Tears for Sale
Drama. Fantástico. Comedia
Producida por Luc Besson, "Charleston para Ognjenka" comienza en una aldea serbia, donde debido a las guerras ya no quedan hombres. Ognjenka y la pequeña Boginja, hermanas, y plañideras de profesión, matan sin querer al último hombre del pueblo, por lo que son obligadas a irse y no regresar hasta encontrar a un hombre al que llevar. (FILMAFFINITY)
22 de diciembre de 2010
22 de diciembre de 2010
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Al contrario de lo que ocurre con la Segunda Guerra Mundial acerca de la cual podemos encontrar múltiples publicaciones (más o menos rigurosas) y películas centradas en cada uno de los escenarios donde se desarrolló el conflicto, en el caso de la Gran Guerra hay un monopolio absoluto del frente occidental sobre los demás, haciendo que éstos pasen prácticamente desapercibidos. Esta película bien podría verse como secuela casi perfecta de la también serbia "St George Shoots the Dragon". A pesar de todo este tipo de films serbios (planteados sin lugar a dudas para consumo interno, aunque ahí están para los que quieran conocer otras realidades) nos recuerdan con bastante acierto tanto en la forma como en el contenido los estragos que el conflicto causó en otras sociedades, como en este caso la serbia.El hoy famoso por otros motivos John Reed dejó constancia del alto precio que los serbios pagaron por la furiosa y eficaz defensa que desplegaron frente a la invasión autriaca, que no escatimó en medios para someter a la población (contribuiría también una violenta epidemia de tifus en 1915). El saldo final (y ya me he alargado demasiado con mi introducción), que es lo que nos importa para el análisis del film, fue altísimo: Serbia perdió un millón de vidas, un cuarto de la población total y el equivalente al 57% de su población masculina. Algo inasumible para cualquier población humana. Pues bien, "Carlston za Ognjenku" (que precisamente comienza dando fe de esas enormes pérdidas) vendría a ser el reflejo de las dificultades y contradicciones que hubo de enfrentar la población femenina durante la posguerra ante la patente ausencia de varones.
El film está enfocado desde una perspectiva casi fantástica que le confiere un carácter de leyenda popular con elementos mágicos, confiriendo al conjunto un tono hiperbólico que trata de destacar los efectos de la guerra sobre la población superviviente. Hay que notar como un error dentro de las exigencias realistas que podrían exigirse a la película la total ausencia de niños y jóvenes huérfanos que, además de realismo, podrían haber añadido otros muchos matices a la película, desde lo cómico hasta lo trágico, tan del gusto de esta película en concreto y del cine yugoslavo y post-yugoslavo en general. En cualquier caso no deja de ser una película muy interesante donde vemos las curiosas situaciones que genera el matriarcado en el pueblo de Pokrp y en el resto de lugares por los que transcurre el film, como la asunción de rasgos característicos de los hombres por parte de las mujeres (véase especialmente el consumo desmedido de alcohol); la pervivencia de fuertes componentes de paganismo en las sociedades rurales, representados por la curiosa y bien trabajada figura de la bruja Samna; la figura de las plañideras, importantísima como caracterización de la Serbia que ha visto morir a sus hijos.
El film está enfocado desde una perspectiva casi fantástica que le confiere un carácter de leyenda popular con elementos mágicos, confiriendo al conjunto un tono hiperbólico que trata de destacar los efectos de la guerra sobre la población superviviente. Hay que notar como un error dentro de las exigencias realistas que podrían exigirse a la película la total ausencia de niños y jóvenes huérfanos que, además de realismo, podrían haber añadido otros muchos matices a la película, desde lo cómico hasta lo trágico, tan del gusto de esta película en concreto y del cine yugoslavo y post-yugoslavo en general. En cualquier caso no deja de ser una película muy interesante donde vemos las curiosas situaciones que genera el matriarcado en el pueblo de Pokrp y en el resto de lugares por los que transcurre el film, como la asunción de rasgos característicos de los hombres por parte de las mujeres (véase especialmente el consumo desmedido de alcohol); la pervivencia de fuertes componentes de paganismo en las sociedades rurales, representados por la curiosa y bien trabajada figura de la bruja Samna; la figura de las plañideras, importantísima como caracterización de la Serbia que ha visto morir a sus hijos.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
El absurdo de la guerra es otro tema constante, quizás el que articula toda la película, representado en la táctica de "tierra quemada", bien apuntado en ese esfuerzo del último hombre capaz de Pokrp por minar todo el viñedo en que él mismo trabajaba para evitar que éste fuera aprovechado por el enemigo en caso de una nueva guerra. Esto sería lo que llamamos tirar piedras sobre el propio tejado, porque como veremos no sólo acabará con el último hombre capaz de Pokrp, sino que además pondrá en peligro el sustento de la propia población que irá siendo sistemáticamente diezmada en las épocas de la cosecha debido a la necesidad de recoger ésta ante una la evidencia de una muerte casi segura (las protagonistas se rifan la tarea de recoger la uva en un ritual cargado de tensión y resignación). Esta situación podría extrapolarse a los estragos causados por las minas en las zonas que han sufrido las guerras modernas (como la propia Bosnia, sin ir más lejos), constituyendo toda la película una crítica magistral al uso de este tipo de artefactos (por no hablar de la guerra en sí).
Pero además el film es un canto contra la soledad forzosa impuesta por las guerras y una muestra de la necesidad del contacto físico por parte de los seres humanos. Es muy poderoso el modo en que Uros Stojanovic consigue transmitir la necesidad afectiva de las mujeres de Pokrp, su idealización del hombre, la imposibilidad de completar los ciclos vitales y ritos iniciáticos a causa de la fatal de hombres (especialmente significativa será la imagen en que a la novia le es arrebatado su marido sin haber podido consumar su relación ni en un miserable beso, representación del trauma que supone la irrupción de la guerra en la vida de una comunidad cualquiera). Los/as amantes de la belleza femenina se deleitarán con este film, especialmente con la hermosa Sonja Kolacaric, extraordinariamente favorecida en esta película (y, todo sea dicho, poseedora de un tono de voz cautivador).
La película que empezara en una pequeña laguna cercana a Pokrp creada por las lágrimas de las viudas y las madres que perdieron a sus hijos en las sucesivas guerras que afectaron a los Balcanes entre 1912 y 1918 acaba en la cosmopolita urbe de Belgrado, subida al tren de la modernidad representada por ese rascacielos llamado Albania (nombre que no obedece a la casualidad) donde los belgradenses viven en un espejismo ajenos a la nueva tragedia que se cernía sobre ellos.
Pero además el film es un canto contra la soledad forzosa impuesta por las guerras y una muestra de la necesidad del contacto físico por parte de los seres humanos. Es muy poderoso el modo en que Uros Stojanovic consigue transmitir la necesidad afectiva de las mujeres de Pokrp, su idealización del hombre, la imposibilidad de completar los ciclos vitales y ritos iniciáticos a causa de la fatal de hombres (especialmente significativa será la imagen en que a la novia le es arrebatado su marido sin haber podido consumar su relación ni en un miserable beso, representación del trauma que supone la irrupción de la guerra en la vida de una comunidad cualquiera). Los/as amantes de la belleza femenina se deleitarán con este film, especialmente con la hermosa Sonja Kolacaric, extraordinariamente favorecida en esta película (y, todo sea dicho, poseedora de un tono de voz cautivador).
La película que empezara en una pequeña laguna cercana a Pokrp creada por las lágrimas de las viudas y las madres que perdieron a sus hijos en las sucesivas guerras que afectaron a los Balcanes entre 1912 y 1918 acaba en la cosmopolita urbe de Belgrado, subida al tren de la modernidad representada por ese rascacielos llamado Albania (nombre que no obedece a la casualidad) donde los belgradenses viven en un espejismo ajenos a la nueva tragedia que se cernía sobre ellos.
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