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Voto de Carm_enfl :
4
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4
Fantástico. Ciencia ficción. Drama En un mundo azotado por una ola de mutaciones que transforman gradualmente a algunos humanos en animales, François hace todo lo posible por salvar a su esposa, afectada por esta misteriosa enfermedad. Mientras la sociedad se ve abocada a un nuevo orden, iniciará junto a Émile, su hijo de 16 años, una búsqueda que los cambiará para siempre. (FILMAFFINITY)
20 de octubre de 2023
56 de 80 usuarios han encontrado esta crítica útil
Por lo poco habitual, resulta refrescante encontrarse con un film francés de corte fantástico y que, además, se defienda tan bien en cuanto a efectos especiales y caracterización. La metamorfosis de las criaturas resulta enigmática a la par que convincente dentro de la fantasía, dando como resultado un trabajo visual que se goza mucho. Chapó.

El trabajo de guion, por desgracia, es harina de otro costal. La historia resulta previsible, naíf y falta de caracteres secundarios con algo de profundidad.

Previsible, porque poco tiene Le Règne Animal que ofrecer de nuevo al eterno conflicto paternofilial del hijo que busca su propio destino. Absolutamente ninguna decisión argumental me ha sorprendido. Su estructura resulta de lo más convencional.

Naíf, porque el retrato que de la naturaleza se hace es profundamente romántico, asumiendo que la coexistencia pacífica entre el ser humano y el resto de seres es posible si los primeros cuentan con la “voluntad política” necesaria (textualmente). Esta película me recuerda al trascendentalismo estadounidense y su fe en la bondad como cualidad inherente del ser humano y la naturaleza, pero sin la envergadura espiritual de estos. Es una pena, pero lo que podría haberse convertido en un diálogo apasionante sobre los límites y conflictos de una hibridez animal-humano hacia la que quizás nos encaminamos como sociedad (a partir de nociones como la de las familias interespecie) termina siendo un cuento domesticado e infantilizante sobre lo buenos que son los animales y lo malos que somos los seres humanos.
Entre los caracteres secundarios planos destaca especialmente el personaje de Adèle Exarchopoulos, el peor papel de esta actriz que he visto hasta la fecha. A nivel interpretativo no está a la altura de la mayoría de sus películas, lo que, no obstante, resulta comprensible considerando que su personaje es absolutamente prescindible. En nada afectaría a la trama si la sacásemos de cuajo del guion. Por supuesto, sus comentarios feministas aquí y allá podrían haber sido interesantes de haber tenido alguna relevancia, la más mínima, en la trama, pero se quedan en líneas sueltas sin ton ni son y sin desarrollo alguno. Muy a mi pesar, su única función parece ser el de representar el contrapunto femenino al personaje de Romain Duris.

Por último, lo que más me preocupa de esta película es que, a pesar de su más que clara lectura en clave política, apenas plantea preguntas sino fundamentalmente respuestas. Malos y buenos están claramente definidos; la temática ofrece argumento y ambientación, pero no problematización. No hay dilemas. [Continúo en la zona de spoiler.]
Adèle Exarchopoulos & Romain Duris
En resumen, esta película me ha dejado una sensación parecida a la que me provocó la visualización de Avatar 2 hará un año. Una historia muy emotiva, personajes tiernos, rodeados de una ambientación preciosa con criaturas enigmáticas y bellísimas, en un bosque frondoso y pleno de vida. No obstante, no es una lectura poética o estética la que este film pretende ofrecernos. Es más que evidente su intención política [continúo en spoiler], pero para ello es necesario que se expongan ideas, y en esta película solo hay emociones.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Los conflictos que el protagonista sufre en lo relativo a su transformación y su naturaleza dual ya los hemos visto en incontables ocasiones respecto a las historias de hombres lobo y vampiros, y más problematizados.

Por otra parte, el potencial conflicto de convivencia entre seres humanos, apoyados en la tecnología, y las criaturas, muy superiores físicamente, se salda con la división entre aquellos que sienten empatía y comprensión hacia ellos y los demás, odio y repulsión. Aquellos con empatía son fundamentalmente jóvenes, concienciados (el chaval de la camiseta) y vegetarianos (perfecto para plantear una subtrama romántica). Así, el único contraargumento a la coexistencia son emociones negativas basadas en el desconocimiento y el miedo instintivo, representado por un compañero de clase sádico y, sobre todo, por el dueño del restaurante, mayor y tradicional, un hombre quizás poco instruido, que por supuesto suelta un comentario racista sobre los gitanos.

Las criaturas, por su parte, son bondadosas y colaborativas cuando se las entiende y deja vivir en paz. Como comentaba antes, no se contempla una potencial reflexión sobre cómo el hecho de proteger a los animales podría volver a los seres humanos más vulnerables, y complejizar ciertos asuntos de su vida diaria… (Se me ocurre, por ejemplo, la reciente ley de Bienestar Animal y la juicialización de la custodia de las mascotas.) A ningún personaje se le pasa por la cabeza que el exponencial aumento de criaturas (como se explica en la película) podría llegar a suponer una superioridad en fuerza y posible sometimiento de los seres humanos (como tantas veces se plantea con respecto a la Inteligencia Artificial). ¿Alguien ha leído Frankenstein? ¿De verdad no se le ha ocurrido a nadie que estas criaturas, mucho más fuertes, podrían convertirse en un peligro para la humanidad? Entiendo, eso sí, que estas representaciones de chavales llenos de empatía y buena voluntad, comprometidos con los conflictos de su tiempo y mucho más conscientes de los problemas medioambientales, pueden apelar enormemente a la generación de veinteañeros de hoy. Y yo me pregunto: ¿se darán cuenta de que se los retrata con tanta ligereza, con una emoción imperante y una falta de trasfondo intelectual apabullantes?

Según esta película, los humanos son, en su mayoría, malos y cazadores (sobre todo hombres); las criaturas, buenas cuando se las entiende y casi siempre dispuestas a colaborar entre sí. Creo profundamente que el planteamiento de historias fáciles de digerir, sin intersticios por los que pueda colarse la duda, es propio del entretenimiento, no de la cultura, y si este es el nuevo cine comprometido que va a hacernos pensar, vamos listos. Menuda pantomima.
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