arrow
Haz click aquí para copiar la URL
Críticas de Kasanovic
Ordenadas por:
393 críticas
<< 1 70 76 77 78 79 >>
6
11 de mayo de 2017
1 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
La estadística muestra que hay bastantes divorcios entre personas jubiladas, al menos un número suficiente como para no ser considerados como una mera anécdota. Y, sin embargo, algunos no hemos conocido un matrimonio entre cónyuges de más de 65 años que se haya deshecho por causas ajenas a la muerte de una de las partes. Es más, parece difícil imaginar que, habiendo llegado a esas alturas, la unión acabe con un final infeliz. Pero tampoco requiere demasiado esfuerzo el imaginar motivos por los que esta situación llegue a suceder: el hartazgo de estar juntos toda la jornada, que uno de los dos (o ambos) se haya vuelto más cascarrabias con la jubilación, la búsqueda de una pareja más joven...

Con todo, el argumento de Maravillosa familia de Tokio (Kazoku wa Tsurai yo), la nueva película del japonés Yôji Yamada (director de Una familia de Tokio, en la que echó mano de los mismos intérpretes que en esta última) nos deja descolocados a muchos en un principio. Tomiko le cede repentinamente a su marido Shuzo una hoja que este debe firmar para que se produzca el divorcio matrimonial. La noticia no tardará en propagarse entre la curiosa familia, compuesta por una pléyade de personajes que abarcan hijos con sus respectivos cónyuges, algún nieto e incluso una prometida, todos implicados en solucionar el entuerto hasta el punto de que el divorcio no parece una cuestión a resolver por dos personas, sino a través de un concilio que implique a toda la familia.

Como no podía ser de otra manera dado lo llamativo del argumento, Maravillosa familia de Tokio utiliza el humor para ir desentrañando la curiosa situación planteada. Cierto es que se trata de un tipo de humor basado en buena parte en chascarrillos un poco infantiloides, con secuencias muy japonesas en el sentido absurdo. Pero, al fin y al cabo, los gags logran el objetivo de implicarnos en esa maraña familiar, de comprender y empatizar tanto con la abuela que desea cambiar de aires como del abuelo cascarrabias, como del resto de miembros de la familia, algunos más comedidos y otros de costumbres excéntricas.

La película no repara tanto en ese intimismo típicamente nipón que el propio Yamada ya exhibió en, por ejemplo, La casa del tejado rojo. Es obvio que el propio contexto de la cinta ya invita a sumergirnos en una esfera personal, pero la liviandad y el humor con el que se trata la temática de la cinta hace que sea difícil llegar a conectar con los protagonistas a base de impulsos dramáticos. Acertada decisión la tomada por el cineasta a este respecto, ya que intentar ponerse trascendental en un film que ya había planteado su contexto humorístico, podría haber fulminado la verdadera intención de la película.

A este respecto, es necesario comentar que hay bastantes reminiscencias del cine del maestro Yasujiro Ozu incluyendo, por cierto, un homenaje bastante bonito en la parte final y que consigue entrelazar esta película con Cuentos de Tokio, obra que sigue siendo la referencia indiscutible de muchos realizadores japoneses. Es sabido que resulta algo cansino mencionar este mítico film al analizar una obra japonesa contemporánea, pero verdaderamente en Maravillosa familia de Tokio existen decenas de conexiones con ella. No en vano, su antecesora Una familia de Tokio ya era una especie de homenaje/remake a la película de Ozu.

Más allá de influencias y homenajes, Maravillosa familia de Tokio consigue valerse por sí misma gracias a su capacidad para tratar un tema serio de manera desenfadada y no ser ridícula en el intento. No es la mejor obra de Yamada ni tampoco se cuenta entre la hornada de las más recomendables producciones niponas de lo que va de década, pero sí es una película con la que resulta sencillo empatizar y sonreír (aunque sea con chistes arcaicos) en varias secuencias. Dos virtudes nada despreciables.


Álvaro Casanova - @Alvcasanova
Crítica para Cine Maldito
Kasanovic
¿Te ha resultado interesante y/o útil esta crítica?
7
14 de enero de 2016
0 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
En los campos de concentración que desgraciadamente fueron prolíficos durante la Alemania nazi, los llamados Sonderkommando eran grupos de judíos a los que sus superiores alemanes les ordenaban la realización de diversas acciones que, fundamentalmente, giraban en torno al antes, durante y después de los asesinatos en masa en las cámaras de gas. Es decir, aquellos que trabajaban en un Sonderkommando tenían que llevar a las futuras víctimas hacia las fatídicas instalaciones del horror, despojarlas de todos los objetos útiles, mentirlas a la cara sobre lo que iba a suceder ahí dentro, tratar de que todas entrasen a empujones y, después de que acaeciese la tragedia, limpiar todos los restos humanos que generaba el gaseamiento. Ni que decir tiene que aquel Sonderkommando que se negase a cumplir estas órdenes era ejecutado. Un dilema moral que ha provocado durante muchos años el debate sobre si estos Sonderkommando merecen ser tratados como culpables a la altura de los nazis o como unas víctimas más de entre tantas que acumuló aquella barbarie.

En El hijo de Saúl (Saul fia), el húngaro László Nemes dirige su mirada hacia el personaje de Saúl, un sonderkommando que cumple a rajatabla con su supuesto deber en el nefasto campo de concentración de Auschwitz, donde se calcula que fueron masacradas más de un millón de personas. Pero, al descubrir el cuerpo aún vivo de un niño entre los restos de la cámara de gas, Saúl decide intentar salvarlo argumentando que es su hijo. Con estos ingredientes, alguien podría pensar que lo que Nemes pretende elaborar aquí es la receta tradicional de historia de redención; craso error, ya que el cineasta pronto se desmarca de esta línea tanto en el plano técnico como el argumental, ofreciendo una propuesta cuyos reconocimientos en Cannes y las Américas gozan de cierto merecimiento.

Nemes, antiguo ayudante de dirección del reputado Béla Tarr, propone en El hijo de Saúl un estilo de puesta en escena bastante peculiar. La cámara sigue en casi todo momento la cabeza del protagonista; allá donde acuda él, los espectadores iremos detrás. Sin embargo, Nemes no resulta herido por su propia bondad técnica; dicho de otra forma, esa restricción autoimpuesta de que la cámara siga al protagonista allá donde este vaya no se cumple a rajatabla en los 107 minutos de película, otorgando algunos segundos de respiro al espectador. Lo que en un principio parecía que podía ser agobiante, termina por convertirse en un excelente recurso para transmitir parte de ese caos que se genera en la mente del protagonista, sabedor de que está participando de una terrible acción.

Por tanto, el cineasta húngaro nos brinda aquí un film bastante diferente a lo que se veía en la no menos buena película La zona gris, que también se acercaba a la figura de los Sonderkommando y no escatimaba en ofrecer imágenes duras. Pero además del llamativo y brioso estilo que presenta El hijo de Saúl, el hecho diferencial de la cinta que aquí nos ocupa es ese punto medio en el que sitúa a su protagonista, descomponiendo sus motivaciones sin querer entrar a juzgarle como si fuera una autoridad moral en el asunto; Nemes otorga espacio al espectador para que sea éste quien medite sobre la culpabilidad o no de los Sonderkommando.

Argumentaban recientemente en un medio cinematográfico de prestigio que utilizar frases del tipo “El holocausto como pocas veces se había vivido” para defender esta película era poco menos que algo infame. Y tenía su parte de razón: la inmensa mayoría de los espectadores nunca hemos conocido y seguramente tampoco viviremos algo similar en primera persona. Ni siquiera la más preciada y documentada de las películas puede acercarnos mínimamente a lo que aquella gente tuvo que sufrir, por lo que conviene no frivolizar con este asunto. Pero, partiendo de esta consideración, El hijo de Saúl se convierte en una de las obras cinematográficas que mejor han sabido retratar la atmósfera de un campo de concentración tal y como lo habíamos leído en los escritos de Primo Levi y otros personajes que vivieron la barbarie in situ. La combinación de una buena factura técnica y saber contar la historia adecuadamente y sin prejuicios casi siempre son garantía de éxito en el cine. Y, desde luego, la película que firma Nemes no es una excepción al respecto.


Álvaro Casanova - @Alvcasanova
Crítica para www.cinemaldito.com (@CineMaldito)
Kasanovic
¿Te ha resultado interesante y/o útil esta crítica?
5
8 de octubre de 2015
0 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una de las cuestiones que han originado mayor debate a tenor de la crisis de los refugiados es la de las fronteras entre estados. ¿Hasta qué punto es ético poner barreras en un mundo que nos debería pertenecer a todos por igual?, se preguntan algunos. Sin embargo, la cosa es bastante más complicada como para reducirlo a una sola pregunta, habida cuenta de la fragilidad de los sistemas de seguridad social de los países occidentales y el temor al terrorismo del Estado Islámico y derivados, dos puntos que parecen obligar a los estados de la UE a mirar con lupa el flujo de inmigrantes hacia Europa. Estas barreras a las migraciones cobran una preocupación especial cuando se trata de algo no sólo político, sino también físico; en decenas de lugares por todo el mundo, un muro separa a un país de otro, generalmente a una nación próspera de su vecina más pobre. La esperanza a un lado, la penuria al otro. Justamente lo que el ser humano parecía tratar de evitar durante los últimos siglos.

Muros es un documental español dirigido por los navarros Pablo Iraburu y Migueltxo Molina (realizadores del alabado Pura Vida. The Ridge) que trata de buscar el sentido a estas construcciones casi de la vergüenza, tomando como referencia la rutina diaria de varios individuos de uno y otro lado del muro. En este caso, los directores dirigen su mirada a tres lugares: el muro que separa España de Marruecos en Melilla; el que existe entre EEUU y México; y el construido en la frontera entre Zimbawe y Sudáfrica. Si bien al final se encargan de recordarnos que hay muchísimos más (citando especialmente el que Israel está construyendo a lo largo de la franja de Gaza), el documental se centrará en seis historias paralelas ambientadas a un lado y otro de las respectivas fronteras.

Antes de comenzar con las historias individuales, Muros inicia su metraje con imágenes de archivos sobre la caída del Muro de Berlín, en lo que probablemente será el mayor acierto de la cinta. ¿Por qué el mundo occidental celebró tanto este episodio simbólico y, sin embargo, mira para otro lado con los muros de hoy en día?, parecen querer cuestionarse los cineastas, con tanto tino como sentido de la oportunidad. Esta comparación entre un suceso y otro da paso una pantalla partida con individuos de un lado y otro del muro a cada lado, en la que trata de decir que todos somos iguales: nos acicalamos por la mañana y salimos a trabajar. Más adelante, otra pantalla partida servirá para ilustrar la diferencia socioeconómica en cuanto a las comidas: a un lado de la frontera se hinchan tanto a comer que tienen que acabar rechazando la comida que les ofrecen e incluso le dan un poco al perro; al otro lado, tienen tan poco que deben comer bien despacio para que sepa mejor.

Lo cierto es que las seis historias de Muros transcurren de diferente modo pero con muchos puntos comunes entre sí, sobre todo por esa delgada línea que separa el documental de un cierto aire de ficción que en ocasiones deja la duda al espectador. Cobran un especial protagonismo los relatos de la pareja de mexicanos que arriesga su integridad física por pasar a EEUU y el del guarda sudafricano que vigila la entrada de zimbabwenses en su territorio. Por el contrario, la historia del guardia civil español que vigila la valla de Melilla al final no está desarrollada lo suficiente, residiendo todo su interés en una conversación familiar a la hora de la comida que abochornará a más de uno (algo que también sucede con la familia sudafricana). Tampoco gozan de mayor trascendencia en el documental las penurias de los zimbabwenses, aunque llama la atención cómo ellos mismos tratan de plasmar sus preocupaciones en obras teatrales. En este sentido, las mayores virtudes de la cinta las encontramos en la acertada reflexión del estadounidense respecto a la cuestión migratoria y en la tristeza que desprenden las palabras de la madre marroquí a sus hijos acerca de la valla de Melilla. No en vano, hay bastantes frases rescatables a lo largo del film, como aquella que reza algo así como: “En vez de construir muros, yo construiría puentes”.

En ciertas ocasiones, Muros termina por caer sin pretenderlo en algún detalle demagógico, pero en general procura no entrar en cuestiones políticas más allá de las opiniones de los propios protagonistas, por lo que la obra no es en absoluto criticable a través de este sentido. Sí es más decepcionante que los directores no terminen de ahondar demasiado en la cuestión principal, quedándose en detalles muy superficiales. Al final el documental ni es analítico desde un punto de vista económico o social ni tampoco resulta demasiado emotivo con excepción de un par de secuencias, lo cual es sorprendente dada la elevada presencia de aspectos dramáticos. En cierta manera, se rompe ese grato comienzo que tanto prometía, pero no deja de ser una pieza cinematográfica recomendable aunque sólo sea para no olvidar uno de los mayores dramas que presenta el mundo hoy en día.


Álvaro Casanova - @Alvcasanova
Crítica para www.cinemaldito.com (@CineMaldito)
Kasanovic
¿Te ha resultado interesante y/o útil esta crítica?
5
12 de mayo de 2015
0 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Abandonar el lugar donde creciste para empezar una nueva vida en otro sitio siempre es una acción que requiere un cierto valor, no todo el mundo se puede enfrentar a la incertidumbre sobre lo que le deparará su nuevo destino. Pero quizá más duro sea volver a los orígenes y comprobar cómo el vínculo entre individuo y tierra natal ha quedado derruido en buena parte. Es lo que le sucede al protagonista de Las altas presiones, segundo largometraje del realizador gallego Ángel Santos tras Dos Fragmentos / Eva (2012). Cuando Miguel vuelve a Pontevedra por motivos laborales, el pasado, presente y futuro de su vida se une en un mismo punto, se da cuenta de que el tiempo que ha pasado a través sus vivencias fuera de allí han convertido en un mero recuerdo los años que pasó en la tierra donde por primera vez vio la luz. Le resulta muy difícil asociar ambas experiencias, hasta el punto de que se pierde en complicados amoríos y, al menos en un principio, no atiende con buenos ojos la presencia de antiguos compañeros de fatigas.

Miguel es un tipo de apariencia seria, no le agrada en exceso el ambiente social y tampoco goza de un gran gancho para formar una relación seria. La película se centra casi por completo en construir su psique a la hora de afrontar el retorno a casa, darse cuenta de cómo el paso de los años ha derruido buena parte de su identidad. Andrés Gertrúdix interpreta un papel muy similar al que ya vimos el año pasado en El árbol magnético, que también situaba a su personaje en una órbita complicada por el choque entre lo que fue y lo que actualmente es. El actor madrileño es lo mejor (sin llegar a deslumbrar) de una cinta que muestra bastantes altibajos.

Lo que Ángel Santos quiere mostrarnos es el acercamiento más natural posible a lo que sería una “vuelta a casa” hoy en día. Aparecen temas redundantes como el amor o la amistad, pero también otros con una importante conexión respecto a la actualidad y que se resumen en el impacto de la crisis económica en la juventud, tanto en un presente destrozado por el gran desempleo como en un futuro plagado de incertidumbre y falta de esperanza, tanto en lo que se refiere a lo meramente laboral como, y en consecuencia con lo anterior, a lo personal. Miguel, por fortuna, no tuvo que emigrar demasiado lejos para trabajar: reside en Madrid y se encarga de buscar localizaciones para rodar películas, por encargo de una productora. Pero su vida social está hecha trizas, se le nota en cada mirada y en cada gesto. Por eso ve con tanta ilusión la presencia de Alicia, una joven enfermera de la que se queda prendado a primera vista. Aquí dará comienzo un tira y afloja emocional que se prolongará a lo largo de la obra.

Sin embargo, esta premisa de aportar las mayores dosis de realismo posibles a la narración se encuentra con diversos obstáculos durante los 95 minutos que dura Las altas presiones. El más obvio es el cierto desapego respecto a los personajes, que por momentos dan la sensación de no estar todo lo elaborados que necesitaran. No metemos al protagonista en este saco, ya que el no mostrar claras sus motivaciones es algo intrínseco al papel. Esta carencia de definición provoca que algunos pasajes de la cinta se hagan algo cargantes. Santos intenta abarcar lo máximo posible y, como consecuencia de ello, se rompe el tono intimista que al comienzo de la película parecía demostrar.

Aunque irregular en su desarrollo, Las altas presiones cumple con el cometido último de reflejar los problemas identitarios de un joven a la hora de mantener un equilibrio entre sus orígenes y su trabajo, con el evidente problema de no ser capaz de vivir una vida plena en el aspecto personal y social. Buena puesta en escena, mejores interpretaciones y una fotografía desgastada que le aporta más sentido a la propuesta de Ángel Santos. Faltó condimentar con algo más de pimienta estas buenas intenciones, ya que el lazo de unión que trata de construir con el espectador acaba perdiendo bastante de su tejido a lo largo de intrascendentes minutos. Pero el resultado es suficiente para permanecer atentos a lo que pueda deparar en un futuro la filmografía de uno de los integrantes del novo cinema galego, tal y como se ha denominado a esta corriente que proviene del noroeste español.


Álvaro Casanova - @Alvcasanova
Crítica para www.cinemaldito.com (@CineMaldito)
Kasanovic
¿Te ha resultado interesante y/o útil esta crítica?
8
1 de diciembre de 2015
3 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Apichatpong Weerasethakul va camino de ser uno de esos autores que en el futuro dejarán a sus espaldas un legado cinematográfico al nivel de los grandes directores que ha parido el lejano oriente. Ya con Mysterious Object at Noon obteníamos las primeras pistas de lo que iba a ser su propuesta a nivel fílmico. Se trataba de una especie de mezcla entre documental y ficción sobre la relación entre diversos personajes de una localidad tailandesa concreta. Aunque en sus primeros minutos seguía las andanzas de un vendedor urbano, Apichatpong poco a poco iba cimentando una atmósfera onírica, utilizando diversos elementos fantásticos que daban un sabor diferente a una cinta que se convertiría en toda una declaración de intenciones por su parte, además de resultar muy recomendable como primera piedra de toque para comprender el estilo del cineasta

Quince años después, Cemetery of Splendour busca culminar la prolífica primera parte de la carrera cinematográfica del tailandés. Apichatpong, en su vuelta a la pequeña localidad donde pasó los primeros años de su vida, nos vuelve a brindar otro juego entre muerte, enfermedad y convalecencia como ya hiciera en varias de sus obras más reconocidas, al mismo tiempo que mantiene esa atmósfera cargada de irrealidad que ya se ha convertido en marca de la casa. En este caso, el asiático narra cómo una mujer se pone en contacto con varios soldados postrados en camilla que poseen una extraña enfermedad del sueño, estableciéndose entre ambos un contacto especial que desencadena, a su vez, varias escenas oníricas. Esta será la seña de identidad de la película, donde es muy difícil separar la realidad de aquello que está generado por la mente de los personajes. Y aquí radica su gran virtud, ya que da una increíble autonomía al espectador para que este experimente todo tipo de sensaciones al entrar en la atractiva atmósfera que nos ofrece el film, siempre que no sienta una necesidad imperiosa de comprender absolutamente todo lo que se muestra (en ese caso, mejor buscar otras propuestas).

En esta perspectiva visual tiene decisiva importancia el uso del color, a través del que Apichatpong busca experimentar con los sentimientos de los protagonistas. A veces esto va parejo a un cambio en el paradigma argumental, pero lo habitual es que sea el propio escenario el que se impregne de diversas tonalidades que proporcionan sentimientos concretos, sin que medie explicación para tales fenómenos. Esta aparente aleatoriedad, lejos de ser un inconveniente, es precisamente la mejor carta de presentación de una película que en todo momento goza de una clara cohesión entre sus partes. Bien es cierto que este colorido suaviza un poco el contenido del film, ya que nuestra mente sabe responder mejor a los estímulos generados por el color que al de los cambios en el escenario, también muy presentes en esta obra.

Cemetery of Splendour, al menos como ha sido presentada en el 53 Festival Internacional de Cine de Gijón, va precedida del documental Vapour que, manteniendo las bondades del director en el plano visual, no termina de concretar sus intenciones pese a los 19 minutos de duración. Apichatpong asegura que para él tiene una suma importancia el tema del vapor, que aquí vemos introducirse entre las casas de varias personas. No es complicado extraer intepretaciones de lo que vemos en pantalla, pero Vapour acaba por convertirse más en una pieza con la que experimentar entre largo y largo que un cortometraje que se pueda valer por sí mismo.

El propio Apichatpong ha reconocido que Cemetery of Splendour es su película más accesible. La razón que otorga para tal razonamiento es que hay un personaje con el que el espectador se puede identificar, al contrario que anteriores filmes donde el escenario jugaba un papel incluso más importante que aquí. Y hablando de escenarios, el cineasta no ha parado de asegurar que Cemetery of Splendour será su última película en Tailandia, cerrando así un ciclo de su vida y, al mismo tiempo, abriendo otro en el que se dedicará a rodar en el extranjero. ¿Qué país logrará atraerlo para que continúe haciendo cine en su territorio? Está por ver, aunque parece que ha declarado que quiere hacer su siguiente película bajo el idioma castellano. Pero lo que es seguro es que desde aquí seguiremos esperándole, allá donde se encuentre.


Álvaro Casanova - @Alvcasanova
Crítica para www.cinemaldito.com (@CineMaldito)
53 Festival Internacional de Cine de Gijón
Kasanovic
¿Te ha resultado interesante y/o útil esta crítica?
<< 1 70 76 77 78 79 >>
Preguntas más frecuentes | Política de privacidad / condiciones de uso | Configuración de privacidad | Ir a Versión MÓVIL
© 2002-2019 Filmaffinity - Movieaffinity | Filmaffinity es una página de recomendación de cine y series basada en la afinidad entre sus usuarios.
Filmaffinity es un medio independiente, y su principal prioridad es la privacidad, mantenimiento y seguridad de los datos de sus usuarios,
información que no comparte fuera de la web con ninguna entidad y/o empresa, bajo ninguna circunstancia.
All Rights Reserved - Todos los derechos reservados