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Voto de enjoyjessica:
6
Voto de enjoyjessica:
6
5.5
101
30 de abril de 2017
30 de abril de 2017
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
En la casa de Margarita las cosas, las relaciones, la dinámica, se parecen a las de cualquier familia. Un niño y tres mujeres son los hijos de Margarita, una madre que juega su papel como puede (a la larga, no hay una escuela que enseñe a ser padres): Axel, el más pequeño de la familia, curioso, aspirante a artista que se divierte haciendo esculturas; Antonia, la hermana mayor, que recientemente terminó una relación e intenta escaparse de una incipiente; Alejandra, relajada y con un estilo muy personal y Alicia, la más chica de las mujeres, probablemente por eso la que mejor se relaciona con Axel.
Las discusiones y los choques que se suceden dentro de esa casa se parecen demasiado a los que se pueden dar dentro de cualquier familia. Pero esa familia no es tan parecida al resto. Pues la madre está encerrada en un cuarto y el único modo en que se conecta con el resto es a través de una ventanita donde le pasan comida, alguna manta o lo que necesite.
Margarita es esa madre que está y no está. No la vemos, pues tiene prohibido salir de su cuarto, pero hace notar su presencia todo el tiempo. Su personalidad inestable se evidencia a través de ejemplos claros: como ser del rápido paso entre un cumplido y una intencional palabra de aliento, al enojo y gritos desesperados de quien no tiene la atención que espera y cree merecerse.
Las discusiones y los choques que se suceden dentro de esa casa se parecen demasiado a los que se pueden dar dentro de cualquier familia. Pero esa familia no es tan parecida al resto. Pues la madre está encerrada en un cuarto y el único modo en que se conecta con el resto es a través de una ventanita donde le pasan comida, alguna manta o lo que necesite.
Margarita es esa madre que está y no está. No la vemos, pues tiene prohibido salir de su cuarto, pero hace notar su presencia todo el tiempo. Su personalidad inestable se evidencia a través de ejemplos claros: como ser del rápido paso entre un cumplido y una intencional palabra de aliento, al enojo y gritos desesperados de quien no tiene la atención que espera y cree merecerse.

Esta película colombiana pero rodada en Argentina se sucede prácticamente toda dentro de esa casa. En algún momento para un festejo llegarán amigos y una tía (la siempre cumplidora Verónica Llinás), adoptando cada uno una postura muy normal y natural ante la, para nosotros, excéntrica situación en que está esa madre. Una reunión que termina como cualquier reunión entre familiares que se relacionan sólo por obligación, con reproches, gritos y palabras hirientes.
Más allá de lo caótico e insoportable que a veces ese ambiente claustrofóbico parece y nos resulta, lo cierto es que el film adopta mayormente el punto de vista de Alex y eso le imprime un tono más ameno. Así, Adiós entusiasmo es un film por momentos divertido y tierno, en otros más tenso. Y si bien todo suena (y podría funcionar, es verdad) de un modo muy teatral, Duran sabe aprovechar los recursos del cine: desde el formato apaisado a los primeros planos que captan hasta los gestos más mínimos.
Más allá de lo caótico e insoportable que a veces ese ambiente claustrofóbico parece y nos resulta, lo cierto es que el film adopta mayormente el punto de vista de Alex y eso le imprime un tono más ameno. Así, Adiós entusiasmo es un film por momentos divertido y tierno, en otros más tenso. Y si bien todo suena (y podría funcionar, es verdad) de un modo muy teatral, Duran sabe aprovechar los recursos del cine: desde el formato apaisado a los primeros planos que captan hasta los gestos más mínimos.
“Familia no es una palabra, es una oración”, rezaba el tagline de Los excéntricos Tenenbaums y lo cierto es que a esta película le sentaría igual de bien. A la larga, Adiós entusiasmo retrata la dinámica y funcionamiento familiar de una forma muy auténtica.
Publicada en visiondelcine.com
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