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Voto de Tiggy:
8
Voto de Tiggy:
8
6.5
4,475
Thriller. Terror
Distrito de St. Pauli, Hamburgo, años 70. Un barrio de ambiente nocturno frecuentado por bebedores, prostitutas, adictos al juego y otras almas solitarias. A primera vista, Fritz "Fiete" Honka es un perdedor. El hombre de la cara deformada deambula por las noches buscando mujeres solitarias en el antro del barrio, "El guante dorado". Nadie entre los asiduos sospecha que el aparentemente inofensivo Fiete es en realidad un monstruo. (FILMAFFINITY) [+]
10 de junio de 2020
10 de junio de 2020
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
El monstruo de St. Pauli es una de esas producciones cuyo esmero en reflejar el envilecimiento y la perversidad de una mente enferma la lleva hasta unos extremos tan crudos como sórdidos. Esta película alemana adapta el libro Der goldene Handschuh de Heinz Strunk, best-seller en Alemania que narra los hechos de aterrorizaron Hamburgo en la década de los setenta, donde un asesino y violador, Fritz 'Fiete' Honka, tomaba prostitutas como víctimas para sus enfermizas fantasías.
Faith Akin, director de la cinta natural de la ciudad donde se desarrolla la película, se congratuló en el Festival Internacional de Cine de Venecia en 2009 llevándose el Gran Premio del Jurado y el León de Plata por Soul Kitchen. Siendo oriundo de Hamburgo, la mayoría de sus producciones se trasladan allí buscando un realismo sucio y oscuro que está muy presente en esta obra.
Va mucho más allá del género del terror, teniendo un carácter biográfico por el retrato de la vida del asesino serial, así como histórico por la repercusión que tuvieron los atroces hechos y la manera de mostrar una sociedad alemana desolada, cuyo único sustento para sus ciudadanos son los bares mugrosos y las prostitutas del Barrio Rojo. Las formas del director para aposentarse en el alcoholismo, diseccionando la enfermedad con una palidez flagrante plasmada en los trastornos de conducta. El thriller se mantiene por sí mismo sin necesidad de auxiliarlo con recursos propios del género, compenetrado con obviamente el factor del crimen que se sigue a través de la figura de Fritz Honka.
Faith Akin, director de la cinta natural de la ciudad donde se desarrolla la película, se congratuló en el Festival Internacional de Cine de Venecia en 2009 llevándose el Gran Premio del Jurado y el León de Plata por Soul Kitchen. Siendo oriundo de Hamburgo, la mayoría de sus producciones se trasladan allí buscando un realismo sucio y oscuro que está muy presente en esta obra.
Va mucho más allá del género del terror, teniendo un carácter biográfico por el retrato de la vida del asesino serial, así como histórico por la repercusión que tuvieron los atroces hechos y la manera de mostrar una sociedad alemana desolada, cuyo único sustento para sus ciudadanos son los bares mugrosos y las prostitutas del Barrio Rojo. Las formas del director para aposentarse en el alcoholismo, diseccionando la enfermedad con una palidez flagrante plasmada en los trastornos de conducta. El thriller se mantiene por sí mismo sin necesidad de auxiliarlo con recursos propios del género, compenetrado con obviamente el factor del crimen que se sigue a través de la figura de Fritz Honka.

Jonas Dassler
No es una película recomendada para todos, porque no todos pueden soportar un grado tan elevado de crueldad y sadismo plasmado con inusitado realismo en una pantalla. A pesar de que gran parte de las escenas explícitas el director hábilmente las censura con encuadres que las mantienen fuera de campo, la imaginación del espectador suple esa carencia visual a través de aquello que sí deja ver, lo cual puede resultar hasta más traumático. Grosso modo, Akin coge la fórmula de Henry: retrato de un asesino (John McNaughton, 1986) y la ensoberbece hasta su punto más álgido.
Las interpretaciones son una auténtica maravilla, y lo que hace Jonas Dassler como Fritz Honka es inhumano, nunca mejor dicho, reproduciendo las características de un psicópata bajo un trabajo tan exhaustivo de maquillaje. Se merece muchísimas condecoraciones por el titánico trabajo que hace en esta película. Todas las demás están francamente bien. Por otro lado, las labores de efectos visuales y maquillaje son una auténtica delicia, muy cuidadas y expresivas para acompañar la sordidez de la película, auxiliada por un vestuario seleccionado al dedillo que también sirve para hacer un boceto de los movimientos sociales emergentes de la década de 1970.
Las interpretaciones son una auténtica maravilla, y lo que hace Jonas Dassler como Fritz Honka es inhumano, nunca mejor dicho, reproduciendo las características de un psicópata bajo un trabajo tan exhaustivo de maquillaje. Se merece muchísimas condecoraciones por el titánico trabajo que hace en esta película. Todas las demás están francamente bien. Por otro lado, las labores de efectos visuales y maquillaje son una auténtica delicia, muy cuidadas y expresivas para acompañar la sordidez de la película, auxiliada por un vestuario seleccionado al dedillo que también sirve para hacer un boceto de los movimientos sociales emergentes de la década de 1970.

Jonas Dassler
Akin travesea mucho con la curiosidad y el morbo del público por la reiteración de planos estáticos que dejan fuera de campo gran parte de la acción, dejándonos los hechos a nuestra intuición. El estatismo va a ser una constante durante toda la demencial andada por los recovecos de la maldad, usándola muchas veces como vista subjetiva colocada en partes de la escenografía, generalmente dentro del domicilio de Honka, pareciendo como si nosotros mismos esperásemos a que abriera la puerta, transmitiendo temor con planos cortos próximos al suelo y enfoques directos a una engrandecida figura de Honka. Se pueden distinguir tres fases de acción por medio de los planos empleados; los planos escorzo son habituales, ya que el elemento principal de causalidad son las conversaciones entre el protagonista y los personajes secundarios, prosiguiendo con un dinamismo propio de panorámicas y travellings dorsales, transportando la acción hacia el punto donde se desarrollará y concluirá y, de paso, mostrar la escenografía que recrea Hamburgo para, finalmente, usar planos cortos y medios jugueteando con los encuadres en las escenas de acción escabrosa. Gracias a ello, dentro de la narración, se denota un ritmo basado en capítulos hasta el desenlace.
La estética y la escenografía es uno de los apartados más relevantes, usando una gama de colores térreos y apagados ornamentada con elementos que aumentan la índole de insalubridad palpable en la atmósfera, casi siendo capaz de transmitirnos el mal olor del que tanta mención se hace en la película. Desde la puesta en escena queda clara las ganas de que la clustrofobia fluya directa hacia nosotros, incomodándonos en esos espacios asquerosos y reducidos donde se desarrollan, agobiando también con el posicionamiento de los actores en plano y usando una profundidad de campo casi nula que refuerza ese sentimiento. La iluminación tenue, con predominancia de oscuros, también tiene una gran importancia tanto para suscribir las personalidades de su personaje como la de la ciudad de Hamburgo. El espacio arquitectónico es de suma relevancia, ya que funciona como si fuera un carácter más en esta fábula grotesca. Es curioso pero la película se desarrolla enteramente en tres escenarios: el domicilio de Honka, The Golden Glove y la empresa donde trabaja, cambiando ligeramente la estética entre las dos primeras pero sin perder la esencia, algo que sí pierde con la empresa.
Por último, los diseños de posproducción son impecables, desde la música que juega un papel importante en el filme a manos de FM Einheit hasta el impoluto esmero para la creación realista de unos decorados tan semejantes a los hechos reales perpetrados por el destripador de St. Pauli entre 1970 y 1975 en la asolada Hamburgo.
Merece mucho la pena aunque sea darle una oportunidad a esta increíble producción franco-germana gracias a la cual podrás mantener una tendida meditación acerca de la depravación humana en una travesía guiada por Faith Akin y capitaneada por Jonas Dassler, tendiendo la mano al degenerado Fritz Honka.
La estética y la escenografía es uno de los apartados más relevantes, usando una gama de colores térreos y apagados ornamentada con elementos que aumentan la índole de insalubridad palpable en la atmósfera, casi siendo capaz de transmitirnos el mal olor del que tanta mención se hace en la película. Desde la puesta en escena queda clara las ganas de que la clustrofobia fluya directa hacia nosotros, incomodándonos en esos espacios asquerosos y reducidos donde se desarrollan, agobiando también con el posicionamiento de los actores en plano y usando una profundidad de campo casi nula que refuerza ese sentimiento. La iluminación tenue, con predominancia de oscuros, también tiene una gran importancia tanto para suscribir las personalidades de su personaje como la de la ciudad de Hamburgo. El espacio arquitectónico es de suma relevancia, ya que funciona como si fuera un carácter más en esta fábula grotesca. Es curioso pero la película se desarrolla enteramente en tres escenarios: el domicilio de Honka, The Golden Glove y la empresa donde trabaja, cambiando ligeramente la estética entre las dos primeras pero sin perder la esencia, algo que sí pierde con la empresa.
Por último, los diseños de posproducción son impecables, desde la música que juega un papel importante en el filme a manos de FM Einheit hasta el impoluto esmero para la creación realista de unos decorados tan semejantes a los hechos reales perpetrados por el destripador de St. Pauli entre 1970 y 1975 en la asolada Hamburgo.
Merece mucho la pena aunque sea darle una oportunidad a esta increíble producción franco-germana gracias a la cual podrás mantener una tendida meditación acerca de la depravación humana en una travesía guiada por Faith Akin y capitaneada por Jonas Dassler, tendiendo la mano al degenerado Fritz Honka.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La necesidad de la crítica social, aún sopesando todas las anteriores cualidades, está latente desde el planteamiento de la película. El maquinal de Akin se presenta en forma de un período en la Alemania Occidental donde la inflación hizo trizas a los eslabones menos pudientes de la sociedad. A través de esa idea, el director construye unos personajes hundidos en la miseria cuyos únicos intereses son el alcohol, sumergiéndolos más en el lodo representado mediante la pobreza y la suciedad de las que son portadores la mayoría de sus personajes. Obviando ese segundo plano y gracias a la apariencia y personalidad de Honka se lanza una pregunta al público: ¿naces siendo un monstruo o el rechazo de la sociedad te convierte en uno? De vez en cuando, el director alemán presenta la figura de Dios como salvavidas para las las personas perdidas, las ovejas descarriadas, personificado con los personajes de Gerda Voss (Margarethe Tiesel) y la mujer trajeada que entra en The Golden Glove.

Jonas Dassler & Margarete Tiesel
La planificación del argumento es brutal, presentádonos al protagonista desde el inicio de la película con una puesta en escena que define su construcción psicológica sin la necesidad de requerir a los diálogos. A partir de ese momento, la narración sigue una línea regular repasando la cotidianidad del asesino a ritmo de aguardiente, brutalidad y música popular alemana de la década. Aparte, el director crea una línea mucho más pequeña para mostrar un par de personajes y las interacciones que mantienen estos, complementando el tema principal llevado por Honka. Estos personajes son Rosi Schulz (Greta Sophie Schmidt), una atractiva joven y Willi (Tristan Göbel), una metáfora de la juventud de Honka: chico discriminado y rechazado al que Rosi da refugio, con el que casualmente se asemeja en fisionomía. La casualidad es un término que se presenta durante el resto de la película, y cómo a raíz de encontronazos aparentemente inofensivos puede cambiarte la vida para siempre.
Este cambio sirve para reforzar el cambio dramático que ensaya Honka en su personalidad, dejando la bebida tratando de comenzar una nueva y formal vida, algo con lo que hasta nosotros, como espectadores, nos esperanzamos y solidarizamos. Con esto Akin arroja su segunda cuestión: ¿se puede reinsertar en la sociedad a una persona que ha producido actos tan viscerales?
Este cambio sirve para reforzar el cambio dramático que ensaya Honka en su personalidad, dejando la bebida tratando de comenzar una nueva y formal vida, algo con lo que hasta nosotros, como espectadores, nos esperanzamos y solidarizamos. Con esto Akin arroja su segunda cuestión: ¿se puede reinsertar en la sociedad a una persona que ha producido actos tan viscerales?
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