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Voto de Xavier Vidal:
5
Voto de Xavier Vidal:
5
4.8
211
3 de julio de 2011
3 de julio de 2011
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay que ser conscientes de que las secciones oficiales de todos los festivales de prestigio se guían por modas. En parte, a aquellos que piensan que películas como El masajista son películas porno para los llamados cinéfilos no les falta razón. Seguramente su incidencia en la historia del cine será mínima: es una historia bastante evidente que cuenta el luto de un joven al perder a su padre mientras recuerda su trabajo en una sala de masajes frecuentada por clientela homosexual. 'Nosotros no somos putas', dice en un momento uno de los personajes, y todo sabe a eufemismo. Como las reseñas de muchos entendidos.
El masajista funciona por ese ambiente decrépito, desesperanzado y mugriento que Mendoza selló aquí y que luego amplió en posteriores trabajos. A este primer proyecto le falta una trama que sostenga los caprichos del realizador. Repleta de sexo mórbido, El masajista es la prototípica película con estilo pero sin argumento que promueve un arte feísta, un cine incómodo pero no turbador: la contraposición de dos cuerpos masculinos copulando y la imagen de un cadáver no deja de ser una provocación gratuita, de impacto visual pero nunca de calado emocional. Su poder plástico discurre en paralelo a su vacío narrativo, por eso resulta tan fascinante defenderla y repudiarla a partes iguales. Vaya: una leve provocación con vocación de gran idea que según los caprichos de la revista o el crítico de turno resulta sublime o banal. Ni lo uno ni lo otro.
Xavier Vidal, Cinoscar & Rarities, http://cachecine.blogspot.com
El masajista funciona por ese ambiente decrépito, desesperanzado y mugriento que Mendoza selló aquí y que luego amplió en posteriores trabajos. A este primer proyecto le falta una trama que sostenga los caprichos del realizador. Repleta de sexo mórbido, El masajista es la prototípica película con estilo pero sin argumento que promueve un arte feísta, un cine incómodo pero no turbador: la contraposición de dos cuerpos masculinos copulando y la imagen de un cadáver no deja de ser una provocación gratuita, de impacto visual pero nunca de calado emocional. Su poder plástico discurre en paralelo a su vacío narrativo, por eso resulta tan fascinante defenderla y repudiarla a partes iguales. Vaya: una leve provocación con vocación de gran idea que según los caprichos de la revista o el crítico de turno resulta sublime o banal. Ni lo uno ni lo otro.
Xavier Vidal, Cinoscar & Rarities, http://cachecine.blogspot.com
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