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Críticas de Luis Guillermo Cardona
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Críticas ordenadas por utilidad
7
22 de abril de 2016
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pocas cosas dejan tan a la luz la liviandad moral de una persona como su intolerancia frente a quienes son o piensan diferente. Y si la diferencia no solo le motiva rechazo o contrariedad, sino que, además, le anima a agredir a quienes considera inferiores y/o indeseables, ya no solo hay liviandad sino bajeza moral. ¿Cuántos siglos (¡!) más tendrán que pasar para que podamos entender que la diferencia enriquece la vida, la pluraliza y la hace amena? ¿Cuándo, por Dios, comprenderemos que, si acaso emana una mayor violencia de las minorías raciales, es por sus carencias y porque, por larguísimo tiempo, han vivido arrinconadas, maltratadas y abusadas? ¿Y cuándo vamos a darnos cuenta de que, quien maltrata, es el que desacredita a su raza, a su familia y a su pueblo?

Véase esta modesta, pero objetiva película, que la escribiera Geoffrey Homes (Daniel Mainwaring) un ex-detective privado y periodista del San Francisco Chronicle, que conocía por dentro y por fuera la sociedad en que vivía y ¿dígame luego quienes son los camorristas, los improcedentes, los que dejan por el suelo la paz y la moral de aquella sociedad? Por fortuna, entre los suyos también hay gente íntegra, consecuente y sensata, y es de esta manera como la sociedad se preserva y el sol se anima a volver a brillar… ¡para todos!

Con “INTOLERANCIA”, el director Joseph Losey, demuestra de nuevo su fuerte sensibilidad, insistiendo en un tema que, ¡en pleno siglo XXI!, todavía causa tragedias, vergüenza y descrédito a las naciones más desarrolladas del mundo que, en ciertos casos, apenas resaltan en su avance industrial y comercial, porque en educación, sanidad mental y crecimiento moral, es evidente que aún siguen en pañales.

Se trata aquí de los recolectores de frutas de New York, quienes, por su condición de latinos y su piel morena, padecen a diario la repulsa y la discriminación de los estadounidenses más obtusos, entre los que se incluyen algunos policías. En estos hechos, un joven llamado Pablo Rodríguez, va a ser inculpado de la muerte de un policía y de otros incidentes que, sorprenderá la manera como son manejados por algunos habitantes y hasta por los medios de comunicación.

Aunque es un filme de bajo presupuesto, la historia consigue interesarnos porque, entre tanto descarrío, también podremos encontrar personajes con un sólido carácter, quienes harán lo necesario para buscar que la luz se preserve entre tanta oscuridad. Y como suele ocurrir, Losey no se afana por condenar, tan solo procura que la verdadera Justicia ocupe su lugar.

Como director del periódico Unión (un nombre certeramente elegido), Larry Wilder (Macdonald Carey) se sentirá regresar a sus viejos tiempos de activista cuando, impulsado por la linda Sunny García, otra periodista que lucha por la integración, tomará conciencia de que no es digno del hombre permanecer impasible ante los desmanes sociales de cada día.

Por la actriz que representa este último personaje, Gail Russell, siento primero una gran admiración por su singular belleza morena y sus inolvidables ojos azules, y además, la recuerdo con nostalgia y especial cariño porque, siendo una muy buena actriz, como Judy Garland también ella sufría pánico escénico el cual combatía con licor, y en su menuda figura, siempre trasluce una fragilidad y una melancolía que presagian su triste final a los 36 años (el 27 de agosto de 1961) a causa de un infarto por sobredosis de alcohol.

Título para Latinoamérica: “INTOLERANCIA”
Luis Guillermo Cardona
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8
30 de noviembre de 2015
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una persona íntegra, es aquella que 'hace las cosas correctas, por las razones correctas, en una forma correcta', es decir, es alguien sabio que entiende a la perfección que, es éste el mayor tesoro que podemos adquirir en la vida, porque, en lo esencial, nos protege de la enfermedad, de la desgracia, del miedo, la carencia y la infelicidad.

Una persona íntegra, camina siempre con la frente recta porque entiende que, al emitir de su ser energías positivas, el universo será recíproco y le devolverá lo equivalente a lo que emite. 'Da amor y recibirás amor, da dolor y recibirás dolor', dice la ley existencial… y su cumplimiento es indefectible.

A, J.J. Hunsecker, los conocimientos adquiridos le han servido para ser un columnista de renombre; para poner de su lado a unos cuantos individuos que suben por la escalera del “poder”; y para dominar a algunas personas que dependen de su apoyo para salir adelante. Pero, faltándole la integridad, Hunsecker va a tomar unas cuantas decisiones respecto a los seres que más le importan que, como es inevitable, ocasionarán sus respectivas consecuencias.

En este sentido, <<CHANTAJE EN BROADWAY>>, funcionará como una suerte de espejo de la vida, y sus protagonistas nos servirán de ejemplo para comprobar cómo, cada quien va trazando su propio destino según sean las decisiones que vayan tomando con lo que se cruza en su camino. La cordura, la firmeza de carácter, la voluntad… habrán de vérselas contra el egocentrismo, la obstinación, la patraña… y el juego de la vida quedará razonablemente expuesto, hasta dejar en nosotros una lección que podemos tomar como base ejemplarizante o también podemos dejar de lado ignorando que la estamos necesitando.

Una historia de Ernest Lehman, llevada a guion por él mismo, con la colaboración de Clifford Odets, es la sólida sustancia de la que se ha valido el director, Alexander MacKendrick, para contarnos este valioso drama donde, los humildes y los “poderosos”, medirán fuerzas para defender lo que cada uno considera que le pertenece.

Burt Lancaster, logra otra de sus fuertes interpretaciones como el celebrado (y cuestionado) columnista que ahora promueve una batalla familiar, tratando de impedir (por muy íntimas razones que permiten suponer afanes incestuosos) que su joven y linda hermana, Susy, siga adelante con la relación que ahora sostiene con un joven músico. Tony Curtis, es el publicista o agente de prensa, para quien el éxito es algo que se obtiene a como dé lugar... y se verá abocado a tomar difíciles decisiones; y entre otros, Susan Harrison (Susy), es la muchacha que tendrá que decidir entre la solvencia y el decidido apoyo que le ofrece su hermano o esa vida sencilla donde el amor es honesto e íntegro que ahora le ofrece Steve, el joven guitarrista con el que anhela casarse.

Los medios de comunicación, las fuerzas del Estado y la clase política, también asomarán aquí sus manchadas narices, y quizás podamos concluir que no estamos contribuyendo a hacer de éste el mejor de los mundos… y no lo será hasta que, cada uno de nosotros, tenga por fin el valor y la sensatez de revestirse de integridad.

Título para Latinoamérica: LA MENTIRA MALDITA
Luis Guillermo Cardona
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8
27 de octubre de 2015
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cada vez que se me presenta la ocasión de ver a una pareja que sale del altar -o de un juzgado- tras ‘consolidar su relación’ contrayendo matrimonio, me llaman la atención esos rostros enamorados, alegres, llenos de esperanza y de ilusiones que salen a la calle convencidos de que han alcanzado el cielo. Entonces, opto por alejarme, porque no logro evitar que una sardónica sonrisa se dibuje en mi rostro, cuando pienso en la poderosa capacidad del enamoramiento para tornarnos inconscientes del complejo laberinto emocional que posee cada miembro de la pareja, al cual el otro tendrá que enfrentarse de manera irremediable… ¡Y hay de aquel que no esté preparado para tramitarlo madura e inteligentemente!

Cierta noche, mientras se tomaba una cerveza, al admirable escritor estadounidense Edward Albee, se le vino a la mente la idea de una obra teatral… y el título que se le ocurrió antes de haber empezado a escribir fue, “Who’s afraid of Virginia Woolf?” (¿Quién teme a Virginia Woolf?), asociándolo a “Who's afraid of the big bad wolf?” (¿Quién teme al enorme lobo malo?), una canción usada en Los Tres Cerditos (1933) de Walt Disney, de la que se acordó en ese momento, y que podía remitir a la suerte de complejas preguntas que suelen hacerse en el campus universitario como: “¿Quién tiene miedo de vivir la vida sin falsas ilusiones?” (1)

¿Y por qué Virginia Woolf? Porque Albee sabía muy bien quien era la escritora británica autora de las célebres novelas: “La Señora Dalloway”, “Al faro” y “Una habitación propia”, entre otras, y enterado de su vida personal: Hija del novelista e historiador Leslie Stephen... depresiva… con fuertes crisis nerviosas y constantes cambios de humor… víctima de un trastorno bipolar… bisexual… y casada con un escritor (Leonard Woolf, de quien tomaría el apellido de escritora) a quien sentía que amargaba tanto con su temperamento que, para dejarlo libre y en paz, optó por suicidarse.

Como podrá verse en la obra, o en la compleja pero brillante película que ha realizado como opera prima el director Mike Nichols, el drama está bien impregnado de la psicología de aquella escritora y el título tiene entonces mucha más profundidad de la que se supone, pues como también era su estilo literario, a los personajes aquí se les escudriña el alma, se les desnudan sus motivaciones emocionales y se descorre ese laberinto de contradicciones (luces y sombras) que nos lleva a comprender que el enamoramiento es un gran velo que se pone a los seres humanos para poder asegurar que se reproduzcan.

Pero, ¡cuán sólida se torna una relación que es capaz de sobrepasar este complejo descubrimiento y persiste en la convivencia a sabiendas de que, así como yo logro acogerla a ella, también mi pareja carga con mi + y mi -… aunque nunca falten los reproches.

Una muy bella y contrastada fotografía de Haskell Wexler, en ese blanco y negro de sombríos pasados; un guión perfectamente complementado por Ernest Lehman para crear un claro y eficaz ambiente cinematográfico; y unas actuaciones llevadas a la cima por Elizabeth Taylor, Richard Burton, George Segal y Sandy Dennis, hacen de “¿QUIÉN TEME A VIRGINIA WOOLF?” una película imprescindible… pero solo para aquellos a quienes guste viajar al laberinto de la conciencia.

(1) William Flanagan: “The art of Theater No. Edward Albee”

Título para Latinoamérica: “¿QUIÉN LE TEME A VIRGINIA WOOLF?”
Luis Guillermo Cardona
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6
1 de agosto de 2015
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Como, Evelyn Piper, se hizo conocer la newyorkina Miriam Levant (1908-1994), cuando decidió convertirse en escritora de novelas de suspenso. 1965, sería para ella el año del gran éxito cuando, simultáneamente, consiguió vender los derechos para cine de sus novelas “Bunny Lake is missing”, que publicara en 1957 y “The Nanny”, que saliera a la luz en 1964.

Para la señora Piper (más tarde conocida como, Merriam Model, en honor al cardiólogo con el que se casó), igual que para otras escritoras de la época, la situación de la mujer en sociedad y entre las paredes de su casa, era su mayor preocupación, y por esta razón, casi todas sus novelas las dedicó a describir problemáticas femeninas. Originalmente ambientada en New York, la historia de "Bunny Lake is missing" nos habla de Blanche Lake, una madre soltera de 21 años, a cuya hija de tres años deja al cuidado en una institución… y ese mismo día, la niña desaparece y ella se ve abocada a buscarla en una trama que transcurre en el término de 24 horas.

Al ser rodada en Inglaterra, bajo la dirección de Otto Preminger, la historia se ambientó en Londres, el personaje central fue llamado Ann Lake, la niña tiene ahora seis años, y el final fue sustituido por otro para que, quienes habían leído la exitosa novela, pudieran encontrarse con alguna sorpresa.

Pero he aquí, que una trama muy interesante que, hasta entonces, solo tenía como antecedente a “The Lady vanishes” (1938) de Alfred Hitchcock, por aquello de ‘la desaparecida a la que nadie ha visto’ y que goza de una muy buena interpretación de Carol Lynley, como la madre empeñada en recuperar a su hija, de pronto se viene al traste con el infortunado aporte de los guionistas John y Penelope Mortimer, cuyo final luce resuelto como ciertos cambios de primera plana de última hora, con los que, los diarios, a veces quedan haciendo el más lamentable oso.

Tampoco el personaje del comisario Newhouse, asignado a un grande como Laurence Olivier consigue mayor relieve; y aunque más interesante resulta, Keir Dullea, haciendo de Steven, el hermano de la atribulada madre, su personalidad no puede exponerse como aquí se ha hecho, porque deniega los signos previos que reclamaría la psicología.

“EL RAPTO DE BUNNY LAKE”, resulta interesante como reflejo de una sociedad machista que minimiza a las mujeres, al tiempo que exalta el valor de éstas para defender a toda costa lo que consideran que es justo. Y de nuevo, Preminger se muestra valiente y rompedor de convencionalismos, al atreverse con ciertos tabúes en una época donde, los “descarríos” humanos, solían guardarse con doble llave en los archivadores.

Título para Latinoamérica: “BUNNY LAKE HA DESAPARECIDO”
Luis Guillermo Cardona
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9
4 de julio de 2015
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una oscarizada historia del también director William A. Wellman escrita con Robert Carson, fue el punto de partida para esta súper-romántica, ejemplarizante y conmovedora película que, por sus muchos méritos, se sigue rehaciendo una y otra vez.

¿Y qué es lo que la hace tan significativa? Lo primero es que se ha extraído de la vida real muchas de las cosas que en ella suceden, y es posible encontrar trozos de la existencia de su protagonista, Janet Gaynor (el Oscar que le entregan, es la misma estatuilla que ella recibió cuando ganó el premio a Mejor Actriz en 1927, y durante esta ceremonia, su hermana le hizo un oso semejante al que, en el filme, le hace su marido; también fue Janet muy querida y altamente valorada por el público y los productores, y mucho se apreciaba su facilidad para representar a mujeres sinceras y de gran dulzura).

No es difícil suponer que, el personaje de Norman Maine, tiene mucho de John Barrymore, quien también fuera víctima del alcoholismo, en los rodajes padecía terribles lapsus de memoria, se volvió indisciplinado, y comenzó a padecer un triste ocaso donde hasta le ofrecían roles que recreaban su penosa vida privada. Y a todo esto, el mundo del estrellato queda muy bien visionado en ese proceso de convertir, a un ser humano convencional, en una imagen moldeada desde el nombre, con biografía inventada y figura totalmente acorde a los requerimientos del Estudio.

Y a esto, Wellman nos agrega una preciosa y conmovedora historia de amor, con el actor que, enamorado, ayuda a alcanzar el estrellato a la muchacha que hace su esposa, al tiempo que su propia carrera inicia un incontenible y deplorable declive. El filme desborda calidad humana, sentimientos muy profundos y generosos y resulta muy fácil amar a esos personajes que, en una misma casa, ven entrar el progreso y la decadencia.

El compromiso de la abuela Lettie con su nieta aspirante a actriz; la fidelidad que prodiga el productor Oliver Niles a quien ha sido su más famoso actor; y la amistad que sienten entre sí, Esther Blodgett y Daniel McGuire, son altamente apreciables, y en pleno, el filme emana calidad humana por todos los costados.

“HA NACIDO UNA ESTRELLA” es la suerte de filme que apunta directo al corazón y no tiene dificultad alguna en emocionarnos, en removernos sensaciones muy íntimas, y en hacernos comprender que, no se exagera cuando se dice que el ser humano es la criatura por excelencia.

Como Janet Gaynor, también Fredrich March resulta muy acertado, porque consigue materializar a esa suerte de personaje que tiene tantas cosas buenas, que no nos surge resistencia alguna para perdonarle sus ocasionales faltas. Como en tantos otros filmes, Adolphe Menjou (Niles) vuelve a ser ejemplo del amigo leal; y May Robson es la rígida pero amorosa abuela que nunca se olvida.

Entre otras cosas, tengo que decir que es aquí donde sentí la única falencia del filme, porque creo que hizo falta cuando menos una escena donde Esther-Vicki volviera a la casa paterna junto a su famoso marido, para agradecer a la abuela su incesante apoyo. La aparición de esta al final no alcanza el mismo resultado.

Para terminar, creo que resultó originalísimo ese arranque y ese cierre leyendo las líneas del guión. Jamás lo había visto, y es un justo y merecido homenaje a los guionistas que son quienes le insuflan el primer gran aliento a los personajes y a las historias que vemos en las películas.

Título para Latinoamérica: “NACE UNA ESTRELLA”
Luis Guillermo Cardona
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