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Argentina Argentina · Buenos Aires
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Voto de carlygom:
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Romance. Comedia Fabián Brando y Florencia Córmik son actores. Él es el más renombrado del país y ella es una completa desconocida. Durante el rodaje de un film inician un fogoso romance que, casi sin noviazgo mediante, termina en casamiento. Durante la luna de miel Florencia se da cuenta de que se casó con un idiota irrecuperable. Cuando Fabián se entera lo que ella piensa de él, idea un plan que sólo podrá llevar a cabo con la ayuda del guionista de ... [+]
5 de junio de 2016
2 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
En Argentina hay una creencia bastante difundida, con respecto a que éste fue un país que a principios del siglo XX era una gran potencia, en base a indicadores económicos brillantes. El pequeño detalle que se les suele escapar a tales comentaristas, es quiénes y cuántos eran los felices beneficiarios de semejante riqueza. Es que los terratenientes que habían recibido tierras ganadas a partir de la matanza de aborígenes en las fértiles “pampas” criaban vacas y plantaban trigo que luego vendían al mundo para su provecho personal. El resto de la población era pobre, en esa variedad que va de la indigencia a la clase media, mientras que los terratenientes se construían palacios, y sus hijos recorrían el mundo “tirando manteca al techo” (deporte inaugurado por Macoco de Álzaga Unzué en un salón del restaurant Maxim’s de París, destinado a hacer puntería con manteca en las molduras del techo).

En ese contexto, una buena parte del cine nacional del primigenio siglo veinte fue imaginado de una manera acorde a tal línea de pensamiento. Es decir: si somos potencia, hagamos cine como el de las potencias. Y claro, el modelo era Hollywood. Se empezó a adaptar los clásicos más complejos de la literatura y el teatro universal, y hasta se llegó a filmar con “estilo” extranjero.
Adrián Suar & Valeria Bertuccelli
Y para seguir en tal tesitura, las comedias optaron por desarrollarse en ambientes burgueses. Los protagonistas “vivían bien”, en enormes mansiones de varios pisos con grandes escaleras, y debían sortear situaciones nada comunes. Fue la época de lo que se llamó “de los teléfonos blancos”. Es que los aparatos que instalaba la empresa de telefonía por entonces eran solamente negros, a pesar de que los filmes extranjeros mostraban la existencia de coquetos e inalcanzables modelos en tono blanco.

Fue la época en que las grandes divas paseaban sus peinados y modelos por esos refinados ambientes: Mirtha Legrand, Zully Moreno, Delia Garcés, Amelia Bence. Un momento del cine argentino que no necesariamente debía mostrar la realidad, sino crearla, y mostrarla como modelo al público latinoamericano, que dividía sus gustos entre las dos grandes cinematografías: la argentina y la mexicana.

Exactamente eso es lo que está reviviendo esta “suarización” de la comedia argentina. Una recreación de un mundo acorde con las ideologías liberales gobernantes, y embebida de preconceptos que ya antes fueron vertidos por las revistas “del amor” y los programas de televisión “de chismes”. “Me casé con un boludo” ya desde el título sumerge en ese mundo sagrado del casamiento como objetivo “a comentar” y el del insulto (o las “malas palabras” de la época de nuestros abuelos) que toda la televisión de los “realities” ha impuesto como exitosa forma de comunicación entre “panelistas” o participantes.
Valeria Bertuccelli & Adrián Suar
Gente linda, famosa, en ambientes fastuosos de innovadora arquitectura, circulando por bellísimos lugares o espaciosas autovías, en vehículos caros. Y los estudios de cine son como los de las películas norteamericanas, en los pasillos circula gente vestida de otras épocas, entre enormes platós que simulan estar filmándose cientos de películas. Es decir: todo lo que cada vez está más lejos del espectador común, puede ahora a disfrutarlo por el modesto precio de una entrada al cine.

Al igual que en el ámbito de la cruda realidad política actual argentina, la referencia acerca de la “pobreza” es tan lejana, que el director optó por filmarla desde lejos, donde los espectadores no puedan ver los detalles acerca de cómo está compuesto tal conjunto de gente.

Tiemblo de solo pensar que éste sea un modelo a reproducir. Que volvamos a un esquema de comedia en el cual se nos cuente que lo que vivimos no es cierto, y que mejor lo disfrutemos en pantallas tan pulcramente limpias que llevan a la inevitable conclusión de quiénes y de qué origen pueden solo ser los protagonistas.
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