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Voto de Frank Booth :
6
Voto de Frank Booth :
6
Serie de TV. Thriller Serie de TV (2024). Segunda temporada. 7 episodios. Tres años después de su victoria, el jugador 456 decide no viajar a Estados Unidos y regresa con un nuevo objetivo. Para conseguirlo, Gi-hun compite una vez más en el misterioso juego de supervivencia donde tendrá que superar situaciones de vida o muerte con nuevos participantes que sueñan con llevarse el premio de 45 600 millones de wons.
21 de febrero de 2025 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
La segunda temporada de El Juego del Calamar se presenta como una reiteración forzada de fórmulas previamente exploradas, en la que la capacidad de sorprender se ha menguado hasta casi extinguirse. En su afán de seguir encadenando escenas violentas y situaciones morbosas, la serie abandona de manera palpable los dilemas éticos y filosóficos que en un principio despertaban inquietud y reflexión en el espectador. Lo que en la primera entrega se ofrecía como un desafío al orden moral y social, ahora se diluye en un espectáculo repetitivo y, en ocasiones, trivial, donde la promesa de lo inédito se convierte en la mera reiteración de un shock visual vacío de sustancia.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Desde un punto de vista filosófico, esta segunda entrega fracasa en provocar un debate genuino acerca de la naturaleza del poder, la ética y la condición humana. La narrativa se empeña en recabar efectos visuales espectaculares y morbo superficial, relegando a un segundo plano la exploración de las contradicciones inherentes a nuestra sociedad. Elementos desesperados –como la ridícula trama del ejército en busca de la isla para celebrar los juegos, o la evidente complicidad del capitán del barco con los organizadores– acentúan la sensación de haber agotado la capacidad de asombro. La revelación, desde el minuto uno, de que el enigmático jugador 001 es uno de los “jefes” del sistema, en una especie de juego televisivo del “jefe infiltrado”, no hace más que evidenciar la falta de originalidad y la superficialidad de la trama.

Sin embargo, es innegable que, en medio de tanta decepción, la serie sigue siendo capaz de entretener a quienes se dejan seducir por su innegable espectacularidad visual y por el morbo que genera. Para aquellos menos versados en la sutileza de la cinematografía coreana, El Juego del Calamar ofrece un deleite estético: sus colores vibrantes, la construcción de un universo visualmente impactante y unos personajes que, a pesar de todo, consiguen generar cierta fascinación. En este sentido, la producción se erige como un ejercicio de provocación bien ejecutado, aunque vacuo, en el que la inmediatez del impacto sensorial sustituye a un debate profundo y a una auténtica reflexión ética.
En conclusión, la segunda temporada se erige como un producto que, si bien entretiene y deslumbra a nivel técnico, se queda corta en el terreno del compromiso filosófico. Es un espectáculo que, a pesar de su elevada calidad de producción y de su capacidad para generar impacto visual, se despoja de la fuerza transformadora y cuestionadora que podría haberlo elevado a la categoría de obra maestra. Queda, entonces, la inquietud –y una especie de rezo, si es que Dios existe– de que esta sea, en última instancia, la trama final de una saga que parecía tener tanto potencial para ir más allá de lo predecible.
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