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España España · Oviedo
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Voto de babayu:
8
Voto de babayu:
8
Comedia La propietaria de un hospital (Maureen O'Sullivan), que se encuentra en una delicada situacion financiera, se ve obligada a depender del dinero de una paciente millonaria (Margaret Dumont) o ceder el negocio a un ambicioso magnate. Es entonces cuando entran en escena los hermanos Marx. Groucho es veterinario, pero se hacer pasar por médico para mantener en el hospital a la hipocondriaca ricachona. Como esto no es suficiente, deciden ... [+]
29 de abril de 2026 Sé el primero en valorar esta crítica
Recuerdo haber visto las pelis de esos payasos Marx allá por los últimos 70, en un blanco y negro redundante, porque todo en la tele era en blanco y negro. A mis siete y ocho años, ese tipo con bigote y puro, el mudo rizoso y el sinvergüenza del sombrerito me hacían una gracia loca, porque cuando salían en la pantalla todo lo que era normal se iba convirtiendo en un caos total y disparatado, sin sentido ninguno, y lograban arrastrar a los personajes "serios" a esa locura tan divertida. Reconozco que me fastidiaban los cachos musicales, no entendía la gracia del piano ni del arpa, que me cortaban la diversión.
Con los años, fui viendo sus pelis incontables veces, hasta tal punto que creo que me sé de memoria los gags de sus cinco pelis más importantes, y ha llegado el punto en que he entendido por qué Harpo toca el arpa, Chico el violín y Allan Jones o el guapo tenor melódico de turno cantan horripilantes y melifluas tonadas. Como todo espectáculo de vodevil o varietés ( y las pelis de los Marx no dejan de serlo), se requieren momentos de pausa para que lo realmente importante, que es el disparate, el humor surrealista y de talento infinito de estos tipos, no canse al espectador. Claro está, me imagino que Thalberg y la Metro pensarían en su momento que esas piezas musicales y las súper kitsch escenas de baile (salvo la brillantísima de los negros) tenían su punto de calidad, pero creo que actualmente incluso contribuyen a que las pelis sean más hilarantes.
Ésta es muy buena, incluso ver a la Jane de Tarzán como una improbable dueña de un sanatorio tiene su punto. Por supuesto, no falta la maravillosa Margaret Dumont, el contrapunto casi más histriónico, aún más delicioso al saber que la actriz reconocía que no entendía ni uno solo de los chistes de los hermanos Marx.
Sam Wood, un buen director, contribuye a dar a la obra cierta coherencia, con una estructura narrativa bien montada, incluso un final espléndidamente rodado, aunque todos nos quedemos con esos momentos de caos y despiporre. Personalmente, la escena del reconocimiento médico (y todo lo que ocurre en el sanatorio) me resulta insuperable.
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