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Voto de Frank Booth :
7
Voto de Frank Booth :
7
2024 España
Documental, Intervenciones de: Carles Porta
7.6
2,106
Serie de TV. Documental El 30 de julio del 1995, Josep Montané, conocido como "Sansa", aparece muerto en su casa, en el pueblo de Tor. Hacía cinco meses que el juez de Tremp le había hecho dueño único de toda la montaña, algo que no había gustado al resto de copropietarios: las 13 familias que tenían casa en el pueblo.
27 de junio de 2024
39 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil
En un pueblo inhóspito del Pirineo, justo en la frontera entre dos países, perdido por la incertidumbre del tiempo, Carles Porta nos presenta un drama rural auténtico que se teje a través de una narrativa profunda y obsesiva, que habla sin tapujos del poder, de la identidad y de la justicia. Porta, con su dedicación casi maníaca, ha dedicado años de su vida a desentrañar los misterios que rodean este rincón olvidado del mundo, y en particular el escalofriante asesinato de Sansa. Este crimen no solo inaugura la serie con un golpe seco y perturbador, sino que se convierte en el hilo conductor que atraviesa todo un relato, que lejos de ser un simple "true crime" se convierte en un estudio antropológico irresoluble cargado de matices, lugares y personajes pintorescos.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La muerte de Sansa es el catalizador, un punto de inflexión que sumerge al espectador en un mundo de sombras y silencios. El fuego se apaga, cuándo el Juzgado de Tremp da la montaña a Sansa, por el convenio histórico que se firmó entre las trece familias originales. Sin embargo, la genialidad de Porta reside en su habilidad para ir más allá del crimen, utilizando el asesinato como un espejo que refleja la complejidad y la crudeza de una comunidad al margen de la ley. En Tor, cada personaje parece esculpido por el viento frío y la soledad del lugar. Sus rostros, marcados por la dureza de la vida en un entorno hostil, nos cuentan historias de resistencia, de lucha por su legado histórico, por imponer su forma de ver el futuro del pueblo y por la relación siempre cambiante y interesada de alianzas que se hilvanan con los vecinos.

La serie pretende que el paisaje de Tor no sea solo un telón de fondo, sino un personaje más en esta narrativa. Se intenta, que sus montañas imponentes, sus caminos serpenteantes y sus bosques densos creen un ambiente casi mágico, donde lo real y lo ficticio se entrelace en una danza hipnótica. Porta, sabe vender la esencia de este lugar con una sensibilidad casi mística, presentándolo no solo como un escenario de crímenes, sino como un microcosmos de la naturaleza humana en sus formas más crudas y auténticas.
Carles Porta
Pero la verdadera riqueza de la serie radica en el complejo entramado de relaciones de poder que se establece entre los personajes que habitan o transitan en el pueblo. En este enclave remoto, los intereses privados chocan de manera violenta, creando un caldo de cultivo para la corrupción, la envidia y la lucha por el poder. Cada habitante de Tor es un enigma, un cúmulo de contradicciones y pasiones. Algunos buscan asentarse y encontrar un lugar al que llamar hogar, mientras que otros pasan como sombras, oportunistas que ven en este rincón una conveniencia para sus propios fines. Las tensiones se palpitan en el aire, y cada interacción está cargada de una electricidad latente, una chispa que podría encenderse en cualquier momento.

Una de las razones que subyacen en las conclusiones de esta serie es la constatación de que la justicia ordinaria no alcanza los recónditos confines de Tor, un lugar que históricamente ha sido gobernado por sus propios principios y normas. En este enclave regido por la ley del más fuerte, donde convergen maquis, contrabandistas, fugitivos, sicarios y hippies aprovechados, los oportunistas que han sabido esperar su momento acaban imponiéndose. Tal es el caso de figuras como Pablo y Lázaro, quienes, con astucia y paciencia, han logrado consolidar su poder en medio de un caos estructural. El futuro del pueblo se revela incontrolable y anárquico, fiel reflejo de su naturaleza intrínseca. Un lugar dónde los cambios deben de ser pacientes y improbables. Este desorden endémico se manifiesta de manera emblemática en la incapacidad de los vecinos para ponerse de acuerdo en algo tan elemental como la construcción de una carretera que facilite el acceso al lugar. Así, Tor permanece como un microcosmos indómito, resistiéndose a las imposiciones externas y perpetuando su singular idiosincrasia.

En conclusión, "Tor" es mucho más que una serie sobre un asesinato. Es un viaje profundo a los recovecos más oscuros de la naturaleza humana y a un lugar donde la realidad supera a la ficción. La obsesión de Carles Porta por desentrañar este misterio ha dado fruto a una obra que no solo nos entretiene, sino que nos invita a reflexionar sobre los límites de la ley, la moralidad y la condición humana. Es una obra que, como las montañas que la enmarcan, se eleva imponente y nos deja una conclusión pesimista que abasta la imposibilidad de resolver los conflictos en una epopeya que perpetua una leyenda irreducible a un programa de televisión.
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