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Rain Man: Cuando los hermanos se encuentran

Drama Charlie Babbitt (Tom Cruise), un joven egoísta que espera heredar la fortuna de su difunto padre, se entera de que el beneficiario es su hermano Raymond (Dustin Hoffman), un autista al que no conoce, porque ha vivido siempre recluido en un centro especial. Ambos harán un largo viaje a través de los Estados Unidos. Al principio, a Charlie, el extravagante comportamiento de su hermano lo irrita y lo desconcierta, pero, poco a poco, ... [+]
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Críticas 102
Críticas ordenadas por utilidad
17 de febrero de 2015
8 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Como siempre que censuro de forma inmisericorde un film, y suele ser en contadas ocasiones, quiero pedir disculpas por si alguien se puede sentir molesto por mis comentarios, si tiene la amabilidad de leerlo, por supuesto. Pues siempre prefiero ser positivo comentando lo bueno que desperdiciando mi tiempo en films prescindibles, pero en esta ocasión no me he podido resistir al ser el ¿Oscar al mejor film de 1988?

Es la tercera vez que intento ver esta película, pero una vez más, me ha sido imposible terminarla por la irritación que me produce algo tan burdo, y no es que mi estado de ánimo quizás fuera el culpable de no conectar con el film, pues siempre estuve predispuesto a apreciar los valores que lamentablemente no he encontrado, muy al contrario de la opinión de los académicos de Hollywood, que la votaron como la mejor del año, y también al director… ¡Barry Levinson!, por muy mediocre que me parezca. Pero el engendro de “road movie” es tan académicamente sosa, tan pedante, tan pretenciosa y previsible, tan falaz y vacua que me parece una aberración y un despropósito, sobre todo compitiendo con films tan interesantes aquel año, como “Arde Mississippi” y “Las amistades peligrosas”.

Un film itinerante, de dos hermanos que se desconocen pero unidos irremediablemente, al menos para uno, por una herencia, desarrollando una relación mutua que cambiará a ambos, todo ello aderezado con un humor primario y troglodita, facilón y vulgar al servicio de sus dos estrellas, un amanerado Tom Cruise (como casi siempre pésimo), y un Dustin Hoffman adocenado y patético que con su actuación deplorable sedujo a sus compañeros para otorgarle un Oscar inmerecido. La historia de los actores premiados está repleta de borrachos, discapacitados y personajes estrafalarios. Muy lejos quedan sus magistrales trabajos en “Cowboy de medianoche”, “Kramer contra Kramer” o “Perros de paja”.

El episodio de Las Vegas, ese oasis de neón que tantas veces ha servido para expresar el espejismo del sueño americano, es de vergüenza ajena. Igualmente ocurre con el descubrimiento del sexo por parte del antipático autista, es una concatenación de estupideces demenciales y lamentables continuas. Es imposible extraer una conclusión positiva de este bodrio insoportable plagado de una verborrea cargante por parte de Hoffman, su gestualidad, su mirada perdida es similar al resultado del film, un ejercicio absurdo e inane.
Antonio Morales
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5 de setiembre de 2005
5 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película es una de mis preferidas. Por muchos factores. Primero destacar la trama, que es fabulosas, con un guión excelentemente escrito.
Segundo, la actuación de Hoffman. Magistral. Una de las mejores actuaciones que he visto en mucho, mucho tiempo, tan o mejor que la de Bardem en Mar Adentro.
Tercero. La música de Hans Zimmer, habitual colaborador de Ridley Scott, y que en esta película, realiza una de las más logradas bandas que ha compuesto.
Cuarto, la labor tras las cámaras de Levinson, que realiza su mejor película, y por la que fue reconocido.
Por todo ello, junto a otros factores, de los que no tengo tiempo a redactar, considero que la película es muy buena y pienso que debería ser reconocida como tal.
Lo peor: la presencia de Tom Cruise. Cualquier otro actor lo haría mejor y es totalmente prescindible. Hoffman se lo come vivo, no hay comparación entre ambos.
Pero, a fin de cuentas, la película se hizo con la presencia de este actor, y hay que aceptarla tal y como es.
Verbal Kint
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11 de febrero de 2018
0 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
KEN: ¡Enhorabuena por los premios!
BARRY: Gracias
KEN: Quizá te has tomado algunas licencias al filmar la película. Kim Peek, el personaje en el que se basa la novela era bastante diferente al del film.
BARRY: El fin justifica los medios, hemos llegado a decenas de millones de espectadores.
KEN: Creo que Peek no tenía autismo, en realidad era el síndrome Opitz-Kaveggia...
BARRY: ¡Y a quién puede interesarle algo tan minoritario...!
KEN: Tal vez podías haber explicado que el trastorno es debido a un problema en el cromosoma X que produce una apariencia facial característica... entre otras cosas.
BARRY: Hemos ganado 4 óscar, la película ha recaudado millones de dólares, es uno de los trabajos mejor valorados de la historia. Yo trabajo para una amplia mayoría no como vosotros los europeos que sois bastante elitistas...
KEN: ¿Qué hay del contexto social, de las chapuzas médicas en la infancia de Peek...?
BARRY: ¡Y a quién le interesa eso en los tiempos que corren...!
KEN: Enhorabuena por la película. Por cierto fantástico Mr. Morrow al regalar la estatuilla a Peek. Creo que un millón de personas ha podido tocarla...
BARRY: Fue un poco precipitado en mi opinión...
KEN: Pués para mí lo mejor de la historia, sin duda...
samuel beckett
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19 de abril de 2018
3 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Grandes actuaciones que no salvan un metraje excesivo, porque después del interesante punto de partida que nos plantea la historia, su desarrollo solamente provoca un largo y sonoro bostezo.
Me deja el poso que se podría haber logrado algo más con dos grandes actores en estado de gracia.
Pisuke
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5 de mayo de 2024
0 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
105/23/30/04/24) Sobrevalorado drama, que sin ser malo, tampoco es, con el filtro de los 36 años transcurridos desde su estreno una gran película, como para tener el gran éxito comercial (la más taquillera de 1988) y el éxito de crítica, ganó el el Oso de Oro del festival Internacional de Cine de Berlin, amén de obtener nada menos que el Oscar a Mejor Película y Mejor Dirección para Barry Levinson (también el de Mejor Guion Original), superando en ambas categorías a la Homérica “Las Amistades Peligrosas”, o a “La última tentación de Cristo” que ni siquiera estaba en la terna. Dirige el artesano Barry Levinson, que venía de triunfar con “Good Morning, Vietnam” (1987), para adaptar aquí el guión de Ron Bass (“La carrera del sol”) y Barry Morrow (“Más allá de los sueños”), sobre una historia del segundo. Un proyecto que llevaba años en desarrollo, con varios directores (entre ellos Steven Spielberg) adjuntos en diferentes momentos. Morrow había originado el proyecto, y guarda parecido con un par de películas para televisión que había escrito, “Bill” (1981) y “Bill: On His Own” (1983), que se basaban en sus propias experiencias como amigo y guardián de un hombre con discapacidades cognitivas. Morrow creó el personaje de Raymond después de conocer a Kim Peek, un sabio de la vida real; su caracterización se basó tanto en Peek como en Bill Sackter, buen amigo de Morrow que fue el tema de “Bill”, película anterior que escribió Morrow.

Es una historia facilona, simplista, predecible, donde todo se ve venir de lejos nunca sorprende, acudiendo a ese manido sub género de tratar patologías de un modo sensiblero, para con ello hacernos compadecer de un modo manipulador, y para ello, por supuesto, habrá un actor que transmita esta discapacidad para conmovernos, en este caso Dustin Hoffman (asesorado, según los créditos, por seis psicólogos y psiquiatras) acudiendo a toda clase de tics sobre esta afección, el Autismo, una labor muy sencilla para un gran actor, pues su rol de Raymond es un tempano de hielo, no parece sentir ni padecer, con tics permanentes en su ladeo de cabeza, sus hombros encorvados, su caminar aniñado, repetición de frases hechas, y que nunca te mira a los ojos. Solo tiene dos estados, uno es el gélido soltando datos a diestro y siniestro (puede memorizar media guía telefónica en una noche y también puede realizar multiplicaciones extravagantes en un instante), viviendo en sus rígidas rutinas (comer palitos de pescado y gelatina de lima los martes, siempre comprar en K-Mart y fiel seguidor de programas de tv), y el otro es iracundo (tapándose los oídos a modo de defensa), un personaje sin desarrollo alguno, remanente de su trastorno, esto le impide conexión real humana con el espectador (ósea, yo). A su lado un voluntarioso Tom Cruise, depositario de ser la correa de transmisión de lo que el espectador debe sentir ante esta manifestación fenotípica. El actor neoyorkino ofrece una buena interpretación, pero la (previsible) transformación de tipo egoísta e individualista a lo que todos sabemos se da de modo arbitrario, forzado por Imperativo del guion, nunca hay calor entre ambos que me emocione, todo me sucede de modo plano y sin punch, la coraza sobre Raymond impide enterarnos de que conexión hay entre ambos, solo esta medio llega por el tramo donde nos enteramos de quien era Rain Man, pero hasta esto me resulta bastante forzado a querer empujarnos a lagrimear, no hay desarrollo orgánico. No hay verdadera intensidad, y llegados a su rush final, Levinson da una lección de coda anticlimática, después de dos horas de viaje la Montaña ha parido un ratoncito.

Tampoco es que el relato resulte muy atractivo, una road-movie, siempre son de autodescubrimiento en la odisea por carretera, el que este personaje con su hermano crucen USA no está surtido de situaciones o diálogos sustanciosos, siendo incluso iterativo, como si tuvieran que machacarnos una y otra vez los hechos, que si Raymond es muy bueno con los números, pues nos lo meten tropecientas veces para que su hermano se asombre una y otra vez, que si se entra en estado cuasi epiléptico cada vez que las cosas no están a su enfermizo gusto, pues nos lo subrayan infinitas veces para que el hermano se conmueva.

Narración que parece una sucesión de lugares comunes, sin originalidad, ejemplo es que todos cuando Raymond se destapa como ‘ordenador humano’ que retiene fotográficamente todo tipo de datos numéricos, sabemos que terminaran pasando por algún casino de Las Vegas, sobre todo cuando le cuelgan al rol de Cruise una crisis económica, esto además, se nos quiere hacer ver como la edificación de un vínculo afectivo entre ambos, cuando es un ‘interesado’ hermano llevando a un robot a una mesa de Black Jack. Es entretenidilla sin más, no aburre, pero tampoco me atrapa, se nota hecha con una plantilla de la que no se sale.

Cuenta la historia del arrogante, egoísta y joven comerciante de autos de lujo, Charlie Babbitt (Cruise), su padre, al que por una discusión hacía años que no veía, ha muerto. Él y su novia Susanna (Valeria Golino) viajan a Cincinnati para arreglar la herencia que espera sea cuantiosa al creerse hijo único. Hereda sólo un grupo de rosales y un clásico Buick Roadmaster convertible de 1949 por el cual él y su padre se habían enfrentado, mientras el resto del patrimonio de $3 millones irá a parar a un administrador anónimo. Se entera que el dinero se dirige a una institución mental local, donde conoce a su hermano mayor Raymond (Hoffman), un autista a quien no conoció en toda su vida.

Intenta ser el film una exposición reflejada del autismo de Raymond, donde con su incapacidad comunicativa es una alegoría de la incapacidad de su hermano para tener emociones lejos de su egoísmo. Pero esto es muy superficial y tratado de forma muy convencional... (sigo en spoiler)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
TOM REGAN
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