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19 de septiembre de 2025
19 de septiembre de 2025
33 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ver esta película me ha servido para resolver un misterio: de los Coen, el bueno era Joel. Ethan era el hermano que en los cumpleaños te regalaba calcetines. Siempre hay un desequilibrio en estas parejas creativas: Liam es mejor que Noel, Michael Jackson no necesitaba a Jermaine, y si me apuras, hasta Mario siempre fue más que Luigi.
Honey Don’t deja claras sus intenciones desde el minuto uno: sexo barato, vulgaridad a granel, gore de saldo y diálogos que creen ser ingeniosos por el simple hecho de ser cínicos. Ethan, al parecer, decidió que la fórmula perfecta era mezclar comedia negra de serie B con thriller detectivesco, y salió un cóctel que ni en un bar de carretera pasada la medianoche.
La trama juega a los malabares con un automovilista muerto, un adolescente desaparecido, un romance lésbico, una iglesia corrupta y hasta un anillo de crimen francés, todo hilado con la coherencia narrativa de un PowerPoint mal guardado. En un momento, incluso intentan relacionar al adolescente con la iglesia soltando un “no lo sé, quizá pregúntale allí”. Guion digno de chat grupal, no de un cineasta que alguna vez firmó No es país para viejos.
Honey Don’t deja claras sus intenciones desde el minuto uno: sexo barato, vulgaridad a granel, gore de saldo y diálogos que creen ser ingeniosos por el simple hecho de ser cínicos. Ethan, al parecer, decidió que la fórmula perfecta era mezclar comedia negra de serie B con thriller detectivesco, y salió un cóctel que ni en un bar de carretera pasada la medianoche.
La trama juega a los malabares con un automovilista muerto, un adolescente desaparecido, un romance lésbico, una iglesia corrupta y hasta un anillo de crimen francés, todo hilado con la coherencia narrativa de un PowerPoint mal guardado. En un momento, incluso intentan relacionar al adolescente con la iglesia soltando un “no lo sé, quizá pregúntale allí”. Guion digno de chat grupal, no de un cineasta que alguna vez firmó No es país para viejos.

Margaret Qualley
Lo peor es que parece una especie de “Lesbian Big Lebowski”, pero sin entender nada de lo que hace que Lebowski o Fargo funcionen. En sus otras películas, lo que aparenta ser azar termina teniendo sentido; incluso las escenas más sueltas son puntuaciones llenas de personalidad. Aquí no hay azar aparente ni ironía dramática: es simplemente un recorrido mecánico de A a B a C hasta un final hueco. Da la impresión de ser la imitación torpe de alguien convencido de que bastan escenas violentas y personajes estrafalarios para capturar esa química irreproducible.
Ni el “twist” final tiene otro mérito que ser un cliché sin sentido. Y el monólogo del villano, directamente, es material de antología del disparate: uno de los peores intentos de razonamiento criminal que he escuchado en años.
El retrato de una protagonista lesbiana se contamina con la peor versión de mirada masculina, y las subtramas se evaporan como si Thanos hubiera chasqueado los dedos. El antagonista de Chris Evans es un fantasma que pasa por ahí, para luego quedarse en… absolutamente nada. Y el supuesto comentario social sobre la América profunda es tan elaborado como un tuit de tres palabras.
Ni el “twist” final tiene otro mérito que ser un cliché sin sentido. Y el monólogo del villano, directamente, es material de antología del disparate: uno de los peores intentos de razonamiento criminal que he escuchado en años.
El retrato de una protagonista lesbiana se contamina con la peor versión de mirada masculina, y las subtramas se evaporan como si Thanos hubiera chasqueado los dedos. El antagonista de Chris Evans es un fantasma que pasa por ahí, para luego quedarse en… absolutamente nada. Y el supuesto comentario social sobre la América profunda es tan elaborado como un tuit de tres palabras.
En fin, siempre nos quedarán Fargo, El Gran Lebowski, No es País para Viejos, etc.
7 de febrero de 2026
7 de febrero de 2026
21 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nadie, absolutamente nadie, duda del par de huevos que le ha echado Panahi para sacar adelante esta película, grabada a escondidas en un país donde no es bien recibido. Dicho lo cual, esto no significa automáticamente que sea una obra maestra. Logan Paul también tuvo coraje grabando en el bosque de los suicidios de Japón, y eso no hizo que su contenido fuera éticamente válido o artísticamente valioso.
Analogías aparte, entiendo que esta película se habrá llevado la Palma de Oro en Cannes por lo que significa más que por lo que cuenta. Desde Occidente existe una deuda moral con cualquier película que denuncie la opresión en Irán dada su situación actual. Comprendo lo que remueve por dentro, pero al igual que cualquier otra obra, hay que valorarla por su calidad cinematográfica. Si una película habla sobre la opresión iraní y no te convence narrativamente, no pasa nada. No eres fundamentalista religioso ni estás contra la libertad por reconocerlo.
Analogías aparte, entiendo que esta película se habrá llevado la Palma de Oro en Cannes por lo que significa más que por lo que cuenta. Desde Occidente existe una deuda moral con cualquier película que denuncie la opresión en Irán dada su situación actual. Comprendo lo que remueve por dentro, pero al igual que cualquier otra obra, hay que valorarla por su calidad cinematográfica. Si una película habla sobre la opresión iraní y no te convence narrativamente, no pasa nada. No eres fundamentalista religioso ni estás contra la libertad por reconocerlo.

Mariam Afshari, Madjid Panahi & Hadis Pakbaten
Esta introducción sirve de preludio para desarrollar mis pensamientos en caliente sobre 'Un Simple Accidente'. Una película bastante plana, todo sea dicho. Cuando lees que todo el mundo la alaba, como es normal, esperas una obra que te remueva por dentro. No que te haga mirar cuánto queda cada cinco minutos. Obviamente no es una superproducción que busque entretenimiento palomitero, pero también necesito una buena historia. Quiero ver evolución de personajes, subtramas bien desarrolladas, algún punto de giro significativo. Pero nada: podría resumirte la película entera en cuatro líneas sin perder información relevante.
Aparte de esto, otra de sus carencias es lo mal que maneja la suspensión voluntaria de la incredulidad. Hay que apagar el cerebro casi tanto como en una película de Marvel si no quieres sentir que te toman el pelo cada dos minutos. No voy a entrar en detalles para evitar spoilers, pero desde el principio te das cuenta de los malabares narrativos que hará para que todo salga como tiene que salir. Las coincidencias y decisiones inverosímiles se acumulan hasta resultar insultantes.
Aparte de esto, otra de sus carencias es lo mal que maneja la suspensión voluntaria de la incredulidad. Hay que apagar el cerebro casi tanto como en una película de Marvel si no quieres sentir que te toman el pelo cada dos minutos. No voy a entrar en detalles para evitar spoilers, pero desde el principio te das cuenta de los malabares narrativos que hará para que todo salga como tiene que salir. Las coincidencias y decisiones inverosímiles se acumulan hasta resultar insultantes.

Tampoco me ha convencido la dirección de actores, y se nota que ninguno es profesional. Vaya tedio de exageraciones, una tras otra, con una entonación que roza lo absurdo. Desganados. Casi tanto como los diálogos: más simples que el título de la película. No es culpa exclusiva de los actores —son debutantes—, así que la dirección tendrá algo que ver. Entiendo que Panahi habrá estado más pendiente de conseguir grabar esta película que de dirigirla propiamente, pero no sé. Estoy aquí para criticar lo criticable, y esto lo es.
Mirando el lado positivo, al menos no dura más de dos horas. Puedes sufrir, pero al menos hay luz al final del túnel. Supongo que será la típica película pretenciosa aclamada como obra maestra que yo no pillo por ningún lado. Puede ser. Quizás me haga falta ver más cine iraní para entender la combinación que hace de humor absurdo en escenas de tensión, o quizás simplemente no funcione tan bien como sus defensores proclaman.
Mirando el lado positivo, al menos no dura más de dos horas. Puedes sufrir, pero al menos hay luz al final del túnel. Supongo que será la típica película pretenciosa aclamada como obra maestra que yo no pillo por ningún lado. Puede ser. Quizás me haga falta ver más cine iraní para entender la combinación que hace de humor absurdo en escenas de tensión, o quizás simplemente no funcione tan bien como sus defensores proclaman.
29 de enero de 2026
29 de enero de 2026
18 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta película es una rara avis. Cómo no, solo podría existir de la mano de alguien que vivió tiempos mejores: James L. Brooks. Sería impensable que alguien de la generación X, y mucho menos de la Z, pudiera escribir una película tan optimista políticamente hablando. Por eso, 'Ella McCay' no ha cuajado demasiado ni en crítica ni en público. Se siente fuera de lugar, demasiado escapista.
Brooks ancla su relato en una época de grandes discursos progresistas, idealismo político y esperanza colectiva por el cambio. Su planteamiento podría funcionar precisamente por ambientar la historia en plena 'Era Obama'. Pero hay un problema: 2008 tampoco fue nuestro mejor año. Crisis económica global, guerras en Oriente Medio, las semillas de los males actuales... la lista es larga.
Eso sí, elegir 2008 resulta una decisión conveniente que le permite a Brooks esquivar las problemáticas más espinosas del presente: la Era Trump, la desinformación rampante, la polarización extrema, la violencia en las calles. Ambientar la historia hoy habría sido imposible sin traicionar el tono optimista que busca.
Brooks ancla su relato en una época de grandes discursos progresistas, idealismo político y esperanza colectiva por el cambio. Su planteamiento podría funcionar precisamente por ambientar la historia en plena 'Era Obama'. Pero hay un problema: 2008 tampoco fue nuestro mejor año. Crisis económica global, guerras en Oriente Medio, las semillas de los males actuales... la lista es larga.
Eso sí, elegir 2008 resulta una decisión conveniente que le permite a Brooks esquivar las problemáticas más espinosas del presente: la Era Trump, la desinformación rampante, la polarización extrema, la violencia en las calles. Ambientar la historia hoy habría sido imposible sin traicionar el tono optimista que busca.

Woody Harrelson, Emma Mackey & Jamie Lee Curtis
El problema no es solo temporal, sino narrativo. Brooks nunca explora las preguntas incómodas que su premisa plantea: ¿qué pasa cuando una idealista genuina enfrenta la corrupción sistémica? ¿Cómo mantiene su humanidad sin volverse cínica? En lugar de profundizar, opta por platitudes reconfortantes sobre "hacer lo correcto" sin examinar qué significa eso cuando el sistema está diseñado contra ti.
Dicho esto, y con todos estos reparos, no es una mala película. He disfrutado de su tono casi familiar, de esa calidez que te envuelve sin aspavientos. Brooks busca hacer una feel good movie y lo consigue: te hace pensar que ojalá hubiera más políticas como ella, que la esperanza no es del todo ingenua. Es una película muy simple, una coming of age clásica que aborda los problemas personales de la joven gobernadora para conectar con su familia disfuncional de clase media. Lo suficientemente suave para arrancar una sonrisa fácil a cualquier abuelo o niño, lo suficientemente correcta para no ofender a nadie.
Dicho esto, y con todos estos reparos, no es una mala película. He disfrutado de su tono casi familiar, de esa calidez que te envuelve sin aspavientos. Brooks busca hacer una feel good movie y lo consigue: te hace pensar que ojalá hubiera más políticas como ella, que la esperanza no es del todo ingenua. Es una película muy simple, una coming of age clásica que aborda los problemas personales de la joven gobernadora para conectar con su familia disfuncional de clase media. Lo suficientemente suave para arrancar una sonrisa fácil a cualquier abuelo o niño, lo suficientemente correcta para no ofender a nadie.

Emma Mackey
Probablemente, 'Ella McCay' es el equivalente cinematográfico de un abrazo condescendiente: bien intencionado, completamente inofensivo, y que te hace sentir ligeramente infantilizado. Brooks merece respeto por su legado —el mismo hombre que escribió el cinismo mordaz de 'Broadcast News' (1987) y la complejidad emocional de 'Términos de ternura' (1983)— pero esta película confirma que su voz política pertenece a una era que ya no existe. Aun así, hay algo reconfortante en ese anacronismo, en permitirse dos horas de optimismo político sin ironía.
7 de diciembre de 2025
7 de diciembre de 2025
21 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sinceramente, es una película que me ha sorprendido bastante. No tanto por los datos históricos que maneja (mi afición por la historia me ha hecho conocer la mayoría y pillar todas las referencias), sino porque pensaba que se enfocaría 100% en los juicios y, aunque lo hace en parte, no me esperaba para nada que el núcleo estuviera tan centrado en el psicoanalista y en Hermann Göring. Ese duelo psicológico es lo que la hace distinta, y aunque no es lo que yo esperaba de entrada, cuenta una faceta interesante y poco explorada sobre los nazis: cómo podían ser carismáticos y "humanos" en privado mientras firmaban sentencias de muerte en masa.
No está de mal que, para cualquiera que no tenga ni idea de historia, se explique todo bien desde el principio: las leyes de Núremberg, quién es cada nazi, el contexto... Todo masticadito y didáctico sin ser un coñazo. El caso es que mi padre me decía que, para apuntar más alto de cara a premios gordos como el Oscar, quizás tendría que haber sido algo más emotiva, con más lágrimas y puñetazos al corazón. Y oye, tiene su punto. En esta época de blockbusters sentimentales, una película que no te deje hecho un mar de mocos podría pasar desapercibida en las galas. Pero a mí me parece que está bien tal y como está: emocionalmente distante del espectador, contando una realidad objetiva de manera fría y sin caer en esa manipulación lacrimógena (aunque lo intenta en el final) que tanto abunda. Eso la hace más creíble y, joder, más impactante a la larga.
No está de mal que, para cualquiera que no tenga ni idea de historia, se explique todo bien desde el principio: las leyes de Núremberg, quién es cada nazi, el contexto... Todo masticadito y didáctico sin ser un coñazo. El caso es que mi padre me decía que, para apuntar más alto de cara a premios gordos como el Oscar, quizás tendría que haber sido algo más emotiva, con más lágrimas y puñetazos al corazón. Y oye, tiene su punto. En esta época de blockbusters sentimentales, una película que no te deje hecho un mar de mocos podría pasar desapercibida en las galas. Pero a mí me parece que está bien tal y como está: emocionalmente distante del espectador, contando una realidad objetiva de manera fría y sin caer en esa manipulación lacrimógena (aunque lo intenta en el final) que tanto abunda. Eso la hace más creíble y, joder, más impactante a la larga.

El personaje de Russell Crowe como Göring seguramente sea de los más interesantes que he visto en mucho tiempo, por su manera de demostrar ese narcisismo brutal y su capacidad de manipulación. Tanto es así que incluso llegué a creer que el protagonista se había hecho amigo suyo de verdad. A mí incluso me dio pena su familia por un instante... así que imaginad lo tocho que está el cabrón. Crowe se come la pantalla (no literalmente, no sean malpensados).
Entiendo que pueda echar para atrás el concepto de que los nazis también son humanos, y puede resultar incluso una forma de blanqueo. Pero creo que se confunde una cosa con la otra. No es que humanice a los nazis para redimirlos, es que muestra que los humanos también pueden ser como los nazis. Cualquiera, con el poder y la ideología adecuada, puede convertirse en monstruo. Y eso, lejos de perdonarlos, es la puñalada más afilada. Los monstruos no nacen con cuernos; nacen como tú y como yo.
Es verdad que no se hace para nada larga, aunque tiene alguna escena de diálogo bastante extensa (y necesarias, ojo). Eso sí. Es imprescindible recalcar el poderoso final, apelando a que no todos los monstruos son precisamente monstruos por tener uniforme. Los hay de todas las razas, nacionalidades y, por supuesto, los hay en el presente, con traje y corbata. Te deja con un nudo en el estómago que no se deshace fácil.
Entiendo que pueda echar para atrás el concepto de que los nazis también son humanos, y puede resultar incluso una forma de blanqueo. Pero creo que se confunde una cosa con la otra. No es que humanice a los nazis para redimirlos, es que muestra que los humanos también pueden ser como los nazis. Cualquiera, con el poder y la ideología adecuada, puede convertirse en monstruo. Y eso, lejos de perdonarlos, es la puñalada más afilada. Los monstruos no nacen con cuernos; nacen como tú y como yo.
Es verdad que no se hace para nada larga, aunque tiene alguna escena de diálogo bastante extensa (y necesarias, ojo). Eso sí. Es imprescindible recalcar el poderoso final, apelando a que no todos los monstruos son precisamente monstruos por tener uniforme. Los hay de todas las razas, nacionalidades y, por supuesto, los hay en el presente, con traje y corbata. Te deja con un nudo en el estómago que no se deshace fácil.

Más allá de la lectura que podemos darle, no se puede negar que James Vanderbilt ha dirigido y escrito una película que hace 20 años hubiera tenido más bombo, tanto en taquilla como en premios. De ahí el título de mi crítica. Es cine clásico, del de siempre, bien manufacturado. Con una puesta en escena barroca, escapando del minimalismo que está de moda —como el caso de La zona de interés, otra película sobre nazis y la banalidad del mal, pero mucho más pequeña—. Aquí hay recreaciones históricas hechas al milímetro, quizás al nivel de importancia que tuvieron estos juicios. Quizás le faltan planos más grandilocuentes, al nivel de la producción que pretende ser. Pero bueno, al final es un thriller psicológico y los planos de rostros son tan necesarios como los demás.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Mi parte favorita de la película es cuando el personaje de Rami Malek descubre —oh, sorpresa— que Göring realmente conocía los campos de concentración y que no eran simples campos de trabajo. Y cuando se lo echa en cara, Russell Crowe le suelta que Estados Unidos no está para dar lecciones después de lo que hizo en Hiroshima y Nagasaki. Menuda hostia. Y eh, lo peor es que tenía razón. También hay un momento en que menciona los campos americanos de prisioneros japoneses. Es cierto que Estados Unidos nunca pagó por lo que hizo en Hiroshima y Nagasaki, ni por los bombardeos sobre Alemania. Aunque igualmente me parece contraproducente que, aun así, no salga ningún fiscal francés y/o soviético. Porque parece que realmente son los americanos los que se dan solamente palmaditas en el pecho sobre lo bien que juzgan a los nazis. Supongo que, entre hostia y hostia, habrá que recalcar que no estamos dándole la razón a los nazis. Que eran malos, sí, pero peor que nosotros. También mención especial al fiscal británico, que con solo una pregunta se carga completamente a Göring.
5
6 de diciembre de 2025
6 de diciembre de 2025
17 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si Julio Anguita, que destrozaba la telebasura porque distraía a la clase obrera, levantara la cabeza y viera esta película, pediría que lo volvieran a enterrar corriendo por exceso de snobismo.
Jay Kelly es la madre de todas las películas sobre problemas que solo pueden tener los pijos: que si la fama es una mierda, que si mi hija quiere ser actriz, que si un excompañero me tiene celos. Todo un cóctel en el que lo más interesante parece ser el topicazo de «el dinero no compra la felicidad», pero ni siquiera se desarrolla lo suficiente porque la película tira por otra senda completamente distinta: la de «ser famoso es que mucha gente te conozca, pero no precisamente te haga compañía».
Eso sí, la elección de George Clooney como actor carismático venido a menos es perfecta, porque, seamos sinceros, ¿cuándo fue la última vez que lo vimos teniendo relevancia real en taquilla? Y no me cabe duda de que, dentro de este rollo metafílmico, Jay Kelly es un alter ego del propio Clooney, lo que también le lleva a interpretarse a sí mismo. Curiosamente, suelta una frase sobre cómo interpretarse a uno mismo es lo más difícil: declaración de intenciones y justificación a la vez de la interpretación de George, cuyo gag sobre la tarta de queso y la referencia a Nespresso (crítica no patrocinada, obviamente) me ha parecido lo más ingenioso. Y eso que la película podría haber tirado mucho más por lo humorístico, porque venderme como dramón lagrimón que un señor rico sea un egocéntrico que no se habla con sus hijos no cuela. Todos tenemos problemas familiares o los hemos tenido. TODOS.
Jay Kelly es la madre de todas las películas sobre problemas que solo pueden tener los pijos: que si la fama es una mierda, que si mi hija quiere ser actriz, que si un excompañero me tiene celos. Todo un cóctel en el que lo más interesante parece ser el topicazo de «el dinero no compra la felicidad», pero ni siquiera se desarrolla lo suficiente porque la película tira por otra senda completamente distinta: la de «ser famoso es que mucha gente te conozca, pero no precisamente te haga compañía».
Eso sí, la elección de George Clooney como actor carismático venido a menos es perfecta, porque, seamos sinceros, ¿cuándo fue la última vez que lo vimos teniendo relevancia real en taquilla? Y no me cabe duda de que, dentro de este rollo metafílmico, Jay Kelly es un alter ego del propio Clooney, lo que también le lleva a interpretarse a sí mismo. Curiosamente, suelta una frase sobre cómo interpretarse a uno mismo es lo más difícil: declaración de intenciones y justificación a la vez de la interpretación de George, cuyo gag sobre la tarta de queso y la referencia a Nespresso (crítica no patrocinada, obviamente) me ha parecido lo más ingenioso. Y eso que la película podría haber tirado mucho más por lo humorístico, porque venderme como dramón lagrimón que un señor rico sea un egocéntrico que no se habla con sus hijos no cuela. Todos tenemos problemas familiares o los hemos tenido. TODOS.

George Clooney
He de decir que, a pesar de todo lo dicho, tampoco me ha parecido una película infumable. Igual influye que hoy tenía ganas de ver algo con cero acción y cero prisas, pero la verdad es que me la esperaba más lenta, más plomiza y con menos chispa de la que finalmente tiene.
Al final no es que tenga gran cosa que contar, pero sí he estado pegada a la pantalla y eso es gracias (únicamente) a Adam Sandler. Sí, ese mismo al que no trago demasiado, pero joder, qué presencia tiene el tío. Es el único personaje al que le entiendo el conflicto interno y externo, el único al que le compro que esté jodido de verdad. La película podría haber girado enterita alrededor de él y no echaría de menos ni un segundo a Mister Kelly y su drama de millonario triste.
La música también está bien (punto positivo), porque ayuda a que la cosa no se te haga un ladrillo absoluto. Aunque tampoco es que se luzca especialmente. Y luego llegan las escenas en Europa… madre de Dios bendito. Noah, querido, pisa Europa alguna vez. Pero que no sea para asistir a ningún festival.
Al final no es que tenga gran cosa que contar, pero sí he estado pegada a la pantalla y eso es gracias (únicamente) a Adam Sandler. Sí, ese mismo al que no trago demasiado, pero joder, qué presencia tiene el tío. Es el único personaje al que le entiendo el conflicto interno y externo, el único al que le compro que esté jodido de verdad. La película podría haber girado enterita alrededor de él y no echaría de menos ni un segundo a Mister Kelly y su drama de millonario triste.
La música también está bien (punto positivo), porque ayuda a que la cosa no se te haga un ladrillo absoluto. Aunque tampoco es que se luzca especialmente. Y luego llegan las escenas en Europa… madre de Dios bendito. Noah, querido, pisa Europa alguna vez. Pero que no sea para asistir a ningún festival.
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