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España España · A Coruña
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Voto de BartonKeyes:
7
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Comedia Segunda entrega de la saga de los Leguineche precedida por "La Escopeta Nacional" y completada con "Nacional III". Tras la muerte de Franco (1975) y la restauración de la Monarquía, el marqués de Leguineche regresa a su palacio de Madrid. Después de treinta años de exilio voluntario en su finca Los Tejadillos, se propone acercarse al Rey para reanudar la vida cortesana de antaño. Sin embargo, no resulta nada fácil acceder a la Casa Real. (FILMAFFINITY) [+]
24 de abril de 2026 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si "La Escopeta Nacional" fue el disparo de salida de la trilogía de Berlanga sobre la Transición, "Patrimonio Nacional" es el eco, a veces destemplado pero siempre estridente, de un país descompuesto entre los tapices de un Palacio de Linares que exhala en cada rincón el tufo de la decadencia.

Berlanga, en tándem con el inigualable Azcona, nos ofrece aquí un lacerante retrato sociopolítico donde la aristocracia se nos presenta como un fósil viviente que se resiste a la exhumación democrática, quedando expuesta en su más absoluta desnudez.
El resultado es una tragicomedia de la irrelevancia donde el linaje se confunde con la caricatura, y donde cobra mayor protagonismo un siempre genial José Luis López Vázquez como el patético hijo onanista del Marqués de Leguineche (glorioso Luis Escobar una vez más).

La puesta en escena es un verdadero prodigio técnico. Los planos secuencia, que parecen respirar con los propios personajes, capturan la coreografía del esperpento con la fluidez característica del maestro valenciano. Es un ballet frenético de ambiciones torpes y miserias burguesas.

Sin embargo, no podemos negar que esta segunda entrega acusa el cansancio de su propia fórmula.
El ingenio, a menudo agudo y punzante, se entrega con excesiva complacencia a un humor derivativo, propenso a la zafiedad y al exabrupto que, si bien refuerza el carácter grotesco del cine de su autor, termina por erosionar de algún modo los notables resultados de su predecesora.

Es una obra de una acrimonia feroz, con diálogos que, oscilando entre la genialidad lúcida y el barroquismo vulgar, pintan el cuadro de una España que se debatía entre la herencia del absolutismo y la fragilidad de la Transición, manteniendo intacta esa capacidad del dúo Berlanga-Azcona para convertir el despropósito patrio en un espectáculo digno de ser visto y disfrutado.
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