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Terror. Intriga
Una puritana institutriz es contratada para hacerse cargo de la educación de dos niños huérfanos que viven en una apartada mansión rural. Pronto empieza a sospechar que los antiguos criados, muertos hace tiempo, ejercen todavía una perniciosa influencia en la vida de los niños. Basada en la novela de Henry James "Otra vuelta de tuerca". (FILMAFFINITY)
25 de julio de 2008
25 de julio de 2008
254 de 282 usuarios han encontrado esta crítica útil
Parto de la base de que con esta peli no puede haber certezas porque se basa en la ambigüedad. Dicho esto, diré que para mí no es una historia de fantasmas.
En todo caso es la historia de la lucha de la reprimida institutriz protagonista contra sus propios fantasmas sexuales: Miss Giddens (maravillosa Deborah Kerr), está un poquito desesperada y necesitada, y se siente atraída por el niño al que debe cuidar. Pero para no enfrentarse con esa realidad, su cabeza va pergeñando toda esa historia de la posesión fantasmal: para no reconocer que ve en ese “niño” a ese “hombre” que tanto necesita, se inventa que ese niño está poseído por aquel apuesto capataz cuyo solo retrato la hace temblar, y con el que sueña en sus pesadillas presumiblemente húmedas. Argumentaré mejor ese marcado carácter sexual:
Miss Giddens está inmersa en uno de esos sueños que tiene, entre gemidos, con el recio y viril criado muerto… cuando de repente la ventana se abre violentamente, irrumpiendo en la habitación todas las humedades de la furiosa tormenta exterior… ¡un auténtico orgasmo!
En todo caso es la historia de la lucha de la reprimida institutriz protagonista contra sus propios fantasmas sexuales: Miss Giddens (maravillosa Deborah Kerr), está un poquito desesperada y necesitada, y se siente atraída por el niño al que debe cuidar. Pero para no enfrentarse con esa realidad, su cabeza va pergeñando toda esa historia de la posesión fantasmal: para no reconocer que ve en ese “niño” a ese “hombre” que tanto necesita, se inventa que ese niño está poseído por aquel apuesto capataz cuyo solo retrato la hace temblar, y con el que sueña en sus pesadillas presumiblemente húmedas. Argumentaré mejor ese marcado carácter sexual:
Miss Giddens está inmersa en uno de esos sueños que tiene, entre gemidos, con el recio y viril criado muerto… cuando de repente la ventana se abre violentamente, irrumpiendo en la habitación todas las humedades de la furiosa tormenta exterior… ¡un auténtico orgasmo!

Deborah Kerr
También está ese lenguaje tan sensual que emplea para hablar de la pasión de Miss Jessel (la institutriz muerta) por Quint (el criado buenorro): dice que siente “hambre por él, por sus brazos, por sus labios…”. Está hablando de la antigua institutriz, pero la manera tan concupiscente en que lo hace deja traslucir que también está hablando de sí misma y de sus propias ansias.
Es interesante el remake “mallorquín” que se hizo hace unos años (“El celo”), donde sí se mojaban con la cuestión fantasmal, sin que por ello la buena mujer dejase de estar más salida que el pico de una plancha. Es decir, no hay por qué entender de forma excluyente que “o hay fantasmas o está desequilibrada”, sino que a una mente fracturada se le puede añadir lo sobrenatural como realidad auténtica (que empeora el problema psicológico, claro). Pero me gusta más la ambigüedad total de Clayton (más respetuosa con el espíritu de la novela de Henry James, que lleva la incertidumbre hasta el paroxismo).
Es interesante el remake “mallorquín” que se hizo hace unos años (“El celo”), donde sí se mojaban con la cuestión fantasmal, sin que por ello la buena mujer dejase de estar más salida que el pico de una plancha. Es decir, no hay por qué entender de forma excluyente que “o hay fantasmas o está desequilibrada”, sino que a una mente fracturada se le puede añadir lo sobrenatural como realidad auténtica (que empeora el problema psicológico, claro). Pero me gusta más la ambigüedad total de Clayton (más respetuosa con el espíritu de la novela de Henry James, que lleva la incertidumbre hasta el paroxismo).

Deborah Kerr
Una última mención para resaltar la evidente influencia de esta obra en títulos recientes como “Los otros” o “El orfanato” (aparte de lo evidente; en la idea “peter-panesca” de ese niño al que le gustaría vivir ahí por siempre, sin que nada cambie).
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Que para mí no haya fantasmas ni posesiones, no quiere decir que vea en los niños unas criaturitas inocentes, puesto que entiendo que participaban (no sé hasta qué punto) de los juegos sexuales del antiguo criado y la antigua institutriz (tras el shock, la niña suelta por su boca obscenidades que nunca escuchamos pero que dejan perpleja a la criada; y al niño lo expulsan del colegio “por decir cosas”, según explica al final).
Está bastante claro que esos niños están contaminados de algún modo por lo vivido junto a esa turbia pareja. Pero no poseídos por sus espíritus.
Para mí el pobre niño se muere de puro terror: yo me imagino con 10 años, solo en un caserón con una adulta supuestamente cuerda que de repente me sale con que un difunto está ahí, y me grita enloquecida que diga su nombre, y a mí me da algo. Vamos, es que me muero.
Creo que la identificación de Miss Giddens con la anterior institutriz la va a conducir hasta el mismo trágico final: Miss Jessel no pudo soportar la muerte de su amor crispado, y terminó en el fondo del lago. De la misma manera pienso que a Miss Giddens le espera lo mismo: tampoco ella resistirá la muerte de su amor (el niño), y también ella terminará quitándose la vida. Su tumba será ese lugar que parece llevar la tristeza de la muerte en sus apacibles lagos y sus sauces llorones...
Está bastante claro que esos niños están contaminados de algún modo por lo vivido junto a esa turbia pareja. Pero no poseídos por sus espíritus.
Para mí el pobre niño se muere de puro terror: yo me imagino con 10 años, solo en un caserón con una adulta supuestamente cuerda que de repente me sale con que un difunto está ahí, y me grita enloquecida que diga su nombre, y a mí me da algo. Vamos, es que me muero.
Creo que la identificación de Miss Giddens con la anterior institutriz la va a conducir hasta el mismo trágico final: Miss Jessel no pudo soportar la muerte de su amor crispado, y terminó en el fondo del lago. De la misma manera pienso que a Miss Giddens le espera lo mismo: tampoco ella resistirá la muerte de su amor (el niño), y también ella terminará quitándose la vida. Su tumba será ese lugar que parece llevar la tristeza de la muerte en sus apacibles lagos y sus sauces llorones...
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