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Críticas 648
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
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30 de septiembre de 2023
118 de 132 usuarios han encontrado esta crítica útil
'Aquel que dijo: más vale tener suerte que talento, conocía la esencia de la vida, la gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende la suerte, asusta pensar cuantas cosas escapan a nuestro control, en un partido hay momentos en que la pelota golpea el borde de la red, y durante una fracción de segundo puede seguir adelante, o caer hacia atrás, con un poco de suerte sigue hacia delante, y ganas, o no lo hace, y pierdes'

La caída de la Torres Gemelas, precipitó la marcha de Woody Allen a Europa, con una primera parada en Londres, para rodar la magnífica 'Match Point' (2005), título que daba inicio a una nueva etapa viajera en su cine, marcado igualmente por sus particulares obsesiones, pero con un giro creativo muy destacado, que tomaba como referencia aquel cine criminal, rodado entre los años 50 y 70 del Siglo pasado en el viejo continente.

No parece casualidad, que para este virtual testamento cinematográfico, Allen haya elegido la palabra suerte como parte del título, y motor de una historia que bien se puede emparejar a uno de los títulos más celebrados de este nuevo milenio, y de su filmografía en general, porque si bien se podía considerar a Match Point una versión más joven y dinámica de 'Delitos y Faltas' (1989), otro de sus trabajos más celebrados, Coup de Chance incide en ese concepto del azar, bajo el habitual envoltorio sofisticado de clase medio-alta, sobre la que suele desarrollar sus historias.
Rodada y ambientada en Paris, y planteando el clásico triángulo amoroso de celos e infidelidades, con la sombra de 'Crimen y Castigo' de Dostoyevski siempre presente, Allen plantea desde el primer minuto, una historia que parece avanzar algo apresurada, con escasas sorpresas para quien conoce su estilo y obra, y donde los diálogos, verdadero punto fuerte de su trabajo, parecen algo descuidados, y bastante más convencionales de lo habitual.

Pese a ello, siempre es fácil encontrar hallazgos narrativos y técnicos, en un trabajo que juega bien en primera mitad con el contraste entre lo bohemio, tan propio de la ciudad de las luces, y lo extremadamente lujoso, un punto donde contar con el maestro Vittorio Storaro en la fotografía, tan pendiente de iluminar el primer espectro interior con tonos cálidos, en contraste con la frialdad más aséptica de los escenarios opulentos, a lo cual se añade un exquisito gusto por los exteriores naturales, que plasman un otoño en París realmente deslumbrante, acaban por conjugar un paseo más que agradable y placentero, pese a no contar con la chispa habitual, por algunos de los lugares comunes en la obra del genio neoyorkino.
Del resto se encarga ese tránsito musical a ritmo de jazz tan reconocible, y un reparto cumplidor de rostros más bien desconocidos por estos lares, compuesto predominantemente por actores franceses, que por otra parte no deja de ser la bandera que porta el film, y cuya implicación resulta más esforzada por lo general, pese a algún destello genuino de sus principales protagonistas, que realmente acompasada con el texto siempre original y genuino que Allen expone.

Con todo, puede que este Golpe de Suerte no sea una de sus obras mas redondas, se nota un cansancio evidente de la fórmula, e incluso cierta torpeza a la hora de disfrazarla, algo que igualmente, no resta para dejar de considerar la cinta por encima de la media de productos de similares características, planteados casi siempre con bastante menos estilo y capacidad.

Finalmente, y cerca de sus noventa primaveras, el señor Allan Stewart Konigsberg se despide, con números redondos, y una de las filmografías más envidiables, longevas, y justamente veneradas de la historia del séptimo arte, con la que supone su película número cincuenta, sabedor de que el tiempo juega en su contra, pero satisfecho de haber podido demostrar con creces, gracias sobre todo a la suerte, el enorme talento que porta como cineasta, y que básicamente se resume, en haber sido uno de los escasos autores que ha sabido plasmar de forma legítima, la inteligencia en la gran pantalla.
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11 de octubre de 2014
174 de 275 usuarios han encontrado esta crítica útil
En ese universo de creadores cinematográficos contemporáneos, no hay muchos nombres que podamos destacar como verdaderos valores a los que poder defender con absoluta convicción y fidelidad. El norteamericano David Fincher es uno de ellos, su depurada técnica y su sentido visual son demoledores, y le convierten en uno de los escasos realizadores modernos indudablemente adelantados a su tiempo.

Dicho lo cual, se hace dolorosamente cuesta arriba verle al servicio de una historia tan poco estimulante, de esas que perfectamente podrían ser contadas en uno de esos telefilms baratos de sobremesa. Un mal endémico, el de los guiones mediocres, con el que suelen tropezar a veces los mejores directores.

"Perdida" está basada en un best seller de Gillian Flynn del mismo título, que tiene el dudoso honor de haber desbancado a "50 Sombras de Grey" de la parrilla de los más vendidos, y tampoco parece que la novela sea mejor de lo que se nos ofrece en pantalla, pues es su propia autora la que se encarga de adaptar el material al servicio de un film que posiblemente, solo sirva para alimentar el furor ciego de los más misóginos, o el fervor descontrolado de las feministas más convencidas.
Volviendo al medio televisivo, la película también evoca por momentos a una de esas intrigas que puede ofrecer cualquier serie criminal, lo que puede hacer plantearse a más de uno, si era necesario alargar un metraje hasta los 145 minutos, cuando en apenas un tercio de cualquier capitulo de aquellas, se puede contar lo mismo, e incluso con mayor efectividad.

En el reparto, Ben Affleck, ese actor torpón y de registros muy limitados, que no consigue convencer con su rol protagonista, y en todo momento recuerda su mejor faceta detrás de la cámara, donde ha demostrado, con apenas tres películas, mucha mayor solvencia que frente a ella.

Aunque seguramente, el mayor error de bulto del casting sea la presencia de Neil Patrick Harris, - aquel "Médico Precoz" de la TV, o más recientemente Barney en "Como conocí a vuestra madre" - en un papel dramático que suena a chufa, y que no hace sino elevar a disparatado el tono general de su argumento, acercándola a aquellas exitosas sombras literarias ya mencionadas.
Ben Affleck & Rosamund Pike
Como contrapunto positivo, las actrices Rosamund Pike, con una presencia magnética cuyo mejor punto a favor es una mirada inquietante, y Carrie Coon, la esforzada y sufridora hermana de Affleck, mejoran el nivel interpretativo, pese a estar sumidas en el citado caos narrativo por el que acaba despeñándose un film que, en resumidas cuentas, será recordado por no merecer a un director de la talla del maestro Fincher, a los mandos de un proyecto tan indigno de su talento.



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1 de diciembre de 2021
91 de 141 usuarios han encontrado esta crítica útil
Seguramente, la mejor película de lo que llevamos de siglo sea 'Pozos de Ambición' (2007), del maestro P.T. Anderson, una pieza de artesanía, dotada de una solemnidad extrema, que se atrevía a revertir los códigos de varios géneros, creando casi uno propio, a través de elementos técnicos novedosos, como el uso de una música experimental, retrocediendo al pasado para intensificar su inaudito e indomable carácter de modernidad, en un relato que expresa, desde el prodigio de todos los elementos que la forman como película, ese conflicto surgido en los albores de 1900 entre religión y capitalismo.

Tras varios años sin llamar mucho la atención, y nunca al nivel de los 90, la realizadora Jane Campion parece haber recuperado el aliento de 'El Piano', su obra más reconocible, para renombrar aquel estilo de intimidad dramática, a través de la adaptación en solitario la novela de Thomas Savage, ambientada en un rancho de Montana en 1925, donde los hermanos Burbank, Phil y George, van a entrar en disputa cuando el segundo se enamore de una viuda de un pueblo cercano.
No parece casualidad, tras contemplar la puesta en escena, y las formas tanto narrativas como visuales, que Campion asuma como referencia a Anderson, y tampoco debe serlo que tome prestado a Jonny Greenwood, guitarrista de Radiohead, y compositor habitual del realizador, para componer ese golpe de rabiosa contemporaneidad que persigue el relato, cuyo espectro tenebroso y simétrico, contempla los mismos códigos de ambición expuestos en aquel pozo.

Del reparto, señalar el póker de ases de unos muy implicados Jesse Plemons y Kirsten Dunst, portadores de una cálida timidez a los que se une Kodi Smith-McPhee, en un papel que requiere un extraño equilibrio emocional, y del que por suerte, consigue salir bastante airoso, mientras Benedict Cumberbatch realiza el papel de su vida, lo cual son palabras mayores, dando vida a Phil Burbank con inquietante templanza, sujeto a esporádicos estallidos de rabia, y esforzado al máximo para construir un personaje verdaderamente memorable.
Más allá de los logros interpretativos o técnicos, entre los que también destaca el excelente trabajo de fotografía de Ari Wegner, sumido en la nítida penumbra de los bellos paisajes oceánicos, unido a los interiores de tono aséptico, perfectos para fomentar el aislamiento, el triunfo del film viene de esa mirada de Campion desde la distancia, sin juzgar, lo que le permite deambular sobre los personajes, mostrando las complejas idiosincrasias inherentes a cada uno, que incluye algún perfil abstracto e incluso deformado, casi siempre retratado con pinceladas sutiles, algo que se extiende a una narración plagada de detalles, de esos que se hacen fuertes en el subconsciente una vez ha terminado la cinta.

Precisamente, y para terminar, este es uno de esos relatos cinéfilos que se engrandecen con el paso del tiempo, y se hacen fuertes con nuevos visionados, serán muchos lo que no regresen a ella, por su absoluta falta de comercialidad, los menos, descubrirán un trabajo íntimo que consigue acariciar las notas de lo solemne, con enorme sutileza y las suficientes dosis de talento, como para inscribir su nombre entre las películas contemporáneas, dotadas de una auténtica raza renovadora.



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20 de noviembre de 2025
47 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil
Entre los diferentes períodos de dictadura militar que afrontó Brasil durante el siglo pasado, el comprendido entre finales de 1960 y mediados de 1970, fue sin duda el más cruento y sanguinario, conocido como los 'Años de Plomo', estuvo caracterizado por una represión extrema, tras la suspensión de los derechos constitucionales, la libertad, y la consecuente persecución salvaje a todo opositor y disidente del régimen imperante.

A pesar del escenario adverso, existió una resistencia formada por grupos guerrilleros de izquierda, ciudadanos y activistas, como Marcelo, el protagonista de Agente Secreto, un profesor que regresa a la ciudad de Recife, buscando a su hijo pequeño tras la muerte de su esposa, pero cuyo pasado turbulento, le situará pronto en el radar de poderes fácticos a las que se enfrentó junto a su mujer, algo que va a poner en serio peligro su vida.

El realizador Kleber Mendoça Filho, aplica su habitual estilo costumbrista, al servicio de una historia impecablemente ambientada en ese Brasil de mediados de los setenta, y que ya desde el primer instante, con esa brillante escena de la gasolinera aislada por lo rural, muestra la preocupante deshumanización de un país tristemente acostumbrado a la violencia, y la corrupción imperante de los supuestos defensores de la ley y el órden.
En cualquier caso, el realizador no pretende estigmatizar el legado de su tierra, y esto se nota en el especial cariño que pone, tanto a las situaciones de pura cotidianeidad, como el que vuelca en la mayoría de los personajes, algunos de ellos entrañables y muy cercanos, en contraposición a los perfiles más duros, parte indivisible del relato criminal, que acompaña los pasos presentes y pasados de su protagonista.

En el apartado de denuncia política, más que hablar de un gobierno concreto, el film se centra en la división social entre ricos y pobres, o como el poder económico puede devorar la acción de lo público, atacando a la propia zona de investigación de una universidad, por mucho que su trabajo parezca contrastado y legítimo, algo que desgraciadamente siempre se encuentra de actualidad, y aunque parezca increíble, sin solución aparente debido a la dichosa polarización.

Sorprendentemente, y esto suele pasar en las buenas películas, este Agente Secreto lleva consigo un curioso homenaje cinéfilo, a títulos emblemáticos de mediados de los 70, tan reconocibles como Tiburón, o La Profecía, en ese momento único, en el que el cine de Hollywood ofreció al espectador el cambio del clásico al moderno, y el especial impacto que esto tuvo sobre la audiencia, y en general en la imaginación colectiva, aspecto muy bien capturado por Mendoça Filho desde casi los primeros compases, y extendido por las arterias del film como parte de su destacado carácter emotivo.
Finalmente, la penúltima reflexión es para un Wagner Moura superlativo, reciente ganador de la Palma de Oro al mejor actor por su papel de Marcelo, al que acompañan el de mejor director, y el prestigioso premio Fipresci, que entrega la prensa internacional en el marco del Festival galo. En la mirada del actor, entre la esperanza a veces, la tensión, o la propia pesadumbre, se encuentran muchas de las claves de un trabajo, que hay que reconocer que requiere de un esfuerzo por parte del espectador, para conectar todos los detalles de una historia aparentemente sencilla, pero con un fondo muy complejo, algo que precisamente, y gracias al equilibrio entre sus partes, unida a la minuciosidad del relato, acaban por manifestar a este Agente Secreto, como un ejercicio de gran altura cinematográfica.


[Películas del 35 Fancine: Festival de Cine Fantástico Universidad de Málaga]

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14 de febrero de 2021
51 de 67 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hace un tiempo que Hollywood abraza el Black Power cinematográfico, como parte de un plan de reparación y normalización, que como suele ocurrir con toda corriente, ha dejado una curiosa miscelanea, entre productos mediocres, ladrillos infumables, y alguna cinta interesante, que puede alcanzar lo memorable si sabe calibrar bien su carácter reivindicativo.

Conocedor de esa fórmula, el realizador Shaka King perpetra su particular infiltrados, ambientado a finales de los convulsos años 60 en la ciudad de Chicago, con los asesinatos de Malcom X y Martin Luther King muy recientes, prestos a incendiar el sentimiento de toda una comunidad, la afroamericana, muy tendente en dicho periodo, a escuchar los mensajes de rebeldía social y política, que portaban como organización aquellos peculiares Panteras Negras.

Como líder de dicha organización, Fred Hampton intenta unificar a los distintos grupos que configuran la ciudad del viento, sin saber que el FBI del ínclito J. Edgar Hoover, en complicidad con la policía local, anda tras sus pasos a punto de colocar un topo en el centro de su jerarquía organizativa.
Daniel Kaluuya
A partir de su propio guión, y basado en hechos reales, King descubre rápido sus cartas, recurre al modo documental y a cierto tono teatral, para desarrollar los diferentes perfiles humanos que concurren en la historia, casi todos al borde del abismo, alcanzando algún momento de tensión genuino, bien apoyado en la entrega y complicidad de sus principales interpretes.

Un trabajo predominantemente nocturno, que se beneficia del trabajo musical de Craig Harris y Mark Isham, en el que destacan los temas de jazz, dentro de un trabajo técnico correcto, con alguna filigrana visual, sustraída de una cuidada ambientación, que si bien no sirve para definirlo como un verdadero ejercicio de estilo, resulta competente en sus intenciones.

Del reparto, la mejor baza del film, destaca un Daniel Kaluuya vibrante, sobrado de energía, y que tras contemplar al verdadero Fred Hampton, aumenta el tamaño de su aportación, bien acompañado por Lakeith Stanfield, que hace muy suyas las dudas de un personaje contra la espada y la pared, y un Jesse Plemons siempre cumplidor, dando vida a un personaje que modula muy bien su tránsito, mientras navega por la corrupción de las altas esferas.
En contra, las relación emocional entre los personajes se toma demasiado tiempo para mostrarse concreta, especialmente en el aspecto romántico, retrasando innecesariamente la intensidad de sus mejores escenas, y lo peor, desviando en algún caso la atención de su tono revolucionario, un punto donde el film se hace verdaderamente relevante.

Finalmente, el retrato de King sobre la que posiblemente, haya sido la época más convulsa de los Estados Unidos, al menos en lo que se refiere a la reivindicación de los derechos civiles, contiene luces y sombras, pero se puede decir, volviendo a la reflexión original, que 'Judas and the Black Messiah es un trabajo interesante, sobre todo si se tiene en cuenta que cincuenta años después, su historia suena tristemente actual y cercana, algo que convierte su pertinente discurso en algo relativamente necesario.


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