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Críticas 120
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
7
5 de marzo de 2025
25 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta miniserie nos lleva a Madrid en 1979, con un país todavía medio grogui tras la muerte de Franco y una policía que intenta adaptarse a los nuevos tiempos... o lo que ellos creen que son "nuevos tiempos". En el Madrid de 1979, en plena resaca de la dictadura, las estructuras policiales y sociales todavía tambalean entre el pasado y un futuro incierto.

La serie acierta de lleno con la caracterización del Madrid de finales de los setenta del siglo pasado, tanto en el centro urbano como en los barrios periféricos, llevándote a ese tardofranquismo que aún pesa en las calles. La fotografía refuerza ese realismo, mientras las tramas reflejan los conflictos sociales de una época en plena construcción: política, violencia, drogas… y cómo cada personaje los vive y percibe según el lugar que ocupa en una sociedad que avanza rápido y no espera a nadie.

En medio de ese caos controlado, aparece Clara Montesinos, una de las primeras mujeres policía en España, interpretada por Laia Manzanares. Y lo borda: su Clara es un cóctel perfecto de timidez y brillantez, cohibida pero con agallas, empeñada en hacer justicia aunque el sistema le ponga más piedras que una ruta de senderismo extremo.
Es algo más que un simple thriller policial. Hay historia, hay sociología, y hay mucho que decir desde las voces femeninas. Las tramas son sólidas y la ambientación de la época también, lo que conforma una sensación de realismo donde los temas sociales, personales y policiales se entrelazan de una forma muy natural que consigue enganchar.

También aparecen varios clichés redundantes —corrupción policial, la pionera a contracorriente en un mundo de hombres, los "romeos" de Vallecas y las "julietas" del Barrio de Salamanca...—, o al menos nos lo puede parecer al mirar 1979 con los ojos de 2025. Pero, en general, el resultado es bastante coherente, sin forzar las costuras. Todo encaja, fluye y se disfruta mientras las piezas del puzle se van moviendo.

Mi valoración: B+
Siendo Marta Díaz (Miniserie de TV)
MiniserieDocumental
España2026
1.6
103
Documental, Intervenciones de: Marta Díaz
1
25 de enero de 2026
21 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando uno se encuentra con estos "productos" en una plataforma que está pagando —aunque sea la suscripción básica con anuncios— no puede evitar que le salga el hater que todos llevamos dentro y se pone a escribir... en modo terapia para soltar el cabreo, por salud mental y también por vocación de servicio público.

Para poder hacer esta crítica, mi mejor aliado ha sido la barra de avance rápido. Es la única herramienta útil para enfrentarse a este vacío de tres episodios. Lo coherente habría sido ofrecer esto como banner publicitario... Esta cosa de Marta Díaz no es una miniserie, ni un documental, ni mucho menos cine: es spam disfrazado de confesión íntima.

Esto es un anuncio de Prime Video de casi hora y media que tiene la misma profundidad que un catálogo de muebles o de lo que sea. Cero conflictos, cero realidad y ni un solo segundo que no haya pasado por el filtro de la productora. Es un producto diseñado para que la marca no sufra y los contratos sigan cayendo, envuelto en una estética impecable, inerte y cansina.
Como nota positiva: si la ves con anuncios la cosa mejora mucho. Al menos los cortes aportan algo de diversidad al monólogo visual y —está claro— los publicistas también tienen que comer. Su trabajo, al menos, no finge ser lo que no es.

Si quieres ver un TikTok estirado hasta el infinito dale al play. Si buscas un documental... bueno, no creo que aquí nadie busque eso.

Nota: S (de Spam, Sin alma y Soberano aburrimiento).
14 de agosto de 2025
22 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
* Lift to Hell (versión libre inspirada en AC/DC)

No stop buttons, no safety lines.
I’m riding straight down.
Fast, loud, and free,
no way to turn back.

The cage is shaking,
the lights are burning,
and I’m heading to that floor
where social hypocrisy never ends.

La puerta del ascensor se abre… y no hay humo ni fuego: hay una mesa, sillas y un grupo de vecinos que te miran con la misma intensidad que una guitarra distorsionada. En este edificio la palabra mágica no es “comunidad”, sino “junta”. La reunión empieza con un único punto en el orden del día: cambiar el ascensor. Pero basta con que alguien mencione la llegada de un nuevo inquilino con problemas de salud mental para que lo que parecía un trámite se convierta en un combate dialéctico.

Lo que sigue es un desfile de verdades a medias, silencios incómodos y prejuicios que emergen con la misma velocidad con la que se suben las cuotas de la comunidad. Cada vecino trae su personaje bien ensayado: el que se indigna, el que se esconde, el que cree ser la voz de la razón y acaba soltando la barbaridad más grande. Aquí no hay inocentes, solo distintas formas de equivocarse.
Santiago Requejo dirige con precisión y contención, muy teatral en su minimalismo, sin artificios innecesarios. La música aparece donde debe, sin invadir, reforzando el ambiente justo cuando hace falta. Nos sienta en la mesa como a un vecino más, atrapado entre carcajadas y miradas de “yo no he sido”. El guion es quirúrgico: cada réplica pesa, cada pausa corta. El reparto, coral y afinado, funciona como un engranaje bien hecho: todos tienen su momento de brillo… y su metedura de pata épica.

Votamos es una comedia inteligente, de esas que no se conforman con hacerte reír. Te pone un espejo delante para que reconozcas —aunque no lo digas en voz alta— que tú también podrías estar en esa mesa, defendiendo lo indefendible con una copa de vino en la mano. Es ácida, divertida, reflexiva y tan real que provoca la risa… y un poquito de vergüenza.

Porque, al final, cambiar el ascensor casi es fácil. Lo difícil es cambiar la mentalidad de quienes lo usan. Ahí es donde esta película acierta: recordándonos, entre risas y humor oscuro, que la tolerancia no se vota, se practica. El cierre musical Dangerous Affairs de Inon Zur es espectacular: irrumpe en el punto exacto, clausurando la historia y prolongando la reflexión más allá de los créditos.
Y si después de verla te descubres pensando “yo habría sido el más sensato de la sala”, tranquilo: eso mismo creen todos los vecinos de esta historia… hasta que les toca votar. No pasa nada: no eres raro, no estás fatal. Simplemente, eres humano.
7 de agosto de 2025
22 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
* El género humano es la internacional

“Berlinguer. La grande ambizione” no es solo un documental sobre Enrico Berlinguer, el carismático secretario del Partido Comunista Italiano en los convulsos años 70. Es también una poderosa evocación de un tiempo en que la política todavía se pensaba como herramienta de transformación social, y no como un juego de poder o espectáculo mediático.

Con una estructura clásica de documental que entrelaza material de archivo y reconstrucciones, la cinta sigue el pulso de la vida pública y personal de Berlinguer, centrándose especialmente en su audaz propuesta de acercamiento a la Democracia Cristiana, el llamado “compromiso histórico”. En plena Guerra Fría y tras el traumático secuestro y asesinato de Aldo Moro, su intento de renovar la izquierda europea desde dentro del sistema resulta tan quijotesco como admirable.

Elio Germano deslumbra en su interpretación, dotando de vida y matices a una figura política que no se deja reducir a eslóganes. Hay en su mirada mucho de tristeza anticipada, como si supiera que aquella gran ambición, en el fondo, estaba condenada a chocar con los muros de la realpolitik. Pero el documental también resuena más allá de Italia.
Elio Germano
El eco de Berlinguer se escucha en la evolución del comunismo español durante el tardofranquismo y la Transición. Aquí también hubo compromiso (aunque lo llamaran “consenso”), eurocomunismo, pactos, y más transacción que ruptura. Se copiaron muchos de aquellos esquemas —desde el PCE hasta el PSUC— para lograr una salida viable en plena tensión de bloques, con una dictadura agonizante y una oposición democrática sin suficiente fuerza para romper la dictadura.

Y así, en el Estado español y en Europa occidental se construye, entre contradicciones, un cierto estado del bienestar. Contra la URSS vivíamos mejor, decía la broma (inspirada en otras frases menos graciosas). Y es que, paradójicamente, lo que no se permitió políticamente —esa “tercera vía” imposible entre capitalismo salvaje y socialismo real— acabó sentando las bases de un modelo más justo… al menos durante un tiempo.

Berlinguer no fue solo un político. Fue un intento. Una posibilidad. Una utopía... Y esta película lo recuerda con rigor, sensibilidad y sin caer en la hagiografía. Nunca está de más mirar hacia atrás para entender por qué estamos donde estamos… y por qué cuesta tanto imaginar otra ambición posible.
25 de noviembre de 2025
17 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Producida por Amazon y, cosas de esta industria tan caprichosa, distribuida en España por Filmin, Blindspår (titulada aquí “Los misterios del Hotel Finse”) adapta la novela “1222” de Anne Holt. Si ves el tráiler parece que quiere ser un thriller premium mega-misterioso nórdico con perfume de Agatha Christie, pero al final se queda en una partida de Cluedo jugada de aquella manera.

Accidente de tren, resiliencia extrema, hotel aislado, huéspedes sospechosos, flashbacks que aparecen como cartas sorpresa… todo está ahí, pero sin la chispa necesaria para que el crimen brille más que la moqueta o la nieve. Aunque entretener, entretiene —eso no se lo quita nadie— y tiene ese encanto de pasatiempo accidental: se ve fácil, se olvida más fácil aún y engancha lo justo; puedes señalar a la pantalla diciendo "ese es el asesino… ¿o no?". El problema es que, cuando intenta encontrarse a sí misma, se acaba perdiendo. No es "Maldad bajo el sol", es más bien "maldad bajo fluorescentes de hotel barato"; ni tampoco "Asesinato en el Orient Express", pero al menos tiene su punto de homenaje a su manera nórdica.

Aun así, los cuatro episodios pasan volando, y el reparto hace lo que debe y, sobre todo, lo que puede: Ida Engvoll ("Amor y Anarquía", "Un hombre llamado Ove") centra la historia con su resolutiva Hanne Wilhelmsen, una inspectora en silla de ruedas que observa más de lo que dice, mientras que Pål Sverre Hagen y Måns Clausen intentan sostener el invento… y el resto del elenco lo mismo, con resultados desiguales. El juego del "quién ha sido" está ahí y mantiene el interés, apoyado por una banda sonora minimalista que intenta ser atmosférica, pero se queda en funcional.

Solo hay que entrar sabiendo lo que hay: un "whodunit" nórdico que a ratos se convierte en un Cluedo sueco con un punto de telenovela y pretensiones seriéfilas. Y, en realidad, tiene su parte entrañable y es en su modestia donde encuentra su lugar: cuatro episodios que no exigen ni compromiso ni memoria, ideales para una tarde de sofá y manta. Un "cozy mystery" nórdico de manual con pretensiones de serie y alma de telefilm de domingo por la tarde. De hecho tienes la sensación de ver una película televisiva extendida, tuneada en forma de miniserie y perfecta para pasar un rato con poca exigencia y aún menos carga mental.

Le pongo un 5 sobre 10… y, al menos, le reconozco a la serie que la he empezado y la he acabado sin huir por la vía ni congelarme en la nieve.
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