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6 de octubre de 2024
6 de octubre de 2024
17 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sin más preámbulos, ya que la película trata sobre un caso de gran repercusión mediática en su día, vista en una sala de cine (por cierto, me sorprendió muy gratamente lo bien trabajado que está el sonido, chapeau! Se entendía to-do claramente, sin ruidos y/o malas vocalizaciones) me parece una obra sólida, madura y valiente, que va de menos a más y mira desde una perspectiva diferente a la del cine social clásico, puesto que las claves de esta crónica documental -a veinte años vista-, son varios círculos concéntricos constriñendo el microcosmos de la mujer acosada y atrapada en un ambiente laboral tóxico, territorio machista del poder político casi inexpugnable, dentro a su vez de una familia conservadora y todo ello sellado en una sociedad tan cerrada, que aún a día de hoy la sigue demonizando... Además está el círculo más subjetivo y letal: el magnético carisma de Nevenka y su complejísima personalidad, su peor enemigo, que la consume, la bloquea y casi la autodestruye; el último grillete que consigue romper, que le devolverá la fuerza, la dignidad para ser libre, reconciliarse con ella misma, saber perdonarse por ser joven y equivocarse, algo tan simple como honesto, en definitiva.

El planteamiento es correcto, descriptivo y sobrio, con una muy buena puesta en escena, que nos hace sentirnos asfixiados junto a ella dentro de esas trampas claustrofóbicas.
Es a partir de llegar al nudo narrativo, cuando la cinta cobrará pulso y ritmo interno, en la segunda mitad del metraje, e irá in crescendo, asentándose desde el clímax hasta el desenlace, logrando emocionar e incluso conmover en algunos momentos, sin trucos fáciles ni juicios de valor, cuando la frágil Nevenka se rebela y nos pondrá de su parte por pura empatía emocional.
Un elenco sobresaliente, la lograda ambientación, atmósfera visual y narrativa tan gris y desesperante -a veces con un halo gélido a lo Von Trier-, la banda sonora con presencia medida, el savoir faire y la narrativa limpia de una cineasta consagrada que ha trazado su carrera con paso firme y compromiso social, sobre todo hacia la mujer y los universos femeninos, terminan de perfilar una interesante cinta, tal vez menor -o sin grandes pretensiones-, pero más que digna, bien contada y con la duración justa.
Es a partir de llegar al nudo narrativo, cuando la cinta cobrará pulso y ritmo interno, en la segunda mitad del metraje, e irá in crescendo, asentándose desde el clímax hasta el desenlace, logrando emocionar e incluso conmover en algunos momentos, sin trucos fáciles ni juicios de valor, cuando la frágil Nevenka se rebela y nos pondrá de su parte por pura empatía emocional.
Un elenco sobresaliente, la lograda ambientación, atmósfera visual y narrativa tan gris y desesperante -a veces con un halo gélido a lo Von Trier-, la banda sonora con presencia medida, el savoir faire y la narrativa limpia de una cineasta consagrada que ha trazado su carrera con paso firme y compromiso social, sobre todo hacia la mujer y los universos femeninos, terminan de perfilar una interesante cinta, tal vez menor -o sin grandes pretensiones-, pero más que digna, bien contada y con la duración justa.

Muy recomendable.
Creo que impresiona y emociona tanto si se conoce el caso como si no; ya es un hito universal y atemporal; para mí, una misión de justicia social y poética cumplida; tenía que hacerse esta película, porque a todas, de una forma u otra en algún momento, nos ha tocado ser Nevenka y, por fortuna, esa película la ha hecho posible Icíar Bollaín.
Enhorabuena y gracias a las dos.
Creo que impresiona y emociona tanto si se conoce el caso como si no; ya es un hito universal y atemporal; para mí, una misión de justicia social y poética cumplida; tenía que hacerse esta película, porque a todas, de una forma u otra en algún momento, nos ha tocado ser Nevenka y, por fortuna, esa película la ha hecho posible Icíar Bollaín.
Enhorabuena y gracias a las dos.
9 de octubre de 2024
9 de octubre de 2024
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Traspasando una Cuarta Pared dinamitada de antemano nos colamos vertiginosamente, entre múltiples membranas de hipertextualidad, hasta dentro del set y mucho más allá del off fílmico en esta segunda versión cinematográfica de Irma Vep en modo oriental y postmoderno, reencarnada en la irresistible Maggie Cheung ("Deseando amar", Wong Kar-Wai, 2000) interpretándose a sí misma, con enigmático look de villana sexy escapada de un videojuego.
Remake de "Les Vampires", el serial de Feuillade de principios del pasado siglo, donde tanto el director real, como el ficticio -casi indivisibles-, rinden homenaje a una legendaria Musidora envuelta en seda ajustada semitransparente. El terciopelo glam del nuevo milenio entreteje el negro maillot de Alicia Vikander -tercera Irma felina ya en la serie televisiva-, donde quizás por fin Assayas se haya desquitado del exiguo presupuesto disponible en el 96 para éste, su largometraje experimental satírico de finales del siglo XX en sus últimos coletazos, aún transgresores, de aquella era fetichista del látex.
Maggie Cheung, intrépida estrella del cine de artes marciales -pese a contar con una doble de acción-, vuelve a brillar en su último hit oriental recién estrenado y archipremiado.
Ahora, La Cheung es objeto de deseo fílmico del neurótico director galo René Vidal (álter ego de Assayas interpretado por un veterano Jean-Pierre Léaud, el chico inolvidable de "Les 400 coups"), quien la elige para encarnar a la vamp apache en la ficción, dentro de otra ficción.
Maggie se presenta intrigada para rodar en París "nosesabequé" sin hablar ni una palabra de francés, comunicándose con el equipo en su inglés básico con marcado acento de Hong Kong.
Algo desconcertada, aunque también receptiva y cordial, intenta aclimatarse estoicamente a un rodaje conflictivo al borde del caos, que ya arrastra mucho retraso y donde sólo Vidal sabe el porqué de la elección de una actriz china para el papel de la legendaria diva francesa; en paralelo, allá al otro lado del espejo en la vida real, Assayas y Cheung llegarían a casarse...
En esta versión del 96 se van superponiendo filmes en guiños obsesivos de metacine: el original "Les Vampires" y sus remakes, en rodajes concéntricos; la película marcial hongkonesa donde la musa protagonista inspira a Vidal; el alma de "La nuit americaine", de Truffaut, como telón de fondo -Assayas fue crítico cahierista en los últimos tiempos de La Nouvelle Vague- y aún hay que añadir el corto surrealista, en sentido estricto, que cierra el filme-.
Sin entrar en más detalles que desvelen tramas y subtramas que el serial en emisión retoma de esta película, concluiré con la especie de cortometraje mudo y monocromo experimental en homenaje a Musidora -bautizada como "La Décima Musa" por los surrealistas-, que monta el director Vidal/Assayas a base de ingenio creativo, para cerrar el filme, donde la Irma de Hong Kong lanza rayos por sus ojos, mientras ensaya acrobacias. Cada vez más esquemática, la pantalla acaba mostrando sólo símbolos geométricos grabados manualmente a punzón sobre la emulsión del celuloide en exquisitos grafismos. Es un homenaje a la obra cinematográfica dadaísta de Marcel Duchamp y al surrealismo fotográfico de Man Ray y sus Rayographs (rayogramas) de 1922, corrientes hermanadas con las que ambos jugaron.
El filme conceptual en clave de comedia se va haciendo más abstracto e hipnótico en su recorrido, mientras establece un debate reflexivo sobre el cine universal y su legado, eso sí, con grandes dosis de humor y estética de un magnetismo brutal. La obra pone en tela de juicio, en pura autocrítica e ingeniosos diálogos, el cine francés intelectualoide y demodé en comparación con otras cinematografías de un mundo globalizado, por aquel entonces emergente.
La banda sonora tiene momentos gloriosos con Sonic Youth y el “Bonnie and Clyde” a dúo de Serge Gainsbourg y Brigitte Bardot.
Remake de "Les Vampires", el serial de Feuillade de principios del pasado siglo, donde tanto el director real, como el ficticio -casi indivisibles-, rinden homenaje a una legendaria Musidora envuelta en seda ajustada semitransparente. El terciopelo glam del nuevo milenio entreteje el negro maillot de Alicia Vikander -tercera Irma felina ya en la serie televisiva-, donde quizás por fin Assayas se haya desquitado del exiguo presupuesto disponible en el 96 para éste, su largometraje experimental satírico de finales del siglo XX en sus últimos coletazos, aún transgresores, de aquella era fetichista del látex.
Maggie Cheung, intrépida estrella del cine de artes marciales -pese a contar con una doble de acción-, vuelve a brillar en su último hit oriental recién estrenado y archipremiado.
Ahora, La Cheung es objeto de deseo fílmico del neurótico director galo René Vidal (álter ego de Assayas interpretado por un veterano Jean-Pierre Léaud, el chico inolvidable de "Les 400 coups"), quien la elige para encarnar a la vamp apache en la ficción, dentro de otra ficción.
Maggie se presenta intrigada para rodar en París "nosesabequé" sin hablar ni una palabra de francés, comunicándose con el equipo en su inglés básico con marcado acento de Hong Kong.
Algo desconcertada, aunque también receptiva y cordial, intenta aclimatarse estoicamente a un rodaje conflictivo al borde del caos, que ya arrastra mucho retraso y donde sólo Vidal sabe el porqué de la elección de una actriz china para el papel de la legendaria diva francesa; en paralelo, allá al otro lado del espejo en la vida real, Assayas y Cheung llegarían a casarse...
En esta versión del 96 se van superponiendo filmes en guiños obsesivos de metacine: el original "Les Vampires" y sus remakes, en rodajes concéntricos; la película marcial hongkonesa donde la musa protagonista inspira a Vidal; el alma de "La nuit americaine", de Truffaut, como telón de fondo -Assayas fue crítico cahierista en los últimos tiempos de La Nouvelle Vague- y aún hay que añadir el corto surrealista, en sentido estricto, que cierra el filme-.
Sin entrar en más detalles que desvelen tramas y subtramas que el serial en emisión retoma de esta película, concluiré con la especie de cortometraje mudo y monocromo experimental en homenaje a Musidora -bautizada como "La Décima Musa" por los surrealistas-, que monta el director Vidal/Assayas a base de ingenio creativo, para cerrar el filme, donde la Irma de Hong Kong lanza rayos por sus ojos, mientras ensaya acrobacias. Cada vez más esquemática, la pantalla acaba mostrando sólo símbolos geométricos grabados manualmente a punzón sobre la emulsión del celuloide en exquisitos grafismos. Es un homenaje a la obra cinematográfica dadaísta de Marcel Duchamp y al surrealismo fotográfico de Man Ray y sus Rayographs (rayogramas) de 1922, corrientes hermanadas con las que ambos jugaron.
El filme conceptual en clave de comedia se va haciendo más abstracto e hipnótico en su recorrido, mientras establece un debate reflexivo sobre el cine universal y su legado, eso sí, con grandes dosis de humor y estética de un magnetismo brutal. La obra pone en tela de juicio, en pura autocrítica e ingeniosos diálogos, el cine francés intelectualoide y demodé en comparación con otras cinematografías de un mundo globalizado, por aquel entonces emergente.
La banda sonora tiene momentos gloriosos con Sonic Youth y el “Bonnie and Clyde” a dúo de Serge Gainsbourg y Brigitte Bardot.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Zoé (Nathalie Richard), encargada del vestuario y proveedora de hierba para el solaz del equipo fílmico, prueba a Maggie el asfixiante mono de látex, -máscara facial incluida-, adquirido en un sex-shop. El cuerpo escultural de la bella oriental se constriñe dentro de la provocativa prenda con resignación, dejando al descubierto sólo sus ojos rasgados a través de dos agujeros mínimos. Sin duda, un atuendo inspirado, principalmente, en el serial Fantômas (1913), del mismo Feuillade.
Maggie y Zoe congenian cabalgando juntas en la vespa de la locuela francesa por todo Paris-La Nuit. La sastra se va enamorando de la China Girl e incluso llega a declararse a una Maggie atónita, aunque tolerante y divertida.
El rodaje sigue adelante a trompicones. Vidal necesita medicación psicotrópica. Le acucia una gran inseguridad en torno al metraje filmado, material por el que los productores tampoco apuestan en absoluto. Pintan bastos.
Sin embargo, Maggie no ha dejado de confiar en el proyecto de Vidal, comprendiéndolo a su manera y llegando a identificarse tanto con su rol que, una noche lluviosa, parece poseída por el espíritu de Musidora y recorre sigilosamente los pasillos del hotel donde se hospeda, hasta dar con una habitación abierta, donde una mujer desnuda sentada en el suelo está abducida por una animada charla telefónica. La sombra de Maggie/Musidora/Irma aprovecha para sustraerle subrepticiamente un collar de pedrería de encima de la cómoda casi en sus propias narices. Luego trepará como una gata siamesa a los tejados con su trofeo de urraca y la lluvia acabará por arrastrar el collar al vacío, como en un sueño... Esta secuencia onírica, sólo para los ojos de Maggie y los nuestros sería, en esencia, la película que probablemente Vidal habría querido rodar; así como Assayas, en un juego de reflejos en loop, también anhelaba por entonces algo similar en su filme, consiguiendo tal vez ahora cristalizarlo con más madurez y también más medios en su mágica película-telenovela, la brillante serie televisiva Irma Vep.
Maggie y Zoe congenian cabalgando juntas en la vespa de la locuela francesa por todo Paris-La Nuit. La sastra se va enamorando de la China Girl e incluso llega a declararse a una Maggie atónita, aunque tolerante y divertida.
El rodaje sigue adelante a trompicones. Vidal necesita medicación psicotrópica. Le acucia una gran inseguridad en torno al metraje filmado, material por el que los productores tampoco apuestan en absoluto. Pintan bastos.
Sin embargo, Maggie no ha dejado de confiar en el proyecto de Vidal, comprendiéndolo a su manera y llegando a identificarse tanto con su rol que, una noche lluviosa, parece poseída por el espíritu de Musidora y recorre sigilosamente los pasillos del hotel donde se hospeda, hasta dar con una habitación abierta, donde una mujer desnuda sentada en el suelo está abducida por una animada charla telefónica. La sombra de Maggie/Musidora/Irma aprovecha para sustraerle subrepticiamente un collar de pedrería de encima de la cómoda casi en sus propias narices. Luego trepará como una gata siamesa a los tejados con su trofeo de urraca y la lluvia acabará por arrastrar el collar al vacío, como en un sueño... Esta secuencia onírica, sólo para los ojos de Maggie y los nuestros sería, en esencia, la película que probablemente Vidal habría querido rodar; así como Assayas, en un juego de reflejos en loop, también anhelaba por entonces algo similar en su filme, consiguiendo tal vez ahora cristalizarlo con más madurez y también más medios en su mágica película-telenovela, la brillante serie televisiva Irma Vep.
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