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Exterminio: El templo de huesos

Terror. Thriller El Dr. Kelson (Ralph Fiennes) se ve envuelto en una nueva y sorprendente relación, cuyas consecuencias podrían cambiar el mundo tal y como se conoce,. Por otra parte, el encuentro de Spike (Alfie Williams) con Jimmy Crystal (Jack O'Connell) se convierte en una pesadilla de la que el chico no puede escapar. En este mundo, los infectados ya no son la mayor amenaza para la supervivencia, ya que la inhumanidad de los supervivientes puede ... [+]
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7
8 de abril de 2026 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tras ver "28 años después: El templo de los huesos" (2026) y todavía estoy intentando procesar la locura que acabo de presenciar; honestamente, pensaba que esta secuela dirigida por Nia DaCosta sería un desastre sin Boyle, pero me ha cerrado la boca por completo, ofreciendo algo mucho más perturbador y profundo que el simple terror zombi.

El argumento me ha parecido una vuelta de tuerca brutal. Situada poco después de la entrega anterior, Spike (Alfie Williams) es secuestrado por "Los Jimmies", una secta fanática liderada por un intenso Jack O'Connell, en un mundo donde el virus de la rabia ha mutado y la sociedad se ha desmoronado en pequeños asentamientos tribales.

La trama se bifurca, centrándose en la supervivencia y en el Dr. Ian Kelson (un Ralph Fiennes magistral), quien intenta entender la naturaleza del mal investigando a los infectados alfa y chocando contra este culto religioso que despelleja personas.

Mi crítica positiva se centra en el riesgo que han tomado. No es la misma película de persecuciones de 2002; es una exploración del fanatismo postapocalíptico, casi un torture porn elevado con una construcción de personajes excelente.
Lo mejor es, sin duda, la interpretación de Ralph Fiennes —esa escena tipo Nicolas Cage que se comenta en redes es inolvidable— y cómo la película funciona como un puente que expande el universo, preparándonos para una tercera parte.

En cuanto al nivel visual, DaCosta no imita el estilo hiperbarroco de Danny Boyle, sino que opta por una composición más limpia, meditabunda, pero extremadamente gore cuando decide mostrar la violencia. Hay momentos brutales, pero quizás lo malo es que, al bifurcarse tanto la trama, la tensión constante de las entregas originales decae un poco, teniendo ritmos más lentos que pueden cansar a quien busque acción ininterrumpida.

En definitiva, opino que es una película extrañísima pero necesaria. Se siente como un spinoff oscuro y arriesgado que funciona mejor por su ambientación y su crítica al extremismo que por sus escenas de acción. Me quedo con la angustiante atmósfera del Templo de los Huesos y la duda final sobre la evolución de la infección.
Ralph Fiennes
Como bien se sugiere en la cinta, la verdadera amenaza tras casi tres décadas ya no son los infectados, sino en qué nos hemos convertido los humanos.Frase famosa (del Templo): "El templo no se construyó para protegerte de ellos, se construyó para ocultar lo que nosotros nos hemos convertido".
7
22 de enero de 2026
11 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
(7'5/10)

28 años después: El templo de los huesos (2026) se erige como una corrección notable de los errores que sumieron la primera entrega en la anodinidad más absoluta. Donde aquella se percibía como un ejercicio contenido, complaciente e inofensivo, esta segunda parte abraza con mayor convicción el universo que plantea, apostando por la coherencia, la crueldad y el entretenimiento de verdad.

El mayor salto cualitativo de la cinta reside en su guion. Alex Garland parece haber encontrado la brújula dramática que perdió en la entrega anterior. Este nos ofrece una historia más sólida, con menos concesiones y con una progresión dramática creíble. La película logra administrar con inteligencia las dosis de información para generar interés y que los conflictos importen. En ese sentido, las relaciones entre personajes están mejor planteadas, cumpliendo una función clara sin sentirse impostadas o vacías de propósito.

Otro de los grandes aciertos que se corrigen con respecto a su predecesora son esos drugos de Kubrick que aparecieron de forma abrupta y poco inspirada. Aquí, su representación es mucho más efectiva tan solo con los primeros cinco minutos de metraje. La dinámica construida con el niño protagonista es funcional, encontrando su fuerza en uno de estos fanáticos, el cual aporta carisma y una energía renovada que eleva la totalidad de las escenas en las que participa.
No ocurre lo mismo con el propio niño, que sigue lastrando el conjunto de la cinta. Su escritura parece estar diseñada para generar frustración, y su falta de evolución, teniendo en cuenta todo lo vivido, resulta exasperante. La insistencia en mantenerlo en una ingenuidad forzada no solo debilita su arco, sino que no resulta coherente con la crudeza y pérdida de inocencia de todo el filme.

Donde El templo de los huesos (2026) recupera su ADN es en el tratamiento de la violencia y la atmósfera. La brutalidad regresa de la mano de una fisicidad sucia, incómoda y mucho más consecuente con el universo que habita. La cinta se aleja de la estilización y del tono lúdico de una primera parte para el olvido.

En ese contexto, el personaje interpretado por Ralph Fiennes vuelve a convertirse en el eje emocional y simbólico de la película. Este consigue transmitir locura, magnetismo y densidad, especialmente en una secuencia donde lo visual se une a lo sonoro para crear una escena memorable. Junto a uno de esos fanáticos, Fiennes sostiene la cinta a pesar de la ya mencionada planitud del niño.
Formalmente, la dirección de Nia DaCosta demuestra ambición visual sin querer sentirse protagonista. Mientras que Danny Boyle pretendía ser la estrella de la película aun estando detrás de cámaras, la estadounidense demuestra que menos es más. La película gana textura, color y presencia; existe conciencia en la colocación de la cámara más allá del lucimiento banal.

En definitiva, 28 años después: El templo de los huesos (2026) logra destacar por lo que consigue corregir. No es una obra perfecta ni está exenta de conveniencias o problemas narrativos, pero sí se siente una película más viva, más consciente de su propia identidad y, sobre todo, más comprometida con su propio universo. DaCosta deja una sensación de satisfacción que se intuía difícil de conseguir, pero lo más importante es que despierta interés genuino por el cierre de la trilogía.
6
14 de enero de 2026
5 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
28 Years Later. The Bones Temple’ llega a los cines españoles, tal y como era de esperar. Tras una primera entrega, que tiene más detractores que seguidores, nos presentan esta segunda etapa en el camino iniciado hace unos meses por el bueno de Danny Boyle, quien esta vez le deja los mandos a Nia Dacosta. La película no tiene mucho que contar, salvo lo que se nos prometió en la película anterior, es decir, explicar al personaje de Jack O’Connor, el cual lo planteaban al inicio de la película y no regresaba hasta el final del film. Además, esta nueva entrega también se centra en el personaje del doctor Kelson y su relación con el zombi Alpha llamado Sansón, a quien está tratando de curar, si es que puede.

Evidentemente, ’28 Years Later. The Bones Temple’, tiene como uno de sus motores exponer uno de los pilares base del género de zombis, es decir, mostrar al auténtico mal, que no son los zombis, sino el propio ser humano, el cual evidentemente está representado por el diabólico personaje Jimmy Crystal, satánico de profesión y armado con sus teletubbies. Ya desde el inicio el personaje da muestra de su crueldad, haciéndole la vida imposible al pobre Spike (Alphie Williams), a quien obliga a luchar, torturar y mutilar, aunque este no quiera. En estas escenas donde la película acierta, y es que el film sustituye las escenas más bellas de la primera entrega, por un festival sangriento de torturas, mostrando la peor faceta del ser humano.
’28 Years Later. The Bones Temple’, además, también explora al personaje del Dr. Kelson (Fiennes), el cual en primer lugar intentará salvar al zombi Alpha que encontró en la primera entrega, a base de mezclar varias drogas. Es en esta primera parte donde encontramos a un Fiennes más calmado y cercano, al que pudimos ver en la primera entrega, demostrando que Fiennes es un gran actor. Mientras que en el segundo acto, es donde Ralph Fiennes lo da ¡TODO! Por un lado, tendrá que ayudar a Jimmy, ya que sus teletubbies necesitan saber que el señor tenebroso «Luci» existe, tal como indica su líder, lo que pondrá en duda y jaque al personaje de Jimmy Crystal. Por otro lado, tendrá que ayudar a Spike a escapar de su captor, lo que provocará que se cierren de forma correcta el arco de personajes de Kelson y Jimmy.

Eso sí, ’28 Years Later. The Bones Temple’, se deja a un personaje sin cubrir, y ese es el personaje de Aaron Taylor Johnson, del cual no tenemos noticias suyas en esta película. Entendemos claro que la película explora a los dos personajes mencionados con anterioridad, pero no hubiera estado de más ver qué le sucede a Jamie tras los sucesos de la primera parte y a la niña de la que tiene que cuidar, la cual parecía ser la solución al problema zombi.
Chi Lewis-Parry
Una película que continua la historia ya presentada hace unos meses de forma correcta, sin tantas innovaciones a nivel tecnológico como la anterior, pero que ahonda en los personajes de Jack O’conell y Ralph Fiennes, dándoles un final satisfactorio, mostrando además algo que se pedía en la entrega anterior, mostrar que al final ¡el único diablo que hay es la naturaleza humana!

LO MEJOR: Jack O’conell y Ralph Fiennes geniales en sus papeles
LO PEOR: El personaje de Jack O’conell no está tan bien explorado como debería.

https://www.locoporelcine.com/28-years-later-the-bones-temple-el-diablo-somos-nosotros/
5
16 de enero de 2026
5 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Alex Garland se mantiene en solitario en el guion de esta secuela de "28 años después" y Nia DaCosta recoge el relevo de Danny Boyle. La historia arranca en el punto en el que se quedó abierta la anterior: Spike se encuentra con el psicópata de Jimmy Crystal y el Dr. Kelson busca acercarse al alfa Samson. Ambas tramas abandonan la persecución y la confrontación con los infectados como eje central de la narración y avanzan en paralelo hasta el tercer acto en un ejercicio de equilibrio. De esta manera, mientras una se adentra en la deshumanización que el contexto apocalíptico puede generar y en la maldad humana nacida de los aires de grandeza, la otra plantea una semilla de esperanza y bondad, de resiliencia para encontrar una solución.

Igual de sangrienta y descarnada que su precuela, el argumento está plagado de escenas gore no aptas para todos los estómagos. Sin embargo, sabe hacer un buen uso de ese tránsito entre géneros. No solo sucumbe a un terror edulcorado –con tan solo algún susto repentino–, sino que incluye una buena dosis de acción y un tono de humor que, si bien aligera el mal cuerpo de la historia, esta vez sí que roza lo frívolo en algún momento (con la banda de Jimmy).
"28 años después: El templo de los huesos" replica la identidad visual de sus dos entregas previas, pero no consigue la misma cohesión estas. Esto se añade al principal problema de la película: durante todo el metraje se siente como una historia puente, como un paréntesis hecho adrede para contar un par de puntos antes de ir al cierre que verdaderamente importe. Aquellos seguidores de la saga saldrán satisfechos y con ganas de más, pero el resto de los espectadores posiblemente se sientan perdidos. Eso sí: el duelo interpretativo entre Ralph Fiennes en la piel del sagaz Dr. Kelson y Jack O’Connell como el macabro Jimmy Crystal es un fuerte aliciente para mantenerse pegado a la pantalla de principio a fin.

www.contraste.info
6
15 de enero de 2026
4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ya es común que la premisa en las películas de “zombies” sea que los verdaderos villanos son los humanos. A pesar de que es un cliché que se vio llevado al extremo del aburrimiento en “The walking dead”, aquí logra provocar un terror mucho mas real que los infectados que cada vez aparecen menos. En varios momentos es incómoda, sobre todo si eres empático o te pones en el lugar del otro. Al salir del cine incluso te quedas pensando un largo rato porque es un poco traumatizante.

A pesar de su violencia y crudeza mucho mas elevada que en la anterior, creo que es algo positivo el hecho de definir el mal como algo serio y terrible. Me da la sensación de que en los últimos años se han creado antagonistas que el público quiere mas que al héroe. Esto sucede en “Joker” al querer victimizar y justificar la elección de Arthur de convertirse en villano. En este caso, el personaje y la actuación icónica de Jack O’Connel va a quedar como precedente al nivel de Negan. Uno de los temas que en los que mas reflexiona la cinta tiene que ver con la religión, y realmente logra profundizar en las ideologías y las creencias, aunque no de una forma crítica. Creo que se basa fundamentalmente en expresar que el ser humano es en sí mismo satanás, y siempre es bueno tenerlo claro.
A mi personalmente no me parece de las mejores de la saga, pero si tiene un gran estilo cinematográfico que se ve un poco mas cuidado que en la anterior. Tengo ansias de saber que se hará con la tercera, ya que no parece haber un conflicto claro. Por otro lado es un buen síntoma que se apoyen propuestas distintas, atrevidas y profundamente originales.
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