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Voto de Robert Denigro:
8
Voto de Robert Denigro:
8
6.6
21,830
7 de junio de 2020
7 de junio de 2020
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Martin Scorsese es el productor de "Diamantes en Bruto". Todo su cine es un intento de dar forma a la esquizofrenia de la vida moderna. Sus películas son un catálogo de personajes estresados. Estaba estresadísimo Travis en "Taxi Driver" (aunque no se notaba) y también el ingenuo Paul Hackett de "Jo que noche" (magnífico Griffin Dunne). Pero sin duda su retrato más perfecto de la ansiedad la encarnó Ray Liota como camello cocainómano en "Uno de los nuestros".
El personaje de Adam Sandler en "Diamantes en bruto" quiere salir del bache, recuperar el éxito de sus negocios, pero como le ocurría a Al Pacino en "Carlitos Way" las malas decisiones siempre vuelven para reclamar su precio.
El argumento del antihéroe al borde del abismo no es nuevo, pero hay algo realmente original en "Diamantes en bruto". La escena que abre y cierra la película nos avisa de que entramos en un mundo fuera de la realidad. Entramos en la mente hiperactiva del protagonista. La ansiedad que gobierna a Adam Sandler ha convertido su estado de vigilia en un sueño de ritmo sincopado, similar al que sufre Nicholas Cage en "Snake Eyes" donde el frenesí capitalista se concentra en un magistral plano-secuencia. Prisionero de su ambición Sandler es incapaz de empatizar con su entorno y los hermanos Safdie construyen a su alrededor un viaje alucinado con texturas de caleidoscopio que le impiden ver que la soga del mundo real se está cerrando sobre su cuello.
El personaje de Adam Sandler en "Diamantes en bruto" quiere salir del bache, recuperar el éxito de sus negocios, pero como le ocurría a Al Pacino en "Carlitos Way" las malas decisiones siempre vuelven para reclamar su precio.
El argumento del antihéroe al borde del abismo no es nuevo, pero hay algo realmente original en "Diamantes en bruto". La escena que abre y cierra la película nos avisa de que entramos en un mundo fuera de la realidad. Entramos en la mente hiperactiva del protagonista. La ansiedad que gobierna a Adam Sandler ha convertido su estado de vigilia en un sueño de ritmo sincopado, similar al que sufre Nicholas Cage en "Snake Eyes" donde el frenesí capitalista se concentra en un magistral plano-secuencia. Prisionero de su ambición Sandler es incapaz de empatizar con su entorno y los hermanos Safdie construyen a su alrededor un viaje alucinado con texturas de caleidoscopio que le impiden ver que la soga del mundo real se está cerrando sobre su cuello.
Los hermanos Safdie nos advierten de que convertir la vida en una gran mentira es la enfermedad de esta era virtual y han encontrado en Adam Sandler la cobaya perfecta de los excesos capitalistas.
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