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Voto de Frank Booth :
7
Voto de Frank Booth :
7
Drama Lia, una profesora jubilada, ha prometido encontrar a su sobrina Tekla, perdida hace mucho tiempo. Su búsqueda la lleva a Estambul, donde conoce a Evrim, una abogada que lucha por los derechos de las transexuales, y Tekla empieza a sentirse más cerca que nunca. (FILMAFFINITY)
26 de marzo de 2025 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Levan Akin, cineasta de raíces georgianas y formación sueca, nos presenta en Crossing una travesía que, a primera vista, se perfila como la búsqueda de una sobrina trans desaparecida. Sin embargo, la película trasciende ese motivo inicial para explorar, con sensibilidad y realismo, la vida de tres personajes cuyas historias se entrelazan en el vibrante y caótico paisaje de Estambul.

Crossing es un ejercicio de neorrealismo contemporáneo que invita a reflexionar sobre la identidad, el desplazamiento y la transformación social. Sobre el cambio de mentalidad entre lo tradicional y lo moderno y sobre los valores ineludibles que supone este cambio siendo tan rápido y precipitado. La narrativa se despliega en tres hilos interconectados: la de Lia, una maestra retirada que se obsesiona con encontrar a su sobrina, la del joven Achi, que ve en el viaje la oportunidad de escapar de una existencia monótona, y la de Evrim, una abogada trans que simboliza la lucha y la esperanza en un entorno adverso. Cada uno de estos personajes, con sus conflictos internos y sociales, representa las tensiones generacionales y culturales de sociedades que aún se resisten a aceptar las diversidades de género y las elecciones de vida no convencionales.
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spoiler:
La película, si bien a veces abusa de los encuentros fortuitos, generalmente se desmarca de un mero relato sentimental o una simple crónica de búsqueda; es, en esencia, una observación minuciosa de la realidad urbana. Estambul, más que un escenario, es un reflejo de la globalización mundial: un crisol de culturas, donde la presencia de comunidades marginales, la precariedad de barrios populares y la incesante actividad callejera se convierten en metáforas del incesante intento de encaje y armonización de una sociedad en proceso de transformación de sus valores. La cámara de Fridell se mueve con elegancia, capturando desde largos planos en mano hasta instantes íntimos, que permiten al espectador adentrarse en el “otro lado” de la ciudad, alejado de las posturas idealizadas y turísticas.

Akin se distancia de la narrativa moralista o sermónica, optando por una mirada observacional y empática. En lugar de exponer discursos reivindicativos, la película se centra en la cotidianidad de sus personajes, permitiendo que el relato mismo, con sus desvíos, reencuentros y momentos de sosegada intimidad, hable de la resiliencia y la complejidad humana. Este enfoque le confiere a Crossing una doble lectura: por un lado, es el testimonio de la transformación personal y, por otro, una crítica sutil a un mundo que, a pesar de sus avances, sigue siendo hostil con quienes transgreden normas establecidas.
La intersección de historias –la maestra que se enfrenta a sus propios prejuicios, el joven que busca reconstruir su identidad y la abogada que vive en la intersección de la legalidad y la marginalidad– constituye un reflejo de la sociedad contemporánea. Cada “cruce” (tanto geográfico como existencial) que se da en la película simboliza la posibilidad de transformación, de dejar atrás fantasmas del pasado y de construir nuevos lazos de empatía y solidaridad. Así, Crossing se convierte en un relato profundamente humano, donde la búsqueda de sentido se entrelaza con la necesidad de aceptación y redención en un mundo que se niega a ser estático.

El final abierto de Crossing sugiere que la búsqueda de Lia por Tekla no se detendrá, aunque nunca llegue a encontrarla. Su imaginación del reencuentro con Tekla refleja su necesidad de esperanza y redención. Para Lia, la búsqueda es tanto una misión de amor como una forma de reconciliarse con los errores del pasado. Errores imposibles de corregir porque se han vuelto un fantasma inalcanzable, consumido en un mundo de marginalidad y drogas. Es la consciencia y la culpabilidad de Lia por no haberse abierto al mundo, por no haber aceptado a Tekla ni haber tenido una mente más abierta cuando más lo necesitaba.

En este sentido, Crossing no solo habla de la exclusión, sino de la incapacidad de adaptación a un cambio de valores que, aunque inevitable, se vive como una fractura personal y social. La modernidad irrumpe de forma acelerada y muchas veces brutal, dejando a los personajes en una encrucijada donde deben decidir si se aferran a estructuras del pasado o se abren a nuevas realidades, aunque estas sean incómodas o dolorosas. La película sugiere que, más allá de la individualidad de sus protagonistas, esta lucha interna refleja un conflicto universal: el choque entre lo viejo y lo nuevo, entre el deber ser y la libertad de elección. Y como la culpabilidad de no aceptar una realidad concreta tiene consecuencias devastadoras.

Por ello, Crossing se convierte en una obra profundamente humana que explora el impacto del amor, la pérdida y la identidad en nuestras vidas. Aunque no ofrece soluciones definitivas, muestra cómo los lazos formados en la adversidad pueden dar sentido y propósito. El viaje de Lia y Achi es un recordatorio de que, aunque no podamos encontrar lo que buscamos, el camino y las personas que conocemos en el proceso deben ser igual de significativos. La película nos interpela sobre nuestra capacidad de aceptar el cambio y la transformación no solo en los demás, sino en nosotros mismos.
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