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1
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1
1967 

John Huston, Ken Hughes ...
5.2
4,673
22 de agosto de 2025
22 de agosto de 2025
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Casino Royale" de 1967 es, sin duda, una de las películas más peculiares de la historia del cine, una rareza absoluta que desafía cualquier convención. Si llegas a ella con la expectativa de una película de espías seria al estilo de la saga de Eon, como le ocurrió a muchos en su momento, te encontrarás con una sorpresa. No es una película, es un caótico happening de los 60, un ejercicio de estilo que se burla de todo y de todos, empezando por sí misma.
El film arranca con el sobrio David Niven, un Bond retirado y con el humor británico más sutil, lo que inicialmente puede dar una falsa impresión de seriedad. Pero esta calma dura poco. Cuando la trama se adentra en el territorio de lo absurdo, con la irrupción de figuras como Peter Sellers y Woody Allen, la película se desata por completo. Se convierte en una farsa descontrolada, una comedia de espías donde el sinsentido es el único protagonista.
El caos narrativo se explica en gran parte por su caótica producción. Con cinco directores acreditados y un guion que pasó por las manos de innumerables escritores, Casino Royale es el perfecto ejemplo de lo que pasa cuando no hay una visión única. Los diferentes estilos se superponen, las escenas no encajan y la trama principal se pierde en un laberinto de gags aleatorios.
El film arranca con el sobrio David Niven, un Bond retirado y con el humor británico más sutil, lo que inicialmente puede dar una falsa impresión de seriedad. Pero esta calma dura poco. Cuando la trama se adentra en el territorio de lo absurdo, con la irrupción de figuras como Peter Sellers y Woody Allen, la película se desata por completo. Se convierte en una farsa descontrolada, una comedia de espías donde el sinsentido es el único protagonista.
El caos narrativo se explica en gran parte por su caótica producción. Con cinco directores acreditados y un guion que pasó por las manos de innumerables escritores, Casino Royale es el perfecto ejemplo de lo que pasa cuando no hay una visión única. Los diferentes estilos se superponen, las escenas no encajan y la trama principal se pierde en un laberinto de gags aleatorios.

Woody Allen
Se comenta, que se hizo esta parodia, porque no tenían los derechos de la novela, por los que estaban luchando y cambiaron a a hacer esta parodia.
Curiosamente y extrañamente fue un éxito en taquilla a pesar de ser un desastre cinematográfico. Esto se debe, en gran medida, a su estelar elenco. Es normal que actores de la talla de Ursula Andress, Orson Welles, William Holden o Charles Boyer se sintieran atraídos por un proyecto de esta magnitud, sin saber que el resultado sería un batiburrillo de estilos. Muchos de ellos expresaron su decepción con el resultado final, lo que no deja de ser un reflejo del fracaso artístico de la obra.
"Casino Royale" de 1967 no es una buena película de James Bond. Ni siquiera es una buena película. Es un fenómeno de la cultura pop, un producto de su tiempo que, con su estética psicodélica y su humor demente, logró conectar con un público ávido de excentricidad. Es un testimonio de que, a veces, un gran nombre y un elenco de lujo son suficientes para garantizar el éxito, aunque el resultado sea una locura incomprensible.
Curiosamente y extrañamente fue un éxito en taquilla a pesar de ser un desastre cinematográfico. Esto se debe, en gran medida, a su estelar elenco. Es normal que actores de la talla de Ursula Andress, Orson Welles, William Holden o Charles Boyer se sintieran atraídos por un proyecto de esta magnitud, sin saber que el resultado sería un batiburrillo de estilos. Muchos de ellos expresaron su decepción con el resultado final, lo que no deja de ser un reflejo del fracaso artístico de la obra.
"Casino Royale" de 1967 no es una buena película de James Bond. Ni siquiera es una buena película. Es un fenómeno de la cultura pop, un producto de su tiempo que, con su estética psicodélica y su humor demente, logró conectar con un público ávido de excentricidad. Es un testimonio de que, a veces, un gran nombre y un elenco de lujo son suficientes para garantizar el éxito, aunque el resultado sea una locura incomprensible.
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