Críticas ordenadas por utilidad
Movie added to list
Movie removed from list
An error occurred
Serie
2026Ira Parker (Creador), George R.R. Martin (Creador) ...
8
18 de enero de 2026
18 de enero de 2026
68 de 82 usuarios han encontrado esta crítica útil
Solo he visto dos episodios, pero ya puedo decir que El caballero de los Siete Reinos es exactamente lo que muchos necesitábamos sin saberlo: volver a Poniente sin la obligación de salvar el mundo. Menos dragones de póster, menos apocalipsis, menos “la profecía”, y más barro, pan duro, torneos, caminos y conversaciones que huelen a establo.
Lo que más me ha sorprendido —y lo digo como virtud— es el tono de comedia. No una comedia de chiste fácil, sino ese humor seco, humano, casi de buddy-movie, que nace de la torpeza social, de los malentendidos y del contraste entre la grandeza “caballeresca” y la realidad cutre del camino. Ese aire ligero la aleja de lo sombrío y de la gravedad constante del Game of Thrones más serio. Aquí hay peligro, sí, pero también hay sonrisas. Y eso refresca.
El mayor acierto es que la historia es pequeña, casi de sobremesa, y por eso funciona: engancha por simpatía. Dunk es un protagonista noble en el sentido clásico, pero no un santo: es un tipo grande, con códigos sencillos, que se mete en líos por decencia y por orgullo. Y Egg… ese escudero con cara de “yo sé más de lo que digo” es dinamita narrativa. Su presencia convierte cada escena en un juego de dobles lecturas, y la serie lo maneja con elegancia, sin subrayarlo como si el espectador fuera tonto.
Lo que más me ha sorprendido —y lo digo como virtud— es el tono de comedia. No una comedia de chiste fácil, sino ese humor seco, humano, casi de buddy-movie, que nace de la torpeza social, de los malentendidos y del contraste entre la grandeza “caballeresca” y la realidad cutre del camino. Ese aire ligero la aleja de lo sombrío y de la gravedad constante del Game of Thrones más serio. Aquí hay peligro, sí, pero también hay sonrisas. Y eso refresca.
El mayor acierto es que la historia es pequeña, casi de sobremesa, y por eso funciona: engancha por simpatía. Dunk es un protagonista noble en el sentido clásico, pero no un santo: es un tipo grande, con códigos sencillos, que se mete en líos por decencia y por orgullo. Y Egg… ese escudero con cara de “yo sé más de lo que digo” es dinamita narrativa. Su presencia convierte cada escena en un juego de dobles lecturas, y la serie lo maneja con elegancia, sin subrayarlo como si el espectador fuera tonto.

Peter Claffey
También me gusta cómo se respira el mundo: Poniente aquí no es un tablero épico, es un lugar donde la gente regatea, miente, come, sobrevive. La violencia no llega con música heroica: llega como una consecuencia. Y precisamente por eso, cuando aparece, pesa.
¿Pega? Que al ser una serie contenida, a veces se nota que se guarda el colmillo. Hay momentos donde uno pide un poco más de mala leche, o un ritmo ligeramente más afilado. Pero en estos dos primeros episodios ya se ve el camino: menos “historia del mundo” y más historia de personas.
De momento, me está gustando mucho. Si mantiene este equilibrio entre aventura y humor, puede ser la rama más simpática del universo: la que no va de oscura… va de cercana.
¿Pega? Que al ser una serie contenida, a veces se nota que se guarda el colmillo. Hay momentos donde uno pide un poco más de mala leche, o un ritmo ligeramente más afilado. Pero en estos dos primeros episodios ya se ve el camino: menos “historia del mundo” y más historia de personas.
De momento, me está gustando mucho. Si mantiene este equilibrio entre aventura y humor, puede ser la rama más simpática del universo: la que no va de oscura… va de cercana.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Atención al primer instante del segundo episodio. Historia de la TV!
31 de agosto de 2025
31 de agosto de 2025
65 de 86 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mike Flanagan y Stephen King firman aquí una elegía luminosa sobre la vida, el tiempo y la inevitabilidad. The Life of Chuck respira como un poema en tres actos que se descorchan al revés: empieza en el ocaso y retrocede hacia el origen, como si la memoria rebobinara para enseñarnos que lo cotidiano también es sobrenatural. La puesta en escena, precisa y contenida, se permite momentos de puro arrebato lírico (ese pasaje musicalizado que parece danzar con el destino) y confirma que Flanagan domina un registro que va mucho más allá del terror: el de la emoción adulta, tejida con silencios, miradas y pequeños milagros.
El relato apuesta por una estructura no lineal que nunca pierde el pulso. Cada capítulo abre una ventanita nueva al misterio de Chuck, y lo hace con una caligrafía visual que alterna lo íntimo y lo cósmico: habitaciones impregnadas de recuerdos, cielos que se abren como si fuesen páginas, fugas de color que invitan a leer los signos del mundo. No hay susto fácil: hay atmósfera, hay respiración, hay un tono de fábula contemporánea que logra ser emotivo sin volverse ñoño.
El relato apuesta por una estructura no lineal que nunca pierde el pulso. Cada capítulo abre una ventanita nueva al misterio de Chuck, y lo hace con una caligrafía visual que alterna lo íntimo y lo cósmico: habitaciones impregnadas de recuerdos, cielos que se abren como si fuesen páginas, fugas de color que invitan a leer los signos del mundo. No hay susto fácil: hay atmósfera, hay respiración, hay un tono de fábula contemporánea que logra ser emotivo sin volverse ñoño.

El reparto está espléndido. Tom Hiddleston compone a un Chuck de gestos mínimos y resonancia enorme; Mark Hamill, en clave de gravedad cálida, sostiene secuencias que podrían venirse abajo en manos menos finas; y el conjunto luce una química de compañía teatral. Pero el guiño más sabroso para el aficionado es ver cómo Flanagan convoca a su “familia” artística y los hace dialogar con el material de King. Regresan Kate Siegel, Samantha Sloyan, Rahul Kohli, Annalise Basso, Jacob Tremblay, Carl Lumbly, Michael Trucco, Heather Langenkamp, Matt Biedel, Sauriyan Sapkota, Violet McGraw y Saidah Arrika Ekulona—todos con pasado en el “Flanaverse”—y se suma Karen Gillan, que ya había trabajado con el director en Oculus. El efecto acumulado es doble: continuidad estilística y una paleta interpretativa ya afinada, lista para tocar la misma música con matices nuevos.
Flanagan vuelve a su tema favorito: lo fantasmagórico como metáfora de lo humano. Aquí los espectros no dan miedo; dan sentido. El fuera de campo está lleno de ausencias que nos miran, y el guion trata la finitud sin solemnidad, con una rara mezcla de humor, ternura y asombro. La partitura de The Newton Brothers subraya con sutileza, sostiene las transiciones temporales y le presta a la película un latido reconocible dentro de la obra del director.
Flanagan vuelve a su tema favorito: lo fantasmagórico como metáfora de lo humano. Aquí los espectros no dan miedo; dan sentido. El fuera de campo está lleno de ausencias que nos miran, y el guion trata la finitud sin solemnidad, con una rara mezcla de humor, ternura y asombro. La partitura de The Newton Brothers subraya con sutileza, sostiene las transiciones temporales y le presta a la película un latido reconocible dentro de la obra del director.

¿Imperfecciones? Algún remanso se estira un poco y el tramo final, deliberadamente suave, puede perder fuelle para quien espere un crescendo devastador. Aun así, lo que queda es poderosísimo: una pieza de género impuro (drama, fantasía, eco de sci-fi) que habla del final para celebrar el mientras tanto; una celebración de lo pequeño que, vista con distancia, revela una constelación.
Para quien haya seguido a Flanagan en Hill House, Bly Manor, Midnight Mass, The Midnight Club, Usher o Doctor Sleep, esta película es reconocimiento y viaje a la vez: la confirmación de que su cine ya no necesita del sobresalto para estremecer. Y para quien llegue de nuevas, es una puerta de entrada inmejorable a un autor que filma la vida como si fuese un secreto compartido.
Para quien haya seguido a Flanagan en Hill House, Bly Manor, Midnight Mass, The Midnight Club, Usher o Doctor Sleep, esta película es reconocimiento y viaje a la vez: la confirmación de que su cine ya no necesita del sobresalto para estremecer. Y para quien llegue de nuevas, es una puerta de entrada inmejorable a un autor que filma la vida como si fuese un secreto compartido.
MiniserieDocumental
2023Documental, Intervenciones de: José María García, Iñaki Gabilondo ...
7
29 de mayo de 2023
29 de mayo de 2023
24 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
Después de ver el primer capítulo, queda demostrado que esta serie es un documental de impecable factura, muy bien narrado y que explica una de las trayectorias profesionales más interesantes de las últimas décadas. Pero por encima, de todo es un canto de amor para todos los que amamos la radio, no sólo como medio de comunicación sino como parte de nuestras vidas.
Muchas personas robábamos horas al sueño mientras estudiábamos o desde la propia cama, escuchando con transistores de ridícula factura en la mayoría de las ocasiones, las emisiones diarias de la franja que iba de media noche a la una de la madrugada. Creada con "Hora 25" de Manuel Martín Ferrand en la SER, Jose María García creo una forma de narrar el deporte única. Nadie como él se metió con los medios, con el poder, con los jugadores apoltronados, sin ningún tipo de filtro. Una personalidad única, libre, que decía lo que pensaba y que creó el concepto "influencer" mucho antes de que tuviera nombre.
Muchas personas robábamos horas al sueño mientras estudiábamos o desde la propia cama, escuchando con transistores de ridícula factura en la mayoría de las ocasiones, las emisiones diarias de la franja que iba de media noche a la una de la madrugada. Creada con "Hora 25" de Manuel Martín Ferrand en la SER, Jose María García creo una forma de narrar el deporte única. Nadie como él se metió con los medios, con el poder, con los jugadores apoltronados, sin ningún tipo de filtro. Una personalidad única, libre, que decía lo que pensaba y que creó el concepto "influencer" mucho antes de que tuviera nombre.

La personalidad de José María García, su narcisismo de libro, su liderazgo natural, y su brillante mente innovadora, que revolucionó muchos aspectos del deporte, de la comunicación, de la sociedad española de la transición, queda reflejada perfectamente, no sólo en primera persona por el propio García, presente en el documental, sino con todos los colaboradores y personalidades invitadas al documental, que hacen un análisis exhaustivo excepcional, con personas que van desde proveedores que trabajaron con él, hasta celebridades cómo José Luis Garci y el propio José María Rajoy, que siempre ha estado vinculado al deporte (y ojalá se hubiera quedado en exclusiva en el deporte).
A lo largo del documental se retratan aspectos como el machismo de los medios en aquella época, el férreo control que ejercía José María en la Vuelta Ciclista a España y la forma que tenía de hacer las narraciones deportivas. Todo muy bien narrado, de manera no lineal (lo que le da más dinamismo).
A lo largo del documental se retratan aspectos como el machismo de los medios en aquella época, el férreo control que ejercía José María en la Vuelta Ciclista a España y la forma que tenía de hacer las narraciones deportivas. Todo muy bien narrado, de manera no lineal (lo que le da más dinamismo).

El hecho de que SuperGarcía esté presente en el documental le da un aire de "masajito en la espalda" al personaje que creó, en lugar de hacer una reflexión sobre cómo el personaje se comió al periodista, haciendo que la situación acabara en un situación sin salida.... Ver este documental podría llevar la conclusión de que es un personaje a seguir y todo un modelo de conducta. Nada más lejos de la realidad. Hay situaciones de vergüenza ajena que alguien con dos dedos de frente los hubiera evitado... pero Super García era Super García.
En un momento del documental dice "Sólo los tontos se quedan con lo bueno. Hay que quedarse con lo bueno y con lo malo". Esta es la mejor reflexión: Disfrutad del documental cómo es y no cómo os gustaría. Personalmente lo veo como un homenaje a aquella radio que de niños nos entretenía y nos informaba y que tan buenos ratos nos ha dado.
En un momento del documental dice "Sólo los tontos se quedan con lo bueno. Hay que quedarse con lo bueno y con lo malo". Esta es la mejor reflexión: Disfrutad del documental cómo es y no cómo os gustaría. Personalmente lo veo como un homenaje a aquella radio que de niños nos entretenía y nos informaba y que tan buenos ratos nos ha dado.
29 de enero de 2026
29 de enero de 2026
19 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
O Agente Secreto es una de esas películas que te obligan a volver. Yo tuve que verla dos veces, porque es compleja, y eso aquí es una virtud: no por enrevesada, sino por densa, por llena de capas, de detalles y de pequeñas conexiones que se entienden mejor cuando ya conoces el trayecto.
Lo primero que me desarmó fue el casting. Si existiera un Oscar solo para reparto —bien elegido, bien dirigido, bien encajado en la textura del mundo— esta película lo ganaría sin discusión. Hay una sensación rarísima de verdad: caras vividas, cuerpos que cuentan historia, secundarios que parecen existir antes de entrar en plano. No recuerdo haber visto algo tan afinado en mucho tiempo.
La película respira setentas por cada poro: sucia, política, policial, con ese aire de cine “de antes” donde el poder no se explicaba, se intuía; donde la violencia estaba en los pasillos, en las miradas, en los silencios. Un thriller que no va solo de atrapar a alguien, sino de retratar un sistema, una época, una moral oxidada.
Lo primero que me desarmó fue el casting. Si existiera un Oscar solo para reparto —bien elegido, bien dirigido, bien encajado en la textura del mundo— esta película lo ganaría sin discusión. Hay una sensación rarísima de verdad: caras vividas, cuerpos que cuentan historia, secundarios que parecen existir antes de entrar en plano. No recuerdo haber visto algo tan afinado en mucho tiempo.
La película respira setentas por cada poro: sucia, política, policial, con ese aire de cine “de antes” donde el poder no se explicaba, se intuía; donde la violencia estaba en los pasillos, en las miradas, en los silencios. Un thriller que no va solo de atrapar a alguien, sino de retratar un sistema, una época, una moral oxidada.

Y en el centro, Wagner Moura está genial: contenido, magnético, con esa mezcla de cansancio y lucidez que hace que cada escena tenga peso. No necesita grandes gestos: su presencia sostiene el tono y te arrastra por el barro con elegancia.
Lo que termina de hacerla especial son esos toques inesperados: el realismo mágico asomando como una grieta en la realidad, y el juego de cine dentro del cine, que funciona casi como un espejo deformado. Para mí es como un reverso sudoroso de Cinema Paradiso: no la nostalgia limpia del cine como refugio, sino el cine como aparato, como fantasía manchada, como escaparate dentro de un mundo que huele a calor, miedo y sudor.
No es una película fácil ni busca serlo. Pero cuando te entra, se queda. Y te deja con la sensación de haber visto un thriller político con oficio… y con algo más, algo raro, casi hipnótico.
Lo que termina de hacerla especial son esos toques inesperados: el realismo mágico asomando como una grieta en la realidad, y el juego de cine dentro del cine, que funciona casi como un espejo deformado. Para mí es como un reverso sudoroso de Cinema Paradiso: no la nostalgia limpia del cine como refugio, sino el cine como aparato, como fantasía manchada, como escaparate dentro de un mundo que huele a calor, miedo y sudor.
No es una película fácil ni busca serlo. Pero cuando te entra, se queda. Y te deja con la sensación de haber visto un thriller político con oficio… y con algo más, algo raro, casi hipnótico.
MiniserieDocumental
2026Documental, Intervenciones de: Marta Díaz
1
26 de enero de 2026
26 de enero de 2026
17 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Siendo Marta Díaz no me parece inocente. Me parece peligroso. No porque exista como producto —el dinero manda y la industria siempre ha vendido humo— sino por el nombre que se le pone. Llamar “documental” a lo que en la práctica es un publirreportaje emocional le hace un flaco favor al propio género: confunde al espectador, blanquea el formato y rebaja el listón de lo que debería significar “mirar la realidad”.
Aquí no hay investigación, ni contraste, ni preguntas incómodas. Hay relato controlado, brillo, curaduría, y una construcción de imagen que no busca entender a una persona, sino consolidar una marca. Y ese es el verdadero problema: no es que sea superficial (lo es), es que normaliza la superficialidad como aspiración vital, como si la relevancia fuera sinónimo de mérito.
Entiendo el mecanismo: el “yo” como empresa, la intimidad como contenido, la emoción como producto. Pero cuanto más lo envolvemos en estética de documental, más peligroso se vuelve, porque deja de parecer publicidad y empieza a parecer verdad. Y cuando eso se lo das a un público joven, el mensaje es devastador: que lo importante no es lo que haces, sino cómo lo empaquetas; que la vida no se vive, se monetiza.
Aquí no hay investigación, ni contraste, ni preguntas incómodas. Hay relato controlado, brillo, curaduría, y una construcción de imagen que no busca entender a una persona, sino consolidar una marca. Y ese es el verdadero problema: no es que sea superficial (lo es), es que normaliza la superficialidad como aspiración vital, como si la relevancia fuera sinónimo de mérito.
Entiendo el mecanismo: el “yo” como empresa, la intimidad como contenido, la emoción como producto. Pero cuanto más lo envolvemos en estética de documental, más peligroso se vuelve, porque deja de parecer publicidad y empieza a parecer verdad. Y cuando eso se lo das a un público joven, el mensaje es devastador: que lo importante no es lo que haces, sino cómo lo empaquetas; que la vida no se vive, se monetiza.

Lo peor es el poso: la sensación de que cada vez somos más superficiales, y de que el ecosistema influencer —con su obsesión por la imagen, el consumo y la validación— está generando una cultura con menos filtros y menos valores. Y sí: es inevitable pensar en lo que transmitimos a nuestros hijos. No por moralismo barato, sino por pura higiene social: si todo es escaparate, ¿qué queda cuando apagas la cámara?
Más sobre Capitan_Garcius
Cancelar
Limpiar
Aplicar
Filters & Sorts
You can change filter options and sorts from here
Canadá
México
UK
Irlanda
Australia
Argentina
Chile
Colombia
Uruguay
Paraguay
Perú
Ecuador
Venezuela
Costa Rica
Honduras
Guatemala
Bolivia
Rep. Dominicana



