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Críticas 6
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
8
13 de agosto de 2026 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Se ha estrenado en Netflix la cuarta temporada de Muertos S.L., esa serie delirante que, cuando empiezas a verla, te provoca una reacción bastante clara:
«No. Esto no es para mí.»

Y, sin embargo, tiene algo peligroso: sus capítulos son cortos y siempre piensas «venga, uno más»

Y cuando quieres darte cuenta, estás sentada en el sofá, viendo el siguiente capítulo y preguntándote en qué momento decidiste que necesitabas saber qué iba a pasar con todos esos personajes.

He leído críticas diciendo que Muertos S.L. es mala.
Y no creo que sea eso.

Creo que es una serie con un humor muy particular, de esos que necesitan que el espectador entre en su mundo.

No intenta ser elegante, realista ni especialmente sofisticada.
Es absurda, exagerada y, en ocasiones, deliberadamente ridícula.
Y precisamente ahí está su encanto.

Eso sí, tengo que reconocer que durante la primera temporada hubo momentos en los que pensé:
Carlos Areces, Adriana Torrebejano, Roque Ruíz & Gerald B. Fillmore
«Por aquí no.»

Hay clichés y situaciones que pueden echar para atrás al principio, sobre todo si no conectas con ese tipo de humor.

Pero la serie va encontrando su propio tono y, temporada tras temporada, esos clichés se van puliendo. Los personajes empiezan a tener más peso y las historias dejan de depender únicamente del gag para conseguir que realmente te interese saber qué les ocurre.

Y cuando llegas a la cuarta temporada ya no estás entrando en la serie.
Ya estás dentro.

Ese es probablemente el mayor mérito de Muertos S.L.: consigue que acabes encariñándote con personajes que, al principio, quizá te parecían directamente insoportables.

Porque aquí hay dos opciones.

O ves un capítulo y piensas:
«¿Pero qué demonios estoy viendo?»
Apagas la televisión y sigues con tu vida.

O te permites ver uno más.
Y luego otro.

Y poco a poco empiezas a conocer a cada personaje, sus pequeñas miserias, sus historias absurdas y esas situaciones que, fuera de este universo, serían completamente disparatadas.
Carlos Areces, Salva Reina, Aitziber Garmendia & Adriana Torrebejano
Hasta que llega un momento en el que ya no estás viendo la serie porque te haga gracia el absurdo.

La estás viendo porque quieres saber qué les va a pasar.
Y ahí te tienen.

Cuarta temporada terminada y yo, que al principio estaba pensando que aquello no era para mí, ahora estoy mirando a Netflix con una pregunta bastante sencilla:
¿Y la quinta?

Porque ahora quiero saber qué pasa.

Y eso, para una serie que estuvo a punto de ser abandonada durante el primer capítulo, me parece una victoria bastante considerable.

Muertos S.L. no es una serie para todo el mundo. Y tampoco creo que pretenda serlo.

Pero si consigues entrar en su humor, te puedes encontrar completamente atrapado en este pequeño universo de personajes absurdos, situaciones delirantes y problemas que, inexplicablemente, acabas sintiendo como si fueran tuyos.

Así que sí, Netflix.
Quiero quinta temporada.
29 de junio de 2026 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aún no he terminado la serie, pero creo que es de las que se merecen un 9 como mínimo.

La historia es sencilla, muy vista y mejor desarrollada en otros k-dramas, pero sigue siendo una fórmula que gusta y engancha a los aficionados.

Tiene todo lo que necesita un buen k-drama: un actor guapo (Heo Nam-jun), una actriz competente ( Lim Ji-yeon) y un escenario divertido.

Aunque entra de lleno en los tópicos de los k-dramas románticos, no está nada mal.
Las escenas son divertidas y, aunque explotan mucho las muecas de desdén de la actriz (unos gestos que ya le hemos visto en otras series "Nice to Not Meet You"), siguen funcionando.

Espero que no me decepcione con el final.

Aunque no está entre mis favoritas, me está pareciendo una serie muy entretenida.
13 de agosto de 2026 2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
No he terminado todavía Muertos de amor, así que esta crítica viene sin spoilers
Y quizá precisamente por eso puedo decir algo bastante claro: si hay una razón por la que estoy esperando cada nuevo capítulo, es por Park Eun-bin y Yang Se-jong. La conexión entre ambos es, para mí, lo mejor de la serie.
Hay química, naturalidad y esa sensación de que los dos protagonistas realmente se están escuchando, algo que no siempre ocurre en los romances de este género.

La premisa tampoco se queda atrás: un K-drama fantástico en el que ella puede ver fantasmas y él es un fiscal con vocación de hacer justicia.
Y, por supuesto, como cualquier fiscal protagonista de un drama sobrenatural que se precie, tiene una abuela que sabe bastante más de lo que aparenta y le advierte que no se acerque al mono negro.

Porque, claro, ¿qué hace uno cuando su abuela le dice que no se acerque a algo misterioso y evidentemente peligroso?
Alejarse.
No. Estamos en un K-drama.
Se acerca al mono negro.

Una de las cosas que más me está gustando es cómo trata la serie a los fantasmas. Aquí no tenemos a Jennifer Love Hewitt corriendo de un lado para otro intentando resolver asuntos pendientes a cualquier hora del día.

Estos fantasmas son bastante más civilizados. Piden ticket, tienen horario y parecen respetar bastante el sistema de citas. Y sinceramente, se agradece. Después de tantos años de fantasmas apareciendo de madrugada, en mitad de una ducha o cuando el protagonista está intentando tener un momento romántico, encontrar espíritus con cierta educación administrativa resulta refrescante.

Luego están los guantes.
Ella no puede tocar a nadie y por eso va prácticamente siempre con ellos. Y hay que reconocer que le quedan fantásticos. El problema es que, llegado cierto punto, parece que la capacidad de ver fantasmas depende de llevar unos buenos guantes.
Eso sí: si son unos Prada, retiro inmediatamente la crítica.
Estéticamente funcionan, narrativamente también tienen su encanto, pero desde un punto de vista práctico me generan algunas dudas.

Y aquí tengo que hacer una pausa como espectadora y ponerme el uniforme de TCAE.

Porque hay una escena en el hospital que, por mucho que me guste el romance y por mucho que acepte las reglas sobrenaturales de la serie, no me termina de convencer.
No voy a contar que no pienso hacer spoilers.
Pero digamos que cuando conoces mínimamente cómo funciona un hospital, hay situaciones en las que tu cerebro empieza a gritar:
«NO. ESTO NO FUNCIONA ASÍ.»

Y no importa que detrás haya fantasmas, fiscales, abuelas misteriosas y una posible amenaza sobrenatural.
El hospital sigue siendo un hospital.

Ahí la serie me obliga a hacer algo que ningún K-drama debería obligarme a hacer: separar mi cerebro de espectadora del cerebro de TCAE y meter al segundo en un cajón durante unos minutos.

Porque Muertos de amor funciona mucho mejor cuando aceptas sus reglas y te dejas llevar.
Es una historia fantástica con romance, misterio y ese punto de humor absurdo que tan bien manejan algunos K-dramas.

Y dentro de esas reglas, la relación entre los protagonistas funciona especialmente bien.

El único problema es que Netflix ha decidido que ahora nosotros también debemos participar en el fenómeno sobrenatural.

Porque no basta con ver fantasmas.
Ahora tenemos que esperar una semana para ver un capítulo.
Y eso, después de tantos años de atracones de series, sí que me parece paranormal.
De momento, no sé todavía si Muertos de amor conseguirá mantener el nivel hasta el final. Pero sí sé una cosa: Park Eun-bin y Yang Se-jong tienen una química que sostiene muchísimo la serie, y los fantasmas con cita previa tienen mi respeto.

Eso sí, al mono negro no me acerco.
Yo ya he aprendido de los K-dramas.
16 de julio de 2026 2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando la venganza está al alcance de un deseo, ese mismo deseo puede acabar volviéndose en tu contra. Para mí, esa es la verdadera premisa de esta adaptación.

He de decir que no he visto la película original, así que mi opinión se basa exclusivamente en la serie.

Por un lado tenemos a un protagonista fantástico, muy alejado del tipo de héroes de Marvel o DC.
Es un personaje contenido, casi inexpresivo, y precisamente eso hace que desde el principio sospeches que hay mucho más detrás de él que un simple "monstruo". Su presencia resulta inquietante y despierta la curiosidad.

La periodista, por su parte, parece al principio la típica reportera dispuesta a todo por conseguir una exclusiva. Sin embargo, conforme avanza la historia demuestra tener mucha más profundidad de la que aparenta.
Lo mismo ocurre con el policía, que representa el arquetipo clásico del investigador, pero está bien construido y encaja perfectamente dentro del contexto japonés.
El único punto que me dejó con sensaciones encontradas fue el gran secreto de la historia. Aunque se trata de una miniserie, creo que se revela demasiado pronto.
Personalmente, habría preferido descubrirlo un par de episodios más tarde para mantener la intriga durante más tiempo.

Por lo demás, la serie no escatima en policías corruptos, intereses políticos, conspiraciones y dilemas morales que mantienen el interés hasta el final.
Y ese final... lejos de cerrar la historia, deja la puerta abierta a una segunda temporada que podría ser realmente espectacular.

En conjunto, El hombre de vapor es una miniserie que mezcla ciencia ficción, acción y drama con un ritmo sólido y personajes más complejos de lo que parecen a simple vista. Tiene algún giro que habría gestionado de otra manera, pero aun así consigue dejar con ganas de seguir explorando ese universo.
28 de marzo de 2026 Sé el primero en valorar esta crítica
No estoy acostumbrada a ver series japonesas, y quizá por eso esta me ha sorprendido de una forma especialmente honesta.

Entré por la historia —como casi siempre—, pero me quedé por los personajes.

Aquí no hay héroes ni épica forzada. Lo que hay es algo mucho más difícil: personas casi normales interactuando, casi sin darse cuenta, en la vida de otras personas aún más normales. Como si un ángel, en silencio, te tocara la espalda en el momento justo y todo empezara a ser un poco distinto.

La serie no busca deslumbrar. Su fuerza está en lo cotidiano, en esos pequeños gestos que sostienen el mundo sin hacer ruido.

Los personajes están cuidadosamente construidos. No intentan conquistarte desde el primer momento. Te mantienes a cierta distancia, incluso con una sonrisa… hasta que, capítulo a capítulo, te vas acercando. Y cuando quieres darte cuenta, ya estás dentro.

Puede recordar a otras series, porque su leitmotiv no es nuevo. Pero aquí no intenta reinventarlo, sino habitarlo de otra manera.

Lo hace con una sonrisa que al principio es ligera… y al final deja un poso amargo y de nostalgia.

Porque no va de grandes transformaciónes, sino de decisiones pequeñas. De gestos mínimos. De cambios casi invisibles que, sin hacer ruido, alteran el rumbo de una vida.

Y ahí es donde la serie deja de ser solo una historia… para convertirse en una pregunta.
¿Qué harías tú…?
Pero, sobre todo
¿A qué precio?
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    Hungría1982
    4.4
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