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Venezuela Venezuela · Maracaibo
Críticas de bucefalo
Ordenadas por:
450 críticas
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9
15 de enero de 2009
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
El triunfo de la integridad personal sobre la adversidad dentro de los laberintos de la existencia. De esto va ésta conmovedora y desgarradora película, con una interpretación soberbia de un actor “outsider” como Mickey Rourke, que de paso, hizo el papel de su vida. La soledad más absoluta, la ausencia de los fundamentales afectos familiares, la inhibición de una sociedad convencional ante lo que pudiera desconcertar su plácida rutina, la inocencia estupidizante de unas moles gigantescas que hacen del culto narcisista una opción de vida y el simulacro de la lucha sobre las bases del espectáculo, el entretenimiento y el negocio, ante estas situaciones se sumerge el desgarrador personaje al que da vida Rourke. Un hombre prisionero de su fama y pasado, incapaz de asumir la decadencia y la inserción en la vida real como un cualquiera, un anónimo más. El personaje de Rourke, termina siendo fiel a sí mismo, y éste homenaje a la autenticidad sin cálculos de por medio, nos permite una identificación/admiración por éste luchador teatral que cree de verdad lo que representa ante su público y es capaz de hacer bien. Una película de un solo actor, y de paso magnífico, un mimetismo casi absoluto, es como si de verdad Rourke fuese ese luchador en la vida real. Tomei es el contrapunto necesario, comedido y sin estridencias, que realza aún más ésta sorprendente película.
bucefalo
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9
6 de noviembre de 2007
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Excelente película sobre el desencanto humano en un tono duro y seco donde el horror se hace patente alrededor de un macabro juego. Retrato de la vida social y su desvalorización en unos tiempos de globalización y anonimato donde la desesperación de unos sirve de entretenimiento de una parasitaria clase opulenta. Impresionante y llena de significados en su aparente sencillez.
bucefalo
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9
30 de enero de 2016
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
EL SILENCIO DEL MAR (1949) me causó una honda impresión. Dirigida por un integrante de la Resistencia francesa tiene que lidiar con la dolorosa y humillante derrota de parte del ocupante alemán en la II Guerra Mundial (1939-1945). Presentar al militar alemán como un hombre cortés, culto y civilizado destruyó en nosotros el estereotipo forjado por años de parte del cine de los vencedores, sobretodo, el estadounidense, en mostrarlos sin apenas humanidad. Aquí se explora la traumática relación entre el ocupante y el ocupado, el dominador y el prisionero. Jean-Pierre Melville es chauvinista como lo fueron todos los europeos en el siglo XX en donde las rivalidades nacionales se exacerbaron hasta niveles exponenciales produciendo dos atroces guerras mundiales. Sólo que Melville quiere mostrar la cara digna y estoica de la víctima que fue Francia, soslayando la parte incómoda que significó la Francia colaboracionista de Vichy con Petain a la cabeza. En la película, inusual por su propuesta y técnicamente sobria, accedemos a un duelo entre alemanes y franceses desde la cortesía y la cultura. El oficial alemán se siente un hombre que cumple con su deber patriótico y apuesta ingenuamente a un “casamiento” espiritual, una especie de reconciliación imposible entre el ganador y el perdedor de la guerra (el enamoramiento o atracción mutua entre él y la sobrina del viejo francés que se asume como su casero forzado es un ideal esquivo y trágico a la vez en torno a las aspiraciones humanas y las circunstancias que lo contrarían). La realidad lo va desengañando hasta comprobar que el proyecto nazi no sólo es imperialista sino también genocida, de ahí su rendición personal, su retirada decepcionante. El francés, el viejo francés, estoico como una roca, al final le increpa acerca de las buenas y malas órdenes militares, las legítimas y aquellas que violan todos los códigos de honor y humanidad más elementales. El gran protagonista de ésta película, casi en los albores de la pre-historia del cine, contemporánea de la muy influyente EL CIUDADANO KANE (1941) de Orson Welles, es la gestualidad visual. No hacen falta las palabras porque los rostros y sus expresiones hablan por sí solos convirtiendo a la cámara en un pincel mágico, una fuente de luz maravillosa. Mellville, debutó en el cine con ésta película, la cuál sería muy influyente en la escuela de la “Nouvelle Vague”. EL SILENCIO DEL MAR es una joya arqueológica de la cinematografía mundial.
bucefalo
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6
28 de noviembre de 2011
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Siempre me ha gustado Kevin Spacey, aunque no entiendo porque tiene que aceptar papeles triviales y de poca exigencia luego de actuaciones consagratorias como la que le vimos en “American Beauty. Spacey está correcto y medio salva una película que no sabemos si es comedia o tragedia, si es seria o una guachafita. No hay tensión de ningún tipo, menos drama. Todo el resto del elenco nos luce acartonado y falso, sin conectar de verdad con un argumento creíble y bien pensado. No hay duda que los guionistas en USA se están quedando sin ideas de alto vuelo.
bucefalo
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10
22 de noviembre de 2010
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si hay una película que he visto como más de diez veces, y que me sigue gustando, sin importar el tiempo transcurrido, es ésta “Luces de la Ciudad”. La actuación de Chaplin es brillante y todo su genio está plasmado en cada escena. Y lo más meritorio es que así como te emociona te divierte apelando a la espontaneidad y sencillez. Chaplin logra conectar con todos los públicos y hace que nadie sea indiferente a su desgarbado y noble personaje, que al igual que Don Quijote, está lleno de un idealismo romántico a prueba de balas. Si hay algo que me ha llamado la atención, y que no capté las primeras veces, es la soledad y tristeza que “Charlot” lleva consigo mismo, y que a pesar de todas sus aventuras y avatares, es incapaz de disipar. Su avidez por la vida es indiscutible, ya que siempre está en movimiento y no se resigna a decretar la derrota ante una adversidad que le marca y persigue, al parecer, reflejo de una infancia infeliz. Chaplin, por otro lado, es un excelente sociólogo de su época y tiempo, y no se conformó con la fama del artista establecido en la cumbre, sino que arriesgó su prestigio asumiendo causas sociales vinculadas a los más desfavorecidos. Su apego por los “de abajo” es más que evidente y se hace presente a todo lo largo de su filmografía. En fin, ésta “Luces de la Ciudad” de 1931 es uno de los registros cinematográficos más perennes y artísticos desde que el cine inició su magia.
bucefalo
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