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Críticas 7
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
10
4 de julio de 2013
9 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Obra portentosa, que destila sabiduría y extrema sensibilidad cinematográfica en casi cada uno de sus planos, de una precisión emocional subyugante; aunque Jules Dassin, su director, hubo de abandonar los EE.UU a causa de aquella caza de brujas abanderada por el infame Joseph McCarthy, senador alcohólico y homosexual vergonzante, quien se dedicó a disparar, políticamente hablando, contra todo cuanto él practicaba en su triste vida privada, con lo cual protagonizó, como brazo ejecutor de los grandes poderes mediáticos y económicos de la época, volcados en la utilización de esa clase de personajillos anodinos al objeto de alcanzar sus objetivos empresariales, de impulso totalitario, uno de los episodios más siniestros de las democracias contemporáneas. Pero, bueno, nuestro inspirado Jules puso tierra de por medio a tiempo y se encontró con un París que empequeñecía las grandes urbes norteamericanas.
Y ahora, puestos a rizar el rizo, y sin pretender exceder el ámbito de lo simplemente anecdótico, añadiré que en la recta final de la película se muestra, durante apenas unos segundos, el ya desaparecido passage Julien Lacroix, cuya legendaria escalera, fotografiada por el gran Robert Doisneau, entre otros genios de los encuadres, las luces y las sombras, recorrería también el niño del delicioso mediometraje “Le ballon rouge”, para recuperar su globo, símbolo de la fantasía que alimenta nuestros sueños, y donde este crítico de andar por casa que os escribe pasó los primeros y mejores seis años de su maravillosa infancia.
2 de enero de 2017
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una de las películas más lúcidas, deslumbrantes, corrosivas, portentosas y valientes de la historia del cine americano. Verdaderamente perfecta, y maravillosamente moderna, para enseñar a rodar planos y dar vida a sus personajes a quienes presumen de maestrillos sin haber aprendido a hacer la "o" con un canuto. Fabuloso guión, inolvidables actores y magistral Richard Brooks. Una radiografía estremecedora de los psicópatas que gobernaban y gobiernan el mundo. Y más actual, imposible, ahora que sube al escenario mundial el abominable Adolf Trump.
4 de septiembre de 2010
19 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Soy un marciano o es que los críticos están en la parra? Pésima película, tramposa, ramplona y afectada. Bajo su apariencia de historia sobre la destrucción y la desesperanza, de supuesto calado ético y político, bullen los tópicos más banales del cine comercial yanki: los buenos buenísimos y los malos de cuento, la productiva empresa de la familia (irrisoria la secuencia final, de vergüenza ajena, vamos) y las bondades incomparables del consumismo. Vean, si no, el mejor anuncio publicitario de de la historia de Coca-Cola, embutido sin pudor estético alguno en una escena surrealista. Y no importa que no se vea la marca, puesto que todo remite a ella.
Bueno, un fraude mayúsculo que, sin duda, se llevará al huerto a quienes se atiborran de sucedáneos de la cultura y se van a casa convencidos de que les han servido un banquete. Probecitos míos... ¡Que me traigan el bicarbonato!
4 de julio de 2013
18 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
Insufrible película, con unos personajes impostados, supuestamente pletóricos de ingenio y de gracia, cuyos diálogos, pedantes e infantiles a la vez, además de autocomplacientes, me hicieron bostezar hasta caer en un sopor cósmico. No hay ni una partícula subatómica de humor agudo en todo este rollazo de tomo y lomo, que, de manera pasmosa, suscita el elogio unánime de una crítica que demuestra, una vez más (¿y cuántas van?), su insolvencia intelectual al ensalzar a los geniecillos de pacotilla, porque mister Tarantino es un producto adulterado, un sucedáneo barato (como ya demostró de sobra en su intragable “Malditos bastardos”), que rezuma mediocridad por los cuatro costados. Por otra parte, desde la perspectiva técnica, los planos, las escenas y las secuencias del tal “Django” están filmados con trazos gordísimos, para seducir a los espectadores ávidos de comulgar en nuestros altares de la mediocridad contemporánea. Vaya muestra de ramplonería estética. ¡Que me devuelvan mis ciento sesenta y cinco minutos de vida invertidos en semejante bodrio!
24 de julio de 2025
8 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
La peor película que he visto en los últimos 10, o 15, o 20 años. Lo afirmo y lo firmo ante notario, si es preciso, para que nadie me ponga en el “candelabro”, ya que abundan quienes la ascienden al séptimo cielo. Mais non, Monsieur… Toda un TIMO, sí, con mayúsculas, un detrito, un bluf absoluto, aderezado con el vulgar maquillaje, claro, que deleita a los de la barbita sobada y medio canosa, los del “ahora en blanco y negro, y ahora en colorines”, porque sí, y del “ahora desde la meta-butaca, y ahora desde la meta-realidad-real”, porque sí de nuevo. Ay, almas de cántaro… Baratijas, caprichos, poses de nula inspiración, pura chatarra, pues, vendida a precio de oro de 0 quilates para los crédulos que se tragan cualquier camelo. Un cuerno de la abundancia de la peor sensiblería (propia de un culebrón tropical pasado por un gélido torbellino de afectación intelectualoide del peor cine francés, verdaderamente estomagante –aunque el director de esta cosa es “made in Spain pata negra”, y cine francés lo hay extraordinario, sin duda), con el envoltorio de la propuesta más sofisticada, pero menos convincente si no se admiten las banalidades más tontorronas. Pésimo y muy tramposo guión, actores a los que, pobrecillos míos, se les ha tomado el pelo, (como al público que se zampe el bodrio este preguntándose si acaso no ha entendido “el mensaje” por su falta de preparación humanista). Un derroche de vulgaridad disfrazada de sofisticación, etc., etc. etc. En definitiva, y lo digo aquí y en la Cochinchina (donde, por cierto, he estado), los críticos que alaban este subproducto embutido en un chorizo de cantimpalo de la “haute culture” deberían dedicarse al refinado arte de zurcir calcetines y calzoncillos, sin bigote estos últimos, si es posible, por no someter a nuestras eminencias grises a una tortura excesiva. Venga, seamos piadosos.
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