la película, más allá del impacto inicial, es su reparto. Empezando por el propio Segura, que construye un personaje que es puro exceso: Torrente no es un ser humano, es un compendio de defectos. Machista, racista, franquista, sucio, miserable… y, sin embargo, extrañamente magnético.
Pero donde la película alcanza una dimensión inesperada es en la recuperación de Tony Leblanc. Su presencia no es solo un guiño nostálgico: aporta una humanidad que equilibra, aunque sea mínimamente, el desfile de atrocidades.
Javier Cámara como Rafi funciona como contrapunto perfecto. Ingenuo, torpe, pero con una ternura que convierte la dinámica en una especie de buddy movie deformada.
Y luego está el festival de secundarios y cameos: Javier Bardem, Jorge Sanz, Gabino Diego… una colección de apariciones que convierten la película en un juego cómplice con el espectador. Mención especial a Cañita Brava, cuyo “me debes 6000 pesetas de whisky” ya forma parte del ADN cultural del país.
Hay momentos que siguen funcionando con una eficacia inquietante. La escena de Torrente robando en el supermercado mientras ocurre un atraco, el monólogo de “la manguerita de la alegría”, el mafioso cortando un cuento infantil con un “porque me sale de las pelotas” …, son ejemplos de un humor que no busca el ingenio clásico, sino el choque frontal.
Y aquí está el quid: o entras en ese juego o la película te expulsa. No hay término medio. Me sigue resultando especialmente incómoda la frase final sobre “ser español”. No porque exista, sino por cómo ha sido interpretada por parte del público. Segura juega con la confusión entre sátira y afirmación, y ahí pisa terreno resbaladizo.
Torrente es, probablemente, el personaje más políticamente incorrecto del cine español. Pero reducirlo a eso sería simplificarlo demasiado. Es una caricatura hiperrealista: no existe como individuo, pero sí como suma de actitudes reconocibles.
Y ahí está su fuerza. Es un espejo deformado. Un retrato grotesco de lo que no queremos admitir que existe. Segura no lo defiende, lo exhibe. Lo pone bajo una luz grotesca y nos invita a reírnos… o a incomodarnos. En mi caso, ambas cosas.
Revisitar Torrente: El brazo tonto de la ley hoy es un ejercicio curioso. Por un lado, sigue funcionando como comedia en muchos momentos. Por otro, evidencia sus límites: la reiteración, el chiste fácil, la acumulación excesiva de provocaciones.
Pero no puedo negar su importancia. Cambió el cine español comercial, creó un icono y demostró que el público estaba dispuesto a abrazar lo incómodo si venía envuelto en carcajadas.
Mi valoración va del respeto a su impacto y de la distancia crítica hacia su propuesta.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
El desenlace, con Torrente escapando con el botín mientras su “equipo” cae por el camino, es la culminación perfecta del personaje: no hay redención, no hay aprendizaje, no hay moral. Solo supervivencia y egoísmo. Y quizá esa sea la mayor virtud —o el mayor problema— de la película: que nunca pretende ser mejor de lo que es.
Un chiste largo, sucio, incómodo… y, contra todo pronóstico, inolvidable.
Gloria Ucrania!!!
Un chiste largo, sucio, incómodo… y, contra todo pronóstico, inolvidable.
Gloria Ucrania!!!
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