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Voto de Rómulo:
8
Voto de Rómulo:
8
7,1
8.869
10 de noviembre de 2018
10 de noviembre de 2018
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lucky
John Carrol Lynch es un veterano actor estadounidese que debuta como director de cine. Y logra, con “Lucky”, componer una de las más bellas y enternecedoras películas que vieron la luz el pasado año. Con un presupuesto más que raquítico ha logrado realizar este pequeño milagro, una entrañable y conmovedora historia que todo buen aficionado al cine debería conservar en su cineteca personal para volver a ella con el mismo deseo que un ave retorna a su nido.
Y será el mítico actor Harry Dean Stanton, nacido hace 92 años en el Estado de Kentucky, el responsable de encarnar al bueno y socarrón existencialista de Lucky. En un diminuto pueblecito muy cerca de la frontera mexicana, rodeado de tierra reseca en un paisaje casi desértico, la vida del anciano Lucky no brinda excesivas emociones. Se levanta siempre a la misma hora, hace ejercicios de yoga, se dirige después a tomar un café y resuelve crucigramas en la cafetería de su amigo Joe, ve concursos de televisión y en la noche, mientras filosofa, toma algún Bloody Mary en el bar con sus amigos. Pero bajo la aparente sencillez del guion, Carroll desnuda a un ser extraordinario escondido bajo infinitos surcos que como profundas cicatrices han marcado la piel y el rostro de Lukcy con el paso del tiempo. El viejo vaquero, fumador incorregible, curtido en mil batallas, enjuto como un junco, de expresión avinagrada y apariencia dura, hermética, no negocia con sus ideas ni las traiciona; presiente que su final está próximo y enfrenta esta realidad con la naturalidad de algo inevitable. Pero tras esa irreductible y granítica fachada, subyace un ser humano inteligente, tierno y sentimental: “Tengo miedo”, le confiesa en un susurro y con un hilo de voz temblorosa a la empleada de la cafetería de Joe en uno de los momentos más emotivos de esta preciosa película.
John Carrol Lynch es un veterano actor estadounidese que debuta como director de cine. Y logra, con “Lucky”, componer una de las más bellas y enternecedoras películas que vieron la luz el pasado año. Con un presupuesto más que raquítico ha logrado realizar este pequeño milagro, una entrañable y conmovedora historia que todo buen aficionado al cine debería conservar en su cineteca personal para volver a ella con el mismo deseo que un ave retorna a su nido.
Y será el mítico actor Harry Dean Stanton, nacido hace 92 años en el Estado de Kentucky, el responsable de encarnar al bueno y socarrón existencialista de Lucky. En un diminuto pueblecito muy cerca de la frontera mexicana, rodeado de tierra reseca en un paisaje casi desértico, la vida del anciano Lucky no brinda excesivas emociones. Se levanta siempre a la misma hora, hace ejercicios de yoga, se dirige después a tomar un café y resuelve crucigramas en la cafetería de su amigo Joe, ve concursos de televisión y en la noche, mientras filosofa, toma algún Bloody Mary en el bar con sus amigos. Pero bajo la aparente sencillez del guion, Carroll desnuda a un ser extraordinario escondido bajo infinitos surcos que como profundas cicatrices han marcado la piel y el rostro de Lukcy con el paso del tiempo. El viejo vaquero, fumador incorregible, curtido en mil batallas, enjuto como un junco, de expresión avinagrada y apariencia dura, hermética, no negocia con sus ideas ni las traiciona; presiente que su final está próximo y enfrenta esta realidad con la naturalidad de algo inevitable. Pero tras esa irreductible y granítica fachada, subyace un ser humano inteligente, tierno y sentimental: “Tengo miedo”, le confiesa en un susurro y con un hilo de voz temblorosa a la empleada de la cafetería de Joe en uno de los momentos más emotivos de esta preciosa película.

Harry Dean Stanton fue un raro especimen de una raza ya casi extinta, queridísimo por el público norteamericano y que intervino en cientos de películas y series de televisión. Incluso cuando éstas todavía transitaban por el mundo olvidado del blanco y negro, él ya estaba presente en “Bonanza”, por poner sólo un ejemplo que ilustre la longeva carrera de este gran actor que siempre sobrevivió como eterno secundario. Y no fue sino hasta 1984, ya con 58 años a sus espaldas, cuando Wim Wenders le brindó la primera aportunidad de su vida como primer actor en aquella maravilla que fue “París, Texas”, interpretando magistralmente al desorientado Travis, lo que impulsó su carrera y supuso el reconocimiento internacional del gran público.
De manera que “Lucky” significó su segundo y último papel principal. Y como si se tratara de una trágica premonición y se hubiese interpretado a sí mismo, poco tiempo después de dar por terminado el rodaje, Stanton fallece dejando ésta su obra póstuma como la huella imborrable de su intachable y ejemplar carrera cinematográfica.
De manera que “Lucky” significó su segundo y último papel principal. Y como si se tratara de una trágica premonición y se hubiese interpretado a sí mismo, poco tiempo después de dar por terminado el rodaje, Stanton fallece dejando ésta su obra póstuma como la huella imborrable de su intachable y ejemplar carrera cinematográfica.
Emilio Castelló Barreneche
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