Críticas ordenadas por utilidad
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7
23 de octubre de 2025
23 de octubre de 2025
52 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil
* I come from down in the valley
El Springsteen que emergió después de “Born in the U.S.A.” no está aquí, pero se está gestando. Lo que vemos es al Bruce de “Nebraska”: humano, atormentado, de carne, hueso y sudor. El que viene de la clase trabajadora, que puedes oler y sentir; un track vital de un músico que carga con sus demonios del pasado, pero aún no se ha convertido en mito.
'Deliver Me From Nowhere' tiene sus limitaciones. No es perfecta, pero es honesta en un terreno difícil. Podría haberse limitado a la postal nostálgica, al fanservice… pero toma un camino más sombrío y se ensucia las manos al intentar retratar a un Bruce roto, denso, en proceso. Que no llegue a todas partes no significa que no lo intente; y en esa tentativa hay más valor que en muchos retratos “redondos” y complacientes.
Visualmente es potente: carreteras, Asbury Park, espacios íntimos y grabaciones tozudas en estudio. Rock, folk y flashbacks que expulsan la narrativa fuera del biopic típico. No esperes un fanservice colorido porque no lo vas a encontrar, ni una simple exaltación musical. La música fluye, no se impone: ya está ahí, y se reivindica sola.
El Springsteen que emergió después de “Born in the U.S.A.” no está aquí, pero se está gestando. Lo que vemos es al Bruce de “Nebraska”: humano, atormentado, de carne, hueso y sudor. El que viene de la clase trabajadora, que puedes oler y sentir; un track vital de un músico que carga con sus demonios del pasado, pero aún no se ha convertido en mito.
'Deliver Me From Nowhere' tiene sus limitaciones. No es perfecta, pero es honesta en un terreno difícil. Podría haberse limitado a la postal nostálgica, al fanservice… pero toma un camino más sombrío y se ensucia las manos al intentar retratar a un Bruce roto, denso, en proceso. Que no llegue a todas partes no significa que no lo intente; y en esa tentativa hay más valor que en muchos retratos “redondos” y complacientes.
Visualmente es potente: carreteras, Asbury Park, espacios íntimos y grabaciones tozudas en estudio. Rock, folk y flashbacks que expulsan la narrativa fuera del biopic típico. No esperes un fanservice colorido porque no lo vas a encontrar, ni una simple exaltación musical. La música fluye, no se impone: ya está ahí, y se reivindica sola.

Jeremy Allen White
La película aborda también —o sobre todo— una caída psicológica: un pozo emocional donde el trauma se muestra con rostro, con vulnerabilidad… Scott Cooper dibuja una especie geografía del alma, austera y minimalista. Aquí, la coherencia estética es una declaración: el camino de la redención pasa por la crudeza del sonido lo-fi: una grabadora de cuatro pistas como única fidelidad posible a la verdad emocional que el estudio profesional —el mainstream pulcro— se empeña en pulir y, por tanto, en traicionar.
Sobresale la dupla Springsteen–Landau, con Jeremy Strong como representante atípico y contrapunto emocional. No busca beneficios económicos, busca sostener, acompañar desde la empatía y la solidaridad. La química con Jeremy Allen White funciona con naturalidad, aportando profundidad y matices.
Jeremy Allen White no embalsama al Boss ni lo mimetiza. Se pone en el centro, lo re-interpreta desde su propia visión con un punto hiperbólico que funciona… y acierta. Pero va más allá: enlaza la grandeza del Boss desde el único sitio posible. Saber de dónde vienes para no olvidar quién eres.
Sobresale la dupla Springsteen–Landau, con Jeremy Strong como representante atípico y contrapunto emocional. No busca beneficios económicos, busca sostener, acompañar desde la empatía y la solidaridad. La química con Jeremy Allen White funciona con naturalidad, aportando profundidad y matices.
Jeremy Allen White no embalsama al Boss ni lo mimetiza. Se pone en el centro, lo re-interpreta desde su propia visión con un punto hiperbólico que funciona… y acierta. Pero va más allá: enlaza la grandeza del Boss desde el único sitio posible. Saber de dónde vienes para no olvidar quién eres.

Jeremy Allen White
No es un biopic integral. Ese todavía está por escribir. Entre otras cosas, no puede serlo porque aún nos queda Boss para rato, y es demasiado pronto para abrir ese melón. Lo que sí hace esta película es detenerse en un momento de inflexión, cuando Bruce era “solo” Bruce... Y al final, queda la pregunta que nunca dejó de hacerse: “Is a dream a lie if it don't come true, or is it something worse?”
14 de enero de 2026
14 de enero de 2026
77 de 112 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Pero esto qué es?
Si el título no empezara por “28 (lo que sea) después” y fuera una película aislada en su propio contexto, la crítica sería otra muy diferente. Pero no lo es, y la hago sobre lo que se supone que es —o lo que no es y nos dicen que es—: una parte del universo de 28 días después. Así nos lo venden y se queda en secuela de la entrega anterior, que ya tenía poco que ver con la saga —y ahora menos todavía—.
La última entrega me acabó generando muchas dudas, y ahora las dudas empiezan a dejar de serlo: esta nueva expansión está mucho más cerca de ser un spin off… pero muy muy «off», que una secuela coherente.
El film de DaCosta apenas ha recaudado 57 millones, ha costado 63 millones y ha sido enviado al streaming antes de un mes… Y, claro, la tercera entrega está en el limbo. ¿A alguien le extraña?
Este viaje lisérgico es más un reflejo de sí mismo que algo que entronque remotamente con la saga original de Boyle y Fresnadillo. Simplemente, no conecta con ella: no la desarrolla, no la respeta, se inventa todo y encima espera que aplaudamos mientras Ralph Fiennes hace teatro heavy metal y Jack O’Connell se pasea como el hijo del diablo en plan bufón endemoniado.
Si el título no empezara por “28 (lo que sea) después” y fuera una película aislada en su propio contexto, la crítica sería otra muy diferente. Pero no lo es, y la hago sobre lo que se supone que es —o lo que no es y nos dicen que es—: una parte del universo de 28 días después. Así nos lo venden y se queda en secuela de la entrega anterior, que ya tenía poco que ver con la saga —y ahora menos todavía—.
La última entrega me acabó generando muchas dudas, y ahora las dudas empiezan a dejar de serlo: esta nueva expansión está mucho más cerca de ser un spin off… pero muy muy «off», que una secuela coherente.
El film de DaCosta apenas ha recaudado 57 millones, ha costado 63 millones y ha sido enviado al streaming antes de un mes… Y, claro, la tercera entrega está en el limbo. ¿A alguien le extraña?
Este viaje lisérgico es más un reflejo de sí mismo que algo que entronque remotamente con la saga original de Boyle y Fresnadillo. Simplemente, no conecta con ella: no la desarrolla, no la respeta, se inventa todo y encima espera que aplaudamos mientras Ralph Fiennes hace teatro heavy metal y Jack O’Connell se pasea como el hijo del diablo en plan bufón endemoniado.

Han cogido la marca 28 Días Después, le han puesto lentejuelas de colores, peluca, heavy metal (entre otros géneros), unos cuantos flashbacks, han subido la violencia a tope y nos dicen: “Tranquilos, es coherente”. Spoiler: no lo es.
Secta, cruz al cuello y fe ciega.
La anterior entrega parecía el prólogo de algo que aún no entendíamos, y esta cumple su función como nexo de unión entre los episodios de esta nueva trilogía al mismo tiempo que se aleja de la saga original. Amplía el lore y se cierra dejando la sensación de que todo va hacia algún sitio, aunque por ahora ese camino se reduce a potencia visual, liturgia y un montón de huesos.
Si 28 años después te pareció rara, prepárate: esto ya es secta heavy, cruz al cuello y fe ciega. El apocalipsis continúa… pero ahora tiene dogma y arquitectura ósea.
El templo de huesos es literal, simbólico y estéticamente muy flipado. Infectados, pero ahora con homilía. El tono vira hacia el culto (místico y cinematográfico), y la estética recuerda las luces rojas de Mad Max pero en modo random y con poco sentido. Lo llaman secuela, pero es una impostura en forma de delirio místico, pandillero y postapocalíptico, con un punto telenovelesco que no sabías que querías (o no querías).
Secta, cruz al cuello y fe ciega.
La anterior entrega parecía el prólogo de algo que aún no entendíamos, y esta cumple su función como nexo de unión entre los episodios de esta nueva trilogía al mismo tiempo que se aleja de la saga original. Amplía el lore y se cierra dejando la sensación de que todo va hacia algún sitio, aunque por ahora ese camino se reduce a potencia visual, liturgia y un montón de huesos.
Si 28 años después te pareció rara, prepárate: esto ya es secta heavy, cruz al cuello y fe ciega. El apocalipsis continúa… pero ahora tiene dogma y arquitectura ósea.
El templo de huesos es literal, simbólico y estéticamente muy flipado. Infectados, pero ahora con homilía. El tono vira hacia el culto (místico y cinematográfico), y la estética recuerda las luces rojas de Mad Max pero en modo random y con poco sentido. Lo llaman secuela, pero es una impostura en forma de delirio místico, pandillero y postapocalíptico, con un punto telenovelesco que no sabías que querías (o no querías).

Punki y sin red
La dupla Garland (guionista cerebral sobrevalorado) y DaCosta (directora visualmente competente) podría haber funcionado, a priori, pero la cosa no se aguanta. DaCosta se lanza sin frenos con lo que bien podría ser una herejía o una genialidad… o ambas, o ninguna, que es lo que resulta. Y no es culpa suya: bastante hace con la escritura de guion que le dan.
Ni siquiera la presencia magnética de Ralph Fiennes y su Dr. Kelson, gurú apocalíptico e iluminado de pesadilla, logra dar la necesaria "piel" a su esqueleto. Jack O’Connell hace de Jack O’Connell y se desata como teólogo sectario en modo psicópata hiperbólico… y Alfie Williams sigue dando tumbos en plan protagonista accidental.
El resultado: imágenes potentes, una estética premium —cruda, sangrienta y a ratos atmosférica—, una estructura algo más coherente que la anterior (tampoco era difícil), una fumada argumental considerable… y ese regusto persistente a que algo está germinando aquí y seguimos sin saber qué es. Todo aliñado con una capa mística que nunca termina de cuajar.
Si le pillas el gusto al apocalipsis y al folk horror dramático servido con incienso, sangre y marketing, puede que te sirva, no digo que no… y esto es lo más positivo que puedo escribir. No cierra nada. Lo abre todo. Y lo deja palpitando con una mezcla de épica, sátira y ritual macabro muy divisivo. Mística y huesos para no llegar a ningún destino.
Entre la mística y la chapuza
Sigo pensando —como ya comenté en la crítica de la entrega precedente— que esto es una trilogía “en construcción” que, supuestamente, pretende ampliar la saga —o, al menos, le han puesto el mismo nombre— pero el problema es que, a estas alturas, no termina de saber qué quiere ser. No amplía nada más allá de sí misma, y la supuesta “relevancia temática” que despliega —naturaleza del mal, extremismo religioso, individualismo vs. colectividad y derivados— funciona más como adorno discursivo que como verdadero desarrollo.
¿Cómo te voy a querer? Estando flaca como estás
Y ya puestos a ser "creativos" con la parte musical, me he acordado de aquel mítico tema de Manolo García y Quimi Portet (cuando en 1984 eran Los Burros), cambiando algo el orden de la estrofa: “Porque eres huesos, huesos. Tú eres sólo huesos, unidos por muy poca piel. ¿Cómo te voy a querer? estando flaca como estás…”. Espero que se entienda la metáfora; por si no he sido claro, la explico: ni mejora lo suficiente, ni avanza ni retrocede; solo deambula.
Como folk horror posapocalíptico aporta honestamente cosas al género. Diferente es y arriesgada casi también, pero entendida como lo que nos venden —una extensión de la saga— se parece bastante a un truño como un puño: comercial, eso sí, y rentable más o menos… pero un truño con envoltorio premium. Muchos huesos y poca piel esperando que, en la próxima entrega, alguien encienda la luz… o mejor, una antorcha con mucha gasolina.
* Lo mejor: Ralph Fiennes y Jack O’Connell.
* Lo peor: Que se llame "28 años después" solo para vender entradas.
La dupla Garland (guionista cerebral sobrevalorado) y DaCosta (directora visualmente competente) podría haber funcionado, a priori, pero la cosa no se aguanta. DaCosta se lanza sin frenos con lo que bien podría ser una herejía o una genialidad… o ambas, o ninguna, que es lo que resulta. Y no es culpa suya: bastante hace con la escritura de guion que le dan.
Ni siquiera la presencia magnética de Ralph Fiennes y su Dr. Kelson, gurú apocalíptico e iluminado de pesadilla, logra dar la necesaria "piel" a su esqueleto. Jack O’Connell hace de Jack O’Connell y se desata como teólogo sectario en modo psicópata hiperbólico… y Alfie Williams sigue dando tumbos en plan protagonista accidental.
El resultado: imágenes potentes, una estética premium —cruda, sangrienta y a ratos atmosférica—, una estructura algo más coherente que la anterior (tampoco era difícil), una fumada argumental considerable… y ese regusto persistente a que algo está germinando aquí y seguimos sin saber qué es. Todo aliñado con una capa mística que nunca termina de cuajar.
Si le pillas el gusto al apocalipsis y al folk horror dramático servido con incienso, sangre y marketing, puede que te sirva, no digo que no… y esto es lo más positivo que puedo escribir. No cierra nada. Lo abre todo. Y lo deja palpitando con una mezcla de épica, sátira y ritual macabro muy divisivo. Mística y huesos para no llegar a ningún destino.
Entre la mística y la chapuza
Sigo pensando —como ya comenté en la crítica de la entrega precedente— que esto es una trilogía “en construcción” que, supuestamente, pretende ampliar la saga —o, al menos, le han puesto el mismo nombre— pero el problema es que, a estas alturas, no termina de saber qué quiere ser. No amplía nada más allá de sí misma, y la supuesta “relevancia temática” que despliega —naturaleza del mal, extremismo religioso, individualismo vs. colectividad y derivados— funciona más como adorno discursivo que como verdadero desarrollo.
¿Cómo te voy a querer? Estando flaca como estás
Y ya puestos a ser "creativos" con la parte musical, me he acordado de aquel mítico tema de Manolo García y Quimi Portet (cuando en 1984 eran Los Burros), cambiando algo el orden de la estrofa: “Porque eres huesos, huesos. Tú eres sólo huesos, unidos por muy poca piel. ¿Cómo te voy a querer? estando flaca como estás…”. Espero que se entienda la metáfora; por si no he sido claro, la explico: ni mejora lo suficiente, ni avanza ni retrocede; solo deambula.
Como folk horror posapocalíptico aporta honestamente cosas al género. Diferente es y arriesgada casi también, pero entendida como lo que nos venden —una extensión de la saga— se parece bastante a un truño como un puño: comercial, eso sí, y rentable más o menos… pero un truño con envoltorio premium. Muchos huesos y poca piel esperando que, en la próxima entrega, alguien encienda la luz… o mejor, una antorcha con mucha gasolina.
* Lo mejor: Ralph Fiennes y Jack O’Connell.
* Lo peor: Que se llame "28 años después" solo para vender entradas.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Iron Maiden, calaveras y lecciones de Historia
La anterior entrega era un sinsentido consciente, que lo dejaba todo abierto. Esta continúa la historia donde se quedó, pero resulta bastante más convencional. Se ve más fácil, arriesga menos y, en su intento de vender una mística transgresora y provocadora, acaba rozando la autoparodia. No basta con tirar de fuegos artificiales para sostener la saga.
No basta con la violencia, el gore sangriento a borbotones —literalmente—, la estética y el humor negro.
No basta con la “coreografía” entre Samson y el Dr. Kelson al ritmo de “Ordinary World”, de Duran Duran: una boutade posmoderna donde el nivel de delirio es tan alto que cuesta procesarlo dentro de la propia película… y ya puestos a hacer coreografías y "videoclips", podrían haber usado "Thriller" de Michael Jackson, con el “Alpha” y el resto del reparto como figurantes con pose, para dar más categoría al evento y echarnos unas risas.
La anterior entrega era un sinsentido consciente, que lo dejaba todo abierto. Esta continúa la historia donde se quedó, pero resulta bastante más convencional. Se ve más fácil, arriesga menos y, en su intento de vender una mística transgresora y provocadora, acaba rozando la autoparodia. No basta con tirar de fuegos artificiales para sostener la saga.
No basta con la violencia, el gore sangriento a borbotones —literalmente—, la estética y el humor negro.
No basta con la “coreografía” entre Samson y el Dr. Kelson al ritmo de “Ordinary World”, de Duran Duran: una boutade posmoderna donde el nivel de delirio es tan alto que cuesta procesarlo dentro de la propia película… y ya puestos a hacer coreografías y "videoclips", podrían haber usado "Thriller" de Michael Jackson, con el “Alpha” y el resto del reparto como figurantes con pose, para dar más categoría al evento y echarnos unas risas.

No basta ver a Ralph Fiennes pasado de rosca en otro videoclip —pero este literal y brutal— de Iron Maiden. “The Number of the Beast” nos regala un momentazo delirante y cómico, previo al “anticristo crucificado”: imágenes potentes que no evitan la sensación de que a Garland y DaCosta se les ha ido la película de las manos.
No basta con el “extended cameo” final de Cillian Murphy en su cabaña, impartiendo lecciones de Historia sobre la República de Weimar y el fascismo en Europa, mientras el mundo se desmorona fuera de su ventana. Jim cierra la función con un cliffhanger de manual, dispuesto ante la idea de ayudar a los nuevos protagonistas... y se agradece el cierre, aunque lo realmente difícil será ayudar a salvar esta trilogía del caos en el que se ha hundido.
El balance acumulado es un despropósito estético y narrativo que termina de dinamitar lo poco que quedaba del legado de Boyle y Fresnadillo en esta nueva trilogía, donde la atmósfera opresiva de la saga original —y todo lo demás— parece que ni está ni se la espera… muy poca piel bajo tantos huesos.
Sigue siendo un edificio en construcción, y habrá que ver si las piezas terminan en su sitio… o si acaban desparramadas como restos de un esqueleto mal ensamblado.
No basta con el “extended cameo” final de Cillian Murphy en su cabaña, impartiendo lecciones de Historia sobre la República de Weimar y el fascismo en Europa, mientras el mundo se desmorona fuera de su ventana. Jim cierra la función con un cliffhanger de manual, dispuesto ante la idea de ayudar a los nuevos protagonistas... y se agradece el cierre, aunque lo realmente difícil será ayudar a salvar esta trilogía del caos en el que se ha hundido.
El balance acumulado es un despropósito estético y narrativo que termina de dinamitar lo poco que quedaba del legado de Boyle y Fresnadillo en esta nueva trilogía, donde la atmósfera opresiva de la saga original —y todo lo demás— parece que ni está ni se la espera… muy poca piel bajo tantos huesos.
Sigue siendo un edificio en construcción, y habrá que ver si las piezas terminan en su sitio… o si acaban desparramadas como restos de un esqueleto mal ensamblado.
Miniserie
2025
7
13 de junio de 2025
13 de junio de 2025
46 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil
En los 80, Miguel Ríos cantaba aquello de “es terrible la vida en la frontera”. Hablaba del mundo, de las divisiones, de los muros. Pero justo entonces, aquí al lado, había otra frontera que también dolía: la del terror, la del silencio, la del “mejor no hablar de eso”. De esa frontera va esta serie. De heridas, de memoria colectiva y de un legado que no deberíamos olvidar. Solo por eso, ya merece existir.
La Frontera es una teleficción: una fabulación con trasfondo histórico real, basada en hechos que podrían haber ocurrido perfectamente. Pero es ficción, aunque también ayuda y sirve para la reflexión. Esta miniserie arranca en 1987 con una bomba a punto de explotar —literal y metafóricamente— cuando ETA se plantea cruzar una línea interna: ¿deberían atentar también en Francia, su retaguardia segura? Aunque ganan los que dicen que no, un grupúsculo decide saltarse las reglas y monta su propio plan. Y ahí empieza todo.
Esto no es solo un thriller sobre terrorismo. Hay sociología, política, dilemas morales… y un amor imposible en medio del caos. La serie toca un ángulo poco visto: la etapa en que Francia empieza a colaborar con España contra ETA. Y, desde ahí, explora un terreno donde las fronteras no son solo geográficas, sino ideológicas y personales. El resultado es una historia potente que mezcla el peso del pasado con un relato bien sostenido que te agarra y no te suelta. Tanto el entorno de ETA y su entramado operativo como el contexto de las fuerzas de seguridad y el clima político de la época están bien representados. Igual que el tratamiento del drama de las víctimas y sus familias... Todo eso se cruza con una historia de amor a lo Romeo y Julieta, pero con Guardia Civil y pasado etarra de por medio. Las piezas encajan y huelen a realidad. La historia tiene potencia, la dirección de Centeno y Pulido es solvente y el conjunto funciona.
La Frontera es una teleficción: una fabulación con trasfondo histórico real, basada en hechos que podrían haber ocurrido perfectamente. Pero es ficción, aunque también ayuda y sirve para la reflexión. Esta miniserie arranca en 1987 con una bomba a punto de explotar —literal y metafóricamente— cuando ETA se plantea cruzar una línea interna: ¿deberían atentar también en Francia, su retaguardia segura? Aunque ganan los que dicen que no, un grupúsculo decide saltarse las reglas y monta su propio plan. Y ahí empieza todo.
Esto no es solo un thriller sobre terrorismo. Hay sociología, política, dilemas morales… y un amor imposible en medio del caos. La serie toca un ángulo poco visto: la etapa en que Francia empieza a colaborar con España contra ETA. Y, desde ahí, explora un terreno donde las fronteras no son solo geográficas, sino ideológicas y personales. El resultado es una historia potente que mezcla el peso del pasado con un relato bien sostenido que te agarra y no te suelta. Tanto el entorno de ETA y su entramado operativo como el contexto de las fuerzas de seguridad y el clima político de la época están bien representados. Igual que el tratamiento del drama de las víctimas y sus familias... Todo eso se cruza con una historia de amor a lo Romeo y Julieta, pero con Guardia Civil y pasado etarra de por medio. Las piezas encajan y huelen a realidad. La historia tiene potencia, la dirección de Centeno y Pulido es solvente y el conjunto funciona.

Javier Rey
Javier Rey construye un Mario con capas, tensión interna... y un punto encantador de ingenuidad para ser un capitán del servicio de información de la Guardia Civil. Itsaso Arana, proyecta una magnética Izaskun; Vincent Pérez, lleno de química, da vida a Léon, un bon vivant policial con una retranca espectacular; Rebeca Matellán clava a una Edurne oscura y brutal; Enrique Guaza es un Jon desencadenado... y el resto del elenco suma y sigue. La producción está cuidada y el guion tiene sustancia. La fotografía y la ambientación están bien resueltas. Rodada en multitud de paisajes urbanos y rurales bien integrados —San Sebastián, Getaria, Hondarribia, Irún, Marsella, Biarritz, Madrid, París...—, la serie aprovecha con inteligencia sus localizaciones reales y el uso natural y nativo de varios idiomas —español, francés y euskera— aporta verosimilitud.
Los personajes y los ambientes están bien dibujados, trabajados y llenos de aristas y contradicciones. Si te gustaron Patria, La línea invisible o La infiltrada, apunta esta. Pero no esperes lo mismo... No repite caminos, es otra cosa: aporta diversidad en el enfoque, en el tono y en el registro. Hay heridas que solo se cierran si nos atrevemos a mirarlas, aunque sean ficcionadas y las cicatrices se queden ahí.
Los personajes y los ambientes están bien dibujados, trabajados y llenos de aristas y contradicciones. Si te gustaron Patria, La línea invisible o La infiltrada, apunta esta. Pero no esperes lo mismo... No repite caminos, es otra cosa: aporta diversidad en el enfoque, en el tono y en el registro. Hay heridas que solo se cierran si nos atrevemos a mirarlas, aunque sean ficcionadas y las cicatrices se queden ahí.
28 de marzo de 2026
28 de marzo de 2026
58 de 82 usuarios han encontrado esta crítica útil
* "Through the black, the stars collide... One man against the endless night..." — Spider Knight. Project Hail Mary
Lo que propone la película es una adaptación de la novela homónima de Andy Weir: una recontextualización que asume que la gran pantalla tiene sus propios códigos. Que nadie busque otra cosa, porque no la va a encontrar. Pedirle a la cinta lo mismo que a la novela —o pretender que sea lo que no es— es no entender ni el lenguaje ni la naturaleza de la película.
En tiempos donde la ciencia ficción, cada vez más entregada a algoritmos y VFX, parece oscilar entre el espectáculo vacío y la tontería impostada, Project Hail Mary (titulada Proyecto Salvación en España) encuentra un equilibrio mucho más difícil: emocionar. Esto no va de CGI, ni tampoco de argumentos sesudos y complejos. Es mucho más sencillo: Lord y Miller recuperan el cine de ideas que te hace sentir algo real.
Hay mucho que disfrutar. La sensación es profundamente reconfortante al ver cómo, más allá de la novela, consigue recoger el testigo de grandes referencias para construir una especie de buddy movie de sci‑fi que toca la fibra y te reconcilia con el género.
Lo que propone la película es una adaptación de la novela homónima de Andy Weir: una recontextualización que asume que la gran pantalla tiene sus propios códigos. Que nadie busque otra cosa, porque no la va a encontrar. Pedirle a la cinta lo mismo que a la novela —o pretender que sea lo que no es— es no entender ni el lenguaje ni la naturaleza de la película.
En tiempos donde la ciencia ficción, cada vez más entregada a algoritmos y VFX, parece oscilar entre el espectáculo vacío y la tontería impostada, Project Hail Mary (titulada Proyecto Salvación en España) encuentra un equilibrio mucho más difícil: emocionar. Esto no va de CGI, ni tampoco de argumentos sesudos y complejos. Es mucho más sencillo: Lord y Miller recuperan el cine de ideas que te hace sentir algo real.
Hay mucho que disfrutar. La sensación es profundamente reconfortante al ver cómo, más allá de la novela, consigue recoger el testigo de grandes referencias para construir una especie de buddy movie de sci‑fi que toca la fibra y te reconcilia con el género.

Ryan Gosling
La película gestiona sus influencias sin dejarse eclipsar por ellas. Bebe de 2001 y de la urgencia científica de Interestelar, pero le añade un barniz de humanidad y asombro que nos devuelve a la esencia ‘Amblin’ de E.T., combinada con la curiosidad intelectual de Contacto.
No teme ser inteligente y confía en que disfrutes descifrando el lenguaje alienígena como una necesidad compartida y emocional —un proceso que puede resultar más fascinante que cualquier escena de acción fabricada a golpe de algoritmo—, convirtiendo la comunicación en un puente urgente entre dos mundos.
Va más allá y dialoga con nuestra memoria cinéfila. La cinta me ha traído el recuerdo de aquella tensión diplomática y ética de "The Enemy", episodio de Star Trek: TNG, donde Geordi La Forge y un romulano debían entenderse para no morir. Pero aquí, esa "diplomacia de trinchera" se expande hasta alcanzar la escala emocional de Enemigo mío ("Enemy Mine", 1985), transformando la desconfianza inicial en una de las amistades más puras que nos ha dado la pantalla en años.
No teme ser inteligente y confía en que disfrutes descifrando el lenguaje alienígena como una necesidad compartida y emocional —un proceso que puede resultar más fascinante que cualquier escena de acción fabricada a golpe de algoritmo—, convirtiendo la comunicación en un puente urgente entre dos mundos.
Va más allá y dialoga con nuestra memoria cinéfila. La cinta me ha traído el recuerdo de aquella tensión diplomática y ética de "The Enemy", episodio de Star Trek: TNG, donde Geordi La Forge y un romulano debían entenderse para no morir. Pero aquí, esa "diplomacia de trinchera" se expande hasta alcanzar la escala emocional de Enemigo mío ("Enemy Mine", 1985), transformando la desconfianza inicial en una de las amistades más puras que nos ha dado la pantalla en años.

Y en el centro de todo, un Ryan Gosling que vuelve a demostrar su infalible instinto para elegir proyectos. Su Ryland —vulnerable, brillante, y con el punto justo de sarcasmo autoprotector— es un ancla muy humana sostenida por la espectacular fotografía de Greig Fraser (Dune), quien logra una calidez orgánica casi táctil pese al entorno digital. Todo está bien calibrado para aguantar el peso de esta buddy movie interestelar con una naturalidad pasmosa.
A pesar de sus 156 minutos, el ritmo es tan fluido que el tiempo se diluye. Te atrapa, te hace sonreír y te quedas con esa sensación de esperanza que solo la buena ciencia ficción sabe provocar. En la inmensidad del espacio, como en la vida, lo más valioso que podemos encontrar es algo parecido a un amigo... o alguien con quien compartir el camino.
A pesar de sus 156 minutos, el ritmo es tan fluido que el tiempo se diluye. Te atrapa, te hace sonreír y te quedas con esa sensación de esperanza que solo la buena ciencia ficción sabe provocar. En la inmensidad del espacio, como en la vida, lo más valioso que podemos encontrar es algo parecido a un amigo... o alguien con quien compartir el camino.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
El factor Amblin con regusto trekkie
Tal vez el final pueda dejar dudas, pero —más allá del grado de coherencia con la novela— creo que encaja de maravilla con la esencia 'Amblin' como opción de la película. No quiero cerrar la crítica sin detenerme aquí... y la única forma de hacerlo es destripando en spoilers.
Ryland comienza su viaje como un "héroe a la fuerza", un hombre que ni quiere ni cree ser capaz de sacrificarse, pero su evolución se completa a través de la influencia de Rocky, construyendo su amistad y estableciendo una relación de colaboración y solidaridad. Por eso puede poner rumbo a la Tierra para asegurar la supervivencia de nuestra especie, y también por eso decide dar media vuelta y renunciar a su propio mundo para salvar a su amigo.
La empatía prevalece sobre el instinto de supervivencia en un eco visual que funde la icónica escena de Kirk y el sacrificio de Spock tras el cristal (Star Trek II: La ira de Khan) con la conexión imposible de E.T. Lord y Miller han revelado que la escena del sacrificio tras el cristal no es solo un homenaje visual a La ira de Khan, sino que se rodó utilizando espejos físicos para captar el reflejo real de Gosling y Rocky fundiéndose en uno solo, reforzando ese mensaje de unidad que hace que Ryland decida, finalmente, que su hogar es donde esté su amigo.
Tal vez el final pueda dejar dudas, pero —más allá del grado de coherencia con la novela— creo que encaja de maravilla con la esencia 'Amblin' como opción de la película. No quiero cerrar la crítica sin detenerme aquí... y la única forma de hacerlo es destripando en spoilers.
Ryland comienza su viaje como un "héroe a la fuerza", un hombre que ni quiere ni cree ser capaz de sacrificarse, pero su evolución se completa a través de la influencia de Rocky, construyendo su amistad y estableciendo una relación de colaboración y solidaridad. Por eso puede poner rumbo a la Tierra para asegurar la supervivencia de nuestra especie, y también por eso decide dar media vuelta y renunciar a su propio mundo para salvar a su amigo.
La empatía prevalece sobre el instinto de supervivencia en un eco visual que funde la icónica escena de Kirk y el sacrificio de Spock tras el cristal (Star Trek II: La ira de Khan) con la conexión imposible de E.T. Lord y Miller han revelado que la escena del sacrificio tras el cristal no es solo un homenaje visual a La ira de Khan, sino que se rodó utilizando espejos físicos para captar el reflejo real de Gosling y Rocky fundiéndose en uno solo, reforzando ese mensaje de unidad que hace que Ryland decida, finalmente, que su hogar es donde esté su amigo.

El desenlace de la película es un cierre circular que nos devuelve a los años 80. En lugar del destino trágico de la novela dentro de una cúpula presurizada, con problemas de salud por las condiciones extremas del planeta, una existencia dura y solitaria... se nos revela un final feliz en un hábitat tecnológico y paradisíaco diseñado por los eridianos.
Ryland, que inicialmente huyó de su responsabilidad, encuentra finalmente su lugar en un mundo que no es el suyo. Sabe que con la tecnología eridiana podría regresar a casa cuando quisiera, pero decide quedarse porque su hogar es ahora su vínculo con Rocky.
Al final Ryland no solo salva a la humanidad, sino que encuentra su verdadera pertenencia... y no es posible encajar un cierre coherente con la ciencia dura de la novela de Weir, porque la película adopta la narrativa ochentera ‘Amblin’, que siempre premia al grupo que se atreve a enfrentar lo imposible.
Ryland, que inicialmente huyó de su responsabilidad, encuentra finalmente su lugar en un mundo que no es el suyo. Sabe que con la tecnología eridiana podría regresar a casa cuando quisiera, pero decide quedarse porque su hogar es ahora su vínculo con Rocky.
Al final Ryland no solo salva a la humanidad, sino que encuentra su verdadera pertenencia... y no es posible encajar un cierre coherente con la ciencia dura de la novela de Weir, porque la película adopta la narrativa ochentera ‘Amblin’, que siempre premia al grupo que se atreve a enfrentar lo imposible.
Miniserie
2025Agustín Martínez (Creador), Luis Moya (Creador) ...
7
5 de septiembre de 2025
5 de septiembre de 2025
41 de 48 usuarios han encontrado esta crítica útil
* «Izena duen guztia, bada» (Todo lo que tiene nombre existe)
La naturaleza se transforma en personaje
La cuarta temporada de 'La caza' te sumerge a saco en el territorio de un thriller policiaco rural y agreste, una especie de procedimental entre lo mitológico y lo etnográfico. El salto a Movistar Plus+ tras tres entregas en TVE le ha sentado de maravilla: fotografía espectacular, calidad visual muy cuidada, panorámicas trabajadas, sonido brutal… Todo encaja en el escenario elegido, la selva de Irati (Navarra), que se convierte en protagonista activo de la serie, tanto en lo visual como en lo narrativo. La historia se funde con el bosque como hubiera brotado de sus raíces.
La serie se adentra en el imaginario mitológico vasco-navarro, explorando figuras como Mari, la diosa madre, Basajaun, el guardián del bosque, o los Lamiak. Teje con coherencia la conexión entre el ser humano y la naturaleza, mostrando cómo todo lo nombrado cobra existencia y relevancia —«Izena duen guztia, bada»— incluso en un mundo marcado por el trauma y la violencia. Este encuentro entre la fragilidad y la torpeza humanas con la fuerza mística del bosque no solo refuerza el suspense del thriller, sino que envuelve la narrativa en un aura oscura y simbólica impactante.
La naturaleza se transforma en personaje
La cuarta temporada de 'La caza' te sumerge a saco en el territorio de un thriller policiaco rural y agreste, una especie de procedimental entre lo mitológico y lo etnográfico. El salto a Movistar Plus+ tras tres entregas en TVE le ha sentado de maravilla: fotografía espectacular, calidad visual muy cuidada, panorámicas trabajadas, sonido brutal… Todo encaja en el escenario elegido, la selva de Irati (Navarra), que se convierte en protagonista activo de la serie, tanto en lo visual como en lo narrativo. La historia se funde con el bosque como hubiera brotado de sus raíces.
La serie se adentra en el imaginario mitológico vasco-navarro, explorando figuras como Mari, la diosa madre, Basajaun, el guardián del bosque, o los Lamiak. Teje con coherencia la conexión entre el ser humano y la naturaleza, mostrando cómo todo lo nombrado cobra existencia y relevancia —«Izena duen guztia, bada»— incluso en un mundo marcado por el trauma y la violencia. Este encuentro entre la fragilidad y la torpeza humanas con la fuerza mística del bosque no solo refuerza el suspense del thriller, sino que envuelve la narrativa en un aura oscura y simbólica impactante.

Montaner cambia la pistola por la mente y el reparto cumple
El traslado a Movistar Plus+ está ahí y será decisivo para el futuro de la serie; habrá que ver si la jugada abre la puerta a una quinta temporada. Por ahora, la apuesta funciona: la integración con los escenarios de las entregas anteriores —Monte Perdido (Pirineos), la Tramontana (Islas Baleares) y el Guadiana (Huelva)— fluye con naturalidad, y el salto de calidad es evidente.
Megan Montaner ha cambiado la placa y el arma reglamentaria de su Sara Campos por la psicología policial y su propio mundo interior. Su interpretación es intensa y matizada: introspectiva, intuitiva, sensible. Félix Gómez está tremendo dibujando a un Ernesto Selva quemado y rudo, de vuelta de todo y, aun así, capaz de desatarse, pero el reparto va mucho más allá: Silvia Alonso, Roger Casamajor, Eloy Azorín, Carla Campra… todos sólidos, aportan y sostienen la trama.
La UCO contra los fantasmas del bosque
El traslado a Movistar Plus+ está ahí y será decisivo para el futuro de la serie; habrá que ver si la jugada abre la puerta a una quinta temporada. Por ahora, la apuesta funciona: la integración con los escenarios de las entregas anteriores —Monte Perdido (Pirineos), la Tramontana (Islas Baleares) y el Guadiana (Huelva)— fluye con naturalidad, y el salto de calidad es evidente.
Megan Montaner ha cambiado la placa y el arma reglamentaria de su Sara Campos por la psicología policial y su propio mundo interior. Su interpretación es intensa y matizada: introspectiva, intuitiva, sensible. Félix Gómez está tremendo dibujando a un Ernesto Selva quemado y rudo, de vuelta de todo y, aun así, capaz de desatarse, pero el reparto va mucho más allá: Silvia Alonso, Roger Casamajor, Eloy Azorín, Carla Campra… todos sólidos, aportan y sostienen la trama.
La UCO contra los fantasmas del bosque

La serie juega con lo que se ve y lo que no: hay presencias que apenas se muestran, expresiones que se escuchan pero no se ven, y ese silencio visual se amplifica en gestos, planos, sombras… Esa estrategia no solo aumenta la tensión, sino que transforma el entorno en un personaje más, imprevisible y cargado de misterio, recordando que en 'La caza: Irati' el peligro no siempre está frente a los ojos.
El reparto sabe lo que hace y hace lo que debe. La dirección, lo mismo... y todo se apoya en un guion que engancha: una ola de crímenes, un posible asesino en serie escondido en la profundidad de un entorno natural imponente, viejas leyendas, mitología… y un equipo de la UCO enfrentado a sus propios fantasmas y a una comunidad cerrada y opaca. Es thriller de toda la vida, pero en un entorno singular (otro más). Y sigue funcionando.
Maratón o sorbos
Son ocho capítulos (de unos 45 minutos, sin contar intro, resúmenes y créditos) muy maratoneables, pero que también se disfrutan a sorbos. Atmósfera agreste y opresiva, fondo mitológico, flashbacks bien encajados, potencia visual, thriller psicológico y activación emocional trabajada. Si a eso se suma un guion coherente, la apuesta es segura.
Tal vez no sea una serie antológica de las que quedan como referencia; quizá en algunos aspectos no alcance el nivel de otras grandes producciones de la plataforma —sí, pienso en 'Hierro' o 'Rapa' —, aunque está claro que bebe de esas fuentes… y también de sus entregas anteriores. Sin embargo, es un producto con identidad propia que vas a recordar, aporta algo distinto y, desde ahí, se reivindica.
Nota: B+ (7,5/10)
El reparto sabe lo que hace y hace lo que debe. La dirección, lo mismo... y todo se apoya en un guion que engancha: una ola de crímenes, un posible asesino en serie escondido en la profundidad de un entorno natural imponente, viejas leyendas, mitología… y un equipo de la UCO enfrentado a sus propios fantasmas y a una comunidad cerrada y opaca. Es thriller de toda la vida, pero en un entorno singular (otro más). Y sigue funcionando.
Maratón o sorbos
Son ocho capítulos (de unos 45 minutos, sin contar intro, resúmenes y créditos) muy maratoneables, pero que también se disfrutan a sorbos. Atmósfera agreste y opresiva, fondo mitológico, flashbacks bien encajados, potencia visual, thriller psicológico y activación emocional trabajada. Si a eso se suma un guion coherente, la apuesta es segura.
Tal vez no sea una serie antológica de las que quedan como referencia; quizá en algunos aspectos no alcance el nivel de otras grandes producciones de la plataforma —sí, pienso en 'Hierro' o 'Rapa' —, aunque está claro que bebe de esas fuentes… y también de sus entregas anteriores. Sin embargo, es un producto con identidad propia que vas a recordar, aporta algo distinto y, desde ahí, se reivindica.
Nota: B+ (7,5/10)
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