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Voto de Pedro_Moraelche:
5
Voto de Pedro_Moraelche:
5
Drama Kathleen Turner es, durante el día, una diseñadora de moda y, durante la noche, una prostituta de Hollywood Boulevard que satisface las fantasías más oscuras de los hombres. (FILMAFFINITY)
5 de julio de 2013
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película tiene, como todas las de Ken Russell, la fascinación de serie B de culto, de originalidad con desparpajo, de provocación ya desfasada y de sordidez de disco-pub. Cuenta para ello con buenos actores y una llamativa iluminación de neón intermitente. El argumento promete: una diseñadora tan formal como gélida (Kathleen Turner), que de noche se transforma en China Azul, la puta con la que muchos hombres sueñan: guapa, descarada, imaginativa, teatral, autónoma, profesional y, sobre todo, redimible por amor. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Se enamora de ella un chico joven, atractivo, sentimental y honesto (John Laughlin), aburrido de su matrimonio con una mujer aburrida y que prueba sus sofisticadas delicias debido a que la sigue como detective por encargo del jefe de ella, que sospecha equivocadamente que es una ladrona de diseños. Por medio, la originalidad delirante de la película: Anthony Perkins como un presunto predicador loco de atar, a caballo entre la homilía y el vibrador, que persigue a la chica para "salvarla" del pecado; una triste y prescindible caricatura de ese Norman Bates de "Psicosis" que fue para Perkins su mayor mérito y su mayor lastre. Por la doble vida de Joanna-China Azul pasarán además estrafalarios casos de gentes que recurren a sus servicios, entre el esperpento e incluso la ternura.
Anthony Perkins, Kathleen Turner & John Laughlin
Lo peor es que el guion va a tirones, no termina de desarrollar ninguna historia, no profundiza en personaje alguno, no se molesta en trabar bien el argumento y se pierde por todos los sitios. Meritorio trabajo el de Kathleen Turner, aunque al final de la película sepamos muy poco de su personaje, salvo que confunde el puterío con el teatro y que se dedica a ello por no haber encontrado nunca un hombre al que amar de verdad, aunque al final lo encuentra, guapo y al dente, que para eso el cine es el cine.

Para incondicionales de Russell y para curiosos. La verdad es que acaba por entretener aunque dan ganas de decirle a Perkins que se vaya al infierno o, al menos, que explique quién es, pero eso no entraba en el guion, o quizás es que tampoco, como en la terapia que da principio y fin a la película, valía la pena entrar en detalles.
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