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Críticas 122
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
7
25 de abril de 2024
12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Como gran amante de la música que soy, tenía necesariamente que ver "La estrella azul", ese homenaje en forma de película a Mauricio Aznar,líder de un grupo aragonés del que todo el mundo me hablaba, cuando arribé allá por el 2004 en estas tierras turolenses. Un grupo del que yo apenas conocía nada. La gente con la que coincidía en conciertos o festivales, les gustase el estilo musical que les gustase, me hablaban con verdadera veneración de una banda maldita llamada Más Birras, y todos ellos coincidían en resaltar dos cosas: primero, que Más Birras mereció mejor suerte y reconocimiento, y segundo, la personalidad y el talento singular de su cantante y principal compositor Mauricio Aznar.

Llegué al cine con la curiosidad de conocer un poco la vida de Mauricio Aznar, pero sin grandes pretensiones, que son las pocas que suelo tener cuando veo este tipo de género cinematográfico. Me esperaba el típico biopic de un cantante de rock, mostrándonos su auge y caída, con sus mejores canciones sonando como banda sonora. Pero desde su comienzo me di cuenta de que "La estrella azul" es una película distinta, humana, sorprendente, y única, como su protagonista.
Y aparte de descubrir la faceta más personal de Mauricio Aznar, La estrella azul también me ha hecho caer de rodillas ante el talento derrochado en la dirección de la misma por su director Javier Macipe, en su primer largometraje para la gran pantalla.

Javier Macipe nos transporta con su cámara hacía el viaje de autodescubrimiento que inicia Mauricio Aznar, para liberarse de sus demonios y encontrar en su interior la esencia de lo que le llevó a sentir la música como una forma de vivir. Macipe juega en ocasiones con el realismo mágico, o el cine experimental, y lo hace de manera sublime, rompiendo «la cuarta pared» con una delicadeza y un toque poético exquisito. Ya desde el principio la película comienza fuerte, con ese viaje de la cámara que recorre desde el escenario del concierto esos estrechos y oscuros pasillos que conducen al backstage. Ese inicio ya nos indica que estamos ante una película diferente. Podría destacar muchas más escenas, como la de Pedro (el hermano de Mauricio) en el bar, que es sencillamente antológica, pero os dejo que las descubráis por vuestra cuenta.
Pepe Lorente
Me ha encantado también cómo el director consigue sumergirnos en esa atmósfera viciosa y degenerada de principios de los 90. Recrea perfectamente el ambiente asfixiante de los conciertos, la tentación de la heroína siempre rondando la noche, el sonido abotargado del bajo y de la batería escuchado desde los aseos del bar, las mentes nubladas por el alcohol y el humo del tabaco… En "La estrella azul" todo está hecho a conciencia y con amor y respeto hacia la figura de Mauricio Aznar.

La propia madre de Mauricio, aparte de ser la impulsora de este bonito proyecto, también fue la culpable del amor de su hijo por la música de Atahualpa Yupanqui, que hizo que años después, Mauricio iniciara ese viaje a Argentina para conocer la casa del artista. Allí llegó con esa amargura perenne que parecía perseguirle de por vida, se aplicó en la busca de lo auténtico, convertido en un quijotesco soñador utópico. En ese país, acabó en Santiago de Estero, donde fue acogido por la familia de Carlos Carabajal, el padre de la chacarera, una danza tradicional a la que el maestro ponía letra y música. Mauricio se convirtió en su discípulo, ávido de conocer la sabiduría que brotaba de las canciones y las cuerdas de la guitarra de Don Carlos.

A las estrellas anónimas está dirigida esta película. Muchas de ellas, demasiadas, tuvieron vidas similares a la de Mauricio Aznar. Me viene a la cabeza el nombre de Marco Antonio Sanz de Acedo, «Eskroto», «Gavilán», miembro de bandas como Tijuana in Blue, o Kojón Prieto y los Huajolotes, del que siempre pensé que su vida merecía ser llevada a la gran pantalla. Quizás ya no haga falta, porque La estrella azul rinde homenaje a todos esos artistas que quemaron su vida demasiado rápido, sin lograr un merecido reconocimiento, y sobre todo porque será difícil estar al mismo nivel que esta pequeña joya en forma de película.

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Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura
31 de mayo de 2025
11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
No me considero un cinéfilo recalcitrante, pero tengo la costumbre de intentar ver las películas extranjeras en versión original con subtítulos, cosa que cada vez es más difícil en el caso de un estreno. Aun así, siempre me he preguntado por qué las películas españolas de estreno no llevan subtítulos, para poder llegar a todo el público. Las personas sordas no pueden disfrutar del cine hasta mucho después de su estreno, y eso si hay suerte y la película se ha comercializado en DVD, o se ha pasado en televisión.

Esta reflexión, que lleva años conmigo, se ha acentuado todavía más, si cabe, después de ver la interesante película "Sorda", la primera de la historia del cine español (parece mentira) protagonizada por una persona sorda. Este desconcertante dato me hizo pensar que tampoco ha habido muchos actores protagonistas sordos en el cine internacional. A todos nos viene al recuerdo el Oscar que se llevó la actriz Marlee Matlin por "Hijos de un Dios menor" (1986), y poco más. El triunfo en taquilla de la película francesa "La familia Bélier" (2014), visibilizó en clave de comedia, la discapacidad auditiva, pero ninguno de sus personajes principales era sordo. El evidente remake americano se estrenó siete años más tarde, y así "CODA: Los sonidos del silencio" (2021), hizo que el actor sordo Troy Kotsur se llevará el Oscar a mejor actor de reparto.
Álvaro Cervantes & Miriam Garlo
Siempre que una película me resulta interesante, me gusta bucear por internet buscando información sobre aspectos de la misma. En este caso, revisé por encima el estudio presentado el año 2023 por el Instituto Nacional de Estadística. El informe refleja que en España hay más de 1 200 000 personas con discapacidad auditiva. Esto significa que, más o menos, uno de cada cinco habitantes tiene problemas auditivos. De ellos, la mayoría utiliza el lenguaje oral para comunicarse, mientras que una cifra cercana a los 28 000 utilizan la lengua de signos. Después de leer estos datos y de haber visto la película, todavía me parece más incomprensible lo poco concienciados que estamos con el colectivo de los sordos, ya que podríamos evitar algunas barreras o dificultades que puedan tener, simplemente implementando mejoras y adaptándonos un poco a sus necesidades.

La película "Sorda" parte del cortometraje del mismo título con el que la directora Eva Libertad fue nominada al Goya a mejor cortometraje de ficción el año 2021. Este, su primer largometraje, tiene las mismas premisas. Nos cuenta la relación de una persona sorda, Ángela, con el mundo oyente. Eva Libertad y su hermana en la vida real, Miriam Garlo, sorda desde los siete años, construyen esta emotiva, poética, lúcida y reflexiva visión sobre la a veces complicada integración de una persona sorda en la vida cotidiana.
Álvaro Cervantes & Miriam Garlo
Ángela, que convive con Héctor, su pareja oyente, vive el embarazo como cualquier madre, con sus inseguridades, temores…, pero también con la incertidumbre de si su bebé podrá oír o no. A partir de esta premisa, la película nos va a llevar por el vaivén emocional que van a experimentar Ángela y Héctor, además de darnos a conocer a los espectadores oyentes el mundo tan cercano, pero a la vez tan desconocido, de las personas con discapacidad auditiva.

Está claro que el vínculo familiar y vital entre la directora y la protagonista hace que esta película sea real y por ende creíble. La construcción del personaje de Ángela, con ese punto de imperfección, es un ejemplo de ello. Aparte de esta fenomenal simbiosis entre las hermanas en la vida real, Álvaro Cervantes, que hace de Héctor en el filme, realiza un excelente trabajo actoral infundiendo humanidad a su personaje. Estuvo durante un año aprendiendo lengua de signos para preparar el papel.

En otros aspectos técnicos cabe destacar, cómo no, la importancia del sonido en el filme. La directora ha sabido inteligentemente jugar con el espectador, y no diré cómo, con el uso del mismo. Este recurso utilizado, tiene una importancia clave en la percepción de la película por parte del espectador, consiguiendo con todo ello que la película llegue a sordos y oyentes a la vez utilizando una novedosa adaptación de subtítulos, que bien podría usarse en adelante en todas las películas que se estrenen en nuestro idioma.

En definitiva, creo que con "Sorda", Eva Libertad ha conseguido de largo su propósito de mostrarnos las dificultades de comunicación, aceptación y algunas otras barreras, que nosotros los oyentes no hemos sabido (o no hemos querido) adaptar para que la accesibilidad, la igualdad y la integración de las personas con discapacidad auditiva sea plena en nuestra sociedad.

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Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura y en el diario digital Arainfo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
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No quiero destriparos la película, simplemente me gustaría recalcar algunos grandes momentos, como por ejemplo el del parto, que está realizado con una veracidad y credibilidad pocas veces vista en el cine. La escena de la discusión de la pareja también es otro momento álgido y fenomenalmente resuelto por la directora.
11 de mayo de 2025
11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
A pesar de que me advirtieron de la temática y la dureza del filme, salí del estreno de "La furia" completamente superado por las intensas emociones que me provocó la desgarradora y traumática historia de Alexandra. Por supuesto, tuvieron mucho que ver en ello el exhaustivo trabajo actoral que realiza Ángela Cervantes para meterse en el papel de Alex, y la poderosa, y por qué no decirlo, furiosa realización de la joven directora Gemma Blasco, que con este su segundo largometraje se sube al carro de directoras tan talentosas como Arantxa Echevarría, Carla Simón o Pilar Palomero.

"La furia" toma como punto de partida la celebración en Nochevieja de un grupo de amigos. Entre ellos están Alexandra y su hermano Adrián. En un momento de la fiesta, uno de los participantes viola a Alexandra sin que ella pueda reconocerlo. A partir de entonces la vida de Alex, como la llama su cuadrilla, entra en una espiral de dolor y autodestrucción.

Si el argumento os parece espeluznante ya de por sí, la directa, desmedida, incluso excesiva manera de plantar la película en la cara del espectador sin ningún tipo de concesión, hace que la experiencia sea más impactante y visceral de lo que puedas imaginar. "La furia" es una película premeditadamente intensa y agobiante; la directora nos intenta transmitir cómo es el traumático universo interior de una mujer que ha sido violada. En este proyecto tan personal, aunque no autobiográfico, Gemma Blasco, que sufrió una agresión sexual a los 18 años, ha querido plasmar sin tapujos el descenso a los infiernos que viven las víctimas de tan execrable acto. Para la difícil tarea de encarnar a la protagonista, la directora creó un papel a la imagen y semejanza de su amiga desde la época escolar, la actriz Ángela Cervantes. La simbiosis entre actriz y directora es sin duda uno de los puntos fuertes de la película. Ángela hace un trabajo descomunal y se vacía por completo para darnos una fehaciente idea de cómo se siente Alex. Nos muestra a una mujer poderosa físicamente y con una personalidad arrolladora, que se desgarra de un dolor emocional casi indescriptible tras sufrir el abuso. Presentarnos este tipo de mujer tan fuerte me parece otro de los grandes aciertos de la película. El bloqueo, el miedo, la incomprensión, la soledad, la ira, son algunas de las sensaciones que transmite esta actriz en estado de gracia que es Ángela Cervantes, a quien ya le teníamos cogida la matrícula desde su participación en "La maternal" (2022).
Gemma Blasco utiliza como metáfora en la película la caza del jabalí, algo que conoce de verlo en el pueblo de sus familiares, Torrevelilla (Teruel). Esa mirada, impregnada de sangre y vísceras, es una visión desde las entrañas de la propia protagonista, que lidia con su repulsión y su asco; se siente sucia y llena de rabia. La única manera de canalizar todas esas emociones es el teatro, y precisamente será la tragedia de Eurípides, Medea, el vehículo con el que Alex intente procesar ese sentimiento de culpa, furia y descontrol que lleva dentro. Ni siquiera su hermano Adrián sabe cómo acercarse a ella y entenderla.

Para finalizar, quiero también apuntar algunos de los buenos momentos visualmente artísticos que nos ofrece la arrebatadora dirección de Gemma Blasco, como por ejemplo, la escena del teatro en la que la protagonista subida en una larga mesa balancea una gran lámpara, o las espasmódicas imágenes en la discoteca. La fotografía, en la que el rojo es un destacado elemento, raya a gran altura. El montaje es también digno de elogio y conduce bien al espectador en esos vaivenes temporales con los que se juega en la película. Una película, por cierto, en la que los pequeños detalles pasan a ser las piezas que faltan para completar el puzzle final.
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Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura
28 de enero de 2025
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
El director de cine Miguel Santesmases vuelve a aparcar para el cine su condición de urbanita, como ya hiciera para su filme "Días azules" (2006), donde la historia transcurre en un pueblo de la costa gallega. En esta ocasión, traslada el relato de su nueva película, "Tierra baja", a los orígenes de sus antepasados, concretamente al pueblo turolense de Belmonte de San José, lugar donde vivía su abuela y del que el director guarda una colección de imborrables recuerdos. Bastantes de esos recuerdos han formado parte en pequeñas pinceladas de la historia de "Tierra Baja" iniciada por el propio Santesmases ya hace muchos años. Con el paso del tiempo la ha ido vistiendo y desvistiendo, modificando y transmutando hasta que, conjuntamente con la también directora, guionista, e incluso ex-ministra de cultura, Ángeles González-Sinde, han logrado llegar al guion definitivo que ha conformado "Tierra Baja".

La película nos cuenta la vida de Carmen, una guionista que ha dejado Madrid y se ha trasladado a la solitaria masía heredada de su abuela en la comarca del Bajo Aragón, para buscar la calma, desestresarse y quizás encontrarse a sí misma. Allí intentará aumentar la producción de sus olivos, con la ayuda de dos amigas que la admiran y de Damián, un manitas que se siente atraído por ella.
En "Tierra Baja", Miguel Santesmases ha tirado de emociones, de profesión y de conocimiento del terreno para conformar una historia en la que su alter ego en la película, Carmen (Aitana Sánchez-Gijón), intenta encontrar el equilibrio personal en una etapa de madurez en la que el trabajo ha acabado absorbiendo su vida. «Yo no dejé el cine, el cine me dejó a mí», asegura en un momento de la película. Vacía y dubitativa, busca consejo en los mayores, como siempre se ha hecho en los pueblos. Y como buena guionista, tiene que decidir el camino que va a seguir su propia historia vital. El problema es que una guionista tan perfeccionista y trabajadora tiene muchísimas vías para poder escribir su propio relato. Tantas como las que el propio Miguel Santesmases esbozó para poder crear "Tierra Baja".

El peso de la película recae en los dos protagonistas de la misma: Eduardo, un sobrio Pere Arquillué y sobre todo en Carmen, magníficamente interpretada por Aitana Sánchez-Gijón. Por cierto, cabe mencionar que la excelente actriz, va a recibir en los próximos días un merecido Goya de Honor en los premios que otorga la Academia de Cine española.
Los bellos y tranquilos parajes que nos ofrecen la comarca del Mezquín y la ciudad de Alcañiz entre la primavera y el verano, hacen que parezca fácil la gran labor realizada por Alberto Pareja en el apartado de la fotografía, sin duda uno de los más destacados de la película. El sonido también juega un papel importante y es fundamental para infundir el sosiego y la relajación que experimenta Carmen en su masía. Incluso el sonido del cierzo, el viento más característico de Aragón, logra envolver al espectador cuando aparece moviendo las ramas de los árboles entre discreto y amenazante.

La banda sonora creada al piano por el músico Alejandro Román es sencilla pero efectiva. Con una simple melodía basada en un extracto de un tema de Bach, consigue transmitir una especie de emoción muy íntima en las contadas y acertadas apariciones de ese sonido de piano que siempre logra hacerte encoger el alma.

La realización tan artística de Miguel Santesmases nos da la sensación de una manera clásica de hacer películas que ya casi no existe en el cine español. "Tierra baja" es una obra reflexiva, contemplativa incluso, que invita a mecerse con el canto de los pájaros, el rumor del viento, incluso el silencio, y dejarse llevar por el ritmo de la naturaleza, donde el tiempo corre bastante más despacio que en la urbe, pero cada pequeña cosa tiene su pequeña gran importancia. A mí me ha recordado en ocasiones al cine de Truffaut o Rohmer.
En esta visita a los problemas de la España vaciada, no faltarán el queso y las viandas de la tierra, siempre regadas con buen vino. La jota, el reencuentro, las decisiones del pasado, la amistad, el arraigo ancestral, un baile griego e incluso ¡unas gotas de lluvia! Acércate a la Tierra Baja y destapa esta matrioska una y otra vez hasta que encuentres el guion perfecto que tanto ansía Carmen.

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Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura
7 de agosto de 2025
9 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Antes de comenzar esta reseña, debo de ser sincero. A pesar de mi amor por la música, desconozco por completo el movimiento rave. Tengo que advertir que tal ignorancia está causada por el rechazo irracional que me ocasiona ese tipo de música. Ya que, lejos de liberar mis sentidos como hacen otro tipos de géneros musicales, me produce el efecto contrario, es más, me transmite agobio y malas vibraciones.

Dicho esto, y a sabiendas del argumento de "Sirât", decidí acudir a la sala de cine y aguantar el chaparrón rave sólo porque el director de esa improvisada fiesta de música electrónica era Oliver Laxe. Y es que sus dos obras precedentes: "Mimosas" (2016) y "O que arde" (2019) significaron un soplo de aire fresco para las nuevas generaciones del cine europeo.

En "Sirât", Oliver Laxe confirma que continúa en línea ascendente. Sigue agitando conciencias y lo hace de una manera muy particular. El argumento de la película no importa, los personajes apenas se desarrollan, pero esto no es óbice para que el director se saque de la manga una desoladora road movie, que os aseguro va a convertirse en una película de culto.
Bruno Núñez & Sergi López
"Sirât" está llena de metáforas, de símbolos, de alegorías, de mensajes, de ideas, que Oliver Laxe lanza con crudeza al espectador. Es una película que, para bien o para mal, no deja indiferente a nadie. Su punto de partida es una fiesta rave en el desierto de Marruecos, (en la realidad, la Rambla Barrachina en Teruel), donde llegan un hombre y su hijo adolescente. Buscan a Mar, su hija mayor, que lleva cinco meses desaparecida.

En el contexto islámico, As-Sirât es el puente que se extiende sobre el infierno y conduce al paraíso. Ese puente quizás simbolice la búsqueda de la felicidad intrínseca en el ser humano. Los personajes de "Sirât" tienen en la búsqueda ese nexo común. Por una parte, Luis y su hijo Esteban buscan a Mar, pero el padre también intenta entender qué buscaba su hija en esas raves. Por otra parte, los raveros persiguen la felicidad a través de la música y de sus propias reglas, ya que no quieren aceptar las normas impuestas por la sociedad.
"Sirât" refleja el hedonismo del primer mundo. Que se mira el ombligo, mientras hace oídos sordos a los gritos de desesperación de los ciudadanos de segunda a los que previamente ha robado y después ha dejado abandonados a su suerte. Como se dice en un momento de la película «el fin del mundo hace años que ha llegado», la distopía ya es una realidad. Eso es lo que parece querer remarcar el filme, en un mundo inhóspito donde el petróleo sigue siendo fundamental, y el estado de excepción ha pasado a ser el estado habitual.

La película evoca ese mundo apocalíptico de filmes como la saga "Mad Max", la desesperación, el miedo a la muerte y la precariedad de "El salario del miedo" (1953), o la tensión de "Land of mine" (2015). Incluso hay un pequeño guiño a "Freaks" (La parada de los monstruos) (1932), en la camiseta que lleva uno de los raveros, y en ese pequeño circo ambulante que parecen formar. Todo ello está reforzado por una sobrecogedora fotografía de una belleza hipnótica, y, por supuesto la mística y sensorial música que acompaña a los raveros en ese viaje hacia ninguna parte y que se va tornando cada vez más amenazadora.

Si exceptuamos a Sergi López que hace el papel de padre, y al joven Bruno Ñúñez que es el hijo, los demás personajes son raveros franceses auténticos, no son actores profesionales. Hacen un digno trabajo con sus personajes, que como ya he dicho antes, tampoco tienen mucha profundidad. Lo importante, como queda suficientemente claro, es el mensaje. Los innumerables símbolos que vemos, como por ejemplo los bafles, elemento muy importante de la película, nos van guiando por el largo y desconocido camino. Por ejemplo, el símil que se hace con la imagen televisiva de La Meca es magistral.

Pero no os quiero, ni puedo contar más, espero que vayáis a ver "Sirât" sin haber leído nada de ella, que no os hagan spoiler. Simplemente agarraos fuerte a la butaca, porque este intenso y sensorial viaje de búsqueda va a ser de una magnitud extraordinaria.

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