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España España · Rivas-Vaciamadrid
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Voto de Quinto Sertorio:
4
Voto de Quinto Sertorio:
4
Drama A los 33 años, Grace Kelly, una gran estrella de Hollywood, renunció a su carrera como actriz para casarse en 1956 con el príncipe Rainiero III y convertirse en Su Alteza Serenísima la Princesa Gracia de Mónaco. La historia se ambienta en plena crisis política y económica entre Francia y Mónaco, crisis en la que la actriz americana estuvo involucrada. (FILMAFFINITY)
30 de agosto de 2025 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Siempre me ha llamado la atención la cobertura mediática de un país de pijos, estilo Cadaqués, lleno de ricos extranjeros que no pagan impuestos en el suyo y ese glamour de garrafón y de revista del corazón de las peluquerías de una familia pastosa que, de hecho, forma una alcaldía hereditaria bastante hortera. Es como si en Marbella, el finado Jesús Gil la hubiese independizado de España y se hubiese proclamado príncipe.

Hay micronaciones como el principado de Hutt River en Australia, o Seborga en Europa. Incluso en EE.UU. tenemos a Molossia, con un dictador que se parece mucho a Rainiero. Pero no tienen ese glamour ni el reconocimiento internacional. Una pena. También tenemos el Principado de Sealand, en una plataforma en el mar del Norte, con su monarquía, pero tampoco la tomaron en serio. Pero denles tiempo.

Sabemos que los estadounidenses se derriten con cualquier título nobiliario europeo, pero resulta extraño en un filme guionizado por un francés. La película que tenemos entre manos es una fantasía más propia de un filme de princesas de Disney - "Encantada" o algo así- que algo serio.
Nos quieren vender una ridícula crisis real que tuvieron los monegascos con De Gaulle por los impuestos, como si fuese la crisis de los misiles de Kennedy. Por favor, seamos serios. Y no duda el guionista en alterar la realidad, mostrándonos a Grace con un discurso que jamás pronunció. Y otros detalles nimios, como decir que Napoleón no entró en Mónaco, cuando realmente lo ocupó durante quince años. Vamos a contar mentiras, tralará.

Nos ofrecen a un Rainiero, interpretado por Tim Roth, que parece que está interpretando a Himmler. No se si el maquillador se equivocó de personaje o qué, pero desde luego, no se parece en nada al Príncipe de Mónaco. Por otro lado tenemos a una Nicole Kidman que, como buena australiana, no tiene ni idea de la nobleza regia, la de verdad, como es la británica, por muchas ovejas descarriadas que tengan. Esa trascendencia como si fuese Jacqueline Kennedy resulta grotesca, exagerada, bufa. ¡Si hasta tenemos una trama de espías que llevan boina y gabardina! ¡Parecen salidos de la película "Top Secret"! ¡Que cosa más ridícula! Así que tendremos también una conspiración en la alcaldía como si fuese un pueblo de la costa de España.
La película es más propia de un telefilme de Antena 3 del mediodía, entre las de Rosamund Pilcher y los telefilmes románticos de Navidad; igual de babosa y pegajosa. E increíble.
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