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Voto de Naroa Lopetegi:
9
Voto de Naroa Lopetegi:
9
Drama Lia, una profesora jubilada, ha prometido encontrar a su sobrina Tekla, perdida hace mucho tiempo. Su búsqueda la lleva a Estambul, donde conoce a Evrim, una abogada que lucha por los derechos de las transexuales, y Tekla empieza a sentirse más cerca que nunca. (FILMAFFINITY)
8 de octubre de 2024
14 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
ARGUMENTO
Lia, una profesora de historia recién jubilada, se acerca hasta unas casuchas de un suburbio de Tiflis buscando a Tekla, su sobrina. Allí le explican que la chica se exilió a Estambul, y tratan de disuadirla de ir en su busca. Al fin y al cabo, era una transexual, ¿qué necesidad tiene de buscarla? Mucho mejor olvidar su existencia… Pero Lia tiene una muy poderosa razón para dar con Tekla, así que viaja a Estambul aceptando la compañía de Achi, que promete ser su traductor, pero que más bien parece ser una carga.

¿POR QUÉ LA ELEGÍ?
No fue una elección sencilla. Tras varios fines de semana con la cartelera de estrenos en horas bajas, ya el pasado viernes vino mejor dotado (tanto, que de momento se me ha quedado en el tintero ‘La virgen roja’). Y esta semana, nuevamente, se estrenaban diversas propuestas estimulantes.
Pese a la competencia, si terminé eligiendo ‘Crossing’ fue, en primer lugar, desde el lado consciente, tras ver el trailer y sentir cierta llamada, con el poder magnético de Estambul como factor añadido. Pero, sin duda, también me pesó el subconsciente, ya que en innumerables ocasiones me he planteado ver ‘Solo nos queda bailar’, de este mismo director, y nunca he terminado de dar el paso. Si su nueva película me atraía, era casi un deber moral otorgarle mi confianza esta vez…
DESDE MI PUNTO DE VISTA

No puedo por más que mostrarle mi agradecimiento a Akin, porque necesitaba un recordatorio de por qué amo el cine. En realidad, la semana pasada disfruté con ‘Soy Nevenka’ (y aquí lo reflejé), pero es que en estas dos semanas llegaban a las salas dos películas que tenía muchísimas ganas de ver, y la decepción que me había llevado con ellas había sido de tal calibre que amenazaba con hacer tambalear mi cinefilia. Primero, un mito viviente como Francis Ford Coppola, autor de dos artefactos tan sublimes como los dos primeros padrinos, se gasta sus multimillonarios ahorros en un testamento cinematográfico infumable. Y después el mismo director cuyo ‘Joker’ me causó tan honda impresión que me conminó a visitar las legendarias escaleras del Bronx defeca sobre su propia obra perpetrando una segunda parte inane en lo narrativo, y risible en su vertiente musical. Lo de Coppola me entristeció, pero aún fue peor lo de Todd Phillips, que me sulfuró. Con semejante alteración de ánimo me presentaba en la sala al día siguiente para conocer por fin a este director sueco sobre cuyos hombros pesaba una enorme responsabilidad. Un nuevo chasco, y quizá las salas de cine podían empezar a temer por alguien tan fiel como yo…
Pero no, mi problema no es con el cine. Es solo con las películas gilipollezcas. Si ante mis ojos desfila una obra sensible, humanista, coherentemente narrada, bien interpretada y magníficamente escrita, me entrego con deleite. Y todo eso es lo que Akin brinda en ‘Crossing’, desde el principio hasta el maravilloso final.

Un primer mérito del autor es hacerme simpatizar con los dos protagonistas, que van a compartir dos movies consecutivas, primero una road y luego una buddy, pese a que en realidad no pegan ni con cola: la una es una profesora de historia, el otro un ni-ni; ella es tan vieja como digna, él tan joven como patán; nada les une, son polos opuestos, pero las circunstancias les juntan, y pese a que siempre parece que van a partir peras, su relación sobrevive hasta el final. Por afinidad, es poco sorprendente que ella me caiga bien, pero es que también él termina resultándome tierno.

Cuando la extraña pareja llega a Estambul, mis positivas sensaciones iniciales aún se agudizan por este nuevo viaje que hago a esa ciudad que visité en 2018, y que me resultó imponente. Otro elemento tan favorable al director como curioso es que me va a llevar por una Estambul muy diferente de la que yo transité (mi estancia duraba una semana, y evidentemente recorrí todos los escenarios históricos y turísticos). En este regreso no pululo por Istiklal Caddesi, ni bajo desde Pera hasta el Serrallo, sino que me sumerjo en barrios y callejuelas de baja estofa, a menudo en horarios intempestivos. Y, sin embargo, siento perfectamente presente el espíritu estambulí, el mismo que creí inhalar durante mis andanzas por allí.
En cuanto un primer ferry nos está acercando a Estambul para culminar la road movie inicial, la cámara abandona momentáneamente a Lia y Achi, y se fija en otros dos personajes que, aún siendo secundarios, van a adquirir notable peso narrativo. Y, nuevamente, el director y guionista provoca mi afinidad tanto hacia el espabilado niño cantor como hacia esa abogada recién licenciada, tan dispuesta a pelear por causas perdidas. Es ésta una habilidad indudable de Akin, porque incluso me encariño con el taxista sin licencia, o con el amigo gay de Evrim. Se trata, en general, de personajes perdedores, envueltos en determinados momentos de patetismo, habitantes de los márgenes… pero con quienes resulta muy cómodo pasar el rato.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Amerizamos en la antigua Constantinopla, y comienza la búsqueda de esa Tekla que parece no haber dejado rastro. Desesperada, Lia suelta ese lapidario “parece que la gente viene a Estambul para desaparecer”. A estas alturas, hemos ido conociendo poco a poco el pasado de Tekla, su determinación transmutadora, la respuesta social con que se encontró, agravada por la actitud de su propia familia… y entendemos perfectamente que decidiera quitarse de en medio. El director, un sueco, ubica en Georgia esta cuita, no sé si dando por sentado que en el occidente más avanzando ya hemos pasado de pantalla, y se ha normalizado la situación de los homosexuales, sea cual sea su condición. Cada vez que una ficción aborda este asunto de la discriminación por razones de condición sexual, bien trasladándola atrás en el tiempo o bien desplazándola lejos en el espacio, me aguijonea la conciencia al ser consciente de que en mi infancia al maricón de mi pueblo se le insultaba por la calle. Un día desapareció, nunca volvimos a saber de él. Confío en que encontrara una mega-ciudad en la que rehacer su vida, lejos de la presión social. Y, ojo, mi pueblo no es un andurrial de la España profunda, ni mi infancia está enclavada en la noche negra del franquismo…

En todo caso, no es necesaria una máquina del tiempo ni tener a mano un mapa mundi para topar con un importante sector del feminismo que se muestra excluyente cuando se trata de hacer ley la defensa de los derechos del colectivo transexual…

Volviendo a la película, que me desvío, he de terminar estas líneas glosando el estupendo desenlace que nos tiene reservado Akin. Y lo dice alguien que detesta las secuencias mentirosas, que se rebrinca ante lo onírico o lo imaginario. En este caso, sin embargo, celebro que el encontronazo que parece conducirnos hacia un happy end cogido con pinzas sea en realidad una fabulación perfecta para que sepamos del arrepentimiento de Lia, para que comprendamos definitivamente a esa Tekla escapista, para que hagamos examen de conciencia sobre situaciones análogas que podamos haber causado. Y, sobre todo, para que nos reconforte que Lia no se vaya a ningún sitio. ¿Dónde va a estar mejor que en Estambul? ¿Haciendo qué, mejor que tratando de cumplir con la última voluntad de su hermana?

https://alliayeraquiahora.wordpress.com/2024/10/06/critica-de-cine-crossing/
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