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Voto de Cinemagavia:
8
Aventuras. Acción. Drama En Islandia, en pleno siglo X, un príncipe nórdico (Skarsgard) busca vengar a toda costa la muerte de su padre. (FILMAFFINITY)
20 de abril de 2022
23 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil
*Una cruda aventura vikinga

Robert Eggers ha demostrado ser un amante de los mitos y el folclore. Así ha quedado demostrado en sus dos anteriores películas como La Bruja o El Faro, dejando ver su influencia en sus historias dotándolas de mayor fuerza y trascendencia. Además, el director, a veces ayudado por su hermano, demuestra realizar una gran labor de documentación para cada obra. Desde el propio folclore y la recopilación de historias y mitos, hasta recomponer un arcaico dialecto de Nueva Inglaterra para una de sus películas. El trabajo y el cariño que este pone en cada de una de sus obras es indudablemente admirable.

Por eso, y por lo que ha aportado al género de terror, no es de extrañar que el director lleve a sus espaldas numerosos elogios por parte de la crítica, y una admiración incondicional por parte de su público. Ahora el director regresa, pero lo hace con una aventura vikinga, sin abandonar la base mitológica y folclórica, ni el suspense. Sin embargo, ¿está al nivel de sus primeras películas? Bueno, pues vamos a descubrirlo.

*El clasicismo aventurero

Lo primero que llama la atención en El hombre del norte (The Northman) es su clasicismo en la escritura de una aventura con unos giros muy señalados y un objetivo muy marcado desde el inicio. Además, es la obra de Eggers más destinada al espectáculo para un público que se verá removido por una inmensa cantidad de acción y crudeza. Lejos queda la construcción de una atmósfera de forma lenta y el desarrollo aletargado de los personajes que podemos identificar en las anteriores obras del director. En esta ocasión, todo es más rápido, mordaz y aventurero.

El hombre del norte brilla al prometer una aventura vikinga inolvidable que introduce al espectador en un relato mitológico que se vive a lo grande. Además, otro de los recursos potentes dentro de su narración es la escritura de escenas dotadas de gran fantasía que fascinan y excitan los sentidos de un espectador que definitivamente es transportado a otra dimensión. Esto hila con una imagen dotada de símbolos y un pulido uso de los antecedentes y cumplimientos que sorprenden al espectador en las escenas núcleo de la historia.

Por otro lado, es una película que no se desvía de su objetivo, al igual que nuestro protagonista. Es por ello, que su relato es directo en el que los sucesos van ayudando a alimentar el desenlace de la cinta.

*Demasiada destreza técnica

En esta ocasión Robert Eggers demuestra una inaudita capacidad de alimentar la escena con acciones. Compone planos ricos donde pasan varias cosas, pero aún es mejor la forma en la que la acción se entrelaza con la siguiente y con la siguiente de forma sucesiva. De esta manera termina demostrando un dominio de la puesta en escena laudable. Sin embargo, y no creo que sea un punto que caiga a su favor, la película respira y hace notar un exceso de coreografía que resta naturalismo a la cinta. Un sentimiento que se refuerza con una cámara vívida que en muchas ocasiones adelanta las acciones y no hace más que recordar la coreografía que estamos presenciando.

Por lo general, la cinta se mantiene en el límite de esa dimensión prefílmica que debería esconder. Sin embargo, en ocasiones su extremo uso de la coreografía acentuado por el movimiento fluido de la cámara provoca un sentimiento artificial en el espectador, que personalmente creo que perjudica la experiencia. Por otro lado, El hombre del norte (The Northman) juega con una cámara que se asienta en el eje visual captando con gran expresividad los rostros y las miradas violentas de unos personajes que ansían venganza. El tratamiento plástico, tanto del escenario como de las pieles son una de las claves para que la fotografía de Jarin Blaschke logre su máxima expresividad.

*El fuego

Es aquí donde entramos a hablar del fuego, un elemento primordial en la cinta, liberador y apasionado, pero que quema y arrasa. Casi como Tarkovski quemando hogares, Robert Eggers le da al fuego un uso expresivo y simbólico en esta cinta. Aunque, si bien, siempre ha sido un elemento muy presente en su filmografía.

Otro aspecto para destacar es el contraste de la calidez del fuego con la fotografía exterior nocturna, excesivamente desaturada, lugar donde más se afianzan las sombras y las acciones de venganza. Una sensación que se contrapone con la calidez del fuego de los hogares y el verde de la naturaleza que inunda las escenas diurnas. Como si la propia naturaleza fuera cómplice y tratase de mantener ocultas las intenciones de los animales a los que apacigua. Hablando de naturaleza tengo que destacar la belleza de las estampas que nos deja la cinta. Todo un regalo para los sentidos.

*Un suspense sobrecogedor

Estamos acostumbrados a que Eggers traslade a nuestros cuerpos una sensación paralizante gracias a una atmósfera asfixiante que penetra sutilmente en nuestros huesos. Sin embargo, aquí el suspense proviene de otra fuente, la de la crudeza de unas violentas acciones. A esto se le suma un expresivo uso del sonido que hiela la sangre, ya sea por la percusión de los tambores en su banda sonora o por el tratamiento oscuro y terrorífico de las voces de algunos de los personajes.

Es por ello, que a pesar de no ser una película que se pueda encasillar en el género de terror, el director sigue manteniendo un suspense que trasciende en muchas de las escenas de El hombre del norte (The Northman). Por lo que creo que se mantiene virgen la esencia del director, y no es más que otra sobrecogedora película a añadir en su carrera y a nuestra experiencia como espectadores del siglo XXI.

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Escrito por Javier Atienza
Cinemagavia
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