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España España · Xanadú
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Voto de Orson_:
6
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Comedia Un excéntrico multimillonario, propietario de un equipo de béisbol de Brooklyn, deja su herencia de 30 millones de dólares a la mascota del club, el gato Rhubard. Gracias a este hecho el equipo comienza a sentirse motivado y a ganar partidos. (FILMAFFINITY)
17 de junio de 2026 Sé el primero en valorar esta crítica
Comedia familiar con animalitos, que apenas contiene malicia, y se maneja a través de un humor inocente que, aunque en pocas ocasiones desata carcajadas, se mantiene siempre en un tono absurdo que despierta simpatía.

T.J. Banner (Gene Lockhart) es un excéntrico millonario que tiene fijación por un gato callejero, con muy malas pulgas, al que ha cogido cariño por su condición arisca y desconfiada hacia las personas. Cuando finalmente consigue atraparlo, lo adopta y se convierten en inseparables, llamándolo “Rhubarb”, que es el nombre popular que reciben las tanganas deportivas, en honor a su faceta peleona.

A la muerte de Banner, su abogado sorprende a todos haciendo saber que, en su testamento, Rhubarb es el heredero de toda la fortuna, estimada en 30 millones de dólares, incluyendo el equipo profesional de baseball Brooklyn Loons. Como es un animal que no puede tomar decisiones, Eric Yeager (Ray Milland) es nombrado testaferro, frente al rechazo de la única hija de Banner, Myra (Elsie Holmes).

Los problemas comenzarán a agobiar a Yeager, debiendo proteger al felino de las argucias de Myra, a la vez que lidia con los integrantes del equipo de baseball, contrariados por jugar en un equipo propiedad de un gato, que los convierte en el hazmerreír de la liga. Todos estos contratiempos han ido posponiendo constantemente la boda con su novia Polly (Jan Sterling), que además descubre ser alérgica a Rhubarb.

Con esta premisa absurda y alocada, basada en la novela del humorista H. Allen Smith, Arthur Lubin intentaba repetir el éxito de las películas de la Mula Francis que había rodado para la Universal, ahora bajo sello Paramount. Y tampoco era ajeno a la experiencia en comedias ilógicas y disparatadas, ya que había dirigido las películas de mayor éxito de la pareja Abbott y Costello, lo que llegó a catalogarlo como uno de los cineastas más taquilleros de la década de los 40.

Aunque hay algunas situaciones satíricas, como en lo referente a las supersticiones de los jugadores del equipo de baseball, o que una de las casas de apuestas esté camuflada tras una funeraria, la mayoría del humor que se desarrolla tiene el tono infantil propio de las producciones para toda la familia. Ray Milland y Jan Sterling le echan ganas, porque el protagonismo del gato se ciñe a dejarse coger y llevar de un lado para otro, siendo destacable también la presencia de Gene Lockhart en el comienzo del relato.

Nunca estrenada en España, puede vislumbrar una tenue crítica al materialismo, a las actitudes frívolas y egoístas de las estrellas deportivas, a la codicia del submundo de las apuestas, o incluso, la precariedad de las retransmisiones televisivas de eventos deportivos, si uno quiere hilar fino. Pero lo que predomina en su mayoría es la bufonada incongruente para pasar un buen rato de evasión, y la resolución de algunas situaciones de forma caricaturesca.
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