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Serie
2025Matt Duffer (Creador), Ross Duffer (Creador) ...
6
6 de enero de 2026
6 de enero de 2026
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Stranger Things es una serie que engancha por todo lo que la rodea: la nostalgia ochentera, una banda sonora impecable, un pueblo en el que cualquiera querría vivir y un grupo de amigos que todos desearíamos tener. Precisamente ahí reside su mayor virtud: el elenco de protagonistas.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Dustin lo resume a la perfección en su discurso final de graduación, cuando habla del “caos bueno”. Ese caos que, a lo largo de la serie, ha permitido que un grupo de personas tan distintas converjan, trabajen juntas y forjen una amistad vitalicia que, de otro modo, nunca habría existido. De todo lo malo siempre puede salir algo bueno.
Entrando en el meollo de la cuestión, la última temporada se sostiene, en gran medida, gracias a su última media hora. El primer volumen resulta excesivamente largo para lo poco que acaba aportando en comparación con el segundo, generando unas expectativas muy altas que después se resuelven de forma precipitada y, en algunos momentos, poco cuidada.
El capítulo siete es clave dentro de toda la serie, ya que en él se explica el origen de la trama y lo que realmente ha ocurrido en Hawkins. Sin embargo, en su momento culminante se introduce una escena que, a mi juicio, resulta fuera de lugar: la confesión de la homosexualidad de Will como acto de liberación para enfrentarse a Vecna. Algo que el espectador ya intuía claramente desde la segunda temporada. La escena pretende ser rompedora y contribuir a la normalización de una realidad que aún supone un paso difícil para muchas personas, y eso es positivo. No obstante, el problema no es el qué, sino el cuándo. El contexto elegido hace que la escena parezca forzada, casi introducida con calzador para cumplir una cuota de “igualdad”, restándole naturalidad y fuerza emocional.
Entrando en el meollo de la cuestión, la última temporada se sostiene, en gran medida, gracias a su última media hora. El primer volumen resulta excesivamente largo para lo poco que acaba aportando en comparación con el segundo, generando unas expectativas muy altas que después se resuelven de forma precipitada y, en algunos momentos, poco cuidada.
El capítulo siete es clave dentro de toda la serie, ya que en él se explica el origen de la trama y lo que realmente ha ocurrido en Hawkins. Sin embargo, en su momento culminante se introduce una escena que, a mi juicio, resulta fuera de lugar: la confesión de la homosexualidad de Will como acto de liberación para enfrentarse a Vecna. Algo que el espectador ya intuía claramente desde la segunda temporada. La escena pretende ser rompedora y contribuir a la normalización de una realidad que aún supone un paso difícil para muchas personas, y eso es positivo. No obstante, el problema no es el qué, sino el cuándo. El contexto elegido hace que la escena parezca forzada, casi introducida con calzador para cumplir una cuota de “igualdad”, restándole naturalidad y fuerza emocional.

Otro de los grandes fallos del segundo volumen es la batalla final. ¿Dónde están los demogorgons? Tras toda una serie construyendo su amenaza, desaparecen en el momento clave. Vecna, además, es derrotado con demasiada facilidad para todo el hype generado en el primer volumen. Resulta incoherente que cientos de militares armados hasta los dientes no consigan acabar con un solo demogorgon, mientras que un grupo de adolescentes logra derrotar al Azotamentes con fuego, unas puñaladas y unos cuantos disparos. Estas incongruencias narrativas rompen la suspensión de la incredulidad y generan frustración.
Aun así, todo queda parcialmente eclipsado por esa última media hora tan bien construida. El final es coherente con la esencia de la serie: el grupo se separa, como ocurre en la vida real, cada uno toma su propio camino, pero todos comparten una experiencia traumática que los ha marcado para siempre, ese “caos bueno” del que hablaba Dustin. Y es ahí donde Stranger Things vuelve a brillar: en su capacidad para hacernos conectar con los personajes, que, al final, ha sido siempre lo mejor de la serie.
Aun así, todo queda parcialmente eclipsado por esa última media hora tan bien construida. El final es coherente con la esencia de la serie: el grupo se separa, como ocurre en la vida real, cada uno toma su propio camino, pero todos comparten una experiencia traumática que los ha marcado para siempre, ese “caos bueno” del que hablaba Dustin. Y es ahí donde Stranger Things vuelve a brillar: en su capacidad para hacernos conectar con los personajes, que, al final, ha sido siempre lo mejor de la serie.
5
6 de enero de 2026
6 de enero de 2026
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Memento es una de esas películas que te dejan en tierra de nadie: o la consideras una genialidad absoluta o sales con la sensación de haber visto algo pretencioso y tramposo. Y lo curioso es que ambas lecturas pueden ser correctas al mismo tiempo. Christopher Nolan no solo cuenta una historia, sino que diseña una experiencia mental que replica el estado del protagonista, y ahí está tanto su mayor virtud como su principal problema.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
De primeras, Memento es profundamente frustrante. La narrativa inversa, los saltos constantes y la falta de referencias claras hacen que seguir la trama sea agotador. No es una película “difícil” en el sentido intelectual clásico, sino desorientadora. El espectador nunca tiene el control, y eso genera rechazo. El final abrupto no ayuda: cuando parece que por fin vas a agarrar algo sólido, la película se corta y te deja solo con tus dudas. Es normal acabar decepcionado en un primer visionado.
Sin embargo, cuanto más piensas la película, más sentido cobra su locura interna. Nolan no quiere que entiendas todo a la primera; quiere que te sientas como Leonard. Si la historia estuviera contada de forma lineal, empatizar con él sería imposible. En cambio, al obligarte a reconstruir los hechos a posteriori, la película te convierte en cómplice de su confusión y de su autoengaño.
Sobre las supuestas “lagunas” del guion, muchas son ambiguas a propósito. La muerte de la esposa de Leonard es el mejor ejemplo. Todo apunta a que murió por una sobredosis accidental de insulina provocada por el propio Leonard, pero esta verdad es tan insoportable para él que necesita borrarla. Teddy no mata a la esposa; lo que hace es algo más retorcido: aprovecharse del vacío mental de Leonard. Su culpa no viene tanto de no haber resuelto el caso como de haber entendido que Leonard necesita una mentira para seguir viviendo. Teddy es corrupto, sí, pero sobre todo es cínico: sabe que la verdad no sirve de nada cuando el protagonista es incapaz de recordarla.
Sin embargo, cuanto más piensas la película, más sentido cobra su locura interna. Nolan no quiere que entiendas todo a la primera; quiere que te sientas como Leonard. Si la historia estuviera contada de forma lineal, empatizar con él sería imposible. En cambio, al obligarte a reconstruir los hechos a posteriori, la película te convierte en cómplice de su confusión y de su autoengaño.
Sobre las supuestas “lagunas” del guion, muchas son ambiguas a propósito. La muerte de la esposa de Leonard es el mejor ejemplo. Todo apunta a que murió por una sobredosis accidental de insulina provocada por el propio Leonard, pero esta verdad es tan insoportable para él que necesita borrarla. Teddy no mata a la esposa; lo que hace es algo más retorcido: aprovecharse del vacío mental de Leonard. Su culpa no viene tanto de no haber resuelto el caso como de haber entendido que Leonard necesita una mentira para seguir viviendo. Teddy es corrupto, sí, pero sobre todo es cínico: sabe que la verdad no sirve de nada cuando el protagonista es incapaz de recordarla.

Guy Pearce
Natalie funciona de manera similar. Su comportamiento puede parecer inverosímil —acepta demasiado rápido a Leonard, se aprovecha de él y mantiene una relación física sin demasiada lógica emocional—, pero de nuevo la clave no está en el realismo psicológico clásico, sino en el punto de vista. Leonard es una herramienta para ella, igual que lo es para Teddy. En un mundo donde nadie recuerda nada, todos usan a todos. Natalie no es un personaje profundo ni pretende serlo: es otro espejo de cómo el entorno explota la vulnerabilidad del protagonista.
Memento no es una película perfecta. Hay decisiones que pueden sentirse forzadas y personajes que existen más como funciones narrativas que como personas reales. Pero su planteamiento es tan potente que eclipsa muchas de sus debilidades. Es una obra que mejora con cada revisionado, no porque se vuelva más clara, sino porque empiezas a aceptar que la confusión no es un fallo, sino el mensaje.
Quizá no sea una obra maestra inmediata. Quizá, en frío, incluso pueda parecer un desastre. Pero pocas películas consiguen que el espectador dude tanto de lo que ve, de lo que cree y de lo que necesita creer. Y solo por eso, Memento sigue siendo una de las propuestas más arriesgadas e influyentes del cine moderno.
Memento no es una película perfecta. Hay decisiones que pueden sentirse forzadas y personajes que existen más como funciones narrativas que como personas reales. Pero su planteamiento es tan potente que eclipsa muchas de sus debilidades. Es una obra que mejora con cada revisionado, no porque se vuelva más clara, sino porque empiezas a aceptar que la confusión no es un fallo, sino el mensaje.
Quizá no sea una obra maestra inmediata. Quizá, en frío, incluso pueda parecer un desastre. Pero pocas películas consiguen que el espectador dude tanto de lo que ve, de lo que cree y de lo que necesita creer. Y solo por eso, Memento sigue siendo una de las propuestas más arriesgadas e influyentes del cine moderno.
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