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España España · Santander
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Voto de Cenizales:
4
Voto de Cenizales:
4
Drama El padre Miguel, un atractivo y tímido sacerdote de treinta y seis años, atraviesa una crisis de conciencia. Además, la continua presencia en su confesionario de Irene, una joven y bella mujer casada, a la vez piadosa y apasionada, va mermando su fe y sus convicciones religiosas. (FILMAFFINITY)
10 de abril de 2025 2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
No deja ser extraño que esta película cosechara tanto fracaso. Lo tenía todo para triunfar en aquella España felicísima de 1978 (año de la Constitución, no se olvide): erotismo de alto voltaje, curas salidos, curas estúpidos, curas cebones, curas ateos, curas gais y hasta un cura normal, es decir, majete, con buen talante, aunque acaba dejando de adorar a Dios para irse a adorar al hombre a un barrio marginal.
¿Por qué no triunfó entonces, si la película estaba tan en la onda del anticlericalismo ya entonces dominante: el sexo es salud y felicidad, la Iglesia es lo contrario, castradora, además de ridícula, y Jesucristo mismo es ridículo y castrón (lo han castrado por los curas?) ¿Por qué?
No cabe achacarlo a lo zafio y simplista de su mensaje, porque cine zafio y burdamente obsceno era lo que abundaba en la España de entonces, y la mayoría de aquellas pelis tuvieron su momento de gloria. Ésta no, y eso que el sacerdote protagonista (Simón Andreu) hace muy bien su papel y que Esperanza Roy es una mujer y una actriz tan sobria y elegante como sexualmente irresistible.
La explicación la doy en espóiler, aunque también habrá influido el hecho de que. según creo, ningún canal de televisión se ha atrevido a dar nunca esta película.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
No hay dios (perdóneseme la pseudo-blasfemia) que se trague una película cuyo protagonista es un cura tan dominado por la lujuria y, a la vez, tan empeñado en seguir siendo casto, que para resolver el conflicto no tiene mejor idea cortarse que los genitales de cuajo con una cizalla de jardinero. Y no hay elipsis alguna. El espectador ve la escena, se le presenta con todo realismo.
Nunca llegó a tanto la castración mental de un cineasta español. Enhorabuena, Eloy de la Iglesia
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