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Drama
Cronica de la vida de dos mujeres. Adela (Sonia Almarcha) es una madre soltera que se traslada con su niño desde un pequeño pueblo a Madrid. Allí encuentra trabajo y entabla nuevas amistades, pero, de repente, sucede algo perturbador. Antonia (Petra Martínez) es la proprietaria de un pequeño supermercado de barrio, cuya sosegada vida se ve alterada por los problemas de sus hijas. (FILMAFFINITY)
30 de julio de 2009
30 de julio de 2009
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
ADELA:
Se me ha quedado el pueblo pequeño. Me asfixio en este campo estéril y en estas montañas que son muros de contención. Aquí la angustia se agiganta. Nos vamos a ir ¡mi niño!, ya es hora, hay que abandonar el nido. Si no huimos de esta paz, calma y sosiego nos invadirá el cementerio y no distinguiremos dónde está la tapia de separación.
No sé si acierto o me equivoco. Sé que tengo que hacerlo. Ir a Madrid es una decisión catártica. No tengo demasiada ilusión pero el conformismo me está anquilosando. Padre, tú no me entiendes pero me quieres, confía en mí.
Este autobús empieza a parecer un puente entre mi casa y el exterior. Todos los días nos cruzamos con los mismos. En la próxima parada subirá ese chico tan fresco y sonriente que hace carantoñas a Miguel, no sé si le gustan los niños o le gusto yo. Me va a costar creer en un hombre tras la triste experiencia vivida. Este ajetreo me resulta ya tan familiar como el canto de los grillos del pueblo; si no fuera por el niño me quedaría dormida.
Se me ha quedado el pueblo pequeño. Me asfixio en este campo estéril y en estas montañas que son muros de contención. Aquí la angustia se agiganta. Nos vamos a ir ¡mi niño!, ya es hora, hay que abandonar el nido. Si no huimos de esta paz, calma y sosiego nos invadirá el cementerio y no distinguiremos dónde está la tapia de separación.
No sé si acierto o me equivoco. Sé que tengo que hacerlo. Ir a Madrid es una decisión catártica. No tengo demasiada ilusión pero el conformismo me está anquilosando. Padre, tú no me entiendes pero me quieres, confía en mí.
Este autobús empieza a parecer un puente entre mi casa y el exterior. Todos los días nos cruzamos con los mismos. En la próxima parada subirá ese chico tan fresco y sonriente que hace carantoñas a Miguel, no sé si le gustan los niños o le gusto yo. Me va a costar creer en un hombre tras la triste experiencia vivida. Este ajetreo me resulta ya tan familiar como el canto de los grillos del pueblo; si no fuera por el niño me quedaría dormida.

¿Dónde me escondo?. La tierra no quiere tragarme. ¿Quién puede comer cucharones de hiel?. Cada hora que pasa, una bandada negra de preguntas revolotea sobre mi cabeza: ¿Por qué?, ¿cuando?, ¿cómo?, ¿es una pesadilla?. Sí, es una pesadilla pero estoy despierta; nadie me contesta, estoy sola.
ANTONIA:
Inés es mi hija más independiente, la menos conflictiva, no me da problemas pero tampoco alegrías. Ahora me ha contado que vive con una chica separada que iba en el autobús que hicieron estallar el otro día, ¡la pobre!, ella se recupera pero perdió su hijito de poco más de un año. Eso sí es dramático, lo nuestro, esas cosillas que nos están pasando: enfermedades, discusiones, temas económicos, son superables.
Todo pasará, volverá la tranquilidad y Manolo volverá a dormirse en el sofá después de comer.¡Esta Helena!, la mayor y la más caprichosa. Siempre implicando a todos en sus tejemanejes pero fijaos que nietecita tan bonita nos ha dado. A mí no me importa ayudarla, yo ya no necesito nada; con Manolo, el comercio y la jubilación llamando a la puerta, pero entiendo que sus hermanas se enfaden. En fin, lo cierto es que los problemas me mantienen más viva, la calma es lo típico en los mares muertos.
ANTONIA:
Inés es mi hija más independiente, la menos conflictiva, no me da problemas pero tampoco alegrías. Ahora me ha contado que vive con una chica separada que iba en el autobús que hicieron estallar el otro día, ¡la pobre!, ella se recupera pero perdió su hijito de poco más de un año. Eso sí es dramático, lo nuestro, esas cosillas que nos están pasando: enfermedades, discusiones, temas económicos, son superables.
Todo pasará, volverá la tranquilidad y Manolo volverá a dormirse en el sofá después de comer.¡Esta Helena!, la mayor y la más caprichosa. Siempre implicando a todos en sus tejemanejes pero fijaos que nietecita tan bonita nos ha dado. A mí no me importa ayudarla, yo ya no necesito nada; con Manolo, el comercio y la jubilación llamando a la puerta, pero entiendo que sus hermanas se enfaden. En fin, lo cierto es que los problemas me mantienen más viva, la calma es lo típico en los mares muertos.

Y ME PARECE A MI:
Que esta película española es una muy buena representación del, casi extinto, buen cine hecho para durar. Difícil, claro que sí, distinto, por supuesto; personal, arriesgado e innovador (planos nunca vistos, algunos desde Ozu). Pero no por desconocer el lenguaje hemos de abandonar la oportunidad de comunicarnos y compartir. Yo ví esta película hace más de un año y la tengo fresca. Algunos de sus momentos no los olvidaré jamás y cuando alguien me diga que el cine español es malo y que por eso no llena las salas le remitiré a una de las películas menos vista (la Soledad) para que argumente con más solidez y se busque otro razonamiento menos tópico.
Que esta película española es una muy buena representación del, casi extinto, buen cine hecho para durar. Difícil, claro que sí, distinto, por supuesto; personal, arriesgado e innovador (planos nunca vistos, algunos desde Ozu). Pero no por desconocer el lenguaje hemos de abandonar la oportunidad de comunicarnos y compartir. Yo ví esta película hace más de un año y la tengo fresca. Algunos de sus momentos no los olvidaré jamás y cuando alguien me diga que el cine español es malo y que por eso no llena las salas le remitiré a una de las películas menos vista (la Soledad) para que argumente con más solidez y se busque otro razonamiento menos tópico.
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