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8
7 de junio de 2024
7 de junio de 2024
26 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
La única manera de salvar de la hoguera esta película es que sea interpretable de una manera cercana a la que se desarrolla en la zona de spoiler –a pesar de sus torpezas narrativas, sus muchos elementos más que predecibles, su falta de ritmo en el primer tercio hasta hacerla ciertamente aburrida, y la sombra alargada de un padre convertido en leyenda–, lo cual elevaría un punto por encima a la película situándola en el territorio de lo interesante y marcando un debut para Ishana Shyamalan más que destacable.
Después de ver la película y de leer a la prensa especializada, debo decir que necesito continuar en la zona spoiler.
Después de ver la película y de leer a la prensa especializada, debo decir que necesito continuar en la zona spoiler.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Es posible que nada de esto esté en la película y, efectivamente, todo gire entorno a la típica historia oscura de hadas con un lenguaje muy cercano y a la sombra de la trayectoria del padre de la directora. Toda llena de clichés narrativos y sin un ápice de originalidad.
Pero también es posible que esos personajes, que no comen ni beben durante toda la película, simplemente sean un recurso más simbólico para hablar con más profundidad de la protagonista, de cómo la culpa y el trauma acompañan al personaje de Dakota Fanning.
Llamadme 'pirado', como al personaje de Haley Joel Osment en El Sexto Sentido, ¿pero qué tal suena la hipótesis de si eso que vemos en pantalla que se llama mitología simplemente fuera una metáfora de la lucha interior que tiene la protagonista debido al trauma y la culpa que arrastra desde el suceso que experimenta en su niñez? La lucha con sus monstruos interiores, ese híbrido entre monstruo y persona buena y bondadosa que se representa en esa 'mitología'. El pájaro amarillo tampoco creo que sea casual, Dorothy.
Pero también es posible que esos personajes, que no comen ni beben durante toda la película, simplemente sean un recurso más simbólico para hablar con más profundidad de la protagonista, de cómo la culpa y el trauma acompañan al personaje de Dakota Fanning.
Llamadme 'pirado', como al personaje de Haley Joel Osment en El Sexto Sentido, ¿pero qué tal suena la hipótesis de si eso que vemos en pantalla que se llama mitología simplemente fuera una metáfora de la lucha interior que tiene la protagonista debido al trauma y la culpa que arrastra desde el suceso que experimenta en su niñez? La lucha con sus monstruos interiores, ese híbrido entre monstruo y persona buena y bondadosa que se representa en esa 'mitología'. El pájaro amarillo tampoco creo que sea casual, Dorothy.

Dakota Fanning
Durante esta historia fantástica de terror aparecen varias 'Señales' que parecen apuntar en esta dirección. 'El Bosque' sería solo un símbolo, un estado de ánimo del que debe escapar para dejar el trauma atrás. Pero como muy bien muestra la película, eso parece muy difícil de lograr, tanto es así que a pesar de conseguir escapar del bosque, esta historia de monstruos parece querer transmitir que esa culpa siempre permanece ahí cerca, como 'vigilante', mirando desde el otro lado del cristal.
Aunque, en cualquier caso, es muy probable que en ocasiones solo vea muertos.
Aunque, en cualquier caso, es muy probable que en ocasiones solo vea muertos.
9 de octubre de 2024
9 de octubre de 2024
20 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
Daniela Forever es la “versión 1.0 + 3.0” de un Nacho Vigalondo mucho más maduro y profundo de lo que hemos podido ver hasta el momento.
Una oda sintética al proceso creativo, a la creación de mundos imaginarios. En definitiva, al cine.
En esta reflexión sobre la pérdida y el duelo, Vigalondo saca toda su artillería imaginaria y nos habla del proceso de aceptación, de disfrutar el camino por encima del resultado. De las complejidades del ser humano, de la aceptación del otro, de la creación de historias conjuntas, de la toma de caminos opuestos, como sombras incoherentes. La luz en la noche y la noche en la luz. Alucinaciones sintéticas como un tiburón con pistola. Pura creatividad la de este Vigalondo desatado.
Avisadas estáis. El rey ha vuelto.
Una oda sintética al proceso creativo, a la creación de mundos imaginarios. En definitiva, al cine.
En esta reflexión sobre la pérdida y el duelo, Vigalondo saca toda su artillería imaginaria y nos habla del proceso de aceptación, de disfrutar el camino por encima del resultado. De las complejidades del ser humano, de la aceptación del otro, de la creación de historias conjuntas, de la toma de caminos opuestos, como sombras incoherentes. La luz en la noche y la noche en la luz. Alucinaciones sintéticas como un tiburón con pistola. Pura creatividad la de este Vigalondo desatado.
Avisadas estáis. El rey ha vuelto.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
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El sobre azul + el título de esta reseña, pura alucinación, quizá. Pero me gusta pensar que la película en sí es todo un manifiesto al estado actual de la creatividad en general y del cine en particular en esta nueva era de la IA.
11 de octubre de 2024
11 de octubre de 2024
11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una mirada atrás a un momento muy concreto en la contidanidad de una isla arrasada por la mafia.
Algunos ecos a 'As Bestas', donde también encontrarás escenas mucho más costumbristas y un lenguaje crudo que se expresa desde la primera secuencia donde vemos al grupo de caza regresar a la zona de descanso para abrir en canal el cuerpo de un jabalí.
The Kingdom cuenta la historia entre un padre y una hija que viven muy alejados. Una historia sencilla de perdón y venganza donde Ghjuvanna Benedetti hace un trabajo excepcional.
Algunos ecos a 'As Bestas', donde también encontrarás escenas mucho más costumbristas y un lenguaje crudo que se expresa desde la primera secuencia donde vemos al grupo de caza regresar a la zona de descanso para abrir en canal el cuerpo de un jabalí.
The Kingdom cuenta la historia entre un padre y una hija que viven muy alejados. Una historia sencilla de perdón y venganza donde Ghjuvanna Benedetti hace un trabajo excepcional.
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Algo que me resulta muy interesante en esta película es como esta trata de romper esos espacios tan 'testosterónicos' e intenta construir un personaje femenino que sobreviva y se imponga a esa mirada tan masculina que tiene la película.
En mi opinión, no lo logra. Pero ciertos momentos como cuando Lesia (Ghjuvanna Benedetti) se quita la gorra en la secuencia inicial, como reivindicando su espacio en la película y ese lugar con olor a gorrino, me perecen muy potentes. La veremos tomar sus propias decisiones a pesar de lo adversa que se presenta su vida y, lamentablemente, también la veremos perpetuar otras conductas como la víctima que termina siendo. Una víctima más de todo un sistema que se retrata muy duro y difícil de cambiar.
Para mí, el paralelismo entre el plano donde Lesia saca todo lo de dentro del jabalí y el final de la película, donde saca todo lo que ella lleva dentro, es muy crudo a la vez que elegante.
En mi opinión, no lo logra. Pero ciertos momentos como cuando Lesia (Ghjuvanna Benedetti) se quita la gorra en la secuencia inicial, como reivindicando su espacio en la película y ese lugar con olor a gorrino, me perecen muy potentes. La veremos tomar sus propias decisiones a pesar de lo adversa que se presenta su vida y, lamentablemente, también la veremos perpetuar otras conductas como la víctima que termina siendo. Una víctima más de todo un sistema que se retrata muy duro y difícil de cambiar.
Para mí, el paralelismo entre el plano donde Lesia saca todo lo de dentro del jabalí y el final de la película, donde saca todo lo que ella lleva dentro, es muy crudo a la vez que elegante.
6 de abril de 2026
6 de abril de 2026
16 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
A estas alturas, pedirle a Paolo Sorrentino que abandone su barroquismo melancólico es como pedirle a un niño que deje de mirar el mar: una crueldad innecesaria. En La Grazia, el director napolitano no solo vuelve a su zona de confort estética, un poco más minimalista de la habitual si esto es posible, sino que la expande para hablarnos de algo mucho más frágil que la propia belleza: la levedad. Si en La Giovinezza el tiempo era una herida abierta por la que se escapaba el talento y el cuerpo, aquí el tiempo es una propiedad privada que nadie parece saber administrar.
La película se construye sobre una tesis casi invisible: la de estar "todo roto por dentro" mientras se mantiene una fachada de cemento impecable. Sorrentino filma esa fractura interna con una delicadeza abrumadora, gracias a entre otras cosas, a un Toni Servillo siempre en "estado de grazia". No busca el drama de lágrima fácil, sino la vibración de lo que está a punto de quebrarse. Es un cine de estados de ánimo, de silencios que pesan más que los diálogos, de diálogos que lo dicen todo, pero que también no dicen nada y de una puesta en escena donde cada encuadre parece una pregunta sin respuesta.
La película se construye sobre una tesis casi invisible: la de estar "todo roto por dentro" mientras se mantiene una fachada de cemento impecable. Sorrentino filma esa fractura interna con una delicadeza abrumadora, gracias a entre otras cosas, a un Toni Servillo siempre en "estado de grazia". No busca el drama de lágrima fácil, sino la vibración de lo que está a punto de quebrarse. Es un cine de estados de ánimo, de silencios que pesan más que los diálogos, de diálogos que lo dicen todo, pero que también no dicen nada y de una puesta en escena donde cada encuadre parece una pregunta sin respuesta.

Toni Servillo
El eje sobre el que pivota este carrusel de emociones es la pregunta que lanza Dorotea: “¿A quién pertenecen nuestros días?”. Simbólicamente, esta duda es el corazón de la película. ¿Son nuestros los días que vivimos para los demás? ¿O pertenecen a ese rastro de experiencias dolorosas y herencias que arrastramos como sombras? La ligereza no es aquí la ausencia de peso, sino la capacidad de poder dejar atrás el lastre que suponen esas grietas dolorosas de un pasado que ya nunca se podrá recuperar. Como dice un primo mío: "llega un momento en la vida de uno donde sabes que todo lo mejor ya ha sucedido y todo se convierte en una cuesta abajo". Y no por eso el futuro deja de ser posible y sorprendente, desde poder pasar desde la "música culta" al rap o poder ver perros carabinieri robots escoltando al Presidente de la República durante un tranquilo paseo de regreso a casa. Para Sorrentino parece que la belleza no cura aquello que ya está irremediablemente roto, pero puede llegar a hacerlo, de algún modo, un poco más soportable.

Toni Servillo
La música, como es habitual en el universo sorrentiniano, no es un mero acompañamiento; es el tejido conectivo de la memoria pasada con el futuro que se abre paso de forma inevitable. Funciona como un gatillo emocional que dispara la nostalgia justo cuando la imagen se vuelve más abstracta, recordándonos que, aunque estemos o nos sintamos solos y rotos (al fin y al cabo, hoy todos estamos un poco menos rotos y menos solos que mañana), aún así todavía podemos vibrar y buscar esa ligereza que nos vuelva a hacer flotar en algún lugar indeterminado del espacio infinito, en ausencia total de fuerza gravitatoria alguna.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La escena del presidente de Portugal es, sencillamente, una pieza de videoarte incrustada en la película. Rodada con una estética a la altura de las videoinstalaciones de Bill Viola, la caída a cámara lenta es el retrato definitivo de la decadencia del poder frente a la brevedad de la vida. Es solo un hombre mayor que no puede detener el paso del (mal) tiempo.
Es posible que la película se pierda en ocasiones en su propio preciosismo, yo no lo considero así, pero todo cobra un sentido increíble en la secuencia final. El momento en que Dorotea y su hermano conectan por videollamada con su padre es, sencillamente, perfecta.
En un film obsesionado con la presencia física y la estética del vacío, que el clímax ocurra a través de una pantalla —fría, pixelada, distante— es una decisión magistral. Aquí se resuelve la tesis del film: nuestros días no pertenecen al espacio-tiempo donde estamos, sino a la conexión que mantenemos con el origen, por muy fracturado que esté. Los hijos ayudan al presidente en su propia liberación a través de la canción compuesta por su hijo y que conecta todos los puntos de las más de 2 horas de esta maravillosa película.
Es posible que la película se pierda en ocasiones en su propio preciosismo, yo no lo considero así, pero todo cobra un sentido increíble en la secuencia final. El momento en que Dorotea y su hermano conectan por videollamada con su padre es, sencillamente, perfecta.
En un film obsesionado con la presencia física y la estética del vacío, que el clímax ocurra a través de una pantalla —fría, pixelada, distante— es una decisión magistral. Aquí se resuelve la tesis del film: nuestros días no pertenecen al espacio-tiempo donde estamos, sino a la conexión que mantenemos con el origen, por muy fracturado que esté. Los hijos ayudan al presidente en su propia liberación a través de la canción compuesta por su hijo y que conecta todos los puntos de las más de 2 horas de esta maravillosa película.

Toni Servillo
Además, Sorrentino parece ser consciente de lo solemne que resulta su final al lanzar al presidente al espacio de la ligereza, tanto es así que en la escena final nos regala otro momento de comedia mientras que sus personajes, totalmente humanizados y bajados a tierra, toman sopa y comparten el amor pasado y presente de la forma más humana y humilde posible.
8 de octubre de 2024
8 de octubre de 2024
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Que las producciones de A24, posiblemente, sean de lo más interesante que se realiza a día de hoy, nos es ningún secreto. Como tampoco lo es que esta tendencia va de más a menos y de menos a menos.
Es en ese menos del menos donde yo ubicaría ‘A different man’. Y esto, básicamente, sería así porque en las dos dimensiones donde su director y guionista, Aaron Schimberg, trata de contarnos esta historia con su moraleja vista, revista y revisitada decenas de veces, no termina de encontrar esos gatillos que disparen en el espectador el aviso que separa la dimensión kafkiana, incluso kaufmankiana, si se quiere, de la evidente moraleja que se desprende de la película en su forma más clara y superficial. En este sentido, la cinta va a cara descubierta. Ni tan siquiera cuando se pone la máscara puede ‘ocultar sus defectos’, quedando en evidencia así su descarada pretensión.
A pesar de todo esto, agradezco el ingenio y humor al introducir en el segundo acto al personaje de Oswald.
Es en ese menos del menos donde yo ubicaría ‘A different man’. Y esto, básicamente, sería así porque en las dos dimensiones donde su director y guionista, Aaron Schimberg, trata de contarnos esta historia con su moraleja vista, revista y revisitada decenas de veces, no termina de encontrar esos gatillos que disparen en el espectador el aviso que separa la dimensión kafkiana, incluso kaufmankiana, si se quiere, de la evidente moraleja que se desprende de la película en su forma más clara y superficial. En este sentido, la cinta va a cara descubierta. Ni tan siquiera cuando se pone la máscara puede ‘ocultar sus defectos’, quedando en evidencia así su descarada pretensión.
A pesar de todo esto, agradezco el ingenio y humor al introducir en el segundo acto al personaje de Oswald.
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