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Críticas de Strhoeimniano
Ordenadas por:
110 críticas
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10
16 de junio de 2005
467 de 604 usuarios han encontrado esta crítica útil
“2001” es ese monolito, ese tótem cinematográfico que marca un antes y un después en la cine de ciencia ficción. Esta palabra le corresponde con toda justicia. La preocupación de Kubrick por el verismo de todo lo que aparecía en la pantalla hace que estemos ante una película en la que las especulaciones que muestran vienen sostenidas por sólidas bases hasta hacer de “2001” una ficción, exenta de realidad, pero llena de realismo.
En sí es una ópera (es grandiosa, épica desde las primeras imágenes. Kubrick hablada de “odisea de la humanidad”) en tres actos, cada cual más subyugante e inspirado, hecha desde una inspiración asombrosa (no se volvió a hacer una película tan arriesgada), pero destilada hasta la pureza, lo que hace que sea una película milimetrada, magistral, donde nada sobra o falta para lograr un espectáculo fascinante y enigmático.
Es cine en estado puro. Pese a su extenso metraje, no creo que lleguen a 20 minutos los diálogos de la película, lo que hace que toda la fuerza, toda la fascinación venga dada por una imagen cuidada, impactante, magnética, que se queda grabada para siempre en nuestras retinas. A esto se suman unos efectos especiales (ideados por el propio Kubrick y Douglas Trumbull, que también fotografiaría y haría los fx de “Blade Runner”) que aún hoy mantienen el tipo.
Ninguna película ha hecho correr más ríos de tinta que esta. O se la ama o se la odia; ¡pero es imposible permanecer indiferente ante ella! Un guión maravilloso, basado en un relato corto de Arthur C. Clarke, nos lleva desde los albores de la humanidad (aprovechando para mostrarnos el primer asesinato de la historia) hasta un nuevo y inescudriñable amanecer. Entre estos dos extremos toda una descarga de imágenes, de una puesta en escena majestuosa, con un montaje que hace que la imagen te impregne, te lleve a reflexionar, pues en esta película Kubrick muestra todo, pero no explica nada (Clarke, cuando posteriormente hizo el libro se encargo de despejar en sus párrafos todos los misterios que contenía “2001”) y una música que trasciende su mero papel de acompañante hasta hacerte sentir la “sinfonía del universo” (Ningún director se acerca al manejo magistral que Kubrick siempre logró con sus bandas sonoras). La danza espacial al ritmo del “Danubio Azul”; la inmensidad y soledad del universo remarcado por las inspiradas notas de György Ligeti, o el archifamoso amanecer lunar al son de los compases de “Así habló Zarathustra” siguen resonando en nuestra memoria.
Punto y aparte merece el duelo de HAL 9000, quizá la parte más clásica de la película, pues puede ser contemplada cómo un sólido thriller de la máquina (es el personaje mejor construido, el más humano, y a la vez el más abstracto) contra el hombre.
Solemos llamar al cine “7º Arte”; pero hasta que no llego “2001” no podemos aplicar con justicia este término, pues sale del territorio de calificativos como magistral para situarse como “obra de arte”. Nada más y afortunadamente nada menos.
Strhoeimniano
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10
9 de septiembre de 2005
229 de 254 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una película desoladora, cruel, en la que el humor siempre presente en la obra de este autor queda descartado o, cuando aparece, lo hace acompañado de la amargura. Ficción y realidad (son numerosos los cameos, algunos crueles como el de Keaton, N. Olson –el Jesús de C.B. DeMille-, otros irónicos como el de Cecil. B. DeMille o el de H. Hooper) se dan aquí la mano para mostrarnos la historia de una antigua estrella del cine muda recluida en su anacrónica mansión y olvidada por ese público fiel que algún día la idolatró. A esa mansión llega un guionista perseguido por sus acreedores que comenzará a establecer una relación vampírica (será primero el guionista de “Salomé”, el “comeback” con el que quiere retornar la diva; pero acabará convertido en gigoló en un ciudad donde los sueños se mueven por dinero). Este argumento servirá para que Wilder y Brackett (será su última colaboración juntos y la mejor junto con “Ninotchka”; todo un hallazgo que la película sea narrada por un muerto) pasen revista con todo lujo de detalles y sin ahorrar en crueldades la naturaleza de esta industria de los sueños, que hace vivir a sus protagonistas en pos de una demanda siempre perpetua de carnea fresca, auténticas pesadillas.
Como no podía ser de otra forma en las películas del maestro, los diálogos sublimes, de esos que te quedan grabados en la memoria (“Yo soy grande, es el cine el que se hizo pequeño”; “No hay nada trágico en tener 50 años; a no ser que intente tener 25”; “Sr. De Mille, cuando quiera estoy lista”); pero aquí también cuidara en extremo la imagen, siempre más secundaria para autor como él. La secuencia de la piscina, la del rodaje de “Sansón y Dalila” con ese foco que la ilumina, o la secuencia final de la bajada de escaleras es una prueba de que nunca como en esta película Wilder cuido tanto la imagen, quizá por acercarse a las espléndidas estrellas del cine mudo (“figuras de cera”) que tan certeramente retrata.
El trío protagonista está en estado de gracia. Comenzando por la extraordinaria G.Swanson que dota a su gestualidad exagerada ese deje de locura en la que terminará su caída (maravillosa la secuencia en la que imita a Chaplin, o el primer plano final, con esa mirada que congela la sangre). Mi admiradísimo Erich V. Stroheim, aquí como criado y antiguo director (las imágenes que pasan para mostrar el esplendor de aquellos son de “La Reina Kelly”, película inconclusa producida por el amante de Swanson, J.P. Kennedy, y que supuso la expulsión definitiva de la industria de este GENIO), en una actuación contenida, sobria, pero profundamente humana. Para terminar el triángulo W. Holden, que borda a la perfección su figura cínica que no se redimirá la historia de ilusión y amor que sostiene con Betty Shaefer.
En resumen, “El Crepúsculo de los Dioses” es una genialidad de un maestro único que sí sabía hacer cine a lo grande. ¡¡Cuánto te echamos de menos Billy!!
Strhoeimniano
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10
10 de junio de 2005
205 de 226 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuesta creer que esta sea una película de la “Metro”. La soberana de las “majors”, con esa línea conservadora y amable dirigida a toda la familia, no era el vehículo más adecuado para dar lustre a una “rara avis” como “Freaks” (Mayer mandó, tras su estreno, retirar de todas las copias el logotipo de la MGM).
Esta película es un cuento cruel que deriva, hasta sumergirse, en el terror. Lo maravilloso de Tod Browning es que siguiendo al pie de la letra el clasicismo del terror, lo trastoca completamente para darnos una película de una modernidad asombrosa.
El terror nace de lo raro, de ese hecho excepcional que se vuelve intruso en la rutinaria normalidad. Esta regla básica presente en todas las películas de terror es aquí seguida al pie de la letra; sólo que en “La parada de los monstruos”, lo excepcional no son los “freaks”, sino la “normalidad” de la belleza y la fuerza de Cleopatra y Hércules, pues ellos son los anormales dentro de esta trouppe de “freaks”.
Así esta historia se desarrolla en dos partes casi simétricas: la primera parte, que podemos definir de cruel, mostraría la humillación de la belleza a la fealdad; la segunda, la terrorífica, desarrollaría la humillación de la fealdad a la belleza; pero con una pequeña diferencia: mientras que en la primera parte lo monstruoso se agazapa en lo bello (todas las humillaciones y el plan para asesinar y quedarse con la herencia); en la segunda, lo monstruoso es mostrado como un acto contra la crueldad de esa belleza que los ha excluido y marginado, tomando la venganza como un acto de hermandad.
Es curioso como Browning presenta estos dos mundos. Mientras que el de la fealdad tiene algo de paraíso perdido (la bellísima secuencia de presentación los “freaks” jugando en el bosque), el de la belleza está presentado desde la avaricia (Cleopatra y Hércules humillando al enano bien de palabra –“renacuajo”, “cagadita de mosca”, le llegan a llamar-, o por obra: Cleopatra esperando que el enano le ponga la bata); pero más magistral es cómo presenta el terror.
De nuevo el terror no surge por la naturaleza de estos “freaks”. La modernidad de Browning nos aclara que el terror es una cuestión de mirada… Puede que la normalidad domine la vida, o el aire como en el caso de la trapecista, pero el suelo, el suelo pertenece a los “freaks”… y es desde esa mirada baja desde donde controlarán toda la puesta en escena que a partir del banquete de bodas transformará la existencia de Cleopatra y Hércules en un tormento.
“Freaks” es una película extraña, fascinante, de una poética insólita. Una obra maestra excepcional e irrepetible.
Strhoeimniano
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10
2 de septiembre de 2005
217 de 255 usuarios han encontrado esta crítica útil
Minnesotta es un desierto de nieve en el que nunca pasa nada. Sobre ese blanco níveo, los hermanos Coen nos proponen un viaje salvaje, divertido y sangriento a una historia presentada bajo la premisa “basada en un hecho real”, pero enteramente concebida por estos inspirados hermanos.
Como en otras películas de su espléndida filmografía, un hecho mínimo va a desencadenar unas consecuencias devastadoras sobre los protagonistas. En este caso, W.H. Macy, que construye un personaje magnífico (es inocentón, apocado, un buen hombre con decisiones equivocadas...), quiere conseguir dinero para emprender un negocio y saldar sus deudas; como no podía ser de otra manera, su entorno es un nido de víboras (magistral Harve Presnell haciendo de suegro avaricioso) y para eso recurre a dos “profesionales” sin escrúpulos para que secuestren a su mujer: el estupendo S. Buscemi y P. Stomare.
La genialidad de esta película es que perteneciando por derecho propio al género negro, llega a él realizando una comedia despiada, rezumante de un humor negro desenfadado y estrambótico, mostrándonos a una galería de personajes que sólo pueden tener acomodo en un paisaje tan rural como el que me muestran en la película. De hecho, parte de la riqueza de esta película surge del hecho de constrastar la placidez de unos personajes (estupenda la secuencia en la que un vecino informa de la “gente rara” que vio; o la espléndida F. McDormand que compone una “policía” única en toda la historia del cine), sobre el temperamento más sanguinario y violento de otros. Una violencia bizarra que de todos modos siempre estará escoltada por la sonrisa.
Para eso, los hermanos Coen se valen de una realización muy estilizada (prodigiosos los travellings, los planos generales de esa Minnesotta helada, el maravilloso picado que muestra el enfado de Macy), con el manejo tan inspirado al que nos tienen acostumbrados.
Como no podía ser de otra manera, el reparto está sublime. La verdad es que no sabes a cuál destacar, pues el trío protagonista (Macy, McDormand y Buscemi) están llenos de tal autencidad que habla del prodigioso trabajo que realizan.
“Fargo” es una parada obligatoria, una cita maravillosa para todas las personas que crean que el cine es el arte más divertido del mundo.
Strhoeimniano
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10
26 de octubre de 2005
197 de 222 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aunque no pueda ser tomada como la 2ª parte de “Uno de los nuestros”, “Casino” es una continuación de esos chicos de la calle que, por una vez en la vida, toman las riendas de una ciudad soñada: Las Vegas. En si, esta película narra la transición entre dos mafias: desde la mafia que da origen a esta luminosa ciudad, hasta que las multinacionales, y con ellos los jubilados (maravillosa la irónica imagen final de esa excursión del Inserso invadiendo el casino), toman el relevo a esta gente de gatillo aún más rápido que un crupier con las cartas.
El genio de Scorsese vuelve a brillar con más esplendor que los neones que dan carácter a esta capital del juego. Uno de los planos iniciales ilustra un poco la intención de este autor: un plano aéreo de Las Vegas se dibuja en una noche oscura; las archifamosas luces dibujan sus calles; el plano continua su avance sumergiéndonos en la negrura, en ese desierto que guarda más de un secreto. Para eso, seguimos los avatares de “Ace” Rothstein (R. de Niro), un apostador profesional, casi un científico (no juega por placer) que puede hacer variar los pronósticos de todo el país; pero que hace una única apuesta mala: enamorarse de Ginger (S. Stone). Sobre esta historia de amor, el bisturí de Scorsese radiografía sin perder detalle, en ocasiones con una violencia arisca, todo el complicado engranaje sobre el que se sustentan estos centros de juego.
Como siempre, va bien escoltado. El guión es de N. Pieleggi (que coescribiera “Uno de...) & Scorsese; la fotografía, luminosa pero dramática de R. Richardson (director de la mayoría de las películas de O. Stone); el fantástico montaje, de su colaboradora más fiel, la montadora: T. Schoonmaker (están hechos el uno para el otro); la selección musical la realiza el propio Scorsese (sólo él y Kubrick tienen el poder de ajustar tan bien la banda sonora a la película); títulos: el último trabajo de S. Bass.
Un punto y aparte es el reparto, gran parte de él tomado en las mismas Vegas donde rodaba (sale también la madre de Scorsese bordando un papel de “mamma” en una de las pocas escenas de comedia que hay). ¿Qué decir del trío protagonista? La altura del tándem: Scorsese, de Niro, y Pesci ya la conocíamos de otras obras maestras; aquí vuelven a jugar fuerte y salen ganando la apuesta con todos los honores. Es fascinante ver como Pesci, que en otras películas está insufrible, con Scorsese su energía está más que redimida. Borda el papel. Pero esta cima tiene un nuevo huésped: S. Stone. Su interpretación es desgarradora, sentida, casi no interpreta: es Ginger, una buscona fascinante, enamorada del dinero y de un hombre equivocado (un chulo magníficamente interpretado por J. Woods), encerrada en una jaula de oro por R. de Niro; pero sin olvidar en ningún momento ese vuelo que la lleva a la autodestrucción.
En definitiva, “Casino” es esa mirada lúcida de un gran autor a un mundo que ya no existe, pero que con esta obra maestra queda para siempre grabada en nuestras retinas.
Strhoeimniano
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