Añadir a mi grupo de amigos/usuarios favoritos
Puedes añadirle por nombre de usuario o por email (si él/ella ha accedido a ser encontrado por correo)
También puedes añadir usuarios favoritos desde su perfil o desde sus críticas
Nombre de grupo
Crear nuevo grupo
Crear nuevo grupo
Modificar información del grupo
Aviso
Aviso
Aviso
Aviso
El siguiente(s) usuario(s):
Group actions
Voto de Peter Gabriel 77:
8
Voto de Peter Gabriel 77:
8
7.6
895
Drama. Romance
Angela es una humilde muchacha que está a punto de ser detenida por la policía, pero logra esconderse en un circo ambulante. En este ambiente conoce todo tipo de personajes bohemios y extravagantes. Entre ellos está Gino, un joven pintor que la toma como modelo para pintar una Madonna. (FILMAFFINITY)
2 de enero de 2010
2 de enero de 2010
12 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Otra dosis de cine mudo en vena, que últimamente me está deparando incontables alegrías. Esa pureza, ese lenguaje visual tan extremo, tan desnudo, ese filo punzante que tiene el mejor cine mudo puede llegar a ser algo muy adictivo. En esta ocasión le ha tocado a esta Street Angel de Frank Borzage, quien también hace poco me deparó otra perita en dulce con El Séptimo Cielo, ligerísimamente superior a ésta, quizás. Una lástima que con la llegada del sonoro Borzage no acabara de encontrar su sitio, a tenor de lo visto hasta ahora, aunque siguiera facturando obras estimables como Adiós A Las Armas o Fueros Humanos. Pero nada como esa dupla inicial, bajo mi punto de vista. Ambas dos protagonizadas por Janet Gaynor, un rostro preñado de una dulzura y un candor irresistibles, y que recibió el Oscar ese año por su trabajo en las susodichas y en Amanecer de Murnau, y Charles Farrell, un galán de una raza extinta, con un carisma entrañable e ingenuo. Ambos dos conformaron una pareja sencillamente perfecta para estas pequeñas delicatessen de Borzage, obras de un romanticismo tan acaramelado como delicioso, de una candidez irresistible, tratando las miserias y la vida de los suburbios de la época con una mirada optimista donde el final feliz, en tantas ocasiones incómodo, es tan natural como necesario. Todo ello engalanado con unos decorados fastuosos que lo zambullen a uno de lleno en esos barrios de miseria pero sin excesivas espinas, con una escenografía cuidadísima, lírica, bucólica. Y la religión, que metía su embarazosa pezuña más de la cuenta en El Séptimo Cielo, apenas asoma aquí por debajo de la puerta, gracias a Bon Scott. En fin, qué fácil resulta creer en el poder del amor despues de embucharse artefactos como estos.
Últimas personas consultadas
US
Canadá
México
España
UK
Irlanda
Australia
Argentina
Chile
Colombia
Uruguay
Paraguay
Perú
Ecuador
Venezuela
Costa Rica
Honduras
Guatemala
Bolivia
Rep. Dominicana