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Portugal Portugal · San Andrés de Teixido
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Críticas 48
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
10
30 de marzo de 2019
84 de 96 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay más cine en los 9 minutos que dura “Zima Blue” (Robert Valley, 2019) que en miles de horas de metraje del 90% de las películas que copan hoy en día nuestras carteleras.
En esos diez minutos que dura el corto de animación de la serie de “Love, Death & Robots” (David Fincher, Tim Miller, 2019), se condensan películas tan grandiosas como “Ciudadano Kane”, “Blade runner”, “Gohs in the Shell”, “The Square”, “La gran belleza” o “Toy story”.
En “Zima Blue” se habla de felicidad, se habla de filosofía, se habla del sentido de la vida; se habla de budismo, se habla de identidad, se habla del Arte, se habla de la creatividad; se habla de la inteligencia, del snobismo, de la superficialidad, de la banalidad de la fama y el éxito, de lo que es ser un “ser humano”, de sus motivaciones, de su conocimiento, de la búsqueda de la VERDAD… En definitiva, en “Zima Blue” se habla de qué es la vida, de cuál es su sentido, de qué es estar vivo y viviendo... de ese viaje interior que te lleva hasta los confines del cosmos para descubrirte a ti mismo y darte cuenta de que puedes tenerlo todo, pero si o te tienes a ti mismo, nunca llegarás a tener la felicidad.
Y por si fuera poco, “Zima Blue” habla de todo esto desde una estética maravillosa, con una narrativa cinematográfica perfecta, con una potencia visual apabullante, con imágenes y secuencias que dicen más en 10 segundos otras obras en 2 horas y media.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Mención aparte es la secuencia final del corto. En esta, Zima, en lo que es además su última obra de arte, se sumerge en su piscina mientras se deconstruye a sí mismo para dejar salir su verdadero yo, su yo interior, ese Zima original, ese niño que lleva dentro y que ha sido el motor que ha impulsado su magnífica creatividad, su arte, su búsqueda de la verdad, y así quitarse la máscara social y dejar de ser el Zima que todos conocen para alcanzar la máxima felicidad y paz posible: volver al origen; volver ser aquello que era y hacer aquello que hacía en su infancia virginal; retornar a la vida de aquel mundo perfecto, a la seguridad y tranquilidad del útero materno.
Esta secuencia es de una potencia visual que rara vez he visto en el cine; en 5 segundos se condensan filosofía, psicología, inteligencia artificial, humanismo… y a la vez, ese acto transformado en obra de arte, para el consumo de las masas, y para criticar ese consumo, porque la gente que lo está contemplando no es consciente de la magnitud de la obra de arte que están presenciando, sino que solo se escandalizan y solo se preocupan porque van a perder a Zima el artista. Tan solo la periodista, la narradora de la historia, se da cuenta de la magnitud y el significado de la obra de Zima, y cuando lo entiende, abandona la escena.
Todo esto está comprimido en una única secuencia de apenas 10 segundos. Hay nostalgia, hay celebración, hay arte, hay crítica al arte y su consumo, hay felicidad, hay filosofía, hay psicología, hay belleza, hay reflexión sobre los límites de la inteligencia y consciencia artificiales… es una metáfora de lo que es la vida, lo que es estar vivo y cuál es el sentido de todo ese proceso, utilizando para ello un robot autoconsciente y artista que se deconstruye a sí mismo para volver a ser un simple y feliz niño. Sublime.

Además de esto en “Zima Blue” también se tocan los temas de la autoconsciencia de las máquinas, la inteligencia artificial, y como los robots pueden llegar a cuestionarse sobre el sentido de su existencia. Pero lo curioso, es que es tan potente el mensaje y la secuencia final, que toda la reflexión filosófica de una máquina siendo consciente de sí misma y creando arte, queda relegada a un segundo plano y casi sin trascendencia, es decir, lo que para “Blade runner” o “Gohst in the Shell” era el centro y la justificación de una película, en “Zima Blue”, un corto de 10 minutos, es algo secundario, porque el tema principal aún es más potente que eso.
Flow
Letonia2024
7.2
15,092
Animación
10
7 de febrero de 2025
60 de 64 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película "Flow" de Gints Zilbalodis es una obra maestra visual, perfectamente narrada mediante el lenguaje cinematográfico, que nos sumerge en un mundo donde la vida parece haber quedado suspendida. Sin diálogos, la cinta se convierte en una experiencia audiovisual pura, CINE en mayúsculas, en la que las emociones y las acciones de los personajes hablan por sí mismas gracias a la maestría narrativa del director. Este relato es mucho más que una simple historia de supervivencia: es una profunda alegoría de la vida, del paso de la infancia a la etapa adulta, de la madurez, y del viaje vital, con sus desafíos, sus momentos de felicidad y sus instantes mágicos, casi místicos.

Los animales viven tranquilos y felices en su mundo (la niñez) pero de repente todo cambia y se tienen que adaptar a la nueva situación (la adolescencia y la adultez) en la que ya no están en casa bajo la protección perfecta de sus progenitores, sino que tienen que salir al mundo y sobrevivir, enfrentándose a los problemas y vicisitudes que surgen en el trayecto. Aunque como veréis en la zona spoilers... nuestros mayores siempre nos acompañan...
El viaje de los protagonistas, un grupo de animales liderados por un gato curioso, simboliza la vida, este paso misteriosos y casi místico de la niñez a la vida adulta, con los altos y bajos a los que todos nos enfrentamos. Las tormentas representan las adversidades, mientras que los breves pero hermosos destellos de calma evocan esos momentos que dan sentido a nuestra existencia. Sin embargo, lo que destaca es cómo, en cada situación límite, el grupo solo puede avanzar gracias al trabajo en equipo y la empatía.

De hecho este es el tema central de "Flow": la importancia de la amistad para la supervivencia. La relación entre los personajes refleja cómo la cooperación es fundamental para superar obstáculos. Cada miembro del grupo aporta algo único: desde la astucia del gato, a la bondad, firmeza e inteligencia del pájaro; pasando por la solidaridad, la fuerza o la toma de decisiones que en momentos puntuales muestran el resto de los animales. Zilbalodis nos recuerda que sin la unión y el apoyo de los demás, estaríamos irremediablemente perdidos en el caótico mar de la vida.
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spoiler:
La ballena
El desenlace de "Flow" nos ofrece una imagen poderosa y conmovedora: el reflejo de los cuatro amigos en un charco, acompañado por la respiración de la ballena que había sido una guía silenciosa y constante durante su travesía, nos sugiere que esta, lejos de ser solo una figura pasajera, forma parte también del grupo de amigos, simbolizando el apoyo invisible —y el sacrificio— que recibimos en la vida sin casi notarlo. En concreto, la ballena simboliza a las personas mayores —¿nuestros padres?— que son expertos en el nuevo mundo al que nos enfrentamos al irnos haciendo adultos (la ballena está en su mundo, todo agua, los otros animales, que pasan de la niñez (mundo de tierra) a la adultez (mundo de agua), están desubicados) y nos ayudan a adaptarnos y sobrevivir en ese nuevo mundo, pero lamentablemente, como ley de vida, terminan yéndose, y nosotros quedándonos solos... Han cumplido su misión de apoyarnos en el inicio del viaje, ahora tenemos que vivir nuestra vida... aunque con toda su sabiduría aprendida.
La escena postcréditos, donde vemos a la ballena nadando en un mar infinito, parece una clara metáfora del paraíso —la desaparición de la respiración de la ballena en el charco indica que se ha muerto (o se "ha ido")—. Su aparición al final muestra que nuestros guías estarán siempre con nosotros, acompañándonos en el viaje, aunque ya no estén físicamente.
Generación click (Serie de TV)
SerieDocumental
España2024
7.4
113
10
16 de enero de 2025
17 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es impactante ver este documental; conocer la realidad de las consecuencias del uso y abuso de las redes sociales por parte de los adolescentes, el daño que está haciendo a su psicología que lamentablemente tiene unas gravísimas repercusiones en su salud e incluso su vida, porque la ideación suicida está revoloteando continuamente en cada una de las declaraciones de sus jóvenes protagonistas. Un panorama desolador.

Esta serie documental de cuatro episodios, producida por ETB, se adentra en las consecuencias del uso excesivo —que no es extraordinario, TODOS hacemos un uso excesivo— de dispositivos móviles y redes sociales en adolescentes. Estrenada el 16 de septiembre de 2024, la serie aborda las consecuencias de "vivir" absortos en la pantalla del móvil: pulverización de la autoestima, trastorno dismórfico corporal, ansiedad, depresión, fobia social, trastornos alimenticios y otros problemas derivados de esta híperconectividad llena de filtros de belleza y falsa purpurina.

Cada uno de los episodios trata un tema en especial. El episodio 1, "Generación Fármacos", explora cómo el abuso de la tecnología puede conducir a problemas de salud mental en los jóvenes, resultando en un aumento del consumo de medicamentos para tratar afecciones como la ansiedad y la depresión. A través de testimonios de adolescentes y expertos, se evidencia la correlación entre la sobreexposición digital y la dependencia farmacológica, que luego lleva inevitablemente al surgimiento de un mercado negro de tráfico de medicamentos, en el que, como no, los adolescentes también son protagonistas.

El episodio 2,"Generación Bótox", analiza la obsesión por la imagen personal fomentada por las redes sociales. Se destaca cómo la constante comparación y la presión por alcanzar estándares de belleza irreales llevan a muchos jóvenes —e incluso niñas de 9 años— a considerar procedimientos de cirugía estética a edades muy tempranas, lo cual además de surrealista es psicológicamente aberrante desde cualquier punto de vista que se analice. Se abordan temas como la dismorfia corporal y la nefasta influencia de de los influencers de moda en la autoimagen de los adolescentes. Niñas de 9 años adictas a las cremas cosméticas con canales de TikTok en los que dan consejos de maquillaje (¡!), niños perfectamente sanos con trastornos alimenticios porque se ven gordos al compararse con los ricos influencers de instagram, adolescentes con depresiones porque piensan que su vida es una mierda al tener los estándares de vida de las celebritis millonarias que ven en redes sociales. Devastador.

En el episodio 3, "Generación Adictos", se centra en la conducta adictiva a los dispositivos móviles y las redes sociales per se. Se presentan casos de jóvenes que pasan innumerables horas conectados y no pueden vivir sin el móvil, lo que afecta a su rendimiento académico, relaciones personales y salud física y mental. Expertos en psicología y neurología explican los mecanismos detrás de esta dependencia y ofrecen perspectivas sobre cómo abordar el problema.

El episodio final, "Generación S.O.S.", aborda las consecuencias más graves del abuso tecnológico, incluyendo el aislamiento social, el ciberacoso y, en casos extremos, el suicidio. Se enfatiza la importancia de la intervención temprana, el apoyo familiar y la educación digital para mitigar estos riesgos. Además, se ofrecen recursos y estrategias para padres y educadores en la gestión del uso tecnológico de los jóvenes.

En definitiva, "Generación Click" es una magnífica docuserie que nos aporta una mirada profunda, crítica y aterradora sobre una realidad que está ahí y que nos arrollará tarde o temprano aunque nos pongamos de lado; los efectos del mundo digital en la juventud actual son ya una realidad que no queremos o no somos capaces de ver. Las entrevistas con expertos aportan credibilidad y profundidad al contenido, mientras que los testimonios personales permiten una conexión emocional con el espectador. En su conjunto, la serie documental es una llamada de atención sobre la necesidad de una alfabetización digital adecuada y de establecer límites saludables en el uso de la tecnología, pero también señala claramente que por mucha educación que haya, si no hay una regulación estricta sobre el tema —igual que se hizo con el tabaco por ejemplo— nunca se va a poder solucionar el tremendo problema que ya es, y los adolescentes continuarán cayendo en sus redes, deprimiéndose, enganchándose, autolesionándose y deslizándose lentamente hacia un abismo del que no sabemos cuál será el final...
5 de febrero de 2023
34 de 57 usuarios han encontrado esta crítica útil
A Ruben Östulund le encanta la sociología, no lo digo yo, lo dice él. Y se nota. Ya en su anterior film "The square" nos mostraba un retrato quirúrgico y satírico de la élite económica y cultural de las sociedades humanas capitalistas occidentales, que se han apropiado del arte como medio de distinción social para separarse totalmente de la clase trabajadora, de los pobres, a los que antes pertenecía el arte, pero que ahora les es vetado por caro, no por capacidad de entenderlo o hacerlo.
Ya en ese film muestra de manera prístina la estupidez y superficialidad de ese mundo de postureo, posmoderno, líquido como diría Baunman, en el que nada significa nada, solo vale dinero, y cuando vale mucho, entonces se convierte en genialidad, aunque realmente sea una basura. Ese film es magnífico, pero este lo supera. Y mira que era difícil.
En "El triángulo de la tristeza" (2022) la carga satírica nunca descansa, cada minuto del metraje es una maravilla, todo tiene un significado profundo, perfectamente ilustrado y entendible a través de las imágenes que Östulund nos propone. Es un prodigio visual porque es un tratado de sociología y filosofía hecho película, y encima divertida. Toda la absurdez que empapa nuestra sociedad capitalista y su empeño en dividir a la humanidad en clases sociales dominadoras y dominadas, y no seguir los principios de igualdad y derechos humanos para hacer de este mundo algo un poco menos patético, es mostrada de manera excelente, amena y divertida por Östulund. No sobra ni un segundo, ni una imagen, todo encaja perfectamente y tiene su correlato con una idea sociológica, política o filosófica.
Cuanto más pienso en ella, más significados le saco a cada momento. Es para ver varias veces y disfrutarla lentamente y escribir sobre cada fotograma. Por eso mi crítica la dejo en "spoilers", porque me es imposible no comentar cada detalle del argumento. Es una genialidad.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Para todos aquellos que dicen que en la isla Abigail se comporta igual que los ricos del barco, que cuando está en una posición de poder lo ejerce sin escrúpulos y saca provecho de él comportándose como una déspota igual que se comportaban con ella, decirle que están completamente equivocados. Y aquí está la argumentación.
En primer lugar, aclarar que el barco es una metáfora de nuestra sociedad occidental capitalista, un barco/sociedad tan inestable que una sola persona de izquierdas de verdad —el capitán—, alguien que no se doblegue a los mandatos de los ricos y que haya leído un par de libros de los que sacar ideas/frases socialistas que remueven conciencias, es capaz de hacerla tambalear y ponerla patas arriba, aunque no de hundirla, hundirla solo se puede mediante la acción revolucionaria —la de los piratas.
En el barco Abigail y los de su clase trabajan durísimo, podríamos decir que son esclavos, de hecho, lo único que los separa de la esclavitud es un pírrico salario que reciben a final de mes, sin embargo, los de la clase superior, los que son déspotas, los que la explotan a ella y a los de su clase —la clase trabajadora, por si no te habías dado cuenta— NO HACEN NADA. La élite económica NO HACE NADA. Solo tiene el dinero, y con ello, los bienes de producción, pero NO APORTAN NADA a la sociedad, solo extraen privilegios. El director y guionista lo deja claro ridiculizándolos: uno es rico porque vende mierda —literalmente—, otro es rico porque vende armas y otros son ricos porque son modelos —quien sostiene al mundo de la moda, del que viven los protagonistas guapos, son los niños pobres explotados de Bangladesh, China, India, etcétera—. Los que trabajan duro y permiten que esos ricos ganen millones son la clase trabajadora. Los otros NO HACEN NADA.
Ahora nos vamos a la isla. En este nuevo escenario, Abigail está en una posición de poder, PERO, lo está porque ES LA QUE TRABAJA. Es déspota con LOS QUE NO HACEN NADA. Castiga a LOS QUE NO HACEN NADA. ¿Veis la diferencia? Podríamos decir incluso que Abigail LOS ESTÁ EDUCANDO. De hecho, el oligarca ruso es el único que se da cuenta de que lo que hace Abigail es LO JUSTO —quizá es el único que se da cuenta porque es ruso y en su plan de estudios estuvo incluida la asignatura de filosofía y estudió a autores como Marx y Engels—, y de hecho cita una frase de Marx "De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades." Si os fijáis un poco más aún, os daréis cuenta de que, en la nueva sociedad formada en la isla, hay una persona discapacitada, a la que Abigail trata bien, ¿por qué? PORQUE NO PUEDE TRABAJAR. Los exricos sí, y hasta que trabajen no serán tratados de manera justa.
Por eso Abigail no es igual que los ricos del barco. Está clarísimo.
Y ahora queda el final. Otra vez no es que Abigail sea mala como los ricos del barco y que todos los seres humanos somos iguales: violentos y egoístas. Recordemos que el director y guionista nos ha estado TODO EL RATO citando a Marx, y que hasta el oligarca ruso lo cita en la isla. El final hay que entenderlo en clave marxista.
Por lo tanto, lo que representa el final es que aunque tengas el paraíso en la tierra, aunque estés tranquilo en tu pueblo perdido con vacas y gallinas, aunque hayas alcanzado el equilibrio social y una sociedad justa e igualitaria, el capitalismo aparecerá allí donde estés para destruirlo todo, para arrasarlo y dejarte sin nada. (Y quien me tache de exagerado que se vea el documental “la pesadilla de Darwin”, solo por citar el más significativo.)
El final nos cuenta que el capitalista de la cima de la pirámide social puede parecer tu amigo —las primeras palabras de Yaya a Abigail— pero al final, va a volver a explotarte en cuanto pueda —las últimas palabras de Yaya—. Que al capitalismo —personificado en Yaya— no lo puedes domar, regularizar o socialdemocratizar porque siempre te la mete doblada. Que al capitalismo hay que destruirlo, porque sino, siempre volverá para ejercer su injusticia social.
26 de diciembre de 2025
15 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tres actores y un solo escenario bastan para hacer una gran película. Exit 8 plantea un relato deliberadamente austero que utiliza la repetición y el espacio cerrado como núcleo de una alegoría moral. El bucle físico en el que queda atrapado el protagonista no es solo un recurso narrativo, sino la manifestación de un bucle mental: la imposibilidad de avanzar mientras no se afronte una decisión esencial. La película sugiere que no hay salida posible sin un posicionamiento ético claro, y que toda huida conduce, paradójicamente, a no encontrar una salida.

Con muy pocos elementos y una estructura sencilla, Exit 8 construye una reflexión clara sobre la empatía, la paternidad y la necesidad de decidir. Lo que la eleva un nivel por encima del resto de producciones reside en cómo transforma un espacio físico cotidiano como es una estación de metro en un escenario mental, donde cada paso adelante en el mundo físico exige una reflexión y un cambio en el mundo interior.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
En este esquema simbólico destacan dos figuras clave. El niño no funciona como un personaje realista, sino como una presencia simbólica que encarna la responsabilidad futura, aquello que aún no existe pero ya reclama atención (y quizás es el origen del bucle). Su existencia rompe la neutralidad del trayecto y obliga al protagonista a confrontar la realidad. Frente a él, el hombre mayor aparece como una proyección de lo que puede llegar a ser el protagonista: un sujeto deshumanizado, atrapado en la rutina y desconectado emocionalmente, resultado de haber elegido la vía más cómoda.

Especial relevancia tiene la posible “salida incorrecta”. Lejos de ofrecer una liberación auténtica, representa la falsa solución: continuar con la vida tal y como estaba, sin asumir consecuencias (dejando al niño atrás). El film subraya que esa elección no conduce a un final, sino —posiblemente— a una degradación moral. La verdadera salida no es evidente ni inmediata, porque implica renunciar al automatismo y aceptar la carga de la responsabilidad.
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