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Voto de armengot:
7
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7
6.4
3,750
Serie de TV. Romance. Drama
Serie de TV (2022). Segunda temporada. 8 episodios. Cuando parece imposible que conozca a alguna debutante que cumpla con sus estándares imposibles, Anthony conoce a las hermanas Sharma, Kate y Edwina, y empieza a cortejar a la segunda. Cuando Kate se da cuenta de que Anthony no busca casarse por amor verdadero, sino por perpetuar el apellido familiar, empieza a hacer todo lo posible para impedir la unión entre ambos.
10 de abril de 2022
10 de abril de 2022
14 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Netflix ha conseguido con Los Bridgerton engancharnos a adictos al folletín y la novela rosa de todo el mundo. Lo ha hecho proponiéndonos un anacrónico parque temático para la nobleza británica en el que sólo falta el Ratón Mickey bailando un vals.
En este parque temático de principios de siglo XIX han desaparecido las luchas obreras por quemar fábricas (lo más parecido a una fábrica que aparece es la imprenta que publica los chismes de Lady Whistledown) y la guerra abierta ya por la burguesía contra la nobleza. Lejos de toda esa realidad histórica, el parque Disney Bridgerton, está lleno de negros y hay hasta chinos e hindús. Ésta es quizá la mejor licencia anti histórica de la serie porque hay que ver qué bien les sientan los trajes y los vestidos. Además está rodada en verano para mostrarnos una Inglaterra verde y florida en la que nunca llueve y los días palaciegos son siempre primaverales.
Los obreros y los lacayos de Los Bridgerton (que sólo aparecen como personajes fugaces o figurantes) están encantados de ocupar sus puestos y cocinar para la aristocracia. En realidad, salvo alguna necesidad del guión, sobran estos personajes.
En este parque temático de principios de siglo XIX han desaparecido las luchas obreras por quemar fábricas (lo más parecido a una fábrica que aparece es la imprenta que publica los chismes de Lady Whistledown) y la guerra abierta ya por la burguesía contra la nobleza. Lejos de toda esa realidad histórica, el parque Disney Bridgerton, está lleno de negros y hay hasta chinos e hindús. Ésta es quizá la mejor licencia anti histórica de la serie porque hay que ver qué bien les sientan los trajes y los vestidos. Además está rodada en verano para mostrarnos una Inglaterra verde y florida en la que nunca llueve y los días palaciegos son siempre primaverales.
Los obreros y los lacayos de Los Bridgerton (que sólo aparecen como personajes fugaces o figurantes) están encantados de ocupar sus puestos y cocinar para la aristocracia. En realidad, salvo alguna necesidad del guión, sobran estos personajes.

El caso es ponerlo todo al servicio del romance. Aquí lo único de lo que se va a hablar es de amoríos, con todas las pulsiones propias del siglo XXI pero metidas en disfraces y bajo cuatro premisas generales sacadas de las novelas de la pobre Jane Austen que en paz descanse.
Pero el caso es que por eso nos gusta. Porque aquí venimos a ver novela rosa y lo demás me da igual. Si la química entre la pareja protagonista funciona, todo marcha. Algunos personajes secundarios resultan cargantes y de relleno, pero es el impás que necesitamos los adictos hasta que vuelvan a reprimirse las miraditas centelleantes entre el chico y la chica. Lo bueno de las historias de amor reprimido es que la temperatura puede subir explícitamente por las nubes, como en un espectáculo de strip-tease en el que el bailarín o la bailarina se quitan una prenda tan despacio que mantienen a todo el público expectante y boquiabierto.
Pero consiguen al final que nos divirtamos y que su colorido de alguna manera nos anime a ser positivos y elegantes. La decrépita, pusilánime y endogámica aristocracia británica puede estar agradecida a Netflix por este lavado de cara, de entrepierna y desparasitación televisiva, que ayuda a la nueva moda british y a que los adolescentes de todo el mundo tengan una visión romántica y edulcorada de lo que nunca fue la historia.
Pero el caso es que por eso nos gusta. Porque aquí venimos a ver novela rosa y lo demás me da igual. Si la química entre la pareja protagonista funciona, todo marcha. Algunos personajes secundarios resultan cargantes y de relleno, pero es el impás que necesitamos los adictos hasta que vuelvan a reprimirse las miraditas centelleantes entre el chico y la chica. Lo bueno de las historias de amor reprimido es que la temperatura puede subir explícitamente por las nubes, como en un espectáculo de strip-tease en el que el bailarín o la bailarina se quitan una prenda tan despacio que mantienen a todo el público expectante y boquiabierto.
Pero consiguen al final que nos divirtamos y que su colorido de alguna manera nos anime a ser positivos y elegantes. La decrépita, pusilánime y endogámica aristocracia británica puede estar agradecida a Netflix por este lavado de cara, de entrepierna y desparasitación televisiva, que ayuda a la nueva moda british y a que los adolescentes de todo el mundo tengan una visión romántica y edulcorada de lo que nunca fue la historia.
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