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7
5 de enero de 2025
5 de enero de 2025
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta película húngara se deja ver bastante bien a pesar de la lentitud innecesaria en algunos momentos que la alarga hasta más allá de las dos horas. Actores con buen oficio perfilan bien los personajes que se van sucediendo: el profesor padre de familia un tanto despreocupado, pero íntegro y deportista, la periodista trepa, el alumno mediocre y atolondrado, los padres preocupados por el futuro de su único hijo, etc.
Hay una cierta originalidad en la fotografía y la concatenación de casualidades que se suceden hasta llegar al aprovechamiento que hace una joven periodista de una situación aparentemente trivial, utilizada para medrar. A destacar la música, tanto la original del film como la tradicional, pues refleja magníficamente el amplio implemento del sistema Kodaly en la enseñanza pública húngara, el cual prioriza el canto coral basado en el folklore nacional o los juegos rítmicos que aparecen en algunas escenas.
La película constituye un ejemplo sencillo, pero revelador de lo fácil y habitual que es saltarse el código deontológico en el periodismo, buscando el sensacionalismo con el fin de crear corrientes de opinión, sin importar el descrédito a la reputación de los implicados o la falsedad de aquello que se está dando a conocer. Aparte de los temas secundarios como las relaciones de pareja, las inquietudes de la juventud o la integridad, se relata de forma hábil y eficaz cómo las imbricaciones entre los medios de comunicación alineados con el sector político conservador y nacionalista permiten difundir un alegato populista en defensa de los valores tradicionales a partir de la manipulación de un hecho aparentemente trivial y sin importancia.
Hay una cierta originalidad en la fotografía y la concatenación de casualidades que se suceden hasta llegar al aprovechamiento que hace una joven periodista de una situación aparentemente trivial, utilizada para medrar. A destacar la música, tanto la original del film como la tradicional, pues refleja magníficamente el amplio implemento del sistema Kodaly en la enseñanza pública húngara, el cual prioriza el canto coral basado en el folklore nacional o los juegos rítmicos que aparecen en algunas escenas.
La película constituye un ejemplo sencillo, pero revelador de lo fácil y habitual que es saltarse el código deontológico en el periodismo, buscando el sensacionalismo con el fin de crear corrientes de opinión, sin importar el descrédito a la reputación de los implicados o la falsedad de aquello que se está dando a conocer. Aparte de los temas secundarios como las relaciones de pareja, las inquietudes de la juventud o la integridad, se relata de forma hábil y eficaz cómo las imbricaciones entre los medios de comunicación alineados con el sector político conservador y nacionalista permiten difundir un alegato populista en defensa de los valores tradicionales a partir de la manipulación de un hecho aparentemente trivial y sin importancia.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Los periodistas (la protagonista trepa, pero obviamente también sus superiores) son los responsables directos de la propagación del escándalo del “Caso Abel Trem”, saltándose el principio fundamental de la ética periodística: la veracidad. Abel no suspende por llevar un pin con la bandera de Hungría, suspende por haberse quedado en blanco o no haber estudiado lo suficiente, y todos lo sabemos, pero ello no importa, el escándalo de que haya suspendido por “patriota” es más jugoso que la verdad, que es distorsionada.
29 de marzo de 2026
29 de marzo de 2026
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Altas Capacidades deja buen cuerpo cuando sales del cine, con un guion inteligente y, sobre todo, con muy mala leche, en el sentido irónico del término, con el tema de las apariencias.
Lo mejor es el reparto protagonista. Israel Elejalde y Marián Álvarez están más que acertados como ese matrimonio de clase media aparentemente estable y "normal" que en realidad oculta a un par de descerebrados. Es un retrato ácido de esos arribistas, los quiero y no puedo de toda la vida, que se dejan el dinero que no tienen en colegios de élite para el niño, no porque les importe su educación, sino para medrar socialmente, ver si pescan alguna amistad conveniente entre la clase alta y de paso hacer "negocios". Mientras tanto, el niño está totalmente desatendido en su educación ética y emocional.
Los únicos que parecen conservar un poco la cordura son los personajes de la generación anterior: el maestro veterano y los padres de ella, que actúan como contraste ante tanta tontería. Mención aparte para Juan Diego Botto en su papel de tipo miserable.
Lo mejor es el reparto protagonista. Israel Elejalde y Marián Álvarez están más que acertados como ese matrimonio de clase media aparentemente estable y "normal" que en realidad oculta a un par de descerebrados. Es un retrato ácido de esos arribistas, los quiero y no puedo de toda la vida, que se dejan el dinero que no tienen en colegios de élite para el niño, no porque les importe su educación, sino para medrar socialmente, ver si pescan alguna amistad conveniente entre la clase alta y de paso hacer "negocios". Mientras tanto, el niño está totalmente desatendido en su educación ética y emocional.
Los únicos que parecen conservar un poco la cordura son los personajes de la generación anterior: el maestro veterano y los padres de ella, que actúan como contraste ante tanta tontería. Mención aparte para Juan Diego Botto en su papel de tipo miserable.
En resumen: una sátira necesaria, muy bien dirigida por Víctor García León y con un guion de Borja Cobeaga que no deja títere con cabeza. Muy recomendable.
29 de julio de 2024
29 de julio de 2024
12 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta divertida película (con toques dramáticos) se deja ver muy bien gracias al gran trabajo actoral y al inteligente y ácido guión.
Todo el elenco está genial, pero para mí, personalmente, Alberto Sanjuan es un pedazo de actor que sin duda está sabiendo envejecer muy bien.
A destacar la fluidez con la que mezclan catalán y castellano, reflejando la convivencia natural de ambos idiomas que se da en muchas familias catalanas.
Sin duda una de las sorpresas del año. Muy recomendable.
Todo el elenco está genial, pero para mí, personalmente, Alberto Sanjuan es un pedazo de actor que sin duda está sabiendo envejecer muy bien.
A destacar la fluidez con la que mezclan catalán y castellano, reflejando la convivencia natural de ambos idiomas que se da en muchas familias catalanas.
Sin duda una de las sorpresas del año. Muy recomendable.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Momentos hilarantes como el salto en paracaídas.
Hacia el final va perdiendo fuelle, con un enlace más que previsible y un tanto lacrimógeno, moraleja incluida: "la familia que se odia unida permanece unida".
Hacia el final va perdiendo fuelle, con un enlace más que previsible y un tanto lacrimógeno, moraleja incluida: "la familia que se odia unida permanece unida".
13 de febrero de 2026
13 de febrero de 2026
9 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los Domingos, bajo la dirección de Alazne Ruiz de Azúa, se presenta como una propuesta loable en su intención, pero profundamente irregular en su ejecución. "Querer" creo que ha sido la serie más grande que he visto, y esperaba más de esta película, la verdad.
La película, que busca adentrarse en el universo de una joven con inquietud vocacional, y la reacción de su familia, se queda en un meritorio pero fallido intento de aproximación, lastrada por un guion que no termina de encontrar el tono ni la profundidad necesarias.
Desde un punto de vista técnico, el filme se sostiene sobre una dirección solvente, buen elenco y una fotografía que logra atrapar la atmósfera realista y sencilla del día a día, buscando dotar de cercanía la acción. Sin embargo, esta solvencia formal no logra ocultar una narrativa forzada y, en última instancia, superficial.
Por otro lado, el montaje, en su intento de reflejar el realismo y la rutina, provoca el efecto contrario al deseado, cayendo en largos pasajes que resultan sosos y aburridos, como la estancia entre las monjas.
La película, que busca adentrarse en el universo de una joven con inquietud vocacional, y la reacción de su familia, se queda en un meritorio pero fallido intento de aproximación, lastrada por un guion que no termina de encontrar el tono ni la profundidad necesarias.
Desde un punto de vista técnico, el filme se sostiene sobre una dirección solvente, buen elenco y una fotografía que logra atrapar la atmósfera realista y sencilla del día a día, buscando dotar de cercanía la acción. Sin embargo, esta solvencia formal no logra ocultar una narrativa forzada y, en última instancia, superficial.
Por otro lado, el montaje, en su intento de reflejar el realismo y la rutina, provoca el efecto contrario al deseado, cayendo en largos pasajes que resultan sosos y aburridos, como la estancia entre las monjas.

En cuanto al guión, si bien se nota un esfuerzo por abordar un tema tan delicado como el despertar de una vocación religiosa, naufraga en la construcción de los personajes y en la exploración de sus motivaciones más íntimas. Esta falta de sustancia se hace especialmente evidente en la caracterización del mundo religioso. Figuras como el director espiritual aparecen inquietantemente estereotipados. Al otro lado, el papel de la tía atea no es más que un contrapunto patético, que demuestra la dificultad del guion para manejar las distintas perspectivas ideológicas con inteligencia e incluso credibilidad. La película, al intentar complacer a todos (poner una vela a Dios y otra al diablo, nunca mejor dicho), termina por no ofrecer una mirada honesta y coherente.
En definitiva, Los domingos es una película pasable, un buen intento que evidencia la falta de un conocimiento más serio y empático de la realidad vocacional que pretende retratar. Ruiz de Azúa demuestra oficio en la dirección técnica, pero el conjunto se resiente por un guion que no logra insuflar vida a sus personajes ni profundizar en el misterio que, supuestamente, pretende desvelar. Pese a sus buenas intenciones, se queda en la superficie de un tema que exigía mucha más hondura, honestidad y conocimiento.
En definitiva, Los domingos es una película pasable, un buen intento que evidencia la falta de un conocimiento más serio y empático de la realidad vocacional que pretende retratar. Ruiz de Azúa demuestra oficio en la dirección técnica, pero el conjunto se resiente por un guion que no logra insuflar vida a sus personajes ni profundizar en el misterio que, supuestamente, pretende desvelar. Pese a sus buenas intenciones, se queda en la superficie de un tema que exigía mucha más hondura, honestidad y conocimiento.
4
6 de enero de 2024
6 de enero de 2024
10 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película lenta con diálogos pretenciosos. En mi opinión lo único que la salva es una cuidada fotografia y el trabajo personal de los actores.
La trama en su conjunto y en particular el personaje cliché del rarito superdotado están más vistos que el tebeo.
La trama en su conjunto y en particular el personaje cliché del rarito superdotado están más vistos que el tebeo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
En esta película nada es creíble, empezando por el retrato decadente de la clase alta inglesa que ante la muerte de un hijo continúa hablando de frivolidades.
Este tipo de escenas son quizá para hacernos creer que el resto de los mortales somos mejores que los frívolos aristócratas, aunque no tengamos tanto dinero.
Los guionistas parece que no saben cómo deshacerse del personaje americano y se sacan de la manga la escena del patriarca absurdamente escandalizado porque se consuma cocaína en sus fiestas, a estas alturas, jejeje. Con el alcohol no hay problema, anda ya.
La policía, tonta y ausente, como los forenses.
El personaje del mayordomo, que parecía que podía dar juego, se queda en nada.
En fin, todo en esta película parece forzado de manera retorcida e inverosímil para conseguir que el psicópata se salga con la suya.
El momento del bello himno funerario con masturbación sobre la tumba y el bailecito final en pelotas provocan en el espectador directamente el efecto contrario al pretendido: una mezcla de hilaridad, vergüenza ajena y la sensación de que el trabajo actoral en ocasiones es duro, teniendo que representar tales escenas que provocan el sonrojo.
Este tipo de escenas son quizá para hacernos creer que el resto de los mortales somos mejores que los frívolos aristócratas, aunque no tengamos tanto dinero.
Los guionistas parece que no saben cómo deshacerse del personaje americano y se sacan de la manga la escena del patriarca absurdamente escandalizado porque se consuma cocaína en sus fiestas, a estas alturas, jejeje. Con el alcohol no hay problema, anda ya.
La policía, tonta y ausente, como los forenses.
El personaje del mayordomo, que parecía que podía dar juego, se queda en nada.
En fin, todo en esta película parece forzado de manera retorcida e inverosímil para conseguir que el psicópata se salga con la suya.
El momento del bello himno funerario con masturbación sobre la tumba y el bailecito final en pelotas provocan en el espectador directamente el efecto contrario al pretendido: una mezcla de hilaridad, vergüenza ajena y la sensación de que el trabajo actoral en ocasiones es duro, teniendo que representar tales escenas que provocan el sonrojo.
Menos mal que en este caso suponemos que estará bien pagado.
Un bluff de película.
Un bluff de película.
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